DESDE EL CORAZÓN DEL AVERNO



Esta carta está escrita a mi Madrina. Tras los abusos se abrió una fisura entre ella y yo que se ha agrandado con el tiempo y que creo que tuvo su mayor profundidad cuando regresé con diecinueve años a la localidad de mis padres. Desde entonces, hasta hace cinco años, ella decidió romper toda comunicación conmigo, despechada por mi regreso a mi tierra natal. Hace cinco años hubo un intento de restablecer la comunicación que el año pasado se rompió, creo que definitivamente, por su parte cuando decidí poner sobre la mesa los abusos de mi infancia. Este es un extracto de la última carta privada que le envié, donde doy por terminadas mis tentativas de tenerla como aliada de mi recuperación.

Duele. Hace un año que la escribí y aun hoy he vertido lágrimas en silencio. No sé cuanto tiempo debe pasar aún, pero ya he asumido que posiblemente ha fallecido para mí, y la recordaré como se recuerda a una madre, con sus virtudes y sus defectos.



Querida Hada Madrina.

Deseaba hablar contigo cara a cara, pero tus correos me han dejado claro que no quieres. En cualquier caso, este escrito es tal vez lo mas cerca que volveré a estar de ti y no imaginas lo que me duele. No imaginas lo que duele saber que he cometido un error que voy a pagar el resto de mi vida.

Hace unos meses, en respuesta a un email de esos de cadena de reenvíos que hablaba de los Abusos Sexuales Infantiles, me enviaste un correo diciéndome que no tocara ese tema, que era imposible que me acordase de los abusos de mi padre, que tenía menos de dos años cuando ocurrió.

Recibir ese correo me impactó, porque sentí la necesidad de hablar contigo y decirte que, desgraciadamente, no es así. Los abusos se alargaron toda mi infancia. En esos momentos creí firmemente que por fin, ahora que estaba en mi Rehabilitación podría recuperar mi relación contigo como parte de mi terapia. quería decirte que te quiero, y quería saber… siempre he querido saber lo que pasaba en mi infancia, lo que yo no veía, quería saber que discusiones mantuviste con mi padre o con mi madre para convencerles que yo me fuera contigo. Tengo guardadas tus cartas a mis padres, y en una de esas cartas, hablas de algo que yo te cuento que ha pasado cuando yo tenía unos nueve años, y que recomiendas que ese verano yo no vaya con mis padres, que me quede todo el verano contigo. Pero no tengo ni idea de qué es lo que te pude contar, y quería saber de qué se trataba… mis recuerdos son confusos, indeterminados, y siempre creí que sabiendo lo que ocurría en mi infancia yo podría “calmar” de alguna manera mi mente colocando todo en su sitio. Porque la sensación de que toda mi vida he sido manejada como una marioneta no se me quita, y necesitaba tomar el control empezando por saber lo que ocurría. Creo que era una manera desesperada de rescatar de mi pasado algo que no estuviera podrido, que no diera asco. Pero por lo visto ya ni eso voy a poder rescatar.

Porque tu reacción fue totalmente negativa. Intercambiamos algunos correos, pero creo que no ha servido de nada. Me has echado en cara mi decisión de volver con mis padres argumentando que yo en su día te reproché que “tu no eres mi madre ni tienes porqué dirigir mi vida”, que yo había elegido y ya era mayor de edad. Y me recordaste haber peleado toda tu vida para salvarme de mi familia en los tribunales y pactando económicamente con mis padres en contra de los consejos de tu abogado cuando yo era menor. Después me dijiste que te estaba acusando de complicidad en un delito de abuso sexual infantil y que tanto tú como el Alto Tribunal Tutelar de Menores me habíais tenido absolutamente vigilada.

