TAIJITU



Cuenta la leyenda (el cine) que los indios norteamericanos elegían sus nombres  siempre con un significado. Se relacionaban con sus actividades y acciones cotidianas, con la naturaleza que les rodeaba, con la inspiración de un sentimiento. Creo que nunca os he contado porqué mi Niña Perdida finalmente se llama Némesis. Cuando hace mas de dos años empezó a rondarme la cabeza abrir este blog, la idea original que yo tenia en mente era escribir un libro con mi experiencia. Empecé a planteármelo cuando falleció mi padre. Hacía mucho que no escribía en mis diarios, los tenía algo abandonados en el desván. Su muerte me ocasionó una explosión de creatividad y una nueva necesidad de sacar los demonios de dentro. Y cuando empecé a considerar la idea del libro de manera firme, pensé que sería muy difícil para alguien como yo presentarme en una editorial con un manuscrito sin ninguna idea de cómo se lleva a cabo semejante proyecto.

Conocí por la red a un amigo que tenía un blog reivindicativo de la legalización de la marihuana y me pregunté si ese medio podría ser una vía alternativa. Tras comentar mi idea con varias personas que ya conocían mi condición de ASI, les di varias alternativas para el nombre del blog y el Nick que utilizaría como firma, y entre ellos estaba Némesis. En realidad es un nombre que hace muchos años que me ronda la cabeza. En primer lugar porque me parece un nombre sonoro. Al leerlo resuena en mi cabeza con fuerza. Leí en algún sitio que las palabras que mas nos gustan y mejor recordamos son las que tienen, en el idioma castellano, vocales o consonantes repetidas o muy similares fonéticamente.

La primera vez que leí el nombre de Némesis yo era muy joven. Lo encontré en un libro de la biblioteca de mis Padrinos, una novela de Agatha Christie con ese título. Al leer descubrí que uno de los personajes de la obra se dirigía a su protagonista, Miss Marple, con ese apelativo porque la comparaba con la deidad. Y cuando supe que en la mitología griega, Némesis era la diosa de la justicia y la venganza, de alguna manera se convirtió en uno de mis personajes favoritos. Finalmente me dediqué a buscar y conocer bien a ese icono que había descubierto que era, para mi asombro: mujer (para no renegar de mi sexo) diosa (mucho mas fuerte que un mortal) y además defensora de la justicia y perpetradora de la venganza. Algo que yo ansiaba por encima de todo.

Lo cierto es que al tratarse de una diosa menor apenas hay alusiones a ella entre los grandes clásicos, pero siempre que he encontrado alguna referencia he intentado fijarme si se le seguía dando un tratamiento de diosa vengadora o de una simple camorrista, y para mi sorpresa encontré que algunos autores le dan un tratamiento de “alter ego” o de enemigo donde reflejarse el protagonista. Como si se tratase de la imagen maligna de tu reflejo en el espejo. Y he de reconocer que la idea no me disgustaba, porque yo me he visto siempre a mi misma como una mala persona, como una distorsión que los abusos habían creado. Como si las agresiones de mi padre hubieran empujado a esa niña al otro lado del espejo y hubiese intercambiado su imagen conmigo.

En cualquier caso, cuando tuve internet en casa leí en la Wikipedia, para refrescar mi memoria y reforzar mis pocos conocimientos, que Némesis castigaba a los que no obedecían a aquellas personas que tenían derecho a mandarlas y, sobre todo, a los hijos desobedientes a sus padres. Cosa que no me gustó en un principio, porque yo me consideraba una niña mala y desobediente al permitir mis abusos. Pero al continuar la lectura descubrí que en el lenguaje usual en español y otros idiomas romances, en el presente se usa la palabra Némesis con el significado de alguien que es artífice de una venganza como justo castigo. En su rol, la diosa repartía justicia a aquellos que mediante la justicia humana han quedado impunes de sus actos. Némesis era el instrumento de la cólera divina.

Siempre me han gustado las historias mitológicas. Ya he contado que mi salida de emergencia a los abusos ha sido la imaginación que he alimentado con todo lo que ha caído en mis manos, bien sea literatura, comic, cine, teatro, novela, historia, mitología… Y una de las mas famosas son las tragedias que giran en torno a Hércules y el odio que la diosa Hera, esposa de Zeus, le tenía porque era un hijo ilegitimo de su poderoso marido, que por cierto nunca tuvo reparos en aprovechar su soberanía para satisfacer sus instintos mas humanos sin ningún miramiento. Hera conspiraba a menudo contra la descendencia mortal de Zeus como venganza. Y desde hace tiempo, en mi imaginación, tengo la percepción de haber sido, como Hércules, la causa de disputa entre dos dioses. A veces creo que mi vida ha sido tocada por ellos, y como en el olimpo que se disputaban a los mortales, a mi me beneficia un dios y me castiga el otro.

