MI ESPACIO EN EL MUNDO

Hablando con otra persona ASI que, al igual que yo, hace años dejó atrás los intentos de suicidio comentábamos lo difícil que es salir de ese círculo autodestructivo. Ambos coincidíamos en que el cambio es sin duda interior. Esta persona me decía que de repente un día pensó: "Pero si realmente merece la pena vivir!". Comentaba que ese fue su punto de inflexión. El mío fue tras una discusión con mi Madrina cuando yo ya era una adolescente de quince o dieciséis años. No recuerdo sus palabras concretas, pero si el sentido de su argumentación. Me reprochaba que todo el esfuerzo que ella había empleado en mi educación, en intentar darme todo lo necesario para salir del ambiente que por nacimiento me hubiera tocado en circunstancias normales, se hubiera quedado reducido a la nada. Porque finalmente yo había renunciado a estudiar una carrera universitaria –ya había abandonado mis estudios en bachillerato- y tampoco encontraba un trabajo estable sobre el que progresar para labrarme un futuro. Yo era lo que ahora llamarían un “Nini”, haciendo referencia a ese sector de la población juvenil que en la actualidad ni estudia ni trabaja. Hasta que mi Madrina cerró la discusión diciendo que yo era como mi padre.
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