Es muy posible que mis palabras de reproche sean reales. Yo no las recuerdo, pero entraría dentro del comportamiento autodestructivo en el que vivía con dieciocho o diecinueve años. De lo que si estoy convencida es que tu reacción ha sido consecuencia directa de mi decisión de romper el silencio. Sientes miedo y rencor. Miedo de reconocer que tengo razón en mis recuerdos, tal vez miedo a reconocer que ocurrió delante de tus narices y no supiste qué hacer. Miedo a que tus propios fantasmas -sean los que sean- te visiten de nuevo. Y rencor porque aún no me perdonas que volviese a la localidad de mis padres con diecinueve años. Entiendo que te haya dolido, pero cuando hablamos hace cinco años por última vez creí que había quedado aclarado. No te dije entonces lo de los abusos porque no estaba preparada pero por tus palabras de reconciliación de entonces no entiendo que ahora reaccionases de esa manera. Reconozco que me ha descolocado. Es como si sufres un grave accidente, y una persona que pasa por allí te salva la vida, pero quedas en una silla de ruedas. Y el día que quieres agradecerle la ayuda recibida no desea verte porque estás en silla de ruedas. Tal vez cree que le vas a reprochar tu parálisis… Yo no vengo a reprocharte nada, no quiero reclamarte nada. Sólo quería respuestas.

Porque durante estos años de Rehabilitación muchas preguntas acudieron a mi mente para intentar entender todo lo que ocurrió. No sólo entender porque mi padre hizo lo que hizo, sino sobre todo porque yo no lo impedí. Siempre quise comprender que circunstancias me rodeaban para no poder tener el control de mi situación y hacer algo mas al respecto. Y de lo primero que me di cuenta es que yo no controlaba mi vida. Que siempre estaba a expensas de vuestras decisiones, las de todos. Las de mis padres, las del tribunal y las tuyas. Y sólo me hubiera gustado conocer tu versión de todo aquello. Qué es lo que sabías, lo que sospechabas, lo que te dije… porque no lo recuerdo.

Por un lado creí que lo sabías, o que lo suponías, que por eso siempre intentabas que yo me fuera contigo. Siempre creí que lo hacías para evitar que él siguiera abusando de mí, Y yo no sé que creía. En aquella época, cuando era niña o cuando tenía veinte o treinta años, no sabía ni qué pensar, tenía tanto dolor encima, tanta vergüenza por lo que ocurría, que mi mente bloqueó muchos de mis recuerdos y creo que una parte de mí me hizo creer que no lo sabías, que nadie lo sabía, y que por eso nadie me ayudó. Pero por otro lado, otra parte de mí si creía que lo sabías pero no podías hacer nada. Y que tu distanciamiento en realidad era porque sentías que habías perdido la batalla el día que regresé con mis padres ya de adulta. Lo cierto es que creer que para ti ha sido una derrota en tus intentos de protegerme, lo pienso ahora, en estos últimos años, porque hasta hace tres o cinco años, realmente creía que en realidad no te importaba en absoluto lo que yo hiciera. Otras veces he tenido una visión mas romántica de ti, pensando que no querías hablar del tema de mis abusos para no herir mis sentimientos. Realmente durante muchos años tenía la sensación de que se me notaba, que lo llevaba poco menos que escrito en la frente, pero que todo el mundo hacía como que no sabía nada, porque de esos temas no se habla…

El tiempo y la terapia me han devuelto recuerdos, y también hablar con otros adultos de mi infancia, que me han confirmado que efectivamente si te conté lo que ocurría cuando ya era una niña mas mayor. Pero has optado por negar los hechos a pesar que existen pruebas escritas en las que te relato que con catorce años, pocos meses después de volver contigo tras los abusos, te llegué a contar que mi padre me explicaba “en que consistía el acto sexual y cómo me pedía realizarlo sin que nunca llegara a conseguirlo”. No tengo ni el mas mínimo recuerdo de esa revelación ni de las razones por las que no te conté todas las atrocidades a las que él me sometió. Creo que forma parte de esos meses que aún permanecen en sombra y que incluyen todo lo que debió ocurrir en el final de mis abusos. Tal vez eso tenga algo que ver, tal vez la vergüenza haya sido demasiado grande. Pero sigo sin entender porque lo has negado.

