VIDAS DIVERGENTES



Hace mas de un año, a las pocas semanas de abrir este blog hice una entrada (Cinco + uno)  en la que hablaba de mis Padrinos. En ella dije que no iba a ser nada objetiva, puesto que se trataba de una entrada principalmente de agradecimiento. Sobre todo agradecimiento por la infancia que me dieron, porque ahora sé que hubo mucho movimiento por detrás, que se hicieron cosas, se estipularon pactos, hubo guerras paralelas de las que yo no fui testigo. Sólo sé que la tranquilidad que sentía cuando estaba con ellos no se paga con nada. Esta vez quiero ser un poco mas sincera conmigo y con vosotros, y mostraros una cara mucho mas humana de mi familia adoptiva.

Recuerdo algún mensaje privado que me preguntaba si aún seguía en contacto con mis Padrinos. Mi respuesta fue afirmativa. Fue afirmativa, pero con matices, porque la relación con todos ellos no ha sido fácil a medida que han pasado los años. Mis recuerdos de infancia con mi Madrina y con sus hermanos no pueden ser mejores. Siempre digo que con ellos viví mi cuento de hadas, hay poco que explicar. Pero muchas personas me han dado a lo largo de mi vida distintas versiones de lo que ellos hacían. Unos a favor, otros en contra: Que mi Madrina hizo lo que pudo por separarme de un mal ambiente, que si en realidad sólo se encaprichó de mí, que si buscaban mi beneficio, que mis Padrinos pretendían quitarle su hija a un simple obrero. Y yo, lo único que percibía era buen ambiente entre las paredes de la casa de mis padrinos. Esa es mi única verdad.

La familia no era perfecta, ni mucho menos. Los padres de mi Madrina estaban en periodo de separación cuando yo irrumpí en sus vidas. Cuando yo tenía cinco o seis años la separación fue definitiva y además poco amistosa. Por motivos profesionales el cabeza de familia trasladó su vivienda a otra ciudad (la que denomino en este blog localidad de mis Padrinos) pero no puedo especular acerca de las razones por las que se llevó con él a sus cinco hijos. Forma parte de la historia personal de esa familia y no soy quien para dar ninguna opinión. Solo sé que en ese momento mi Madrina se convirtió de alguna manera en la madre de sus hermanos. Y por extensión la mía, cuando yo vivía con ella. Pero yo he conocido esa pequeña guerra civil posteriormente, porque mientras estaba con ellos no me enteraba de nada. No recuerdo jaleos o discusiones fuertes. Durante mi infancia, en las etapas que mas recuerdo con mis Padrinos vivíamos todos juntos en un piso céntrico de la ciudad, el padre, sus cinco hijos y yo. Y sólo recuerdo mis juguetes, jugar en mi habitación con la vecina del piso de arriba y el colegio. Hasta los trece años, vivir con mis padrinos era vivir en una burbuja aislada de todo lo que ocurría a mi alrededor. Y aunque ese aislamiento a la larga me ha perjudicado porque desconozco gran parte de mi historia, reconozco que al menos en esa burbuja me sentía segura y me ayudó a sobrevivir.

Mi Madrina se convirtió en empresaria muy joven y abrió varios negocios en la ciudad. Pocos meses antes de mi Año en el Infierno, se casó y quedó embarazada. Posteriormente nació su hijo mayor. El problema empezó cuando volví con ellos tras el año del infierno, en mis años oscuros. El distanciamiento con mi Madrina empezó poco a poco desde que yo volví con trece años a su casa, después de los abusos. Cuando volví con ella a su casa con su marido y su hijo, ya nada era igual.

