VAMOS A CONTAR MENTIRAS

“¿Por qué no vives/vivías con tus padres? ¿Por qué no tienes relación con tu familia?” Una cuestión recurrente desde mi infancia. La pregunta que, tarde o temprano, la gente siempre termina por hacerme. La mayoría de los supervivientes que vivimos nuestras agresiones en el seno de la familia logramos pasar desapercibidos a los ojos inexpertos del mundo sin que nunca nadie nos pregunte el porqué de nuestras “rarezas” -esas que luego descubrimos que son secuelas de los abusos- si es que alguien se percata de ellas. Pero yo, además, he arrastrado una Letra Escarlata que era visible. “No, la niña no es mi hija. Pero vive con nosotros” ¿Cuántas veces habré escuchado esas palabras de boca de mis cinco Padrinos o de su padre? ¿Cuántas veces más las habrán pronunciado? Y a continuación era inevitable que la indiscreción o la confianza dieran paso a la interrogante con la que he abierto mi entrada: “¿Por qué no vives con tus padres?” Y he sido muy creativa para responder, lo reconozco. Si pudiera preguntar a mis antiguas compañeras de colegio cada una aportaría una historia diferente. Si pudiera reunirlas en una gran sala y les dijera, como única explicación, que su nexo de unión es que todas me tuvieron como compañera en común, todas quedarían confundidas al escuchar los relatos de las demás.


Empecé a mentir de niña. Cuando en los colegios me preguntaban porqué yo no vivía con mis padres. Y siempre contaba alguna historia, normalmente que mis padres no tenían medios económicos. Algo que era cierto, pero que no era exactamente la verdad… de verdad. Y además esa primera mentira ni siquiera fue mía. Se la oía a mi Madrina cuando le preguntaban a ella. En realidad yo no sabía porqué no vivía con mis padres. Con siete u ocho años no recuerdo tener conciencia de saber que vivía con mis Padrinos porque mi padre abusaba de mí. Para mí eran dos hechos completamente independientes que no tenían ninguna conexión. Y por supuesto ni se me pasaba por la imaginación algo tan “adulto” como que mi Madrina se hubiera encaprichado de mí, como ahora argumenta mi familia biológica. Pero no se bien porqué razón, a veces ponía mi imaginación a funcionar y me inventaba unas historias alucinantes que ni siquiera recuerdo con exactitud.

Y lo cierto es que no sé cuándo empecé a hacerlo. Sólo sé que desde bastante pequeña, contar falsas historias era habitual para mí. No sólo para esconder las razones por las que no vivía con mis padres, es que además empecé a mentir de manera compulsiva. Recuerdo una clase de gimnasia en el colegio en la que dos de mis compañeras observaron que mi espalda estaba salpicada de innumerables pequeñas cicatrices que me había dejado la varicela. Ante su pregunta del porqué de las señales, recuerdo contarles una sorprendente historia que incluía el ataque de un perro que me habría dejado las marcas. Obviamente nunca habían visto una cicatriz real, se lo creyeron sin exponer dudas. Y con la adolescencia esa tendencia se incrementó.

En mis Años Oscuros, entre los catorce y los veinte años, además de las malas compañías, las drogas, el alcohol y el sexo, me inventaba unas mentiras gordísimas de cosas que me habían pasado dignas de Hollywood. Una vez me dio por inventarme una hermana gemela que vivía con mis padres mientras yo estaba con mi Madrina. Incluso pretendí hacerme pasar por ella. Una historia que obviamente no mantuve mas allá de un par de días y que cerré como si se hubiera tratado de un juego infantil. Pero otras eran mentiras del tipo: "Tengo una enfermedad muy rara y muy grave y me voy a morir pronto", o " He llegado tarde porque nos han atracado a punta de pistola", o "Tuve un accidente de coche con mi Madrina y estuve en coma"...

Es curiosa esta última historia. De hecho el accidente es real, lo tuvo mi Madrina en la autopista, pero ella iba sola y afortunadamente no tuvo mas que lesiones leves, a pesar que el coche quedó siniestro total. Pero al pensar en ello, recordé que cuando mi hermana encontró este blog me dejó un mensaje muy curioso al que le pedí explicación (en ese momento yo ignoraba que era mi hermana porque se había identificado sólo como "alguien de mi pasado") y cuando me contestó, me dijo que conocía mi historia y que yo habría sufrido un accidente de moto que me habría dejado en estado de coma a lo largo de dos años, cuando yo tenía entre catorce y dieciséis años. Según ella de ahí venían todas mis "fantasías" de ser abusada por mi padre. Y creo que lo del accidente de coche, es lo que mi hermana debió escuchar por algún lado cuando yo volví con mis padres con 19 años y por eso me dejó el mensaje en el blog.

