SECESIÓN

Dicen que a la tercera va la vencida.

Este mes me tocaba ir por trabajo tres sábados seguidos de nuevo a la tienda del barrio donde vive mi madre. Y al igual que hace dos años, he esperado pacientemente a que ella apareciera por el local. Esta vez me siento preparada y deseaba verla para poder hablar con ella. Tenía ganas de finiquitar el tema familiar (en lo que a mi familia biológica se refiere) y mantener una conversación con mi madre, a ser posible a solas, para contrastar si comparte la opinión que mi hermana ha dejado clara en sus correos de estos meses y que ya resumí aquí. Hace unos días tuve la última oportunidad. La mañana acompañó. Una mañana primaveral, radiante y soleada. La vi pasar frente al negocio y la llamé por su nombre temiendo que a la voz de “mamá” no respondiera. Su hija mayor, mi hermana, la acompañaba y supuse que no contarían con que yo estuviera a pocos metros de ellas en la puerta del local.

PUÑO DE HIERRO EN GUANTE DE SEDA

Cuando era niña el barrio marginal donde viven mi madre y mi hermana aún se consideraba zona rural a pesar de pertenecer al ayuntamiento de la capital de la provincia. Está situado en los límites del concejo y rodeado de fincas sin edificar donde, en aquella época, aún se criaba ganado además de tropezar siempre con gallinas y gatos asilvestrados cuando transitabas por sus caminos de tierra. Mi madre siempre compraba la leche fresca a una de sus vecinas. Leche recién ordeñada, caliente y grasa. Todavía puedo ver en mi mente el recipiente de porcelana esmaltada con un tubo en medio que utilizaba para hervirla y eliminar las posibles bacterias que se podían transmitir si se tomaba cruda.

TRES VECES

“Mateo 26,34: Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces”.

Tras estos años de Rehabilitación activa, han salido a la luz muchos recuerdos escondidos. Entre ellos, momentos en los que yo he hablado denunciando mis abusos a los adultos de mi infancia. En unos casos he recordado el momento, en otros casos las conversaciones, otros recuerdos y algunos documentos, me han demostrado que realmente en al menos tres ocasiones distintas de mi vida lo conté y sin embargo fueron gritos de ayuda que todos han negado que ocurrieran, o que se perdieron como lágrimas en la lluvia, haciendo oídos sordos al lamento desesperado de una niña. Ahora que mi puzzle está mas completo, puedo situar mejor las cosas en su línea temporal.

SALTO AL VACIO

Tres años ya. Parece que fue ayer cuando hablaba con mi amigo Vili para que me echase una mano en la mastodóntica tarea (así lo veía yo) de abrir un blog. Y aquí estoy un año mas en la lucha contra mis demonios internos que quiero creer que son cada vez mas pequeños, menos importantes, mas insignificantes.

Me he acostumbrado en esta fecha a hacer un repaso de lo vivido en el año, de los logros conseguidos, de las pequeñas batallas ganadas. Y si en el primer cumpleaños no era consciente de los cambios, y en el segundo aniversario ya empecé a reconocer las mejoras, en estos últimos doce meses, tengo la sensación de haber cogido carrerilla y ahora ya no hay quien me pare. O al menos esa es la sensación que tenía ayer por la tarde.

UN DIBUJO CONTRA EL ABUSO

Estos son días especiales. Para la asamblea de la ONU, el día 20 de noviembre es el Día Internacional del Niño. Desde hace unos años, el día anterior a esa fecha, el 19 de noviembre, se ha fijado por muchas ONG como el día para la protección en un campo muy especifico de la infancia: Los Abusos Sexuales Infantiles. Y en base a esa fecha, el año pasado se me ocurrió una iniciativa muy personal que llevé a cabo desde mi pequeño rincón del mundo y que transmití por las redes sociales, principalmente Facebook y Twitter. La idea era que la gente cambiase su avatar, esa imagen o foto que nos identifica como nuestro perfil, por un dibujo animado de la niñez durante ese fin de semana, ya que el 19 de noviembre caía en lunes.