No recuerdo en absoluto las circunstancias en las que regresé con ellos, esa zona permanece oscura en mi mente. Pero los pocos recuerdos que conservo son tranquilos. Vivía en un entorno natural alejado de la gran ciudad, con piscina, gimnasio y pista de tenis de uso exclusivo para los que pertenecían a la urbanización privada donde estaba la nueva casa de mi Madrina. El primer acontecimiento importante tras mi vuelta fue el bautizo de su hijo, que ya tenía casi un año de edad. Ella me dijo que quiso que yo fuera la madrina de bautismo del niño y había pospuesto la ceremonia hasta que yo volviese con ella. Recuerdo la ilusión que me hizo que me hubiera esperado. Me sentí muy orgullosa de ser la madrina de su primogénito. En ese año también se casaron dos de las hermanas de mi Madrina y también esperaban a sus retoños. Todas vivían en la zona en sendas urbanizaciones. Pero algo se había roto. No sé si ya estaba quebrado antes del Año del Infierno, pero sin duda en esa época todas mi secuelas empezaron a aflorar con fuerza, fue cuando empecé a ver que había cosas que no funcionaban dentro de mí.

En el instituto constaté que algo estaba enormemente mal cuando el acoso escolar lejos de paliarse se intensificó, cuando las relaciones con los compañeros de la clase empezaron a dividirse entre los que se reían de mí o me decían cosas obscenas y los que me odiaban directamente porque les daba asco. Y mi Madrina ya no era mi compañera de juegos. Porque hay algo de lo que me he dado cuenta con la visión de la distancia: yo ya tenía catorce años, pero pretendía ser tratada como si continuase siendo una niña. De alguna manera reclamaba para mí el derecho a volver el tiempo atrás y revivir la parte de la infancia que durante el tiempo que pasaba con mis padres me había perdido. Me he resistido enormemente a crecer a pesar de todo lo ocurrido. No sé que edad tenía, pero en una ocasión le conté a una amiga lo que me había sucedido, no recuerdo en que términos, pero si recuerdo sus palabras de reproche: “No te entiendo. Con todo lo que has pasado, deberías comportarte de una manera mucho mas madura, mas acorde con los años que tienes. Pareces una cría de ocho años”. Recuerdo tener días en los que me sentía como si tuviera seis o siete años, con reacciones infantiles ante una negativa o el deseo de volver al parque de atracciones. Y días en los que sin embargo era consciente de mi edad y contestaba de manera rebelde como si ya fuera una mujer adulta. Ignoro si ese comportamiento es habitual en la adolescencia, pero desde luego así fue en mi caso.

La crisis del petróleo de la década de los 80´ estaba descargando toda su furia y a mi Madrina le afectó de lleno. No puedo decir hasta que punto, pero si sé que cerró varios de los negocios que regentaba y vivía permanentemente preocupada y enfadada. Me regañaba si me comportaba como una niña y lógicamente me reprendía cuando la contestaba.

Y yo empecé a sentir miedo de mi Madrina. No sé que es lo que provocó ese miedo, tal vez sus regañinas o el hecho de verla siempre seria y preocupada, no lo sé. Hasta no hace mucho yo he tenido verdadero miedo a la autoridad. Supongo que como reminiscencia de mi padre, al que temía mas que nada en el mundo, asocié la autoridad con algo peligroso de lo que debía protegerme. Y siempre he sentido un gran respeto por aquellas personas de carácter fuerte, como mi padre o mi Madrina. La diferencia es que a mi padre le tenía principalmente miedo y a mi Madrina la respetaba en grado máximo. Pero en ambos casos, de niña, su palabra era ley y acataba sus órdenes sin rechistar. Y en mi adolescencia, en lugar de acatar las órdenes, decidí esconderme de toda autoridad y vivir mi vida de manera clandestina, con un temor general por mi Madrina pero desafiando su autoridad sin que ni ella ni sus hermanos se dieran cuenta de nada. Al final acabé por beber, drogarme y tener sexo tomando las medidas oportunas para no ser descubierta. Doble vida.

Una doble vida en la que la otra cara del miedo y la rebeldía clandestina era la falta de autoestima. Me sentía un estorbo, solo quería desaparecer. Ya en esos momentos un muro invisible empezaba a formarse a mi alrededor que me separaba de mi Madrina, del mundo. Cada vez hablaba menos con ella, y cuando le comentaba algo siempre había algún reproche. Moriré sin saber si esa falta de comunicación era por sus preocupaciones o porque yo ya no me comportaba bien. Pero sé que la sensación de ser una molestia empezó a tomar forma con fuerza, con mucha fuerza. Una sensación que ya no se ha ido jamás.