La última vez que hablamos hace cinco años me preguntaste si era feliz. Te dije que sí, y es cierto, soy feliz, vivo una vida tranquila, quiero mucho a mi marido, estoy orgullosa de mi hijo y me siento bien. Pero tengo una herida en el alma, una herida profunda, y a veces creo que jamás se va a cerrar. Y en el momento de nuestros correos entendí que para que mi felicidad fuera completa, debía recuperar una parte de mi infancia que había quedado bloqueada en mi mente, porque muchas cosas las había olvidado. Tal vez te parezca extraño pero al parecer es habitual bloquear recuerdos como defensa de los abusos, y ahora empiezo a recordar muchas cosas.

Necesité que me escucharas con atención, porque no pretendía que esto fuera un reproche, ni nada parecido, solo era algo que desde hace años debí decirte y nunca reuní el valor de explicarte. Soy tan cobarde que nunca hasta ahora me había atrevido a hablar claramente de esto. Y siempre te he respetado tanto, te aprecio tanto, te admiro tanto, que siempre he pensado que hablarte de lo que ocurría en casa de mis padres te hacía daño, como me lo hacía a mí y siempre pensé que no te merecías saber detalles de lo que ocurría, que bastaba con que lo sufriera yo y no debía compartirlo con nadie, no podía compartirlo con nadie, no tenía derecho a cargarte con otra preocupación mas, no quería darte mas problemas de los que ya tenías. Como tu misma dijiste, has sufrido mucho, lo has pasado mal, yo lo he visto, y nunca ha sido mi intención hacerte mas daño. Pero ahora necesitaba que lo supieras. Ahora necesitaba desahogarme e intentar explicarte todo lo que salía de mi cabeza.

Y ahora mi miedo a que no me creyeras se hizo realidad. Era mi principal miedo, que no creyeras lo que te iba a contar, porque recuerdo en una ocasión que se lo conté a tu hermana, y unos días después me increpaste que era mentira. Que me habías llevado a psicólogos y especialistas que te habían asegurado que no había ocurrido nada desde que se detectó cuando yo era bebé. Me enterré, me sentí morir, porque al ver que no me creías, me callé mas. Cuando ya tenía edad y capacidad para hablar y haber podido recuperarme de las agresiones de mi padre, me encontré con una mordaza mayor al ver que la persona a la que mas quiero en este mundo no creía lo que yo le contaba. Pero no es culpa tuya.

Es lógico que no me creyeras entonces, no tenías porqué dudar de lo que te habían dicho supuestos expertos. Ahora se sabe mucho mas del tema, se empiezan a extender campañas de detección entre los distintos profesionales de la salud, la psicología infantil, la enseñanza… Ahora se sabe que los niños no hablan, que lo ocultan por miedo y por vergüenza, y que muchas veces los comportamientos típicos causados por los abusos, se confunden –sobre todo en la adolescencia- con las tonterías típicas de la edad.

Recuerdo que una vez entraste en mi habitación y me reñiste porque guardaba debajo de la cama un montón de porquerías, que acumulaba basura. Es un comportamiento que ya no tengo, pero conservo de aquella época la costumbre de recoger todo en mi armario de manera caótica, soy un desastre en el orden. Me han dicho que eso es una consecuencia de lo que ocurrió cuando era niña, lo que llaman una secuela. Tu no lo viste, ni tus hermanos, ni tu padre, ni nadie… ni los profesores de todos los colegios por los que pasé, ni los del instituto… Incluso ahora sigue siendo muy difícil de detectar. No eres responsable, yo no tengo nada que reprocharte.

Además, no estoy segura –es una de las cosas que tu podrías haberme aclarado- pero recuerdo las visitas al psicólogo de niña con nueve años, (no sé si las hubo posteriores) cuando me hicieron el test de inteligencia y dijeron que tenía dislexia, y en esa época los abusos se limitaban a “tocamientos”. Y por lo que parece nadie dio un toque de atención. Es mas, tengo el informe de un psicólogo al que mis padres me llevaron con doce o trece años como parte de los exámenes médicos a los que me sometieron por las lipotimias casi diarias que sufría en mi Año del Infierno. Su conclusión es que yo tenía mucho cuento, manipulaba a mi madre y sólo necesitaba mas mano dura. Al parecer fuiste muy blanda conmigo.

