DAÑOS COLATERALES



Una de nuestras secuelas es la sensación de no valer nada, de ser un estorbo. Nos movemos por la vida intentando ser invisibles para que nadie se fije en nosotros. Es cierto que nos sentimos tan culpables de lo ocurrido, nos creemos tan autores de tan despreciables actos, que nos ocultamos, y escondemos nuestro pasado en la idea de que los demás, si descubrieran nuestro secreto nos repudiarían de inmediato. Pero no sólo intentamos desaparecer -en el más amplio sentido del término- porque al no aceptarnos pensamos que los demás no nos van a aceptar, también es porque nos sentimos inútiles y tenemos la certeza de que cualquier proyecto en el que se nos incluya, será un proyecto condenado irrefrenablemente al fracaso. Y eso incluye el trabajo, los amigos, las posibles parejas sentimentales o la familia que posteriormente a los abusos creas a tu alrededor.

Desde niña he tenido muy pocos amigos, porque cuando me caían bien, cuando los consideraba realmente buenas personas que se merecen lo mejor, yo misma me autoexcluía de sus vidas. Yo sólo podría traerles mala suerte. Y con los chicos buenos me ocurría igual, los espantaba mucho antes de darles la oportunidad de conocerme mejor. Desde que me casé, he vivido siempre con el secreto convencimiento de haber destrozado la vida de mi pareja. Siempre he pensado que si no prospera en su trabajo es por mi culpa, que si hay problemas económicos yo soy la responsable, que si a sus hermanos les van mejor los negocios es por mi lacra. La sombra del “él no se merece estar con alguien tan miserable como yo” siempre sobrevuela mi mente.

Y con mi hijo me sucede algo similar. Aún hoy tengo a veces la sensación de haber fallado estrepitosamente como madre. Porque no supe protegerle. Porque no le enseñe a ser fuerte, a creer en él. Porque me acompaña la sensación de haberle transmitido mis inquietudes, mis secuelas y mi baja autoestima. Ahora sé que no es culpa mía. Que cuando él era niño yo vivía de espaldas a mi recuperación y es posible que le transmitiera todos mis miedos. pero ahora que los he enfrentado y superado en muchos casos, me veo impotente para enseñarle cómo puede hacerlo él. Porque el cambio es interior, y por mas que te enseñen la puerta sólo tu mismo puedes cruzarla. Y ahora me vuelvo a culpar de seguir siendo un lastre para él porque soy inepta para enseñarle precisamente cuál es la puerta y decirle las palabras adecuadas para que la cruce cuanto antes.

Es difícil sacudirse las secuelas. En muchas ocasiones sólo conseguimos cambiarlas de sitio, trasladarlas de ocasión e interpretarlas nuevamente para otros obstáculos que ni siquiera estaban cuando empezamos nuestro camino. Ahora que ya no me siento sucia por lo ocurrido en mi infancia, y hablo de ello sin pudor porque sé que yo sólo he sido una víctima, traslado esa sensación de vergüenza a otros campos sin darme cuenta. Y salta cuando menos lo espero.

El secretismo de la sociedad no ayuda mucho. Los mitos que se han transmitido durante años y que muchas personas que no conocen nuestra realidad comparten con ligereza han contribuido a ello: Todo el mundo “sabe” que los niños olvidan, que el tiempo simplemente lo cura todo, que estas cosas no dejas secuelas, que sólo hay que pensar en otra cosa y por supuesto, el mito mas importante: de esto no se habla. Y mi marido es uno de tantos que se ha creído esos cuentos a pies juntillas.

Cuando le empecé a hablar a mi pareja del tema ASI y de cómo me afectaba, tuve muchas conversaciones con él. Y no siempre me lo ha puesto fácil. No recuerdo cómo le dije exactamente que yo había sufrido reiterados abusos por parte de mi padre. Sé que lo hice en el asiento del acompañante de su coche, una noche en un aparcamiento con poca luz. Pero hasta hace unos tres años no había vuelto a mencionar el tema. Recuerdo que cuando se dio cuenta de que yo pasaba cada vez mas tiempo ante el ordenador le expliqué que había encontrado un foro de ayuda, el FOROGAM, pero jamás he comentado con él lo que hablaba en el foro ni las repercusiones que estaba causando en mí. Hace dos años que le hablé de este blog pero aun hoy no se ha tomado la molestia de querer leer ni una línea. Aunque nunca me ha mostrado rechazo a que siga con él, la sensación que tengo es que es un tema que le supera y todavía no sabe cómo afrontar, por lo tanto lo evita. Porque de esto no se habla.