Hablando en el foro de este tema, de las mentiras, mantuve con mis compañeros una muy interesante conversación de la que pude extraer muchas conclusiones. La primera y principal es que la posible causa por la que lo hacía (lo hacíamos, porque constaté que contar mentiras ha sido una circunstancia habitual entre varias víctimas) puede ser una consecuencia reflejada en la lista de secuelas de los Abusos Sexuales Infantiles: Honestidad compulsiva o deshonestidad compulsiva (mentiras).

Reflexionando sobre mis propias razones para contar aquellas historias, recuerdo que contaba mis mentiras a personas que no fueran muy importantes para mí, de esos amigos "de paso" que conoces y que sabes que no vas a ver muchas veces mas. Tal vez lo hacía para que me tuvieran compasión. Contaba cosas que no tenían nada que ver con los abusos, y que utilizaba creo que para dar pena o que la gente se compadeciera de mí. Creo que ese era mi objetivo, aunque no recuerdo muy bien porqué lo hacía. O para que me admirasen, para que dijeran "¡Qué valiente y qué fuerte eres!", Porque mis historias normalmente tenían final feliz.

Razonando, me doy cuenta que tal vez lo hacía por la necesidad que tenía de ser vista, como una manera de que alguien reconociera lo que me había ocurrido y me felicitara por sobrevivir, pero sin tener que contar la verdad, porque la verdad no era para contar, no era para estar orgullosa... Y yo no me podía felicitar por algo de lo que no me sentía orgullosa. ¿Sería tal vez una forma de buscar reconocimiento como hemos buscado cariño?

Creo que también de alguna forma estaba pidiendo ayuda, porque quizás no fuese consiente todavía de mi dura realidad como para contarla, pero sí sabía que algo malo me pasaba y necesitaba auxilio, por eso contaba esas cosas. Creo que fue otro mecanismo de supervivencia que nació con los abusos, primero para taparlos, “¿Qué hacías con tu padre en el baño?” “Nada, es que se había atascado el picaporte…” cuando la realidad era mucho mas siniestra, y después se hizo costumbre al ver que esa mentira para esconder una escena de abusos surtía efecto.

Siempre he dicho que la imaginación ha sido mi vía de escape. Crear mundos de fantasía donde refugiarme de mi realidad ha sido como encerrarse en el armario cuando papá y mamá discuten a grito pelado. Y aunque siempre han sido mundos muy distantes de esa realidad, con seres mitológicos, hadas, demonios y brujas con maldiciones, en alguna ocasión si he conectado mas con la realidad y he creado en mi mente otra realidad paralela donde participaban las personas que me rodeaban. Ahí podría incluir, por ejemplo, cuando imaginaba que yo era la hija “secreta” de mi Madrina, como ya he contado alguna vez en este blog, dando cabida tal vez al deseo de desligarme de un padre abusador como el mío. Pero sin embargo ese pequeño deseo-fantasía nunca lo he compartido con nadie. No ha formado parte de mi repertorio de mentiras de infancia. Lo que contaba siempre era mucho mas espectacular y, por lo tanto, menos creíble. Siento cierto sonrojo al imaginar lo que mis interlocutores pensarían de mí al escucharme, porque estoy convencida de que no conseguí engañar a nadie en ningún momento.

Yo he mentido. Hasta aquí mi confesión. He mentido quizás para tapar y esconder una realidad que siempre se me ha hecho muy cuesta arriba confesar y que desde hace unos años estoy sacando a la luz. No soporto la mentira y estoy convencida de que es una proyección porque me siento muy avergonzada de las trolas que he contado a lo largo de mi vida. Pero ahora tengo al “octavo pasajero” tocando las narices con que sí, ahora ya no miento, ahora cuento mi historia (Por fin me deja hablar) pero mi amigo invisible, mi Monstruo, me anda susurrando al oído que si la gente descubre que he mentido en mi pasado algunos pueden pensar que ahora también lo hago, la historia de Pedro y el lobo. Y eso me genera ansiedad, porque ya no escondo mis abusos, escondo que mentía. Ahora mi Monstruo insiste en que cuento la verdad por las mismas razones por las que mentía, para llamar la atención, para ser el centro de todas las miradas, porque me gusta destacar, por vanidad. Y aquí es donde yo trato de hablar con él y explicarle que eso no es vanidad, sino justicia. Hablo de mis ASI para hacer justicia conmigo misma, pero reconozco que aún no me lo acabo de creer. Y como todo, sigo sin merecer respeto y cariño, antes por mis abusos, ahora por mis mentiras.