Pero no voy a insistir. En el punto de recuperación en el que me encuentro ya no tengo la imperiosa necesidad de saber qué te dije y qué no, qué sabías y qué no. Solo sé que desde que naces te enseñan que las personas que mandan sobre ti son: primero tu padre, luego tu madre, y después en mi caso, tú. Y siempre creí que si lo contaba no te volvería a ver. No recuerdo que me lo dijera mi padre, pero siempre tuve la percepción, de niña, que como él era mi papá, tenía el poder de decidir si yo me iba contigo o no. Alguna vez recuerdo a alguien decir que él decidía si yo volvía con vosotros o no. Y cuando era muy pequeña y él me tocaba, creo que ni siquiera se me ocurrió contárselo a nadie. Y me dejé hacer, sólo para que él me dejase volver con vosotros.

Y cuando ya era más mayor, con diez o doce años, cometí el error de decírselo a mi madre que me dijo que lo único que debía hacer era evitarle y guardar silencio, que eso era pecado, y era una vergüenza que se supiera. Recuerdo a mi madre diciéndome que me callara, que lo dejara así, que era mejor, para no enfadarle. Fue cuando me dijo que yo no volvería con vosotros nunca más. Que tú tenías a tu hijo y ya no me querías. Y yo creí sus palabras… con todo el dolor de mi corazón creí que era cierto que ya no me querías contigo… no imaginas las noches en vela que pasé aquel invierno llorando… no imaginas lo que me duele haber pensado eso de ti, con todo lo que me has demostrado que me quieres…

Al parecer, pensar así es también a causa de los abusos. Pensar que nadie me apoya, que todo el mundo está en mi contra, me han explicado que es porque los abusos sexuales, le dan al niño la percepción de que ningún adulto es fiable, que no somos más que objetos sin valor, que no servimos para nada y todo lo vemos en negativo, distorsionado. Y después arrastramos esa percepción hasta nuestra edad adulta sin darnos cuenta, lo sentimos de manera subliminal, sin ser conscientes de ello y yo a veces aún lo hago. Y me siento mal.

Por ejemplo, para mí habéis sido y sois lo mas importante de mi vida. Y ahora me siento sola: por mi familia biológica, porque yo no quiero pertenecer a esa familia, y por vosotros, porque ahora siento que no merezco pertenecer a la vuestra. Y lo entiendo, entiendo que no soy de tu familia, no soy tu hermana, ni tu hija, pero he sido tan feliz con vosotros, que para mi, tus correos han sido como si me dijeras: no puedes querernos, no tienes derecho.

Pero pensar que no me queríais y que no tenía derecho a estar con vosotros, es algo que he creído siempre. Y no porque no me lo hayáis demostrado, sino porque yo no era capaz de verlo. Fíjate si lo pienso así que esa fue una de las razones por las que volví a mi tierra con veinte años. porque creí que no tenía ningún derecho a que os ocupaseis de mí. Todas estabais casadas, con vuestros hijos vuestro trabajo, vuestra casa, y yo, yo estaba mal, todo andaba mal, me empecé a meter en ambientes poco recomendables, no tenía ningún control sobre mí, y eso repercutió en mi relación contigo.

Recuerdo dormir muchas horas, recuerdo que me despertabas a las once o las doce de la mañana diciéndome que ya era hora de que me levantase, que no hiciera el vago. Ya entonces estaba mal, recuerdo que sólo quería dormir porque había pasado la noche en vela o con montones de pesadillas. Recuerdo no sentirme útil cuando te ibas a trabajar a la tienda y yo me quedaba en casa cuidando de tus hijos, inútil porque no tenía estudios, no servía para nada. Recuerdo sentirme enormemente sola. Recuerdo que me ayudaste a encontrar un empleo por mediación de una amiga tuya, y fue un desastre absoluto porque creí que no me merecía ese empleo. Eso son secuelas, ahora lo sé, secuelas de los abusos de mi padre.

