CERRAR LOS OJOS

Dicho por él mismo, cuando yo era pequeña mi Padrino -hermano de mi Madrina- me sacaba a veces a pasear para poder presumir ante sus amigas. En esa época era extraño ver a un muchacho hacerse cargo de una niña, eso era tarea femenina. De mi niñez recuerdo que era una presencia constante en casa junto a su padre y sus hermanas aunque no tuviera interacción directa conmigo. En mi adolescencia me regaló su juego profesional de plumas de tinta china que utilizó en sus estudios superiores para mis trabajos de dibujo técnico en el instituto. Juego que terminaría siendo la causa de mi Punto de Inflexión con mi familia, cuando mi hermano mayor me agredió y yo pensé en estamparle la plancha en la cabeza. En mis Años Oscuros mi Padrino se independizó, como sus hermanas, y creó su propia familia. No tuve excesivo trato con él por entonces, pero hizo algo por mí que aún valoro.

Empecé a salir con un “Chico Bueno”. Yo trabajaba en una tienda y él era camarero en el local donde solía tomar el café. En esa época yo pasaba por un periodo de abstención total al sexo. Así que, cuando la relación avanzó y empezaron las sugerencias y los primeros juegos eróticos, fui sincera con él. Recuerdo hablarle de mi padre, de los abusos, de mi vaginismo… Lo cierto es que lo entendió perfectamente y nunca me sentí presionada por él. Durante las semanas en las que salimos me sentí muy protegida bajo su brazo. En muchos aspectos mi actual pareja me ha recordado a aquel muchacho por su forma de ser y de tratarme. Supongo que esa fue una de las razones por las que terminé por abandonarle: Era demasiado bueno para mí, yo no me lo merecía. La otra razón creo que fue más inconsciente por mi parte. Él tenía su propia mochila, estaba recién separado con una hija de pocos meses de edad. Creo que para mí hubiera supuesto una carga más, dado que siempre he llevado como propia las cargas de los demás. A veces creo que hice lo correcto, a veces creo que fui egoísta.

En cualquier caso, romper con él volvió a inclinar mi balanza del lado contrario y el descontrol de mi vida volvió a desatarse de tal forma que incluso me planteé no volver con mis Padrinos e independizarme. Entonces conocí al dueño de un bar con una pensión de mala muerte en el segundo piso que alquilaba sus habitaciones por horas y en la que las cucarachas campaban a sus anchas, pero era barato y nadie preguntaba ni pedía explicaciones. Estuve alojada ahí cuatro o cinco días. Me había convencido a mí misma que ya no le importaba a nadie, que nadie me echaba de menos, que realmente podría desaparecer sin dejar rastro. No pensaba en el suicidio, más bien especulaba con la posibilidad de empezar de cero en otro lugar, incluso con otro nombre, para que nadie me localizase.

Afortunadamente mis Padrinos seguían ahí aunque yo no valorase sus esfuerzos en ese momento. En este caso fue mi Padrino el que se presentó en la puerta de mi trabajo cuando supo que yo llevaba varios días sin aparecer por la casa de su padre donde yo vivía en esa época. La escena fue curiosa, porque precisamente ese día, el “Chico Bueno” con el que acababa de cortar un par de semanas atrás, se presentó para hablar conmigo e intentar retomar la relación. Y cuando mi Padrino le vio, me preguntó entre preocupado y furioso si era ese chico el motivo de mi desaparición. Me llevó tiempo explicarle que no, que él no tenía nada que ver. Tuve que hacer malabares para conseguir que mi “Chico Bueno” se fuera y que mi Padrino no corriera tras él. Luego, en casa de mi Padrino, más tranquilamente, le expliqué que yo sólo buscaba una forma de emanciparme. No recuerdo bien la conversación con mi Padrino, pero creo que le intentaba hacer ver que yo sólo intentaba dejar de molestar.

Entonces no lo vi, pero es muy posible que el gesto de mi Padrino me hubiera librado de un destino mucho más oscuro. Porque cuando estuve alojada en aquel tugurio me planteé seriamente buscar “dinero fácil” para desaparecer con lo único que consideraba que era capaz de hacer: prostituirme. A fin de cuentas ya me ofrecía sexualmente por una copa o un poco de coca, ser oficialmente puta no sería muy distinto y mucha gente tiene, incluso hoy en día, la “romántica” idea de las putas como mujeres libres e independientes con la vida solucionada. El dueño de la pensión era amable en el trato y cuando supo que yo buscaba una forma de independizarme me ofreció su local para hacer negocios con mi propio cuerpo. “No te sientas obligada”, me dijo. “Cuando necesites dinero, vienes y yo te alquilo una habitación, incluso te puedo presentar posibles clientes. Sólo tendrás que pagarme la habitación por el tiempo que estés en ella”. Llegué a estudiar seriamente su oferta. Estaba cerca de la tienda donde trabajaba y podría sacar un dinero extra. Ignoro lo que hubiera supuesto aceptar la invitación del empresario, pero más de treinta años después, y ahora que conozco algo más el tema, sospecho que en su ofrecimiento habría clausulas ocultas que posiblemente me hubieran introducido en el negocio de la prostitución por años y sin posibilidad de salir con facilidad. Mi Padrino me libró de todo eso aunque él no lo sepa ni yo misma me diera cuenta en ese momento.