Y esa sensación de estorbo, se incrementó cuando empecé a ser botada otra vez como un balón. Creo que cuando yo tenía quince años volvió de nuevo el juego de la pelota. Aquel juego de mi infancia en el que todo el mundo decidía por mí: ahora con mis Padrinos, ahora con mis padres, ahora interna bajo la tutela del Tribunal de Menores, ahora con mis padres, ahora con el Tribunal, ahora con mis Padrinos… Y en mis años oscuros, a pesar de todo, mi vida seguía igual, nada cambió.

No tengo ni el mas mínimo recuerdo de las razones por las que ocurrió, esos cinco años son totalmente caóticos en mi cabeza, ni siquiera sé si era yo la que voluntariamente cambiaba de domicilio, pero desde ese momento hasta que volví con mis padres con diecinueve años, recuerdo no tener una estancia fija: mi Madrina cambió de residencia varias veces, en algunas ocasiones nos íbamos al piso de su padre en el centro de la ciudad, en otras ocasiones me trasladaba a vivir a la casa de alguna de sus hermanas, otras veces me quedaba sola viviendo con su padre o volvía con ella… iba de su casa a la de su padre, de la casa de su padre a la de una de sus hermanas, de la casa de una de sus hermanas a la casa de otra de sus hermanas, de la casa de otra de sus hermanas, a su casa de nuevo… La sensación que tuve en mi infancia cuando pasaba de una custodia a otra, de un colegio a otro, de una ciudad a otra, de un mundo a otro, de ser un mueble inútil que no se sabe qué hacer con él permaneció ahí. Casi diría que se incrementó. Recuerdo esos anuncios que emitían por televisión en navidad. Esos que hablaban de no regalar un cachorro sin haberlo meditado bien. Porque el cachorro crece, y en verano cuando no se sabe qué hacer con él se le abandona en la carretera. Llegué a sentirme exactamente igual. Dejé de ser la niña adorable de mi infancia para convertirme en un perro callejero feo y agresivo que se vuelve incluso peligroso para los nuevos niños de la familia. Esa era la imagen que yo tenía de mi misma.

Recuerdo escuchar sin querer al marido de una de mis “madrinas menores” decirle a su mujer, que yo debería vivir con mi Madrina y no con ellos, pues era ella la que siempre quiso que yo estuviera con mis Padrinos. Y para darle mas interés al asunto, yo empecé a salir por mi cuenta, y a relacionarme con compañías poco recomendables: drogodependientes, ladrones y estafadores de poca monta y traficantes de armas y estupefacientes. De alguna manera, pasé de los abusos sexuales de mi padre a los abusos, no sólo sexuales, de los demás. Pero como yo era una pelota que no pasaba mas de tres meses en la casa de alguien, esos comportamientos pasaron totalmente inadvertidos.

Por supuesto yo no era consciente del descontrol en el que vivía. Para mí fue un periodo de libertad, donde hacía lo que me daba la gana y no le daba cuentas a nadie. Una libertad llena de malos momentos, retrospecciones y autodestrucción. Con diecinueve años ya estaba en caída libre. Los recuerdos-impacto (como yo los llamaba) ya eran habituales, las pesadillas insoportables, tenía ausencias casi diarias y no tenía ningún control sobre mi mente ni sobre mi cuerpo. A pocos meses para cumplir los veinte años resolví contestar a la llamada de mi madre para volver a mi ciudad natal porque no me merecía la pena seguir con personas que tenían demasiadas preocupaciones para hacerse cargo de una estúpida que sólo pensaba cosas estúpidas, que no servía para nada, no tenía estudios ni trabajo y que además ni siquiera era de su familia. Sin duda no les importaría demasiado.