Recuerdo en una ocasión que te escribí una carta. Te la dejé en tu habitación. No recuerdo el texto, pero si recuerdo que era un intento desesperado por mi parte de pedirte perdón. No debí hacerlo muy bien, porque después de leerla, me regañaste y creo que eso me encerró mas, me separó mas de ti. Con lo que he aprendido estos últimos meses, sé que esa carta era un grito de ayuda que ni siquiera supe hacer, porque ya entonces me daba cuenta que me estaba distanciando de ti, que algo no iba bien, que algo me impulsaba a hacer mal las cosas, pero no sabía ni porqué ni cómo pedir ayuda. Entonces no lo sabía, ahora sé que esos comportamientos son también consecuencia directa de los abusos de mi padre.

Y escribí en esa carta lo que en ese momento podía explicar, porque tampoco era capaz de hablar de viva voz. Recuerdo que intenté, que proyecté en varias ocasiones sentarme a hablar contigo y no fui capaz ni siquiera de decirte que quería hablar. Era tal el miedo que tenía a que me volvieras a reñir, por mentir, o por vaga, o por no potarme bien, o… dios! yo solo quería pedirte perdón… perdón por molestarte, perdón por estorbarte, perdón por los problemas que te daba, perdón porque cuidar de mi desde pequeña, sin ser de tu familia te hubiera acarreado tantas preocupaciones… Y no sé que es lo que escribí, pero está claro que no lo hice nada bien.

Y ahora te hecho de menos. Hecho de menos haber mantenido una conversación contigo sincera, larga, en la que hablásemos tranquilamente de mi infancia. Porque la otra razón por la que volví con mis padre fue saber. Conocer y enfrentarme a lo que él me había hecho. Nunca me atreví a preguntarte a ti directamente que había pasado exactamente, que era lo que te movía a llevarme contigo, y en qué forma intervenía el Tribunal Tutelar de Menores. Porque sí sé que tengo un expediente muy amplio aunque nunca he tenido acceso a él. Sé que hubo denuncias, pero no sé si eran tuyas o de oficio, ni las razones por las que a veces me internaban en un colegio. No tengo ni idea, sólo tengo mis propios recuerdos, y están todos revueltos, no sé en realidad que ocurría a mi alrededor cuando era pequeña, y eso es lo que intentaba averiguar cuando volví. Y ahora todos los días me pregunto porqué no te lo dije, porque no me senté contigo una tarde y te pregunté y te hablé de lo que ocurría de pequeña, y no sé como arreglarlo.

Me han quedado millones de preguntas por hacerte. Porque todo lo que recuerdo está revuelto, a trozos, y me parece que hemos vivido suponiendo que la otra sabía cosas que en realidad ignoraba.

Y ahora no sabes lo que me pesa recordar las veces que intentabas ayudarme, todo lo que hiciste por mí, todo lo que hicisteis todos, incluso tu padre. Y no conseguisteis que me centrara, que hiciera nada con mi vida porque estaba rota. Me sentía rota, desubicada, como un apátrida sin estabilidad, y no porque no lo intentaseis, sino porque yo no quería, no podía, no tenía valor para hacer nada, yo sólo me quería morir, y era tan cobarde que no era capaz de matarme.

No te reprocho nada, al contrario, te estaré eternamente agradecida por todo lo que me has dado, por todo lo que has hecho, porque te has volcado conmigo. Yo solo quería que supieras… he estado todos estos años encerrada de alguna manera, el daño fue tan grande… que decidí no hablar, no preguntar nada… creí que así pasaría, como todos dicen, así olvidaría, y no olvido, no puedo, no tengo un interruptor en la cabeza que apague un recuerdo cuando viene, y han venido muchos… y algunos recuerdos ni siquiera sabía que existían. A veces esos recuerdos eran tan vívidos que creía que me iba a morir del dolor… y ya no podía mas.

