LA GRAN PREGUNTA


Estos días son raros. Creo que los “deberes” del psicólogo me han revuelto cosas que empiezo ahora a distinguir entre la niebla. La carta que escribí a mi padre, “Sin Acuse de Recibo”, fue la primera tarea que me encomendaron. El día que fui al cementerio a leerla, los peores recuerdos se detuvieron. Como si me hubiesen dado una tregua. Todas las nuevas imágenes de los abusos que en estos dos años regresaron a mi consciencia dejaron de aparecer. Hace meses que no he tenido nuevas escenas o retrospecciones. Pero a cambio si se han movido otras sensaciones y sentimientos que estaban muy ocultos en mi subconsciente. Y a eso también han contribuido las tareas que el psicólogo me ha mandado posteriormente, porque tuve que escribir la respuesta que en mi criterio mi padre me hubiese dado en caso de seguir vivo. Mi anterior entrada estaba inspirada por esa carta. Y me ha revuelto un poco.
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