Al conversar y recordar juntos situaciones que hemos vivido en el pasado, mi marido todavía dice a veces: “Yo creo que no has estado tan mal” cuando yo me he sentido mucho tiempo morir por dentro. “Hasta ahora lo hemos llevado bien” cuando he estado por años con el secreto convencimiento que si se presentaba la oportunidad (cruzar la calle sin mirar, utilizar el gas de la cocina sin precauciones, el filo de un cuchillo que se escapa…) me dejaría morir como si fuese un accidente. Y que además ya procuraba que mi hijo tuviese casi mas apego a su abuela que a mí misma, para que no me echase de menos cuando eso ocurriera. Mi máscara ocultaba mi realidad.

Cuando sentí la necesidad de acudir a un profesional por los recuerdos con mi “Mellizo”, la primera reacción de mi esposo fue: “Vale, pero que no se entere nadie”. En esos momentos no supe que decir, porque yo era la primera a la que le fastidiaba enormemente buscar ayuda y aún venía los abusos como un secreto inconfesable. La última vez que me habló así fue hace a penas unas semanas cuando le comenté que me habían ofrecido la posibilidad de participar en un documental sobre ASI dando la cara. Y su respuesta no ha variado en exceso, porque en seguida atajó el tema comentando que yo no debería colaborar. “Quedarías expuesta” me dijo. Esta vez no guardé silencio, esta vez me giré, le miré a los ojos y le pregunté: “¿Y qué? Es mi vida, yo decido quien lo sabe y quien no”. No dijo nada mas, pero no era necesario. Por desgracia su lenguaje no verbal, que tras mas de veinte años conozco a la perfección, me dejaba muy claro su mensaje: "Si, si, yo te apoyo en tu sanación, es terrible lo que te pasó, y ojalá no le ocurra a nadie más. Espero que la sociedad cambie para evitarlo. Pero... El trabajo sucio, que lo haga otro" Me hizo sentir como cuando mi padre me instaba a guardar silencio.

Y a nivel íntimo es mucho peor. En esos momentos soy capaz de visualizar toda la dimensión del daño. A veces siento su frustración, sus deseos retenidos por la fuerza de su voluntad. A veces he visto en su mirada la pregunta universal: ¿Por qué me ha tenido que tocar a mí? Y sin querer, la primera puerta que cruzo es la de la culpabilidad. “Es culpa mía” sigue siendo el primer pensamiento que cruza mi mente cuando su demanda no es cubierta. Cuando en realidad la culpa fue de ellos, de los agresores ahora sin rostro que se atrevieron a tocarme en mi niñez. Y al darme cuenta que sigo cometiendo el mismo error al volver a culparme me siento fracasada como mujer.

Alguna vez me ha expresado que su preocupación por mí le acarrea estrés. Cuando hace dos años me senté con él a hablar de mis abusos seriamente por primera vez en mi vida y le conté lo del blog, le expliqué cómo eran muchas de mis secuelas e incluso le expuse algunos detalles de mis abusos que me han marcado enormemente, su primera reacción fue llorar. Pero desde entonces, en alguna ocasión se muestra temeroso de hacerme daño ahora que sabe las cicatrices que tengo. En los momentos mas bajos de mi proceso se ha visto desbordado y no ha sabido qué hacer. Le he visto a la deriva, mirando anuncios en la pantalla de televisión tras verme sentada ante el ordenador llorando mientras escribo. A veces se siente valiente e intenta comentar algo y en el momento en que empieza a hablar se corta y me dice: “No importa, no digo nada, que después te enfadas o lloras mas” y en esos momentos me hunde porque veo su frustración, su impotencia, sus dudas.

Y me siento afortunada, muchas personas, cuando conocen a un superviviente ASI simplemente terminan abandonando porque no pueden mas. Hace tiempo, un amigo de la red, se sinceró conmigo y me dijo claramente que no me ayudaría a compartir información en internet sobre el tema. Había conocido hace años a una superviviente en sus momentos mas bajos y me confesó que la había dejado porque le superó el problema.