Nací en el seno de una familia que ya estaba podrida en sus cimientos. Esto podría considerarse un mal gesto de los dioses. No obstante se cruzó en mi camino la hija de otra familia que se “encaprichó” de mí, y que me ofrecía el cariño que yo echaba en falta en mi casa. De alguna manera otro dios me había bendecido con su aliento.

Siempre he tenido la sensación de no tener ningún control sobre mi vida. Pero en mi infancia esa sensación era totalmente palpable: ahora con mis padres, ahora con mis Padrinos, ahora en un colegio del Tribunal Tutelar de Menores, ahora con mis Padrinos, ahora con mis padres… Objetivamente hablando, la guerra por mi custodia era total. En mi ensoñación, esa guerra se libraba en el Olimpo, entre Némesis, mi protectora y Hades (por ser el dios del inframundo) que era el que ponía las trabas para evitar que yo volviera a la seguridad de la casa de mi Madrina.

Pero es curioso cómo esos paralelismos se han dado en numerosas ocasiones a lo largo de los años, incluso siendo ya una mujer adulta. Porque si hago un repaso de mi vida, he rozado la muerte en innumerables ocasiones y siempre ha habido algo (una llamada, un acontecimiento, un gesto o la caprichosa fortuna) que me ha librado de ella por escaso margen. Y no hablo sólo de mis intentos de suicidio. Hablo de las palizas de mi padre, de mis prácticas de riesgo (haciendo equilibrios en la barandilla de la terraza de un octavo piso, por ejemplo) de mis chicos malos, de mis juegos con el alcohol y las drogas. Porque sorprendentemente, no tengo visibles cicatrices en mi cuerpo, salvo las genitales que son mayormente internas. A pesar que mi madre ha tenido enfermedades de transmisión sexual por las visitas que mi padre hacía a prostíbulos de dudosa higiene, salvo las numerosas infecciones de orina que padezco periódicamente, no recuerdo haberme contagiado de ninguna. Y las pruebas del SIDA que realicé cuando ya estaba con mi actual pareja, por el riesgo evidente al que había estado expuesta con relaciones sexuales con heroinómanos y tipos de toda condición han salido negativas. Sin duda mi diosa me ha protegido.

Nunca me he enganchado a la heroína por una simple cuestión de miedo: me dan pánico las agujas. Y en mi época de Años Oscuros, la mayoría de los opiáceos se suministraban por esa vía. Siempre me negué en redondo. Supongo que mi diosa estuvo lo bastante cerca para evitar que las tentaciones de Hades me conquistaran. Y es algo extraordinario, porque entre las personas de mi generación es extraño no haber coincidido a lo largo de nuestra vida con casos muy cercanos de amigos, familiares o conocidos que han caído al galope de ese caballo blanco.

Con el alcohol me ocurrió algo curioso. Porque estaba convencida de haberme vuelto alcohólica tras la cantidad de noches de borrachera que he vivido y de las que apenas recuerdo unas pocas. Tengo periodos de mi vida completamente en blanco. Con resacas espantosas y horribles dudas sobre lo que habría hecho durante aquellos cuatro o cinco días. Cuando me quedé embarazada no volví a probar una sola gota de alcohol. Estaba segura de haberme vuelto dipsómana. Y he tenido verdadero pánico a beber en las reuniones familiares que así lo requerían. No fue hasta la muerte de mi padre, que recuerdo estar una tarde entera delante de una botella de Cardhu que le habían regalado a mi marido, cuando finalmente me serví un vaso tras diecisiete años de abstinencia. Fue extraño, agradecí el calor de la bebida en mi garganta, su efecto relajador me trajo buenos recuerdos de mis Años Oscuros, pero no sentí la necesidad de tomar una segunda copa. Y me dije a mí misma que tal vez era capaz de controlar un hábito tan común en nuestra cultura como es beber alcohol de vez en cuando. La diosa Némesis estaba a mi lado, con Baco de su brazo, sin duda. Porque a pesar de mi estupidez (si hubiera sido alcohólica esa habría sido una muy mala decisión) puedo considerarme fuera de ese peligro. Soy bebedora ocasional y nunca he vuelto a olvidar una noche de fiesta. Lo mas que he llegado es a levantarme al día siguiente con un ligero dolor de cabeza, a pesar de que en estos últimos tres años si he tenido la tentación de volver a beber y perder el sentido.

