PUNTO Y FINAL

Me di cuenta una mañana, desayunando. Suelo hacerlo en la cocina, con las noticias puestas para ponerme al día de la actualidad. Ni siquiera sé qué es lo que activó el recuerdo. Creo que una palabra o una frase de las que escuché en la tele, pero no estoy segura. A lo mejor fue el vídeo que ilustraba la noticia, o el señor que entrevistaban. No lo sé porque ni siquiera recuerdo de qué hablaban en ese momento. Simplemente pasó. Se cruzó por mi mente una imagen de mi infancia y el recuerdo iluminó toda la estancia. Estaba teniendo un Flashback. Yo había vuelto a tener siete u ocho años, estaba en la casa de mis padres, sentada en la cama con mi padre que me susurraba al oído. Sabía que iba a suceder algo que no deseaba porque tenía el estómago encogido, pero también sabía que no lo podría evitar así que, en mi recuerdo, esperé resignada que ocurriera y me metió mano. El recuerdo pasó y desapareció igual que llegó: sin avisar. Como cuando de repente te acuerdas de un lugar que visitaste cuando eras pequeña.

Pero no pasó nada más. Hace no muchos años esto me hubiera revuelto. Hubiera sido uno de esos días que odiaba en los que todo me costaba más esfuerzo. Eran días en los que había que ponerse la máscara y la sonrisa postiza porque los demás no tienen porqué saber las estúpidas cosas que te pasan por la cabeza mientras te tomas el café de la mañana. Pero esta vez no pasó nada. Al igual que en el recuerdo, por un momento se me encogió el estómago y sentí cómo todos mis músculos se ponían en tensión. Es posible que incluso hiperventilase un poco. Pero como sabía que no lo podría evitar dejé que el recuerdo fluyera hasta que desapareció. Como cuando estás en un paso a nivel y ves pasar el tren. Esperas pacientemente hasta que cesa la cadencia de vagones y se levantan las barreras. Y cuando el tren se fue, terminé el último sorbo de mi taza de desayuno (edición Star Wars) y me vestí para salir a caminar como hago a diario cuando trabajo en el turno de tarde. No volví a pensar en lo ocurrido esa mañana hasta varias horas después, cuando recordé mi forma de actuar. Y lo que me sorprendió, lo que realmente más me llamó la atención, fue el hecho de ser consciente de que había tenido un flashback y que mi reacción (dejar que entrase en mi mente, dejar que me sintiera mal por un momento, dejar que fluyera el recuerdo, dejar que se esfumara) fue totalmente automática. No necesité tranquilizarme, no necesité ser de nuevo consciente del aquí y ahora, no necesité ni siquiera unos minutos para relajarme y que mi ansiedad no se disparase. Simplemente todo volvió a la normalidad, incluso mi buen ánimo, y ocurrió todo de forma instintiva. No me había dado cuenta de lo engrasado que tengo ya este mecanismo.

Estoy siendo consciente de los frutos de ocho años trabajando mi historia, trabajando por y para mí. Unas veces con ayuda profesional, otras veces con ayuda de otros supervivientes o de amigos y conocidos, en ocasiones yo sola. Creo que lo que me ocurrió aquella mañana fue la prueba palpable de mi evolución, de mi sanación. Y me siento muy orgullosa de hasta dónde he llegado. Se nota que estoy mejor porque no necesito hablar tanto de mí. Pero siempre me ha gustado dejar aquí en el blog mis pequeños grandes pasos personales porque seguro que en algún momento puede que necesite recordármelos a mí misma, así que ahí van mis últimas pequeñas grandes primicias como hago siempre que Némesis cumple años. Porque hoy hace ocho años que inauguré este blog, hoy es el cumpleaños de mi Niña Perdida.

La última novedad fue que agregué a mi hermana al Facebook. Ocurrió hace tres años, tras el fallecimiento de mi madre. (¡Vaya, sí que tenía abandonado el blog!) Pero el experimento fue fallido. A los dos o tres meses tuve que eliminarla de mis contactos (sólo eliminar, sin bloqueos) porque era un acoso constante de mensajes subliminales sobre mis Padrinos, sobre mí y mis mentiras... Era tocar el tema ASI (yo comparto habitualmente noticias ASI en mis redes sociales) y ya la tenía por ahí pululando y desacreditando. Y además se permitía el lujo de atacar a mis otros contactos que rebatían sus argumentos. Así que como no encontré beneficios... bye, bye! Tú por tu lado, yo por el mío. Y en ese momento decidí retomar la terapia que llevaba tiempo proyectando. En lugar de ir a la Seguridad Social, me ofrecieron, en la asociación donde estoy colaborando, terapia Gestalt con nuestra terapeuta. Porque a pesar de lo trabajada que ya tenía entonces mi historia, que ya había fallecido mi madre y me había enfrentado de alguna forma con mi hermano, en mi interior sentía que había cosas que necesitaba trabajar y acepté la ayuda. Yo lo visualizaba como haber terminado de trabajar los abusos, pero precisase trabajar los “satélites”, las manchas, los escombros que habían dejado esos abusos a mi alrededor. El año pasado por estas fechas publiqué una entrada relatando una de esas sesiones de terapia.