Mis abusos repercuten en los que ahora me acompañan en el camino. Mis trabas personales les supone un esfuerzo extra con el que tienen que lidiar. Es como convivir con un minusválido al que hay que ayudar a rehabilitar. Ellos lo pasan mal por mis secuelas, y yo lo paso mal por ellos. Ellos no tienen la culpa, y yo tiendo a pensar que es mía. Aunque no siempre es así. Porque a veces creo que su esfuerzo extra no es tal. En muchas ocasiones en las que la gente que me rodea me anima o me ayuda a dar un paso importante -cosa que agradezco enormemente- me insisten en que para ellos no supone ningún esfuerzo, que lo harían por cualquiera, que están a mi lado porque me aprecian. Y entonces me planteo la posibilidad de que esas trabas que los ASI vemos en el camino, esos obstáculos que nos parecen insalvables sin ayuda, no son tan diferentes a los que cualquier mortal debe superar. Y a fin de cuentas todos, los supervivientes y “los otros”, necesitamos siempre la ayuda de los demás para caminar.

Tal vez el esfuerzo extra de los que nos acompañan en el camino es insistirnos en que el obstáculo no es tan grande, en que somos verdaderamente válidos en su compañía, en que no somos un estorbo para ellos. En ese aspecto si creo que sufren de un Daño Colateral real por nuestros abusos. Porque sé que a veces les desesperan nuestras dudas, nuestros “no puedo”, nuestros “no quiero”, y cuanto mas conocen nuestra historia mas miedo tienen de hacernos daño. Y eso tiene que ser muy estresante y muy frustrante en ocasiones. Tal vez ahora toca enseñarles cómo ayudarnos mejor y no morir en el intento.

Ahora que mi recuperación personal está encarrilada me he dado cuenta, desde hace tiempo, que está empezando una etapa nueva en mi vida, en la que además de cerrar mi etapa de Rehabilitación se inicia una nueva a la que aún no le he encontrado nombre. Una etapa que deberá consistir en abrir la mente de todos los que me rodean, para que cuando yo hable de los Abusos Sexuales Infantiles o de mis secuelas, no tenga que hacerlo midiendo mis palabras.

Porque si algún día se me presentara la ocasión de participar en un proyecto a favor del reconocimiento y/o la prevención de los ASI, no quiero encontrarme al enemigo en casa preguntándome cómo se lo va a explicar a sus padres, a sus hermanos o a sus primos porque le da vergüenza. Pero para iniciar esa nueva etapa aún tengo que trabajar la culpa, la sensación de ser la responsable de que él no sepa cómo acompañarme. E incluso me entra miedo a que no desee hacerlo, a que nadie desee acompañarme.

He barrido de mi castillo casi toda la porquería, pero todavía me falta el valor de meterla en bolsas y sacarla a la acera para que se la lleve el camión de la basura, a la vista de los vecinos. A veces sigo con la sensación de que ensucio todo lo que toco. Que es tal el daño que me han hecho, que repercute a mi alrededor, que contamino con mi mierda, cuando los demás no tienen ninguna culpa. Pero es sólo mi sensación, ese resto de culpa que aún queda por eliminar. Porque debo recordar que yo no soy responsable. Que el daño lo infringieron otros antes que yo. Que sólo he sido la correa de transmisión de sus inmundicias.

Sin duda los abusos corrompen todo lo que tocan y salpican a más personas de las que la gente cree o ni siquiera sospecha: Las otras víctimas. Son los familiares que no existían durante los abusos, los amigos, las parejas, los hijos de los supervivientes… y la culpa que hemos arrastrado las víctimas durante toda nuestra vida también se refleja aquí y ahora. Los actos de mis abusadores se han extendido como una mancha de aceite sobre el agua cristalina, y aún ahora, tras tantos años, tras tanto esfuerzo personal por limpiarla, aún sigo recogiendo sus restos. Pero no importa, aquí seguiré trabajando.

Desde hace unos meses, estoy metida en un proyecto a través de la red que no tiene nada que ver con los ASI y en el que realmente disfruto colaborando. No hace mucho le decía al creador de la idea, que aún me sorprende lo que la gente es capaz de ver y sacar de mí. Un potencial que ni yo misma imaginaba tener. Pero ahora que él desea dar un paso mas en el desarrollo de la idea la sensación de vértigo vuelve a envolverme y el secreto pensamiento de “no saldrá bien, porque yo estoy metida dentro” me ronda la cabeza de continuo. El Monstruo ha vuelto a poner los megáfonos en el castillo y emite su mensaje a todo volumen, augurando un fracaso estrepitoso, todo por mi culpa.

