LA MUÑECA



Pertenecía a una de mis Madrinas “menores”. Tenía la cabeza y las manos de plástico blando, el resto del cuerpo era de trapo. Su pelo era castaño, con un gorro a juego con el vestido de flores color chocolate. Sobresalían de detrás de las orejas dos largas trenzas con lazos amarillos. Estaba siempre cerca de su cama, formaba parte de la decoración de su habitación junto a otra muñeca también de trapo, pero mucho mas grande que colgaba de la pared sobre la que estaba apoyado el mueble.

Me gustaba esa muñeca. Debe ser de los pocos juguetes “para niñas” que disfruté realmente. Recuerdo pedírsela para jugar con siete u ocho años. Utilizaba el revistero de mimbre como cuna porque tenía la medida justa. Cuando ésta Madrina se casó se llevó con ella sus muñecas. En ese momento no me importó, con trece años yo no jugaba con muñecas, con trece años yo no jugaba. Durante mis Años Oscuros veía la muñeca cuando pasaba temporadas en su casa. Inexplicablemente, me hacía sentir nostalgia. Allí también la tenía en su habitación como elemento decorativo junto a su “hermana mayor” colgada de la pared.


El día que decidí regresar a mi tierra natal con veinte años, cuando hacía el equipaje, me la regaló. Aún hoy atesoro ese gesto como uno de los que mas me han emocionado en mi vida. La guardé en la maleta como si se tratara de una joya. Ya en casa de mis padres la coloqué en mi litera, sobre mi almohada. Cuando me acostaba la ponía en la mesilla de noche y al hacer la cama, mi último gesto era colocar la muñeca de mi Madrina, mi muñeca, sobre la colcha. Todos en casa conocían el origen de la muñeca, su procedencia, todos sabían que le tenía un cariño muy especial porque era un recuerdo y un regalo de una de mis Madrinas.

Un día mi madre me pidió la muñeca. Cuando me fui de su casa tras la fuerte discusión con mi hermano mayor, dejé algunos de mis objetos personales con intención de volver a buscarlos cuando encontrase una residencia permanente y la muñeca se quedó entre ellos. El día que regresé a por el resto de mis cosas una semanas después, mi madre me suplicó que se la regalara. Apeló al hecho de no tener ningún recuerdo mío y que al menos quería tener algo que sabía que me gustaba mucho. Cedí. De alguna manera cedí. No recuerdo la negociación pero si que me sugirió algo como que la muñeca seguiría siendo mía pero que se la quedaría mamá. Al final me quedó la impresión de haberle regalado la muñeca y durante años me arrepentí enormemente de haberlo hecho. Sentí que había traicionado a mi Madrina “Menor”.

Si alguna vez he dicho que considero a mi Madrina como mi madre, a la dueña de la muñeca siempre la he visto como a una de esas hermanas mayores que admiras y adoras. Es la intelectual de la familia, me enseñó el amor a los libros, la física y las matemáticas. Y es La Madre Tierra. Toda la familia, absolutamente toda su familia ha depositado en ella sus mayores secretos, las grandes preocupaciones, o las pequeñas confesiones de una mente inquieta. Y también ha sido mi confidente en numerosas ocasiones.

La primera vez que recuerdo haber contado mis abusos de manera consciente a alguien de mi familia adoptiva fue en la cocina de su casa en plenos Años Oscuros probablemente por alguna regañina de su parte. Creo que fue un grito desesperado por pedir una ayuda que nunca llegó. Seguramente porque ni yo misma sabía que necesitaba ayuda. Porque recuerdo decirlo de forma inconsciente, como si alguien hubiese puesto esas palabras en mi boca, como si hubiera sido poseída por un ente que controló mi voz en ese momento. Me limité a decir entre lágrimas “¿Recuerdas lo que intentaba mi padre? Pues lo consiguió”. Sé que me preguntó porqué no lo dije antes, y sé que sólo supe encogerme de hombros con una carga de vergüenza enorme. Yo tampoco lo sabía. Creo que el comentario terminó ahí, o al menos no recuerdo nada mas.