Algo similar me ha ocurrido con los fármacos. Los he tomado sin control en fiestas y reuniones, o a solas en la intimidad de un dormitorio propio o extraño. De alguna manera todo me parecía poco para sentirme viva y me mantenía en una constante búsqueda de nuevas sensaciones en mi vida. Jugué con los fármacos en mis Años Oscuros para desafiar al destino y tener grandes experiencias espirituales. Y antes de volver a mi tierra natal con mis padres a mis veinte años, ya los había dejado atrás junto al resto de las drogas sin que me hayan quedado consecuencias evidentes de su consumo. Desde entonces no he vuelto a tomar nada mas fuerte que una aspirina. Poco antes de quedar embarazada, mi médico me había recomendado unas pruebas ginecológicas para conocer los posibles daños de útero. En una de ellas debía tomar lorazepam para acudir a la prueba bastante relajada. Me negué a tomarla. Tenía tanto miedo a volver a perder el control de mi cuerpo que utilicé técnicas de control mental muy similares a lo que yo hacía de niña durante los abusos: desconectarme. Mis visitas al dentista y al ginecólogo suelen ser así.

Pero con el tema de los fármacos hay además algo que me ha llamado mucho la atención. Llevo tres años leyendo historias similares a la mía. Y en la mayoría de esas historias, sus protagonistas, en periodo de Rehabilitación han necesitado en algún momento la ayuda de esos fármacos para sobreponerse a periodos de depresión o ansiedad. En algunos casos llevan años con esas medicaciones, y varias víctimas han expresado su resignación a tener que superar su malestar atadas tal vez de por vida a esas pastillas por depresión crónica, trastornos de identidad disociativos, personalidad múltiple, esquizofrenia u otro tipo de problemas mentales.

Es totalmente comprensible. Leí hace tiempo un articulo que explicaba que nuestro cerebro es el encargado de generar ciertas sustancias al cuerpo que se encargan de “regular” nuestros estados de ánimo. Y los abusos pueden dañar de alguna manera ese mecanismo cerebral que nos proporciona placer, felicidad o alegría. Por decir de alguna manera, la depresión se produce por la falta de esa sustancia. Y los fármacos bien prescritos por los profesionales de la salud se encargan de compensar esa falta. Como en los diabéticos, que necesitan insulina para regular los niveles de glucosa, algunas personas necesitan ayuda externa ante la falta de serotonina.

Pero en mi caso (aún no consigo explicármelo) no necesito nada a día de hoy. Cuando hace algo mas de un año acudí a buscar ayuda profesional para superar mis recuerdos, lo primero que me recetaron fue bromazepam para calmar el estado de ansiedad en el que me encontraba, y a penas he tomado, a lo largo de estos meses, no mas de media docena de pastillas. A día de hoy, aún me sorprende que con todo lo que llevo a mis espaldas no necesite de una ayuda continua y perpetua de agentes externos que compensen los daños que deberían existir a nivel cerebral.

Y me pregunto casi a diario que es lo que tengo, que es lo que me ha hecho retar al destino y salir casi ilesa una y otra vez, a quién le caigo tan bien para haber sido tocada por su dedo y que con ese toque me protegiera de todas las consecuencias que debería haber experimentado tras todos los acontecimientos de mi existencia. Porque ser violada por un hombre con frecuentes ETS, mantener relaciones sexuales sin protección con heroinómanos además de compartir con ellos muchas drogas y beber sin ningún control te da, en la lotería de la vida, muchísimas papeletas para que te toque el premio gordo y termines con herpes, sífilis, SIDA, enganchada durante años a la heroína o alcohólica, por no hablar de las enfermedades mentales que los abusos reiterados por parte de un familiar directo provocan en un alto porcentaje.

Y he esquivado todos esos riegos de manera casi milagrosa. Es como si mi diosa imaginaria Némesis, se encargara de alguna manera de compensar los males que Hades me enviaba. No pretendo restar importancia a mis “cicatrices”, sin duda mi síndrome de estrés post traumático ha sido real y de la lista de 38 secuelas que se catalogan como producto de los ASI yo tuve, en total 32 de ellas. Pero he conseguido superar muchas y actualmente conservo 12 que van y vienen por temporadas. Algunas ya las consigo controlar con relativa facilidad, otras sé que me acompañarán toda mi vida. Pero muchas veces me siento tentada a gritar al mundo que por favor me perdone por seguir viva y bien, dentro de lo que cabe. Porque pienso que si no hay pruebas evidentes del rastro de los abusos, tal vez la gente no me crea o no me lo perdone.

Siempre he dicho que he tenido mucha suerte. Que a pesar del espanto de mi infancia siempre me he visto rodeada de acontecimientos extraordinarios que han compensado con creces los daños. He vivido en ambos extremos de la vida como si ésta quisiera que yo conociera ambos mundos y creo que eso se ha transmitido a mi interior. Creo que por eso creé a mi Monstruo imaginario, del que hablo en mi perfil. Como una proyección de la dualidad que veía fluir a mi alrededor. Y tal vez inconscientemente, cuando hablo de dos dioses luchando por mi vida, en realidad la batalla sea interna entre mi niña Némesis -en homenaje a la diosa mitológica de mi primera juventud- y mi Monstruo al que curiosamente nunca le he puesto nombre, supongo que porque en el fondo sé que no es un ser ajeno a mí sino una parte de mí misma.

