EN LA PIEL DE JUDAS



Siempre he dicho que no conozco a mi padre. Para mí siempre lo he sentido como alguien extraño, que no tiene nada que ver conmigo. A veces, cuando leo los distintos tipos de abusos en la infancia, instintivamente me auto catalogo en el apartado de aquellos que sufrieron abusos reiterados, pero por parte de un pariente lejano de la familia, con el que se convive en épocas puntuales del año. O un vecino o profesor que es muy amigo de la familia. Supongo que ha sido una manera de “distanciarme” de mi agresor, aunque fuera de manera íntima, porque nunca he hablado de él como “ese señor” o “el marido de mi madre” como he leído alguna vez a otras víctimas cuando se refieren a su abusador, siempre ha sido “mi padre” con todo lo que significa. Nunca he renegado de él ni he dicho que él no sea mi progenitor. Pero nunca hubo una verdadera conexión fuera de los momentos en que abusaba de mí. Y cuando intenté ponerme en su lugar, cuando intenté comprender porque hizo lo que hizo, me sentí perdida.
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