Durante la conversación en el foro exponiendo el tema, una forera me regaló un gran argumento: “Si durante casi treinta (o veintitantos años, según desde cuando contemos) años te has callado, has negado tu fortaleza, tu valentía, has pensado que no merecías halago alguno; si nunca nadie te dijo de niña "Pequeña, has sido muy fuerte por resistir a todo eso"... ¿Qué hay de malo en que desees ahora obtener ese reconocimiento contando hechos reales, los hechos que te dañaron y de los que hasta hace muy poco no te atrevías a hablar? ¿Que hay de malo que te admiren?” Si, ¿Qué hay de malo? Pero vuelve la pescadilla a morderse la cola: de malo hay que he sido una mentirosa y no deben admirarme por ello. Y creo que por eso me da tanto repelús cuando me felicitan o me dicen lo fuerte que soy. Qué lío ¿verdad? Tengo que romper el círculo vicioso. Y creo que me va a llevar algo de tiempo. Ya he encontrado los argumentos, ahora me los tengo que creer para hacer callar a mi Monstruo.

Pero durante mis reflexiones he hecho un descubrimiento muy desconcertante. Cuando tenía unos veinte años o así, mi mente empezó a crear una "fantasía" de esas que nunca compartiría con nadie en la que imaginaba descubrir que mi hermano mas mayor también habría abusado de mí. Era una fantasía porque entonces lo imaginaba como si pensara "¿Qué mas me puede ocurrir con la historia de mi vida? ¿Es qué puede haber algo peor que lo que me hizo mi padre?" Y me imaginé que me podía haber ocurrido con mi hermano. Y veinticinco años después, esa “fantasía” ha resultado ser un recuerdo escondido en la zona mas oscura de mi mente durante décadas. ¿Cuántas fantasías mas son en realidad cosas guardadas en mi subconsciente? porque la “fantasía” con mi hermano no es la única…

Esta es una de esas entradas que cuelgo como si se tratase de un Salto de Fe. Porque estoy tratando un tema que aún me avergüenza hablar por el riesgo que implica convertirme para vosotros en alguien de poca credibilidad. Al menos así lo percibo. Ahora tengo la sensación de que si cuento mis abusos es posible que no me crean por las mentiras que conté entonces. Aún me asalta esa duda a veces. Y creo que la gente que lee mi blog pensará "seguro que exagera o miente". Sin duda esta secuela escondía una imperiosa necesidad de llamar la atención. Pero lejos de hacerlo como niñas y niños caprichosos que están siendo malcriados, se trataba de una desesperada llamada de auxilio, una más, que en la mayoría de los casos fue ignorada.

Me dijeron hace tiempo que los temores que tenemos con respecto a la opinión que los demás tienen de nosotros en realidad son una proyección de nuestros propios miedos. Por lo tanto quiero pensar que soy yo misma quien se juzga duramente por esos engaños de mi pasado, soy yo misma quien trato de auto boicotearme pensando que si de niña inventaba historias increíbles, los abusos también podrían ser un producto mas de mi imaginación. La diferencia fundamental es que si leo la lista de secuelas que numerosos estudios han confirmado que son consecuencia de una infancia incestuosa, yo tengo o he tenido la inmensa mayoría de esas secuelas y, a diferencia de mis mentiras, el tiempo lejos de borrar esas secuelas las ha incrementado en muchos casos.


«Cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, será la verdad»
Sherlock Holmes en La Diadema de Berilos, relato corto de Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) Médico y escritor escocés

2 comentarios:

  1. Cuando tienes la honestidad de reconocer que mentías y las enumeras, nadie debe dudar de tu palabra. Además, mentir es una consecuencia habitual de lo que te ocurrió, como bien explicas.

    Por otra parte, hay que estar bien fuera de lugar para preguntarle a nadie que por qué no vive con sus padres. Una cosa es una amistad cercana, ¿pero cualquiera? Es alucinante.

    Un beso enorme :)

    22+3

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  2. Yo aún te creo y te admiro. A mí también me pasaba que tenía "fantasías" de haber sido horriblemente abusada, de haber vivido incesto. Yo no las compartía con nadie, mi secuela es el otro extremo, soy compulsiva y brutalmente honesta, por eso mejor me callo y no digo nada. Es curioso que yo me viva como mentirosa, igual que tú, cuando yo no mentía. Parece que el problema no es la mentira, me suena más como la culpa que nos taladraron los agresores. Al día de hoy, a pesar de tener un familiar que confirma que fui abusada, sigo sin poder creerme.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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