CHICOS MALOS

Fue una relación que mantuve de forma intermitente a lo largo de todos mis Años Oscuros hasta que volví a vivir con mis padres. Le conocí en el pub donde solía acudir un camello al que yo compraba perico. El “niño rico” (que ya no tenía nada de niño, porque tenía once años más que yo) me vio pasar y le dijo a su primo: “te apuesto una cena a que esa rubia se viene conmigo a mi casa este fin de semana”. Y así fue. “J” me encandiló con sus palabras y yo, que era muy joven (debía tener dieciséis o diecisiete años) me dejé encantar y pasé ese fin de semana en la casa de mi conquistador. Ese fin de semana y muchos fines de semana -y alguna semana completa- que hubo a lo largo de mi adolescencia. No tardé en descubrir lo que había bajo esa capa de brillo resplandeciente.
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