Lo primero que trabajamos fue la relación con mi marido que necesitaba recolocar en un punto final de acuerdo. Tuve, gracias al trabajo con la nueva terapia, esa conversación con él hace varios meses una tarde de invierno ante la chimenea del salón. He de decir que creo que mi pareja, no es que no quiera, es que no puede apoyarme como a mí me gustaría por el tipo de educación recibida en su niñez. Lo enfrenta a sus propios valores familiares y, como muchos de “Los Otros”, los “no ASI”, no consigue entender todo lo que los ASI significan para mí, ni lo que este blog, la asociación o mi activismo me aportan. Y a mí no me queda otra que respetar sus tiempos. No se lo dije abiertamente, pero le insinué que no me podía hacer elegir entre él y mi activismo, porque yo tenía claro lo que iba a elegir. Así que tras esa conversación junto a la chimenea, el pacto al que hemos llegado es que yo respetaré su "no participación" y él me dejará hacer activismo sin restricciones. A partir de ahí perdí mi miedo a hablar del tema a escondidas o por miedo a que él me escuchara. Y poco a poco él va cambiando el discurso. Hace no mucho, en una reunión informal hablé del tema ASI con unos conocidos, él se unió a la conversación y acabó por responder con sus propias palabras dándome apoyo explícito. ¡Incluso le dijo a mi interlocutor que yo no era así de franca y abierta hace cinco años! Y eso es muy de agradecer. Le reconozco el esfuerzo. Aceptar las limitaciones de los demás forma parte de sanar, como cuando aceptamos que alguien sigue minimizando o negando los abusos o que nuestro agresor siga insistiendo en que estás loca y sólo quieres perjudicarle. Ahora cuando tengo una crisis, dependiendo de lo que yo siento que necesito, acudo a una persona u otra, o a un grupo, o a lo mejor en ese momento prefiero gestionarlo sola. En ese aspecto he aprendido a saber qué esperar de los demás sin llevarme desagradables sorpresas. Creo que sanar es también saber dónde acudir cuando necesitas ayuda, incluso cuando tú eres tu propia ayuda.

Durante la terapia se cruzó el tema de Mi Madrina -que aún me producía dolor hablar de ella- y mi "yo" adolescente con la que yo aún me sentía enfadada. Ya he hablado de ello en mis últimas entradas de blog. Me di cuenta que eran dos temas que estaban directamente conectados. Ha sido muy duro tratarlo en terapia. Sesiones semanales que me dejaban bastante echa polvo, pero que, por otro lado, sentía que necesitaba purgar. Y al fin encontré a la adolescente. Curiosamente es una imagen que también había visto de mi "yo" niña y que describí alguna vez aquí: la de la pequeña abusada perdida entre los cascotes tras un bombardeo y que espera en vano a ser rescatada. Pero que, como buena adolescente, estaba muy enfadada conmigo porque yo no había reconocido todo lo que hizo por sobrevivir, por no haber valorado en su justa medida todos los recursos que utilizó para no acabar tirándose por el balcón de un séptimo piso. Yo sólo me avergonzaba de ella y la juzgaba como esas viejas que no intentan entender a las nuevas generaciones ni quieren conocer el contexto en el que ocurría todo. Una parte de mí siempre se quedó ahí. Creo que los abusos me rompieron en cachitos (en Horrocruxes, que diría un fan de Harry Potter) en trocitos que, como en las leyendas de seres antiguos, se habían desperdigado. Y el héroe tiene que hacer su viaje de iniciación encontrando los pedazos. Espero haberlo rescatado todo, he luchado y llorado mucho para conseguirlo.

