A mediados de la primera década del siglo XXI me regalaron mi primer ordenador. Era viejo, de segunda mano, y tenía menos memoria que un pez, pero era mío. La primera vez que me senté ante él no sabía ni como se encendía. Mi hijo tuvo que hacerlo por mí y enseñarme lo más básico de su funcionamiento. Al principio ni siquiera teníamos conexión a internet. Pero no lo echaba de menos, me costó varios meses hacerme con el manejo de las distintas funciones, de los “botones” y de las carpetas de archivos, como para además aprender a navegar por la red. Lo primero que descubrí fue que podía tener mi propia cuenta privada, con mi contraseña, Y la aplicación Word, en la que podría copiar y guardar todos los pensamientos que a lo largo de los años había escrito en varios diarios de los que nadie jamás conoció su existencia. Parte de ellos fueron mi blog y después este libro. Dos años más tarde nos conectamos a internet. Y ha sido el mayor descubrimiento de mi vida.
Desde ese momento ya podía ver el mundo desde la ventana del ordenador, y poco a poco me fui haciendo con esta tela de araña en la que, si te dejas, puedes empezar por ver los resultados del futbol y terminar leyendo a Kafka. Me encantó conocer y descubrir cosas. Leer los pensamientos de otros y compartir los míos. Fue como volver al colegio, y descubrir cómo se hace el color verde mezclando el azul y el amarillo. Pero también me di cuenta de que en realidad, a pesar de que siempre he “presumido” que la vida me ha enseñado todo lo que me podía ofrecer, en muchos aspectos aun era una novata. Hice amigos en algunos foros de internet. Ya eran usuarios desde hacía años de la red. Conocían trucos y páginas de todo tipo, alguno de ellos era moderador y administrador en un foro, y otro tenía varios blogs personales además de haber sido fundador de otros foros. Por ello empecé a preguntarles cosas relacionadas con el ordenador. La mayoría de la gente se sonrojaría con algunas de las preguntas que les hacía, dada su simpleza, y para mí, que siempre creo que la gente se ríe de mí cuando hago preguntas de “críos”, fue un valor añadido que mis amigos se armasen de paciencia y me explicasen todo lo que les demandaba, con voluntad de hierro y siempre con la sensación de que lo hacían porque me valoran como amiga. En una ocasión, uno de ellos me dijo que yo le encantaba, porque era como una niña en mi entusiasmo al descubrir nuevas aplicaciones de internet o del ordenador. Él no lo sabe, pero me hizo llorar de emoción.
Mi padre alteró mi proceso de aprendizaje. Me arrebató la capacidad de descubrir el mundo a través de mi infancia, con la inocencia de la niñez. Muchas veces me pregunto que hubiera sido yo como persona si no hubieran existido los abusos. Me he perdido un millón de experiencias que jamás podré recuperar. Y es doloroso saberlo. He desperdiciado un tiempo valioso de mi vida destrozándola, ignorando miles de cosas que ocurrían alrededor, fagocitando cada momento de manera absurda. Y además he adoptado conceptos totalmente erróneos de muchas aptitudes de la vida, que ahora tengo que cambiar. Desaprender para aprender. “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver.” Ese fue mi lema durante mucho tiempo. Y en este tiempo no me preocupe de mucho. Dejé los estudios y vivía aislada del mundo real. Apenas me enteraba de lo que ocurría alrededor de mí. Conocí la entrada de España en la Comunidad Económica Europea tres años después de que ocurriera. Quise estudiar solfeo. Jamás me apunté a la escuela de música. Quise mejorar mi nivel de inglés, apuntarme a una escuela de idiomas, o viajar al Reino unido o a Norteamérica… me había propuesto trabajar para pagarme todo eso… nunca me creí apta para los trabajos que conseguía. Nunca me sentí lo suficientemente lista para sacar los estudios adelante, así que, ¿para qué molestarme? Después de todo, Yo no servía para nada. Era más sencillo ser la chica del gánster, la reina del auto boicoteo. Me duele mucho saber que no he tenido ni infancia, ni adolescencia, ni juventud. Y duele porque ya no hay vuelta atrás, es algo que jamás podré recuperar. Cuarenta años tirados a la basura.
Cuando era niña aun creía en mi propio futuro. Aún contestaba a esa pregunta que a todos nos hacen al menos una vez en la vida: ¿Qué quieres ser de mayor? En una de mis etapas de la infancia, deseé hacerme piloto de aviación. Por mis circunstancias familiares tenía que viajar varias veces al año y muchas veces ese viaje lo realizaba en avión. La primera vez que entré en una cabina tenía seis u ocho años. Como normalmente viajaba sola, bajo la tutela del personal de vuelo, el comandante dio permiso para que yo estuviese un ratito en la cabina de mando, cuando el piloto automático estaba activado, y me encantó la experiencia. A lo largo de los años fui invitada varias veces a viajar en cabina y gracias a la amabilidad de la tripulación de a bordo descubrí los primeros secretos de la aerodinámica y la física, así que en esas materias en el colegio siempre fui bastante bien. Al menos entendía las explicaciones de los maestros e incluso una profesora de B.U.P., que impartía física y química, me felicitó por mis trabajos y me dijo que se me daban bien las asignaturas de ciencias: Matemáticas, física, química, biología, naturaleza… nunca me lo creí del todo. En circunstancias normales creo que hubiera sacado siempre buenas notas y quién sabe, tal vez hubiese hecho la carrera de medicina, o la de veterinaria, o biología, o una ingeniería. Pero siempre he tenido la sensación de que había algo en mi mente que me lo impedía: Mi Monstruo. Ha sido como vegetar encerrada en una habitación, sin poder descubrir cómo era la vida fuera de ella, sin haber conocido otra cosa que las paredes de tu cuarto, y además odiar ese habitáculo de tal manera que solo quieres desaparecer sin dejar rastro, como si nunca hubieses estado allí, como si el mundo acabara por preguntarse, ¿pero existió de verdad? Por eso empecé el blog. Era otra manera de recuperar a esa niña perdida y enseñarle lo que había fuera de la habitación. Una niña que estaba empezando a descubrir el mundo, otro mundo, y con un miedo enorme a participar en él, pero que no quería morir sola en la oscuridad.
Alguien dijo alguna vez que las víctimas de abusos en la infancia vivimos “muertos”, y es verdad. En muchos aspectos estamos muertos, o en coma. Es la hora de despertar. Es hora de aprender. Gracias V, N, J, L, A, Z… y todos aquellos que, tal vez sin saberlo, habéis aportado luz a la mente de esta pequeña. Gracias por vuestra paciencia con esta torpe alumna. No imagináis la enorme ayuda que fuisteis y seguís siendo para mí.
“Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender. "
René Descartes (1596-1650) Filósofo y matemático francés.
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