Cuando decidí volver con mis padres, se lo dije a una de mis madrinas “menores”. Mi Madrina ya me imponía demasiado respeto para decírselo personalmente, ya me daba miedo, la comunicación con ella estaba prácticamente rota por mi parte, pero sabía que su hermana se lo explicaría. Y la verdad es que no sé si en algún momento intentaron hacerme cambiar de opinión, creo que nadie me detuvo. Y creo que eso me confirmó que realmente creía que les importaba una mierda lo que yo hiciera. En honor a la verdad no recuerdo sus reacciones ante mi anuncio de volver con mis padres, pero cuando una no quiere ver, se vuelve ciega por completo. Porque cuando volví a mi localidad natal no recuerdo hacerlo tras una bronca monumental con alguien, o tras palabras hirientes por parte de alguien. De hecho, me di cuenta que mi Madrina se había molestado por mi partida años después de que ocurriera, así que la falta de comunicación por ambas partes ya era palpable.

Porque eso fue algo de lo que me di cuenta con los años. A mi Madrina le había ofendido mucho que yo volviese a mi localidad natal. Pero no recuerdo que me lo expresara claramente, lo que no significa que no lo hiciera, sólo que yo no “escuchaba”. Durante mi hibernación, mientras estaba rehaciendo mi vida con mi marido y mi hijo, yo conocía de mi Madrina por sus hermanas, y ella sabía de mí por la misma vía de comunicación, pero en veinte años no me atreví a hablar directamente con ella. Creo que el miedo de mi juventud se transformo, sin desaparecer, en un respeto tan amplio que hablar con ella hubiera sido como si el mismísimo dios hubiese bajado a visitarme.

Y bajó. Hace cuatro años mi Hada Madrina volvió a reaparecer. Viajé a la localidad de mis Padrinos a pasar unos días, como he hecho a lo largo de estos veintitantos años. Suelo instalarme en la casa de una de sus hermanas y desde ahí acostumbro a ver a toda la familia, hijos, sobrinos… Me gusta disfrutar de esos días en los que nos ponemos al día en las novedades y compartimos buenos momentos. Pero hace mucho que asumí que a esas reuniones sólo asisten cuatro de los cinco hermanos. Mi Madrina nunca ha participado en ellas. Pero hace cuatro años ella misma dio el paso y me pidió que me acercase a su vivienda. Hablamos durante largo rato, y lloramos juntas una sobre el hombro de la otra. No hablamos de mis abusos, ni de mi infancia. Ella no sacó el tema y yo no estaba aún preparada para ello. ¡Ojalá lo hubiera hecho!

La única referencia al pasado que hubo en la conversación fue mi regreso a mi localidad natal con diecinueve años. Me dijo que sentía mucho su distanciamiento en estos últimos años, pero que lo hizo porque ya no podía mas. Le había dolido mucho que yo me fuera. Para ella yo era “su hija mayor” (esas fueron sus palabras) pero había cerrado todas las puertas para no sufrir mas, ya no le cabían mas tiros. Yo le expliqué ligeramente que en aquella época me sentía confundida, le reconocí mi error y le conté que al menos gracias a ese error había conocido a mi actual pareja con el que he tenido un hijo. Antes de separarnos me preguntó: ¿Eres feliz? Mi respuesta fue directa y sin titubeos: “Si, lo soy”. Fue la última vez que vi a los cinco hermanos juntos. Ahora veo esa reunión como una despedida.

Hace unos meses le envié un correo con intención de hablar sobre mi infancia. Deseaba hablar de todo lo que había ocurrido, de mi familia, de su familia… necesitaba -y necesito- conocer detalles de aquella época que se me escapan, que no recuerdo o de los que no fui testigo directo. Pero su reacción ha sido el hermetismo. Mantiene su versión de la no existencia de abusos posteriores a mi primera infancia, le molesta que yo dude de todo lo que hizo por ayudarme con actos que alguna vez han rozado la legalidad sólo para protegerme y me reprocha que vuelva a abrir una herida en teoría cerrada.

Me dolieron sus palabras, lo reconozco. Sobre todo porque no puedo borrar mis propios recuerdos que se empeñan en decirme que los abusos se prolongaron hasta mis trece años. Pero me duele mas que haya tomado mi correo preguntando por mi infancia como un reproche hacia ella, cuando nunca ha sido mi intención.