Porque otro de los atributos de esta diosa es que sus sanciones tienen usualmente la intención de dejar claro a los mortales que, debido a su condición humana, no pueden ser excesivamente afortunados ni deben trastocar con sus actos, ya sean buenos o malos, el equilibrio universal. Y nuevamente en mi imaginación se ha librado una batalla alrededor de mi vida, con sorprendentes giros del destino y puentes levadizos que aparecían de la nada casi por encanto provocados por la diosa.

He conocido lo mejor y lo peor del ser humano, he tenido la peor de las desgracias y la mejor de las suertes. Y en mi interior estoy librando una lucha sin cuartel contra esa parte de mí que insiste en destruirme. En la línea de la vida dibujada en mi mano, se han unido, como el Yin y el yang, dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias que actúan a mi alrededor y dentro de mí.


“La vida no es en sí ni un bien ni un mal, sino el lugar del bien o del mal, según que el hombre practique lo uno o lo otro”
Michel de Montaigne (1533 – 1592) filósofo, escritor, humanista, moralista y político francés

2 comentarios:

  1. Después de todo, tu Némesis te ha cuidado.
    El pasado no existe y quizá el futuro tampoco. Lo que existe es el presente y hay que disfrutarlo al máximo. Ya nadie volverá a hacerte daño.
    Quien sufre un daño puede olvidarlo, quien lo comete jamás.

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  2. Es curioso, la verdad... he conocido casos en los que realmente parecía que la vida, en momentos puntuales, protegía de alguna manera a esas personas. Aún así, mientras te leía he pensado que quizás lo que comentas de que no tienes daños cerebrales se deba a que a pesar de todo lo negativo que has pasado, nunca te sentiste sola al 100%. Aunque pensaras que no tenías con quien desahogarte, que no podías compartir lo que te pasaba, quizás el hecho de saber durante tu infancia que había personas que te demostraban cariño fue lo que mantuvo los hilos intactos. Y luego, tal vez el hecho de conocer a tu marido y más tarde tener un hijo también supuso el mismo efecto. Pero vamos, es sólo una suposición, en el fondo sólo tú puedes tener la respuesta.

    Sobre las drogas y el alcohol, se me ocurre que tal vez tuviste la suerte de dejarlos a tiempo, por así decirlo. Ignoro cuantos años estuviste tomándolos, pero tal vez una parte de ti en algún momento, aunque tuvieras conductas autodestructivas, se dio cuenta del riesgo y buscó inconscientemente huir de él. Creo que en alguna ocasión has comentado que volver a casa de tus padres con 19 años te sirvió para cortar ciertas relaciones poco recomendables. A pesar de la suerte que hayas podido tener pienso que tú de algún modo, con ayuda externa o sin ella, también eras un poco, aunque sea muy poco, consciente en el fondo.

    Me gusta que nos hayas contado el origen de tu nick. Sabía que era la diosa de la justicia y de la venganza, pero veo que no solamente lo elegiste por eso. Tenías el nombre muy interiorizado. Creo que la vida a veces tiene detalles curiosos... no sé cómo encontraste el libro en la biblioteca de tus Padrinos, pero hace poco pensaba en la elección de mi propio nick. Se me ocurrió por casualidad: quería dejar una consulta en una página web relacionada con A.S.I. desde el anonimato, y me vino a la cabeza la palabra "Nu". Desde entonces seguí utilizando ese nick, pero sin tener ni idea de lo que significaba. Tiempo después, me dio por consultar en internet si tenía algún significado en alguna lengua del mundo y encontré que quería decir "niña" o "jovencita" en vietnamita. No obstante, hace poco he descubierto que "nu'" en ese idioma quiere decir simplemente "hembra". Es decir, sujeto de sexo femenino que engloba todos los estados: niña, adolescente, joven, mujer, anciana... y me ha gustado mucho. Para mí ahora tiene un significado concreto, pero cuando lo empecé a usar ni siquiera lo sospechaba ni tenía idea de si existía en algún idioma. A veces pienso que algunas cosas tal vez simplemente "tienen que ser así", pero no porque esté escrito ni nada por el destino, sino porque es lo más lógico, lo que más sentido le da a la situación. En tu caso, tenías que ser Némesis después de vivir en ambos extremos. Y creo -o quiero pensar- que tod@s, en mayor o menor medida, tenemos o hemos tenido momentos así en nuestra vida. Las percibamos o no.

    Besos,
    Nu

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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