Cualquier día me liaré a tiros con esos altavoces. Porque no lo va a conseguir. Sé que me queda trabajo por delante, pero ya no hay marcha atrás. Porque las personas con las que comparto el proyecto me han demostrado que de vez en cuando, en el momento en que alguien te regala algo que tu no esperas ni en el mas fantasioso de tus sueños, es entonces cuando todo por lo que has luchado durante años cobra sentido. Es cuando sientes que tu trabajo ha dado sus frutos. Y ellos me han regalado un preciado tesoro: han depositado su confianza en mí. Y a pesar de los aullidos de mi Monstruo, voy a demostrar al mundo y a mí misma de lo que soy capaz. Ahora tengo una fe inquebrantable en mí misma, porque otros han creído primero en mí.



"Si quieres ir rápido camina solo, pero si quieres llegar lejos, lo mejor es ir acompañado" 
Anónimo

3 comentarios:

  1. Hola Nemesis.
    Entiendo lo que dices porque yo algunas veces me siento igual. Sé que puede ser frustrante que tu pareja no actue como esperas o como te gustaria. Pero en mi caso y creo que también en el tuyo al menos lo intenta. Y por lo que tengo entendido eso ya es mucho, porque hay much@s supervivientes que no tienen esa suerte.
    Mi marido me quiere, me cuida y me ayuda todo lo que puede pero algunas veces esto le supera. Me siento frustrada en esos momentos pero le entiendo porque yo llevo toda la vida con esto y también me supera. Mi marido jamas me ha culpado y tampoco ha juzgado nada de lo que he hecho o dejado de hacer, pero últimamente no paramos de discutir del "monotema" como el lo llama. Y lo entiendo, es verdad que yo muchas veces no paro de hablar con el de ello, y el intenta cambiarme de tema y yo me enfado y le digo que ya he callado bastante como para que me mande callar también el.
    Respecto a lo que dices de que tu marido no se ha dignado a leer ni una linea de lo que has escrito supongo que también entra dentro de la normalidad, yo llevo unas 160 o 180 páginas escritas en algo menos de 2 años, y a leido algo pero casi porque yo le hice leerlo al decirle que me sentiria mejor si lo leia. Pero cuando le comente al psicologo al que estoy llendo desde hace 18 meses que últimamente no paro de discutir con mi marido por los abusos que sufri siendo una cria me dijo que era comprensible que se sintiese asi, que para el también era dificil y que lo podia pasar muy mal si se creaba imagenes mentales de lo ocurrido. Ahora intento hablar con mi marido de los abusos pero no dandole tantos detalles.
    Con respecto a mi hijo es pequeño aun, tan solo tiene 1 año pero muchas veces me parece que soy mala madre, que no le cuido tan bien como tendria que cuidarle,que soy una inutil y una inepta, que soy incapaz de hacer nada bien. Pero se que esto no es realmente asi, que no soy ni mejor ni peor que cualquier otra persona.
    Espero que logres todo lo que te propongas y que cada día te sientas mejor y más fuerte.
    Aunque sinceramente eres muy valiente, yo no lo soy tanto.
    Ave Fenix.

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  2. Yo creo que tu marido trata de ayudarte, pero al no estar en la piel no sabe como y a lo mejor es de los que piensa que de lo que no se habla no existe. Supongo que es difícil para él.
    En cuanto al sentimiento de inferioridad, yo lo tuve desde los 5 hasta los 14 años, aunque por otros motivos y me pasaba lo mismo. No me creía digna de la amistad de la gente que me parecía estupenda, siempre pensaba que me iban a excluir. Imagínate que una vez gané en el cole el premio "Basura" y pensé que era a la mayor basura del colegio... ¡y era porque mi eslogan sobre reciclaje había sido el mejor!
    Un beso enorme, preciosa.

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  3. Tal vez concurrir a la consulta terapéutica, ayuda a las personas abusadas.
    No eres mala mamá, seguro lo has criado con mucho amor, eso tal vez lo sientas ahora, en poco tiempo te darás cuenta que eres la mamá, una mamá 'distinta' así le decía a mis hijas, hoy mayores.
    Abrazos preciosa.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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