CEREMONIAS DE GRADUACIÓN

Siempre he dicho que mi vida está dividida en cuatro etapas:

Los Abusos, obviamente no necesito explicar mucho, el blog es una gran recopilación. Con trece años salí de la casa de mis padres y volví con mi Madrina, esa vez para quedarme. Ahí finalizó la primera etapa.

Los Años Oscuros, cuando me dio por autolesionarme, metiéndome de todo, bebiendo sin control, haciendo autenticas barbaridades… Era finales de los 80’ cuando regresé con mis padres. Y llegó el aniversario de los Levantamientos del Dos de Mayo en Madrid. Una fiesta que se conmemora para recordar el inicio de la Guerra de la Independencia española contra los franceses de Napoleón Bonaparte. Recuerdo la fecha porque posteriormente pensé que era curioso que hubiera coincidido con mi propio levantamiento. Ya conté en una de mis primeras entradas, PUNTO DE INFLEXIÓN, que en esa fecha me fui de la casa de mis padres con veinte años y dos mil pesetas en el bolsillo tras el intento de agresión de mi hermano mayor. Ese día di por finalizada mi etapa de Años Oscuros.


La Hibernación. Cuando dejé de hacer esas tonterías y me volví una esposa y madre ejemplar, pero que por dentro sufría mucho, me acostaba tarde para evitar que mi marido me pidiera sexo, evitaba prosperar en cualquier trabajo porque no lo merecía... cosas que seguían haciéndome sentir que no valgo nada, pero sin que nadie se enterase. Esos para mí, fueron años en los que realmente creí que ya estaba curada, que estaba bien, pero no veía nada que tuviera relación con el ASI, y lo escondía bajo la cama. No reconocía las secuelas adyacentes y sólo la inercia me mantenía viva.

Y la rehabilitación, que es donde estoy ahora, donde soy consciente de mis secuelas y hago cosas por curarlas. Los cuatro estados no son independientes, a veces se han mezclado cosas de unos en otros, pero básicamente yo he separado mi historia en esas cuatro fases.

En estos días se cumplen veinticuatro años del estreno de mi Hibernación y cuatro del fallecimiento de mi padre, donde creo que inicié realmente mi etapa de Rehabilitación Activa. Y en estas semanas, he decidido realizar una serie de “ceremonias” personales con las que pretendo cerrar de alguna manera la etapa en la que me encuentro.

El primer paso ha sido hacerme un tatuaje. Es curioso lo del tatuaje. Yo siempre tuve pánico a las agujas. De pequeña tenía problemas de salud, muchos catarros y gripes, y todo lo solucionaban con inyecciones. normalmente intramusculares, administradas en las nalgas. El practicante de la farmacia de enfrente de la casa de mis padrinos ya me conocía muy bien, incluso venía a casa para suministrarme el medicamento. Y llegó un momento en que todos, familia biológica y adoptiva, utilizaban las inyecciones como una amenaza para que me portase bien. Tengo asociado las agujas con un castigo. Y hasta los catorce o quince años he tenido reacciones muy violentas ante una aguja: llorar, patalear, sudar... lo que fuera cada vez que tenía un simple análisis de sangre. A partir de mi adolescencia, aprendí a disimular (queda mal una chica de dieciséis años llorando por un pinchazo) pero no perdí el miedo. Supongo que por ese motivo principalmente no terminé enganchada a la heroína, que en mi época se suministraba principalmente por vía intravenosa. es la única droga que me negué a probar.

Hace tres años, cuando ya era plenamente consciente de mis daños, de mis secuelas, y del trabajo que me quedaba por delante, decidí que para "celebrar" mi rehabilitación me haría un tatuaje. Siempre me gustaron los tattoos, pero por mi miedo a las agujas nunca me hice ninguno, y pensé que cuando estuviera recuperada también habría logrado perder (o al menos controlar) ese miedo. Me dije: “Cuando lo haga, será señal de que estoy cerca de mi sanación y me recordará que ya no tengo miedo”. Presiento que no falta mucho para esa sanación a pesar de que una parte de mí se resiste a creer que sea así, y me lo acabo de hacer: un gato. Lo he elegido en homenaje a mi Madrina, que por razones que no puedo explicar aquí la tengo asociada con esa imagen. Y en su honor decidí hacerme el felino. De esa manera quedan inmortalizados los pasos que he dado hasta llegar donde estoy y recordar que ella fue quien me ayudó a sobrevivir.