Por último dos curiosidades: Hace poco hablé con la única hermana de mi Madrina que me quedaba por contactar. No hablamos mucho, no hizo falta. Le hable de mí, de mi terapia, de mis abusos, de la asociación, de mis proyectos… Fue una conversación fluida y sin momentos incómodos. Terminamos abrazadas y deseándonos lo mejor en la vida. No hubo, ni rechazo, ni “olvídalo que ya pasó”. Hubo sobretodo respeto. Creo que era la única conversación que me quedaba pendiente con un adulto de mi infancia, y me he sentido muy bien con el resultado. Además volví a reencontrarme con mi Padrino que, para mi sorpresa, me recibió con los brazos abiertos, como si nunca hubiera dejado de responder al teléfono. Tras mi desconcierto inicial, lo interpreté como una reconciliación con él, como una aceptación de la nueva situación por ambas partes en la que ya no quedan malentendidos pendientes o cosas ocultas. Y después de dos años y cuatro meses mi terapeuta me dio el alta. Tuve la sensación de haber cerrado un círculo, que por fin estoy en paz con mi pasado terapéuticamente hablando.



El alta con mi sanadora Gestalt me ha hecho reflexionar. Llevo desde entonces con la idea rondándome la cabeza. En realidad una parte de mí no quiere hacerlo. Es como dejar que tu hijo se vaya de casa a construir su vida, o liberar al pajarillo al que cuidaste para curarle el ala y que tanta compañía te hacía con sus trinos. Pero la decisión está tomada. Esta será mi última entrada del blog. Es hora de buscar nuevos objetivos.

¿Quién me iba a decir a mí que a mis cincuenta y dos años todavía tengo proyectos por delante? Hace diez años estaba convencida que moriría como estaba: rota, aislada del mundo y resignada a la nada. Empecé a sanar hace nueve años a hurtadillas, de manera clandestina. Tenía tanto miedo a volver a perder el pie y caer en el abismo que cada movimiento era como intentar subir el Everest. Incluso me evocaba esos documentales donde explicaban que en el techo del mundo se tardan horas en recorrer apenas unas centenas de metros por el mal de altura y su falta de oxígeno. Recuerdo noches ante el ordenador, madrugadas pasando a un archivo de Word mis pensamientos, días releyendo mis viejas libretas y (ahora puedo confesarlo) quemando alguna en la terraza porque en ese momento pensaba que eso no podía salir a la luz ni siquiera por accidente. Recuerdo llorar ante el teclado siempre con miedo a que mi marido se levantase de la cama para preguntarme qué hacía despierta tan tarde. Recuerdo el día que encontré el foro que ahora administro cuando buscaba información sobre abuso sexual infantil y el guantazo que me supuso verme ahí descrita, con todas las secuelas, con todos los pensamientos, con todas las historias, con todas las conversaciones. Yo retratada hasta el más mínimo detalle.

Recuerdo la página de Formula uno en la que me detenía para tomar aire en esos días en que llegué a comer frente al ordenador. Los primeros amigos que hice ahí, la primera vez que le dije a uno de ellos que yo había sufrido abuso sexual en la infancia. Incluso yo me sorprendí al escribir esas palabras. Recuerdo a uno de esos amigos al que pregunté qué era eso del blog y cómo podía hacerme uno, porque tuve la genial idea de que lo que yo estaba escribiendo en esas madrugadas era algo que podía ser interesante contar al mundo, que yo tenía algo que decir al respecto. Recuerdo escribir las primeras entradas a escondidas, ocultando la existencia de este blog a mi pareja. Todo el que me ha leído ha sido testigo de los siguientes pasos. Unos pequeños e interiores, otros grandes y llamativos, todos importantes. Pasos como cuando recordé los abusos de mi vecino o de mi hermano, cuando tuve la primera entrevista en una pequeña radio local, cuando empecé a reconocer mis secuelas o comencé a reflexionar sobre la relación con mis familias, cuando mi hermana encontró el blog, cuando inicié mi ronda para hablar y/o enfrentar a todos los adultos de mi infancia, cuando rompí la urna de la culpa, cuando decidí tenerme más en cuenta y a darme prioridad, a atreverme a hacer cosas fuera de mi zona de confort, las Ceremonias de Graduación, el tatuaje, la asociación… Finalicé mi sanación hablando abiertamente de mi pasado y habiendo podido conversar con todas mis familias, las pasadas y las actuales. Es como haber extirpado la clandestinidad de mi vida.