Retomamos aquella conversación hace un mes, en su casa. En casi treinta años no recuerdo haber vuelto a hablar de mis abusos con ella. Hemos conversado alguna vez de mi familia biológica, de lo que hacían o deshacían, de los comportamientos miserables de mi padre con mis padrinos cuando yo era niña o de sus impresiones sobre algunos hechos, pero no de los abusos directamente hasta ahora. Hoy hace dos años que abrí el blog. Y en el primer aniversario conté aquí las evoluciones que mi vida experimentó en esos primeros doce meses. Hablé en aquella entrada de mi último triunfo: conversar con mi pareja, sincerarme con él y contarle la existencia del blog, las secuelas y todos los pasos que estoy dando para mi sanación. Y uno de esos pasos que aún me quedaban por dar hace un año era enfrentarme a los adultos de mi infancia cara a cara. Hablar con la hermana de mi Madrina era uno de esos objetivos.

El año pasado conversé con mi Padrino como movimiento inicial de esa medida. Pero hasta este año no tome la firme decisión de hablar claramente con todos los demás. Ahora que ya sé que soy capaz de hablar de mis abusos sin hundirme, sin que se me cierre la garganta, sin llorar desconsoladamente, este año quise entrevistarme con mi Madrina -la principal- para compartir con ella todo lo que siento en mi corazón. Creí que ella podría aportarme algo de luz sobre mi infancia, pero cuando quise preguntar, su reacción fue muy defensiva. Se limitó a decirme que mis abusos terminaron cuando yo tenía dieciocho meses, que era imposible que los recordase. Para mí fue una gran decepción no poder contar con la persona mas importante de mi niñez. De alguna manera se ha roto algo irrecuperable.

Tras la desilusión que me dejó mi madre adoptiva escribí la carta a mi padre y la leí en el cementerio acompañada de mi marido. Un gesto aparentemente inofensivo pero que ha resultado ser toda una liberación. Porque desde entonces los recuerdos y las retrospecciones se han detenido, pero a cambio han surgido nuevos sentimientos que estaban tan enterrados que creía firmemente que yo no tenía. Encontré a mi niña interior, esa niña perdida que quedó encerrada en la casa de mis padres, al capricho de sus abusadores. Ahora sé que ella inspira mis palabras, porque cuando hablo de mi niñez vuelvo a tener diez años. Y ahora mi niña Némesis ya no tiene que guardar silencio, ahora la escucho, todos la oyen a través de este blog.

Se podría decir que esos han sido pasos que yo he dado voluntariamente a lo largo del año para mi recuperación como persona. Etapas que hay que recorrer necesariamente para poder recolocar tu pasado donde corresponde y que deje de doler. En un caso me he sorprendido de mi propia fortaleza, en el otro ha sido decepcionante el resultado, pero en ambos casos ha sido sanador. Lo que no esperaba es que la diosa fortuna volviera de nuevo sus ojos hacia mí como ya ha hecho en innumerables ocasiones.

Porque en la primavera de este año, mi hermana encontró este blog y me dejó un par de “recaditos” en comentarios que he borrado para preservar el anonimato de los implicados, no porque siga manteniendo el secreto, sino porque este no es el sitio. Todo el que me conoce sabe la historia y a sus protagonistas. Todos conocéis su reacción, la entrada "El abogado del diablo"  es un resumen de sus palabras.

En el final del verano me trasladaron unos días en el trabajo a la tienda del barrio de mis padres. Son clientas habituales de la tienda. Lo que no sabe mi compañera y encargada de ese establecimiento es la historia. Hace tiempo le comenté que no me relacionaba con ellas por motivos personales pero nada más. Así que existían muchas posibilidades de que me las encontrase cara a cara en esos días. Y tenía miedo a hundirme. Por un lado me apetecía verlas, sería como una prueba para mí. Para demostrarme a mí misma lo que he avanzado, lo fuerte que soy ahora. Pero por otro lado me preocupaba que algún detalle inesperado me hundiera.

Traté de imaginar todas las variables posibles para estar preparada para todas las situaciones. Para tener la respuesta adecuada a cada palabra de mi familia. Porque nunca se sabe. Pero eso sí, debía recordar en todo momento lo que yo SE que pasó, y no dejarme convencer de nuevo de teorías de falsos recuerdos o intenciones retorcidas de una niña de 13 años. Debía tener muy presente lo que en estos meses he sentido, lo que mi niña ha sentido al recordar, porque es lo que mi corazón dice que es lo mas parecido a la realidad. En una palabra: debía poner en práctica todo lo que en estos años de rehabilitación activa estoy aprendiendo. Una prueba de fuego.