¿sabes? He tardado cuarenta y cuatro años en poner en palabras lo que me ocurrió de niña, conocí el significado –el significado real, en toda su dimensión- de la palabra “incesto” hace apenas dos años. Me dicen que por eso no era capaz de hablar contigo, por una secuela, y ahora mi mejor terapia es hablar mucho de todo lo que me ocurrió, contar detalles, hablar con la familia si es posible o con los adultos de nuestra infancia que estén dispuestos a ayudarme y ahí entrabais vosotros. Necesitaba saber qué recuerdas, necesitaba reconstruir para sanar, para guardar todo en su sitio, para que no despierte con una pesadilla soñando algo que no sé si ocurrió. No quería levantar ampollas, solo quería saber, sin reproches sin denuncias, sin nada, solo saber, y sobretodo a ti, para poder saber la enormidad del bien que me hiciste, porque de verdad que me salvaste la vida. Me enseñaste que hay otra forma de vida, de educación, de querer a una niña, lo has dado todo por mí y yo no se como compensarte…

Daría lo que fuera por volver atrás en el tiempo, a mis catorce años y saber qué es lo que pasaba por mi mente, qué es lo que recordaba, que es lo que te conté para poder entender la dimensión de lo ocurrido, y las razones por las que tus escritos al Tribunal terminaron en simple papel mojado. Daría lo que fuera por saber porqué no me creíste cuando te conté mis abusos o porque ahora me has vuelto a cerrar la puerta. Daría lo que fuera por saber qué hice tan horriblemente mal para entrar en barrena y que decidieras no darme la mano. Daría lo que fuera por saber que tan profunda es tu propia herida, para que yo te la haga recordar tan dolorosamente hasta el punto que no puedes ni siquiera darme una idea de tu dolor.

Por favor, perdóname, es lo único que te pido, por distanciarme de ti con dieciocho años, por olvidarme de lo que hiciste por mí… ahora ya no lo olvidaré mientras viva, ni lo que me hizo mi padre, ni lo que hiciste tú, porque me salvaste literalmente la vida, y ahora no tengo manera de compensarte. Y perdóname por escribir estas letras, que si lees algún día te dolerán, pero que necesito sacar de mi cabeza para sanar. Recuerda que me has salvado la vida, porque cuando miro a mi hermana veo en lo que yo me hubiese convertido sin tu intervención.

Me hubiera gustado decirte esto en persona y que me creyeras y que me perdonaras por no escucharte cuando no querías que volviera a mi tierra. Pero nada cambiará lo que siento por ti: yo no sé qué es querer a una madre, porque creo que yo nunca he querido a la mía. Cuando leo textos, o veo gente que habla del cariño maternal, de lo que quieren a sus madres, siempre pienso que soy horrible porque yo no siento nada de eso por la mía, pero estoy segura de que se trata de algo muy similar a lo que sí siento por ti. Hubiera deseado sinceramente que me creyeses, y que me ayudaras a rellenar y a colocar esos recuerdos que me bombardean a diario. Era importante para mí, para mi recuperación, porque como ya te he dicho, ahora, por fin, soy feliz, me siento por fin viva, alegre, pero necesitaba recolocar mis recuerdos correctamente para poder vivir, y necesitaba sincerarme contigo para cerrar la distancia que nos separaba que era para mí una gran herida y si sólo me hubieras escuchado, mirándome a la cara, me hubiera conformado.

Te lo he dicho, te quiero como cualquiera quiere a una madre, y entiendo que has tomado una decisión, la respeto, lo entenderé y lo asumiré. Era hora de sincerarme contigo y al menos, por carta eso lo he hecho. Creo que te lo debía incluso corriendo el riesgo de que me odies. Me conformaré como hasta ahora con mi propia memoria.

