EL ÁRBOL DE LA VIDA


Perteneces a una familia. Alguien de esa familia abusa de ti, y después del abuso existe otro abuso, el de los “silenciosos” el de aquellos que miraron hacia otro lado, el de los que internamente reconocen que no hicieron lo suficiente, y su conciencia les está llamando. 


Surgen cuando hablas, cuando rompes el silencio. Porque te mandan callar, olvidar, no seguir con el tema “porque estas obsesionada” y si descubren que te has convertido en una difusora de la denuncia de los abusos infantiles activa e insistente, se alejan de ti. O mejor dicho, te alejan a ti de la familia, porque te conviertes automáticamente en un estorbo, alguien molesto, que no está dispuesto a ceder y callar ni siquiera un poquito por la familia, esa familia que , no olvidemos, no te protegió como debía.

Es como si al árbol familiar se le arrancase una rama, tú. La víctima.

Pero lo mejor de todo, el verdadero milagro se produce aquí: La rama, en lugar de secarse, en lugar de acabar como leña para el fuego, vuelve a crecer, regenera nuevas raíces que la afianzan en la tierra, una tierra nueva y fértil, y que lejos de morir florece, y en muchas ocasiones, consigue dar mejores frutos que el árbol del que procede.


¡Alabad el árbol que desde la carroña sube jubiloso hacia el cielo!
Bertolt Brecht. (1898-1956) Dramaturgo y poeta alemán

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