La segunda ceremonia se ha celebrado en el cementerio, ante la tumba de mi padre, y con vuestro permiso os transcribo, ligeramente modificada, la carta que hace unos días leí ante su nicho:

Hola papá, he venido a despedirme. 

Tras varios meses de intercambio de misivas conmigo misma, imaginando tu respuesta a mi primera carta -que leí aquí hace un año- y dándote posteriormente contestación como me recomendó mi psicólogo, he decidido dar por terminada mi relación contigo como padre. Es gracioso, he “hablado” contigo mas en estos meses que en toda nuestra vida. Y he podido constatar que gracias a ello he conseguido dar grandes avances en mi recuperación. Porque con esos escritos he podido aclarar mi mente, entender tus pensamientos, dar cabida a mi dolor y finalmente comprender que en todo esto yo he sido la víctima, por mas que alguno se empeñe en lo contrario, y como víctima he decidido no volver a sentirme culpable de lo que hiciste en mi infancia ni de lo que hice después, que sin duda fue consecuencia de lo anterior. 

Por fin he comprendido que todo esto ha sido una enorme estafa, un engaño, una gran representación de mi vida en la que todos han jugado su papel y que yo me creí a pies juntillas. Un espectáculo en el que tú tomaste el papel protagonista sin consultar con nadie, y en el que hoy te cancelo el contrato. 

El otro día encontré tu reloj. Recuerdo que me lo regalaste por mi Primera Comunión. Era de caja de acero, como decían los anuncios de la época para reseñar que el producto era resistente y duradero. No tenía cuerda, era automático y funcionaba con el simple movimiento de la mano. La ruedecita por lo tanto sólo servía para cambiar la fecha, que estaba en una pequeña ventana donde en otros relojes se situaba el número tres. Su correa también era metálica, todo de tono plateado y ligeramente pesado en la muñeca. Fue mi primer reloj, algo que para mi generación significaba algo así como una graduación. Los niños nos diferenciábamos entre los que tenían reloj y los que no, entre los que sabían leer la hora en una esfera y los que no. 

He conservado ese regalo hasta ahora. Hacía mucho tiempo que ya no funcionaba. Le había cambiado la pulsera por otra similar y cuando su mecanismo dejó de funcionar definitivamente tras el diagnóstico del joyero al que lo llevé, guardé el reloj como una joya valiosa, porque me dijeron que en su época debió costar mucho dinero, calculaban que aproximadamente mas de la mitad de tu sueldo si hubieses trabajado para una empresa contratada. Y me sentía orgullosa de conservar tu regalo. Qué irónico, guardar el recuerdo de la persona que mas daño me ha hecho, otra de las dicotomías en las que vivimos los ASI, amar y odiar a la vez a nuestro abusador. He amado y conservado tu regalo hasta ahora. 

Hasta ahora, porque en el momento en el que me encuentro, en la etapa de limpieza que estoy experimentando, entre otras decisiones importantes he decidido no conservar nada de lo que tu me has dejado como legado en mi vida. los recuerdos no los puedo eliminar, pero tras mi proceso de sanación estoy consiguiendo que ya no me duelan. El resto te lo reembolso. 


Y por lo tanto te devuelvo el único regalo físico que conservo de ti. Es curioso, pero creo que es el único regalo que recuerdo de ti. Perdona si lo encuentras en mal estado. Ya te dije que me encontré el reloj el otro día y he decidido utilizarlo en una ceremonia que me he preparado para mí misma, para celebrar el final de una etapa. 

Decidí que la ceremonia consistiría en buscar un objeto que te hubiera pertenecido, un regalo o algo que tuviera mucho significado para ti -el reloj me pareció una gran idea- y devolvértelo en las mismas condiciones en las que tú me hubieses devuelto si yo hubiera sido un objeto de tu propiedad. Algo que sin duda me considerabas, dado el trato que me diste. Y como puedes comprobar, no me he limitado a meterlo en una bolsita para entregarlo. Tomé la maza de la caja de herramientas y lo golpee. Primero tres veces, después otras tres. Finalmente reconozco que la ira salió a mi encuentro y lo golpee con furia hasta destrozarlo. Porque eso es lo que hiciste tu con mi vida, destrozarla. ¿Quien sabe? Tal vez encuentres en tu infierno a un relojero que consiga que vuelva a funcionar. Por mi parte me ha llevado años, pero soy buena reparándome. 

