VAMOS A CONTAR MENTIRAS

“¿Por qué no vives/vivías con tus padres? ¿Por qué no tienes relación con tu familia?” Una cuestión recurrente desde mi infancia. La pregunta que, tarde o temprano, la gente siempre termina por hacerme. La mayoría de los supervivientes que vivimos nuestras agresiones en el seno de la familia logramos pasar desapercibidos a los ojos inexpertos del mundo sin que nunca nadie nos pregunte el porqué de nuestras “rarezas” -esas que luego descubrimos que son secuelas de los abusos- si es que alguien se percata de ellas. Pero yo, además, he arrastrado una Letra Escarlata que era visible. “No, la niña no es mi hija. Pero vive con nosotros” ¿Cuántas veces habré escuchado esas palabras de boca de mis cinco Padrinos o de su padre? ¿Cuántas veces más las habrán pronunciado? Y a continuación era inevitable que la indiscreción o la confianza dieran paso a la interrogante con la que he abierto mi entrada: “¿Por qué no vives con tus padres?” Y he sido muy creativa para responder, lo reconozco. Si pudiera preguntar a mis antiguas compañeras de colegio cada una aportaría una historia diferente. Si pudiera reunirlas en una gran sala y les dijera, como única explicación, que su nexo de unión es que todas me tuvieron como compañera en común, todas quedarían confundidas al escuchar los relatos de las demás.
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