Ha sido un viaje alucinante a mi propio interior. Los abusos ya no son algo limitante para mí, las secuelas que quedan me permiten una buena calidad de vida y tampoco me condicionan en demasía, y he llegado a un punto en el que sé lo que quiero, sé con quién quiero, y sé cómo lo quiero. Mi Monstruo ya no manda sobre mí. En cuanto a todo lo que se ha perdido por el camino (lo que deseaba hacer de niña, las oportunidades desaprovechadas, las personas que ya no me acompañan…) creo que he pasado mi duelo por todos ellos y vivo en paz con sus decisiones y con las mías. Así que creo que me he recuperado de los abusos que sufrí en la infancia. ¿Qué es posible que vuelva a haber conflictos internos por culpa de mis abusos o sus secuelas? Bueno, vivir también es eso. “Los otros” también tienen conflictos internos todos los días en todas las áreas de su vida, no? Pues yo también. Y eso no significa que yo sea distinta a los demás. Lo más curioso es que en realidad todo sigue igual, no ha variado nada importante en mi vida, sólo la forma en la que lo afronto, y sin embargo lo ha cambiado todo.

Hace tiempo que estoy eliminando cosas que ya no necesito. Hace tiempo que sé que tarde o temprano mi Epílogo tenía que cerrarse. Me da pena. Este blog ha sido mi mejor amigo, la primera cosa de la que me siento orgullosa de haber hecho en mi vida. Pero todo tiene un final, y creo que ha llegado la hora de darlo por cerrado. Ha llegado la hora de revisar mi armario, deshacerme de esas prendas viejas y ajadas que ya no me son de utilidad, y atesorar y guardar los grandes recuerdos en cajas mullidas y engalanadas para que siempre estén a buen recaudo. Ahora, como indica el libro de El Coraje De Sanar, Resolución y… ¡A otra cosa! El blog seguirá abierto por una larga temporada para quien quiera leerlo pero sin entradas nuevas. Después lo cerraré definitivamente si consigo sacar adelante el proyecto que tengo en mente.

Dicen que las grandes historias nunca terminan, que cada uno de nosotros debe tomar el relevo de la narración. Aquí termino yo. Te toca a ti, superviviente, seguir contando tu historia de superación. Y puedes hacerlo de la manera que quieras y con la que te sientas más a gusto: escribiendo, pintando, cantando, bailando, fotografiando, hablando, creando, modelando, luchando, denunciando… Uniendo los puntos que te ayudarán a entender tu pasado, a arreglar tu presente y a construir tu futuro. Porque tu historia es mi historia, nuestra historia, y merece seguir siendo contada ya sea de manera pública o en la privacidad de tu mente. Y tú, querido lector “no ASI”, que has asistido a mi proceso y me has seguido en estos años, toma el testigo. No te pediré que te impliques activamente en mi lucha, pero al menos deja de mirar hacia otro lado. Continuaré dando guerra en redes sociales, con la página de Facebook, con la asociación, administrando ForoGAM mientras el cuerpo aguante y los que me acompañan en esos proyectos quieran seguir contando conmigo. Pero este capítulo de mi vida en el que escribo en este blog sobre mí termina aquí. Ha sido un placer crearlo, darle vida y compartirlo con vosotros. No lo voy a olvidar nunca.

No diré adiós, sólo diré: GRACIAS.


"Es triste poner punto final a capítulos de nuestra vida, pero si no lo hacemos, no podremos escribir nuevas y mejores historias." Anónimo.

4 comentarios:

  1. Me apena que se acabe el blog, pero entiendo que quieras pasar a otra cosa. Gracias por tanto, este blog me ha ayudado a darme cuenta de muchas cosas. No creo que me recuerdes pero te escribí por mail una vez y me respondiste. Tengo un consejo para ti: aunque no lo publiques más, sigue escribiendo, es una terapia genial. Saludos desde Ecuador.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por tus palabras.
      Sí, seguiré escribiendo, no te quepa duda. Ha sido mi válvula de escape y mi terapia más importante y no tengo intención de dejarlo.
      Espero seguir leyéndoos.
      Un saludo!

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  2. Vengo a darte un abrazo y las gracias por venir a leerme y créeme que no puede alegrarme más verte tan fuerte y tan bien.

    "he llegado a un punto en el que sé lo que quiero, sé con quién quiero, y sé cómo lo quiero."

    Dices en una de estas dos últimas entradas que has escrito.Yo también lo digo,como también digo que por fin siento que ahora tengo el control de mi vida, que ya duelen bastante menos las heridas,las de cada uno,las que nos tocaron cuando eramos bastante más vulnerables.

    Feliz vida,MUJER,NIÑA DE LUZ y adelante siempre,con la cabeza bien alta de lo que fuiste,serás y eres.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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