Y aquí estoy, leyendo esta carta de nuevo ante tu tumba, como hice con la anterior, y depositando los restos de tu regalo sobre tu lápida. Y con ese regalo espero devolverte todo el dolor que me infringiste, todas las lágrimas que derramé y todo el odio o el amor que pueda albergar mi corazón hacia ti. No quiero nada tuyo, no quiero nada que proceda de ti. Me quedaré con mis recuerdos y ya será demasiado peaje para mí, pero los acarrearé con el orgullo de un guerrero que muestra las cicatrices de una batalla épica. 

También te devuelvo la culpa que he cargado durante años y que es responsabilidad exclusivamente tuya. Te devuelvo la vergüenza que tu nunca has tenido de someter a tu hija (a tus hijos) a vejaciones innombrables. Te devuelvo tu responsabilidad como padre y declaro que a partir de ahora te considero mi padre biológico sólo porque un espermatozoide tuyo llegó a fecundar el óvulo de mi madre, pero nada mas. Porque dispusiste de esa vida que tu mismo creaste actuando como un dios de cuarta categoría, caprichoso y tirano que me utilizó sólo para su disfrute. La palabra “Padre” te queda enorme. 

Y creo que es porque no tengo ni idea de qué es un padre. No sé qué debe hacer un padre, no sé que consejos da, o si ayuda en los deberes, o si te enseña a hablar ante una persona que conoces por la calle. No tengo ni idea. Pero estoy segura que no se parece en nada a lo que tu has hecho. Menos mal que no has sido la única referencia paterna de mi infancia. El padre y el hermano de mi Madrina, también lo fueron, y he de decir que mejor que tu. Porque ellos sí me enseñaron cosas buenas. De ellos sí guardo un buen recuerdo. A ellos si puedo devolverles el cariño que me entregaron. 

¿Sabes? Una vez intenté ponerme en tu lugar, intenté saber qué podías sentir tú para ver si así conseguía arrancar algo que entregarte, y buscando en el fondo de un armario, encontré un poco de lástima, a penas nada. La encontré imaginándote solo en casa, buscando mi numero de teléfono el día de tu última llamada, aprovechando que no hay nadie cerca para oírte pedir algo por favor. Pero me duró muy poco. Unas horas nada mas. Después volvió la apatía, la desidia, la indiferencia. 

Y hoy he venido a despedirme. He venido a decirte que ya no eres nada para mí, no significas nada. Eres casi como esas viejas fotos de familia de las que sólo conocemos a unos pocos miembros de la composición y el resto son absolutos desconocidos para nosotros que se retratan ante la casa de los abuelos, y que al no conocerlos, nos parecen extraños que se han colado en la foto de familia. Te has convertido en un recuerdo del pasado que ya no me supone ningún esfuerzo manejar. Se acabó. Tu sombra ha desaparecido. Ya no te tengo miedo. 

Pero antes de irme, quiero decirte algo importante. Si creías que con este acto las deudas quedaban saldadas, que con mis devoluciones quedábamos ambos satisfechos, que al descargar mi saco de culpa sobre su legitimo dueño, el gesto daría paso al perdón, ese del que todo el mundo habla tan a la ligera, te equivocas. No te perdono y no lo haré jamás. Ya te he olvidado como persona y como padre, ya no significas absolutamente nada para mí, por lo tanto no necesito perdonarte y me siento en mi legitimo derecho a no hacerlo. En vida no hubo justicia humana, tus actos quedaron sin castigo. Por lo tanto me siento en mi derecho a tomarme la justicia por mi mano y esta es mi sentencia: No te perdono. Que dios, si existe, lo haga. Yo he decidido condenarte a la indiferencia. 

Quedas despedido como el padre que nunca fuiste. 

Adiós.

Hasta aquí mi carta, que tras su lectura rompí en mil pedazos y los he guardado para echarlos al fuego en la hoguera de la Noche de San Juan que será en poco menos de dos meses, una tradición que en mi tierra se utiliza para quemar las cosas que no sirven y renovar las esperanzas.