Sola, pequeñita (muy pequeñita, la edad la ha consumido mucho) pero muy ágil caminando a pesar del bastón. la clásica abuelita de cabellos plateados. Entró a saludar a la encargada de la tienda y preguntarle por un articulo en concreto, y al verme se limitó a un simple: "Huy, hola ******!" Y volvió a su conversación. Yo tampoco me paré, estaba haciendo mi trabajo y continué con él. Cuando se iba, la despedí con educación y una buena sonrisa, me contestó igual y salió de la tienda con rapidez. Como si yo fuese una simple conocida. Y estoy convencida que si yo no hubiera dicho nada, se hubiera ido sin despedirse de su hija.

No me importó. La miré a los ojos dos veces y las dos veces apartó ella la vista, primero para hablar con mi compañera y después para irse. Me dio la impresión de que sabía que yo podía estar allí -su gesto no fue de gran sorpresa al verme- y que no quería hablar en absoluto. Cumplió su trámite y se fue.

¿Mi reacción? Según la oí hablar, adrenalina a raudales, pero desapareció casi tan rápido como vino y me mantuve firme. No necesité fingir, estaba preparada por si me decía algo, y casi me sorprendió su huida. No he vuelto a verla. Nadie mas apareció por allí. Y con el paso de los días constaté dos cosas: Que estoy preparada, que ya no dudo de lo ocurrido y que además yo no tuve la culpa, por mas que algunas veces esa sombra aún me envuelva de manera inconsciente. Y que tienen miedo. Creo que lo que vi en sus ojos era miedo, porque ella no vio miedo en los míos. Incluso diría que ese mismo miedo es lo que se refleja en los correos que intercambié con mi hermana. Me "atacó" de alguna manera porque al ver mi blog no creo que haya leído miedo en él. Tal vez dolor, pero nunca miedo. Y creo que de alguna manera intentó acusarme y convencerme de mi “responsabilidad” en los abusos para hacerme callar. Creo que tienen miedo de lo que hablo, de que las descubra, de que el mundo sepa que se equivocaron y no actuaron como deberían haberlo hecho.

Y por fin, al finalizar octubre, volví a retomar la conversación con mi Madrina “Menor” que se inició treinta años atrás. Una entrevista a la que tenía miedo, lo confieso, tras las reacciones de sus dos hermanos mayores. Pero estaba dispuesta a no callarme, y a decirle que me dijera lo que me dijera, yo no iba a dar marcha atrás. Si me ayudaba, bienvenida sería su ayuda, sino, que se quitase para que no estorbara, como su hermana. Reconozco que su rechazo me hubiese hundido bastante, como me hundió el de mi Madrina "oficial", pero me ha hecho el mejor regalo, escucharme y comprenderme. Se lo conté todo: las secuelas que ya sufría en mis Años Oscuros, el hecho de que tras la muerte de mi padre se habían activado todos los recuerdos, que he estado mal pero he buscado ayuda, el foro, el blog, el psicólogo, los recuerdos nuevos... Todo.

Y me ha sorprendido con su mas absoluta colaboración. Lo primero que me dijo es que muchos de mis recuerdos y de mis abusos ya los conocía. Al parecer yo lo conté de niña o de adolescente aunque no con detalle, porque dice que nunca le hable de las violaciones y de las vejaciones del último año. Pero ella pensó que yo lo recordaba y que era yo la que no quería hablar del tema. (de nuevo el desconocimiento de los demás que creen que si no se habla, olvidamos y superamos)

En segundo lugar me explicó un poco el porque no denunciaron "oficialmente": No podían. Yo estaba bajo tutela del Tribunal de Menores y ellos sólo podían remitir al Tribunal lo que ocurría o lo que yo contaba, pero no de manera oficial. Tenía que ser el Tribunal el que actuase de oficio. Además mis Padrinos vivían con su padre, un señor separado. Y en esa época todavía se daba mas credibilidad a un padre de familia que a los hijos solteros de un separado. Corrían el riesgo de ser ellos los acusados de abusos, porque ya había pruebas médicas de mis abusos.

