CHICOS MALOS

Fue una relación que mantuve de forma intermitente a lo largo de todos mis Años Oscuros hasta que volví a vivir con mis padres. Le conocí en el pub donde solía acudir un camello al que yo compraba perico. El “niño rico” (que ya no tenía nada de niño, porque tenía once años más que yo) me vio pasar y le dijo a su primo: “te apuesto una cena a que esa rubia se viene conmigo a mi casa este fin de semana”. Y así fue. “J” me encandiló con sus palabras y yo, que era muy joven (debía tener dieciséis o diecisiete años) me dejé encantar y pasé ese fin de semana en la casa de mi conquistador. Ese fin de semana y muchos fines de semana -y alguna semana completa- que hubo a lo largo de mi adolescencia. No tardé en descubrir lo que había bajo esa capa de brillo resplandeciente.

CERRAR LOS OJOS

Dicho por él mismo, cuando yo era pequeña mi Padrino -hermano de mi Madrina- me sacaba a veces a pasear para poder presumir ante sus amigas. En esa época era extraño ver a un muchacho hacerse cargo de una niña, eso era tarea femenina. De mi niñez recuerdo que era una presencia constante en casa junto a su padre y sus hermanas aunque no tuviera interacción directa conmigo. En mi adolescencia me regaló su juego profesional de plumas de tinta china que utilizó en sus estudios superiores para mis trabajos de dibujo técnico en el instituto. Juego que terminaría siendo la causa de mi Punto de Inflexión con mi familia, cuando mi hermano mayor me agredió y yo pensé en estamparle la plancha en la cabeza. En mis Años Oscuros mi Padrino se independizó, como sus hermanas, y creó su propia familia. No tuve excesivo trato con él por entonces, pero hizo algo por mí que aún valoro.
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