Definitivamente creo que estoy en la etapa final de mi Rehabilitación. Tal vez esto sea lo que cierre esa etapa, quien sabe. Aún me da vértigo escribir estas palabras, aún creo que el sueño se va a terminar y voy a despertar en cualquier momento. Pero la única forma de vencer el miedo es dejar de correr, darse la vuelta y enfrentarse. Esto es lo que hago ahora y a fe que lo estoy consiguiendo. El tatuaje y el reloj en realidad han sido un símbolo, una representación, la manera de hacer palpable y real mi miedo. El miedo a mi padre que estaba convencida que no perdería jamás, que su sombra siempre me envolvería, que su recuerdo me encogería el corazón. El miedo ha sido un horrible compañero de viaje que me ha hecho perder muchas cosas por el camino pero lo estoy dejando atrás. No sé lo que me deparará el futuro, pero de momento he encontrado por fin mi vida, y se ha cumplido uno de mis mayores deseos desde niña: Vivir sin miedo.

Hoy soy el gato. Y me acabo de comer el ratón.


"–Se han cambiado las tornas. Ahora yo soy el depredador– Dijo el Gato con Botas. Y se comió al ogro transformado en ratón”
Adaptación del cuento popular “El Gato con Botas” recopilado por Charles Perrault (1628 – 1703) Escritor francés.

9 comentarios:

  1. Felicidades!!! estoy segura que te sientes mucho mejor ahora. Cuando decidi romper todo contacto con mi abusador, rompi todas las fotos donde el aparecia y tire cualquier recuerdo fisico que tuviera de el en mi casa. Te aseguro que me quite un gran peso de encima. Muy lindo el tatuaje y que valiente fuiste al hacertelo. Un abrazo.

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  2. Los símbolos son sólo símbolos, Némesis, pero tiene un gran valor.
    Felicidades,sabía que estaba cercano el día en el que portases orgullosa tu gato. Y lo del reloj y la carta ha sido magistral. Enhorabuena, de todo corazón. Yo también creo que estás en la etapa final de tu rehabilitación.
    Un abrazo bien bien fuerte

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  3. Me encanta el tatuaje y el reloj y la carta sin palabras... eres una grande.

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  4. Felicidades amiga, que emoción más grande he sentido al leer tu texto, excelente como siempre...

    Feliz de que sanes, de que devuelvas lo que nunca fue tuyo...

    Bello tatuaje y buen trabajo con el reloj... Sigue adelante. Un abrazo

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  5. Me alegro por tu acto, de valor.
    Un abrazo!!!

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  6. Que grande sos Amelia, tanto crecimiento, tu seguridad es palpable, tu determinación a vivir sin culpa sin miedo es digna de celebrar y admirar, te he leído emocionada, tus palabras dieron vida a lo que tantas veces me he imaginado haciendo, muchas gracias por compartir este ritual tan lleno de coraje y significado. Un gran abrazo.

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  7. Te despido como el padre que nunca fuiste. Yo hice lo mismo con el mío pero no sabría describirlo tan bien.
    Te felicito por el blog. Y te agradezco que lo escribas.
    Ribz

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  8. Opino igual que el resto. Probablemente estes en la etapa final de tu rehabilitación.
    A mi aun me queda mucho. Ahora mismo estoy en la fase de estar enfadada conmigo y con el mundo. La verdad es que no aguanto nada, por no aguantar no me aguanto ni a mi misma. Se que es normal y que estoy sacando fuera toda la rabia y todo el rencor que llevo dentro desde hace tantos tantisimos años, 35 para ser exactos, al menos es lo que dice mi psicologo. Pero bueno, no es momento de penas. ¡Es un momento de alegria! ¡De celebración! ¡De regocijo! Lo estas logrando, ser libre, vivir sin miedo. No sabes la envidia que me das. Envidia sana por supuesto. Eres muy fuerte, muy valiente. Una luchadora, una superviviente. Que esta empezando a vivir por fin. ¡Ojala que yo pronto logre lo mismo!
    Te felicito, tanto por tu blog, como por todos tus logros.
    Animo ya te falta muy poquito.
    Gracias por todo, tus escritos me hacen sentirme menos sola, hacen que me de cuenta de que no soy la unica que a pasado por esto, ni la unica que se siente así. Me hace sentirme un poco menos rara, un poco menos avergonzada y me esta ayudando a poner las culpas en su lugar.
    Ave Fenix.

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  9. Eres muy grande Amelia. Enhorabuena.

    Gracias por compartir!
    Besos
    Gloria Viseras

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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