LA SOLEDAD DEL GUERRERO

En estos días, una amiga de mi red de seguridad, compañera del foro de ayuda donde participo y por lo tanto superviviente como yo, nos relató con gran detalle en el GAM su asistencia a unos Talleres de Teatro Terapéutico. Unos talleres recomendados para crecimiento personal y que pueden ser empleados como complemento en diversas terapias psicológicas. Lo genial de esos talleres es el anonimato de los participantes que no se conocen previamente. Porque eso de alguna manera te ayuda. No se te juzga, no hay balances, ni conexiones mas allá del momento. Mi amiga nos explicó varios ejercicios que realizaron donde destacó la gran comunicación no verbal que hubo allí, y sobre todo, el reencuentro con su “yo” interior, con aquella niña herida en su infancia y como la mostró, sin disfraces, ante los demás que participaban en la experiencia. Es como si la Madre Tierra los hubiera conectado comunitariamente desde lo mas primitivo del ser humano. Sin cargas, sin historia, sin pasado, sin mochilas. 

DAÑOS COLATERALES



Una de nuestras secuelas es la sensación de no valer nada, de ser un estorbo. Nos movemos por la vida intentando ser invisibles para que nadie se fije en nosotros. Es cierto que nos sentimos tan culpables de lo ocurrido, nos creemos tan autores de tan despreciables actos, que nos ocultamos, y escondemos nuestro pasado en la idea de que los demás, si descubrieran nuestro secreto nos repudiarían de inmediato. Pero no sólo intentamos desaparecer -en el más amplio sentido del término- porque al no aceptarnos pensamos que los demás no nos van a aceptar, también es porque nos sentimos inútiles y tenemos la certeza de que cualquier proyecto en el que se nos incluya, será un proyecto condenado irrefrenablemente al fracaso. Y eso incluye el trabajo, los amigos, las posibles parejas sentimentales o la familia que posteriormente a los abusos creas a tu alrededor.

EL PODER DE LA PALABRA



Debía tener dieciséis o diecisiete años. Mi Madrina tenía una cena importante, y necesitaba que yo me quedase con su hijo aquella noche. Vivíamos en ese momento en la casa familiar, con el padre de mi Madrina, y me negué a quedarme en casa. Era el cumpleaños de una amiga y ya me estaba esperando para salir a celebrarlo. Mi Madrina ni siquiera estaba en casa para pedirme que renunciara a salir, simplemente me llamó por teléfono desde el trabajo y me lo dijo. Me enfadé mucho y me fui de casa después de dejar al niño de cinco años cenado y acostado en su camita. Le dije a su abuelo que me iba, que el pequeño estaba dormido y no despertaría, que yo volvería en una hora. Sólo una hora. Y me fui.

RECUERDOS

“Querido diario:

Hoy vi amanecer. Me gusto mucho. Despues fuimos al super a conprar y me conpraron un gato que canbia de color cuando hace frio…”

Mis escritos siempre han sido caóticos. Esta fue una de las muchas veces que empecé un diario -uno de esos que se vendían en las papelerías por poco dinero, tamaño media cuartilla, tapas rojas y un candadito de plástico dorado- con intención de escribir metódicamente todas las noches, y que siempre abandoné. Tengo siete hojas escritas, el resto está en blanco. No me gustaba porque sus hojas no tenían líneas ni cuadrícula como en mis libretas. Y yo era muy torpe en la escritura, torcía los renglones si no tenía una guía sobre la que apoyar las letras y no era capaz de mantener unos márgenes adecuados. El título -Querido diario- para cada “entrada”, que completé con el nombre del pueblo con mar en el que veraneaba y su fecha, lo puse porque así me lo recomendó alguien, no recuerdo quién. Pero tampoco he mantenido esa tradición.

EL RITO DEL AGUA



Cuando conocí a mi actual pareja, yo estaba en la etapa final de mis Años Oscuros. Fueron los años de promiscuidad, de drogas, de sexo sin control, y me sorprendió que un “chico bueno” como él quisiera estar conmigo cuando yo estaba acostumbrada a cabrones que se aprovechaban de mi debilidad. Estuvimos un año entero jugando al tira y afloja. Yo le decía “vale salimos, pero me vas a dejar, porque no vas a querer seguir conmigo” y él insistía en que no, en que le gustaba cómo era yo. Y al final, parece que cedí y me dejé caer en sus brazos. Hasta entonces, nada de sexo, y cuando me comprometí en serio a salir con él estuvimos aún unos meses sin relaciones íntimas porque yo había entrado en una fase de "monja de clausura". He alternado esas fases varias veces en mi vida.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...