Y por último hablamos de mi hermano mayor y de la sombra de aquel recuerdo que me inundó hace un año. Días terribles en los que de nuevo mi mente era todo confusión, dolor y miedo. Porque a penas tenía una imagen de mí misma en un lugar oscuro, muy oscuro, y de una sombra que se acercaba a mí recortándose contra la claridad del exterior. Una silueta que yo sabía que era mi hermano mas mayor y que me daba un miedo atroz. Al parecer se lo conté a ella en su día, pero creyó que yo lo recordaba: Yo estaba con mi padre y mi hermano y ellos querían obligarme a hacer algo. Yo escapé a la habitación, y mi hermano entró a buscarme... No recuerda bien mi relato, pero al menos me ha confirmado mi sospecha.

Y ahora mi recuerdo, además de ser legitimo porque mi Madrina “Menor" me confirmó que yo en su día lo conté, se ha vuelto real. Un poco mas real. Volvió hace poco en una noche de perros, con muchas pesadillas, con mucho miedo... y con nuevas imágenes.

El sitio oscuro efectivamente es bajo la cama de mis padres. Una cama de armazón metálico, alta, fría. recuerdo el suelo de madera lleno de manchas, y un orinal de loza, donde mi padre hacía sus necesidades cuando no quería levantarse de la cama. Olía asquerosamente mal. Mi hermano no cabía bajo la cama para sacarme, pero tapaba la luz intentando engancharme. Me agarró el pelo con la mano y me arrastró fuera. He recordado el dolor de los tirones del pelo, he recordado estar aterrada, he recordado gritar "¡No, no!" y llorar de miedo mientras perdía una de las zapatillas bajo la cama... No recuerdo nada mas.

La última vez que pisé la casa de mis padres debió ser poco antes de romper mi relación con ellos definitivamente y recuerdo ver de refilón desde el salón esa habitación. Sentí odio por aquella casa. Recuerdo sentir absoluto odio por el lugar. Creo que por eso no volví. Tal vez fuera tras la última vez que vi a mi padre en el hospital, no lo sé. Pero recuerdo que en casa sólo estaban mi madre y mi hermana. Y recuerdo que mi única intención al volver a aquella casa era recuperar mi juguete. “Sólo he venido a buscar mi muñeca” recuerdo haber pronunciado esas palabras. Fue un impulso totalmente inconsciente, como si mi niña perdida desde el interior hubiera tomado el control aquel día.

Mi madre se ofendió ligeramente. Me reprochó que me la llevase después de habérsela regalado, incluso me recordó el acuerdo al que habíamos llegado, pero no dijo mucho mas. Es curioso, pero la única que realmente expresó su indignación por mi demanda fue mi hermana. Se enfadó tanto que al final, prácticamente me tiró la muñeca, que estaba en su habitación, a la cara junto a otra muñeca de trapo que también había sido mía. Le devolví la segunda muñeca, con el consejo de que si querían que la guardasen como recuerdo. No la quería para nada.

Recuerdo que al llegar a mi casa con mi marido y mi hijo la coloqué encima de un mueble de mi habitación y me quedé mirando sus ojos verdes. Había perdido los lazos de las trenzas y el gorro. En ese momento pensé en mi Madrina “Menor” y el llanto me inundó. Le pedí perdón entre lágrimas con toda la fuerza de mi corazón y lloré desconsolada abrazada a la muñeca. Fue como reencontrarme con mi pasado por primera vez. En ese momento eché muchísimo de menos mi infancia feliz y deseé con todas mis fuerzas regresar a mi niñez. Como si pudiera haber cambiado algo, aunque fuera una sola palabra... Como si con eso hubiera hecho que la mira telescópica se desviase una diezmillonésima parte de su objetivo, y ese error, en la distancia del tiempo se hubiese convertido en una errata que desviase el disparo del blanco.

Conseguí un gorro de paja a su medida en una juguetería de barrio. Era el último que les quedaba. Y le sienta muy bien, no parece un elemento añadido posteriormente a la muñeca. En estos días, tras la entrevista con La hermana de mi Madrina, he vuelto a llorar abrazada a mi muñeca. Pero esta vez ha sido un llanto reparador y lleno de esperanza. Es como si hubiese reparado una falta. Creo que rescatarla fue uno de esos gestos que mi subconsciente ha hecho por mí mucho antes de tomar las riendas de mi Rehabilitación. Y saber que ahora tengo a mi Madrina “Menor” como parte de mi circulo de apoyo, ha sido para mí el premio que el destino me ha regalado por compensar la “traición” que le hice en su día.

