CRÓNICAS POR LA MUERTE DE MI PADRE



Lo primero que sentí fue un vacío en el estómago. “Hambre”, pensé. Sin duda era la hora de un café. Barajé la posibilidad de llamar a una de las hermanas de mi Madrina, con la que siempre he tenido mas confianza. Consideré que ella si debería saberlo y contárselo a su hermana, aunque sólo fuera para que en el futuro no me dijeran que no las había avisado. Cuando alguien muere es de buena educación notificar a los conocidos del fallecido, por si quieren presentar sus respetos. Yo no tenía ninguna intención de hacerlo, ni creía que alguno de mis Padrinos quisiera hacer un viaje de cientos de kilómetros para ello, pero nunca se sabe. A veces te llevas sorpresas y ella -mas bien su hermana- tal vez quisiera tener un gesto de algún tipo, porque a mí sin duda la noticia no me había afectado en absoluto.
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