Tan solo me hubiera gustado que al menos me contestases una pregunta: ¿Por qué me acogiste en tu vida? ¿qué te movió, cuando te fuiste con tu padre, a volver a buscarme, a llevarme contigo, a regalarme generosamente la vida? Desde tu último correo me lo pregunto, porque a fin de cuentas, siempre creí que sospechabas lo que ocurría con mi padre, y esa era la razón por la que siempre me llevabas contigo. Me hubiera gustado saber en última instancia la razón, pero no importa, me has pedido que te deje en paz a ti y a tu familia y así será. No debes preocuparte. Tienes mi correo y mi teléfono, y siempre estará abierto para vosotros. Porque sinceramente te digo, que llevarme contigo me ha salvado la vida, y tan solo puedo decirte tres palabras:

GRACIAS.
PERDONAME. 
TE QUIERO.



“No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos”
Friedrich Schiller (1759-1805) Poeta y dramaturgo alemán

4 comentarios:

  1. El instinto maternal no existe, es una construcción que una hace desde el embarazo, luego a través de los años.
    Vaya a saber el por qué de llevarte con ella, son su familia.
    Pienso que debe estar aferrada a viejos conceptos, que en su cabeza no cabe que un padre pueda abusar de su hija...quizás haya padecido lo mismo?
    A los 19 años, con semejante horror, no eras dueña de tus actos, si uno lo piensa es tan chico aún.
    Deseo que se reencuentren, quién te dice, abrazos enormes.

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  2. Te deseo de todo corazón que un día podáis hablar sin tensiones sobre este tema y sobre vuestro distanciamiento. Necesitáis una conversación larga y tendida y estoy segura de que a ella le hace tanta o más falta que a ti. Desgraciadamente sabemos cómo funciona esto; el miedo es muy, muy traicionero y muchas veces nos lleva a negar cualquier posibilidad que nos haga daño. Pienso que a menudo las personas que nos rodean nos conocen desde hace tanto tiempo, llevan tantos años concibiendo un determinado concepto sobre nosotros y nuestras circunstancias, que les resulta doloroso hacerse a la idea de que están equivocados y detrás hay algo que si sale a la luz va a salpicar a todo el mundo. Porque creo que la culpa está presente tanto en las víctimas como en su entorno, aunque no sean culpables. Pienso que a veces l@s supervivientes de A.S.I. se encuentran con que cuando ell@s empiezan a superar el miedo y se atreven a contarlo, las personas que l@ quieren tienen más miedo aún y es como enfrentarse a un círculo vicioso, un bucle que no se esperaban. Creo que la culpa + el miedo es la peor combinación y la más dañina. Un verdadero cóctel.

    No sé qué ocurrirá y me parece muy sensato por tu parte que trates de prepararte mentalmente para todas las posibilidades, pero te deseo que un día tengáis la oportunidad de hablar de esto y cerrar las heridas abiertas... de verdad. Tú ya has hecho todo lo que podías hacer y ahora sólo te queda asumir. Ojalá puedas volver a hablar con ella. Ánimo y mis mejores deseos.

    Un beso,

    Nu

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    1. Coincido con Nu, el miedo igual está en las personas que nos rodean...no en el/la abusadxr.
      No quieren escuchar, si les cuentas tratan de olvidar, es muy doloroso...una/uno puede pensar si es a mí! a quién le sucedió, hay 'culpas' por no haber actuado en su momento, si es creyente 'los pecados', es un combo de pensamientos y sensaciones.

      Quizás quién te dice algún día frente a frente puedan hablar, creo que los correos no son la mejor manera de hacerlo, suelen malinterpretarse las palabras...besos cielo.

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  3. Como siempre excelente entrada, excelente carta... Tus pensamientos y algunos de tus sentimientos son los míos, los que no se como expresar pero que a través de ti logro darles voz...

    No puedo entender que le pasó a tu madrina pero concuerdo con paloma en algo, pudo ella ser abusada? Las creencias de cada uno son tan distintas y arraigadas que no podemos suponer lo que tu madrina sienta o piense, pero espero que pueda lograr hablar contigo y explicar sus puntos de vista, que se reencuentren y perdonen...

    Un abrazo Némesis...

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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