Para mí siempre ha sido alguien a quien quiero mucho, es ese adulto de mi infancia que tiene, junto a sus hermanas, un espacio en mi corazón. En el momento en el que me casé no tuve valor para pedirle ser mi padrino de boda. Tiempo después, durante una conversación con él, me aseguró que sentía mucho que no se lo hubiera dicho, que para él hubiera sido un honor llevarme al altar. Infinidad de veces, en estos años de Hibernación, se ha presentado sin avisar en mi localidad para darme una grata sorpresa. La confianza era mutua hasta que hablé con él de mis abusos.

Cuando en el inicio de mi sanación decidí hablar con mis padrinos, él fue el primero con quien lo hice. Recuerdo el viaje, muy nerviosa, y la conversación con él en la que le explicaba que los abusos se habían prolongado por toda mi infancia. Recuerdo sus preguntas (¿Por qué no lo contaste? ¿Cuándo ocurría?...) Y le expuse mi intención de hablar con todas sus hermanas. Estaba en esa fase en la que necesitas contar lo que ocurre y explicar el proceso de sanación que has iniciado esperando que te apoyen. A fin de cuentas para mí eran la “familia buena”, la que no estaba contaminada, la que no estaba subyugada a mi padre abusador. Ni siquiera me había planteado que no me apoyarían. Él me pidió que no dijera nada. Me dijo que él se encargaría de transmitir mi mensaje y mi situación a sus hermanas. No debí confiarle esa tarea, ahora lo sé. No porque no me fiase, si no porque ahora entiendo que debí mantener mi hoja de ruta inicial y hablar en persona con todos mis Padrinos. Es como quería enfrentar esa fase de “revelación del secreto”, hablando con todos y cada uno de ellos. Pero en ese momento agradecí su gesto dado el esfuerzo que ya me había supuesto hablar con él y con su pareja. Semanas después, cuando vi que no había reacciones, que el tema se estancaba, fue cuando decidí ponerme en contacto con mi Madrina y cuando recibí de ella su más enérgico rechazo al tema. Ahí me di cuenta que es posible que él no hubiese hablado con sus hermanas y que probablemente había enterrado el tema de los abusos.

Dado que mi Padrino parece que no cumplió su promesa, me dispuse hablar con otra de sus hermanas (mi Madrina 2) aprovechando un viaje que hice con mi marido por motivos de trabajo. Tras la conversación, ella me ha ofrecido su apoyo y actualmente sigue siendo mi principal fuente de recuerdos. Yo no demandaba más de ellos, sólo su apoyo por el proceso que estaba -y estoy- pasando y responder mis preguntas cuando intento reconstruir mi infancia. Fue en ese momento cuando me percaté que yo no había vuelto a hablar con mi Padrino desde que le hablé de mis abusos. En los meses que trascurrieron desde nuestra última conversación, el tiempo que me llevó procesar el rechazo de mi Madrina, hasta el momento en que hablé con mi Madrina 2, he intentado hablar con él por teléfono en tres ocasiones: para felicitarle la Navidad, en el día de su Santo, y para celebrar su cumpleaños. Ninguna de las tres veces he tenido fortuna. A penas he conseguido hablar con su pareja que siempre encontraba una excusa para no ponerme con él: Que acaba de salir a comprar, que no se sabe su número de teléfono móvil de memoria, que le dirá que me llame… Sigo aguardando su llamada, aunque ya no espero que se produzca, y yo no he vuelto a insistir más. No sé si su mujer no le ha dado mis recados o él no quiere hablar conmigo. No sé si es porque he sacado el tema ASI o porque sigo hablando con su hermana con la que ahora está enfadado por razones que no vienen al caso. No lo sé, pero me duele que haya salido corriendo como lo ha hecho. Al menos su hermana mayor, mi Madrina, dio la cara y me dejó claro que no quería saber nada, que no la molestase. Él ni siquiera se ha puesto al teléfono. Y no puedo evitar pensar que el hecho de romper mi silencio y hacer lo que yo he considerado oportuno para mi sanación es lo que le ha hecho huir. Me duele. Le quiero y eso no ha cambiado, pero me duele que ya no se presente en mi tierra para darme una sorpresa y que nos vayamos a comer a su restaurante favorito. Mi marido, que le apreciaba muchísimo, no lo entiende. Dice que para él ha sido una total decepción que mi Padrino se haya ido así de nuestras vidas. Pero a mí me ha dejado lastimada.