Ha sido un año productivo. Así como el año pasado me resistía a creer que había evolucionado, este año si me doy cuenta de los cambios internos que he experimentado. Ahora lo sé, conozco los pasos que debo dar. Y ahora ya no tengo miedo. Ahora mi objetivo está claro y transparente. Y nada ni nadie me va a hacer callar. Ahora sé que yo no he hecho nada, que he sido la víctima de un delito, y que no tengo de qué avergonzarme. Lo siento por los adultos de mi infancia, por la familia de mi marido, por mi propia familia. Por todos ellos. Pero mi curación está por encima de su "prestigio". Intento que mi decisión de romper el silencio no les afecte socialmente demasiado, por eso no hay nombres ni lugares en el blog, pero a nivel personal, aquél que me conoce, si pregunta no me voy a callar. Y si les cae alguna gota... lo siento. Yo he vivido demasiado tiempo mojada.



“Nunca olvides qué eres, porque desde luego el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Úsalo como armadura y nadie podrá utilizarlo para herirte”
Tyrion Lannister, “Juego de Tronos”. (1996) Novela de fantasía escrita por el autor estadounidense George R. R. Martin

6 comentarios:

  1. Cielo, has logrado muchísimo durante el año; tal vez para algunxs no, a mi me cuesta muchísimo -creo que piensan que estoy loca-, igual sigo, no tengo nada que perder sino equilibrarme como ser humano.

    Has tenido gran suerte de encontrar un compañero amoroso, no existen los príncipes, aplaudo a esos y esas que empatizan ya que las vivencias son intransferibles.

    Siempre en mi corazón, vamos que se puede! lento es el recorrido pero lo logras.

    Abrazos de mamá osa.

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  2. Resulta curioso que tu madre se encapriche por una muñeca y la quiera conservar de recuerdo tuyo, no habiendo sido capaz sin embargo de detener los abusos en su momento y ni siquiera de creerte.
    Enhorabuena por haberte separado de ellos, bastante generosa fuiste volviendo con 20 años e incluso visitando a tu padre en el hospital.
    No se merecen absolutamente nada.

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  3. Leo todas las entradas de tu blog aunque no siempre las comente, y me ha gustado mucho ésta. Primero, me alegro mucho de que una de tus Madrinas te haya brindado su apoyo, y también que en vuestra conversación te haya podido explicar muchas cosas que tú seguramente te habrás preguntado mil veces pero que nunca has podido constatar. Bravo, creo que es un gran paso. De algún modo, te has reconciliado con una parte de tu pasado que aún estaba abierta, aunque eso haya tenido consecuencias.

    Por otra parte me ha parecido curiosa tu entrada ya que precisamente hará cosa de un mes rememoré algunos detalles de mi infancia relacionados con muñecas... aunque en mi caso las más significativas eran de porcelana. Aún estoy con ello.

    Por otra parte pienso que a pesar de todo has tenido suerte. Suerte de poder contar con personas que te entienden y están a tu lado cada una a su manera, y que te están ayudando en tu proceso de recuperación.

    Hace poco una amiga me dijo algo que me pareció muy acertado "Nosotras tenemos suerte de saber lo que nos pasa, porque hay personas que están enfermas y ni siquiera lo saben" creo que tiene razón -y aclaro que entiendo "enferma" no como sinónimo de desquiciada o perturbada, sino de persona con cualquier tipo de alteración en la salud, en este caso psicológica- y añado que tú no sólo lo sabes sino que además llevas tiempo tratándote para mejorar, lo cual se tenía que transmitir por fuerza en una mejora evidente. Enhorabuena por todo lo que has conseguido que, con apoyo o sin él, es tuyo y de nadie más.

    Un abrazo,

    Nu

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  4. Me alegro mucho por tus reencuentros: contigo, con tu madrina-menor, con tu muñeca, con tu infancia, con tu fuerza y la fuerza de la vida que te ha mantenido viva y te la ha devuelto.

    un abrazo muy grande

    Sifi

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  5. Son historias desgarradoras, lo importante es que ya diste un paso, seguramente no fue fácil, me gusta como escribes te seguire.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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