PUNTO Y A PARTE

Estoy agotada. Abrí este blog hace siete meses y me marqué el objetivo de colgar una entrada todas las semanas para no olvidarlo, para no dejar el proyecto a la mitad, como tantas cosas en mi vida y creo que lo he conseguido.

Creo sinceramente que he logrado sacar de dentro casi todo lo que quería mostrar de mí. He conseguido plasmar sobre este faro, mi faro, todo lo que hasta ahora he podido sacar en claro de mi vida.

He contado algunos pasajes de mi pasado para que quien leyera el blog se concienciara del destrozo que deja el abuso sexual infantil y para que se tuvieran claras algunas referencias de mis propias reacciones, el porque de mis motivaciones o miedos. Y he intentado analizar, y analizarme a mi misma, como si de una operación quirúrgica se tratara, separando e intentando comprender, siempre desde mi perspectiva, aspectos como la autoestima, la culpa, el miedo, la vergüenza, o la autodestrucción.

ALMA INCOMPLETA

Siempre he dicho que estoy incompleta, que me faltan piezas. Mi padre me las fue arrancando una a una durante trece años.

Cuando hablamos del amor siempre soñamos con encontrar a nuestra alma gemela. Con hallar a esa persona que nos complementa, que nos da el contrapunto. Siempre creemos, cuando estamos con nuestra pareja que con el/ella se cierra un círculo mágico. Y yo, que me siento siempre incompleta, tengo la sensación de no poder cerrar ese círculo para mi marido. Siempre tengo miedo de que “ÉL” no se sienta completo a mi lado.

Le conocí una noche en el bar de un amigo. Acababa de regresar a la localidad de mis padres, dentro de la espiral de autodestrucción en la que me encontraba.

BALANCEAR LA ECUACIÓN

Existe una secuela que mucha gente ajena a esta realidad no comprende: la culpa, sentirnos culpables.

La culpa es una condena a cadena perpetua que nos han impuesto en nuestra infancia, y creo que no hay forma de rebajarla. Yo al menos no me veo capaz.

En general, me siento culpable de todo lo negativo que ocurre alrededor. Si las cosas salen bien, siempre es por los méritos de los demás, y si me dan la enhorabuena por algo que he hecho me siento muy avergonzada. Creo que no lo merezco.

Sin embargo, si las cosas salen mal me da la sensación de que no he hecho lo suficiente o que la culpa es mía… y espero resignada que los demás me reprochen lo inútil que soy.

Pero creo que la culpa se instaura en nosotros desde el inicio de los abusos precisamente porque aún estamos formando nuestra mente, nuestros principios, los parámetros que nos dirigirán en el futuro.

FOTOS DEL PARAISO

Desde que empecé a leer e informarme sobre los abusos, existe un ejercicio para la rehabilitación que me hace pensar. Pensar mucho.

El ejercicio habla de nuestra niña interior. Explica que debemos recuperarla, hablarla, quererla… y perdonarla.

y yo no tengo muy claro a qué se refiere.

Pensar en ella me hace sentir nostalgia, añoranza. Cuando veo sus fotos, mis fotos, recuerdo cada uno de los momentos en los que se hicieron, el lugar, con quien estaba… es como si viajase en el tiempo y atravesase el espejo. Como si volviese a la casa de la playa, cerca del faro, donde el Monstruo no puede verme porque jamás ha estado ahí. Es como si entrase en una máquina del tiempo en la que recuerdo muchas cosas.

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