Creo que es la parte más triste de nuestra sanación, que nos vemos obligados a renunciar a cosas y a personas que no queríamos perder. De ahí que muchas veces leo a supervivientes que se lamentan y creen que no ha merecido la pena romper el silencio. Desde que he iniciado mi sanación, he recibido muchos tipos de respuesta. Unos me han acusado descaradamente de mentir, otros de añadir mentiras a mis relatos, algunos han expresado su rechazo aconsejándome no seguir removiendo el tema, incluso con amenazas. Y el resto simplemente han desaparecido, como si un viento se los hubiera llevado a los confines del mundo donde no llega la comunicación. De todos mis Padrinos, sólo queda uno que me apoya incondicionalmente y que me lo ha expresado abiertamente, y otro con el que llevo tiempo sin hablar pero me consta que conoce mi situación actual y al menos no ha mostrado rechazo. El resto han hecho mutis por el foro. Ni siquiera sé si su silencio lo ha causado mi decisión de levantar alfombras o simplemente han decidido caminar por otros universos en los que yo no entro. Tal vez en el futuro me arme de valor para volver a levantar el teléfono y hablar con ellos. Más que nada porque siguen siendo personas importantes para mí, y no quiero quedarme con la duda eterna de saber si les incomoda mi nueva situación de superviviente o simplemente la vida nos ha separado. Sería un alivio saber que no han quedado resentimientos sin resolver.

No han sido los únicos que se han esfumado cuando el tema ASI sale a relucir. Me consta de muchas personas que he conocido a lo largo de estos años que simplemente no escuchan cuando hablo, que no leen cuando comparto en redes sociales. A día de hoy, cuando comparto algo en Facebook o Twitter del tema ya sé de antemano quién lo va a compartir o quién va a comentar. Pero en cualquier caso, no doy marcha atrás. Me he visto obligada a perder muchas cosas y personas bellas en mi camino de sanación, pero no me arrepiento, porque creo que realmente eso que he perdido no merecía tanto la pena, ni esas personas me apreciaban tanto si no han sido capaces de apoyarme justo en el momento más importante de mi vida. Quiero creer que yo si lo hubiera hecho por ellos. Así que ahora siempre me digo: "Si no me vas a ayudar... ¡Quítate de en medio, me estorbas!

No sé si es obligatorio renunciar a muchas cosas para sanar, supongo que cada uno tenemos que elegir hasta dónde estamos dispuestos a claudicar. Pero si me veo en la tesitura de renunciar a algo por alguien que no lo haría por mí, ahora tengo muy claro lo que haré. Yo he elegido mi camino pero entiendo y respeto a quien no llega tan lejos como yo. Incluso entiendo perfectamente a aquellos que lo han sido todo para mí pero no quieren saber nada relacionado con los abusos sexuales en la infancia. Son los mismos que no leerán esta entrada y que preferirán cerrar los ojos fuerte para no tener que mirar la realidad oculta que pasa ante sus narices porque no están dispuestos a renunciar a otra forma de ver las cosas y utilizan el silencio como aislante. O tal vez no. Tal vez yo soy muy malpensada y todos esos silencios no son más que simples malentendidos.


"El silencio es como el viento: atiza los grandes malentendidos y no extingue más que los pequeños" 
Elsa Triolet (1896-1970) Novelista francesa.

3 comentarios:

  1. Acabo de conocer tu blog, gracias por tu experiencia, gracias por compartirlo y no dejar crecer el silencio, gracias por mí y por todos los q pasamos por esto.
    «"Tontos" les dije yo,
    no sabeís que el silencio crece como un cáncer,
    escuchad mis palabras, que podrían enseñaros...» The sound of silence

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  2. Te he leìdo durante algunos años, quisiera poder comunicarme contigo via e-mail.
    "... Desde luego, no me conocìas y me reconfortò compartir el encuentro. Porque vos, con tu corta edad, llevabas la mirada envejecida por esas atrocidades que, en breve tiempo, realizan en el cuerpo y el alma la devastaciòn que traen los años..." [Antes del fin - E.S]

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    Respuestas
    1. Hola anónimo.
      Por supuesto que puedes comunicarte. El la columna de la derecha está mi mail, pero te lo dejo también aquí:
      nemesisenelaverno@gmail.com
      PD: Siento la tardanza en la respuesta. Google me ha cambiado algunas cosas y no he visto tu comentario hasta hoy.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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