Y creo que el problema es el miedo. Desde que empecé a hablar de mis abusos la comunicación se ha vuelto mas distante, mas fría. Son miles de detalles que no había visto hasta ahora, de todos los hermanos, y ahora empiezo a atar cabos. Desde que inicié esto se han ido alejando. Tal vez el distanciamiento empezó hace años, poco a poco, cuando cada vez sabía menos de sus vidas, pero ahora la progresión es aritmética. Los estoy perdiendo también a ellos igual que perdí tantas cosas en mi vida. No sé porque ocurría, pero ahora si tengo claro la razón de su reacción actual, provocada sin duda por el hecho de que yo he roto el silencio. En primer lugar mi Madrina no me cree. Le parece imposible asumir que a pesar de conocer los antecedentes no pudo evitar que ocurriera. No la culpo en ningún caso, pero creo que ella no lo asume. Y tiene miedo. Supongo que es esa reacción que muchas veces vemos en los demás, miedo inspirado precisamente por lo que digo, no admiten que lo han tenido delante de sus narices y no lo han visto.

Y ahora mismo no se si me compensa… porque duele ver que hasta en esto mi padre ha contaminado. Lo destrozó todo a su paso, me destrozó de niña y lo vuelve a hacer de nuevo cuando hablo de su recuerdo. Estuve sola en las violaciones de mi padre, estuve sola en mis años oscuros, estuve sola en mi hibernación, y ahora me siento sola en mi rehabilitación. Si, ya sé que no soy justa. Ya sé que no estuve sola, en todas mis etapas estuvieron mis padrinos como apoyo, pero la mayoría de las veces ni siquiera sabían que eran mi punto de apoyo. Y cuando apareció mi pareja en escena, creí que disfrutaría de dos apoyos cuando en realidad el destino lo único que hizo fue sustituir a uno por otro, y esa quiebra no la he visto hasta que el segundo apoyo, el de mi marido y mi hijo no fue lo bastante fuerte. Ha sido como un relevo. Pero me siento tremendamente sola en mi recuperación. A pesar de poder contar con mi marido y mi hijo, a pesar de todos los amigos que me dan su hombro para llorar, a pesar de los mensajes que recibo, la soledad del guerrero es desoladora. Porque a fin de cuentas sólo el guerrero puede librar su propia batalla aún contando con los vítores de los demás.

Aún me da vueltas el tema de mi Madrina, aun intento asimilar sus mensajes. Aunque no he tenido noticias nuevas (no las espero, la verdad) a veces me levanto pensando en ello, a veces me duele el corazón al pensar que he podido cometer un error por el que he perdido lo único bueno de toda mi infancia... otras veces no me siento tan mal, sólo resignada, como diciendo "bueno, Tal vez tenía que ser así, ella cumplió su papel en mi vida, y ya terminó su parte en la obra"... me entristece, pero empiezo a entender que tal vez esa tristeza es por mi añoranza de volver a ser una niña. Que tal vez no la eche a ella de menos como tal, -a fin de cuentas, desde que volví a mi tierra, ella no me hablaba directamente, no había relación, yo ya "volaba sola"- sino que echo de menos la época de mi infancia en la que estaba con ella. Echo de menos la parte de mi infancia que era feliz. Creo que aún no he renunciado a esa parte de mí. Y aún no sé si debo renunciar.

Sigo visitando a alguno de sus hermanos de vez en cuando, sigo hablando con ellos por teléfono. Pero la sensación de que se ha roto algo está cada vez mas presente. Ahora me quedo con el recuerdo de la última vez que cené con todos ellos hace cuatro años en un restaurante el día de mi cumpleaños. Me quedo con los ojos de mi madrina cuando me preguntó si era feliz. Me quedo con su nostálgica mirada cuando me dijo que yo era su hija mayor. Me quedo con todo lo que hicieron por mí sin ninguna obligación. Me quedo con la esperanza de poder demostrarles algún día que las palabras de cariño y agradecimiento con las que cerré el último correo a mi Madrina son sinceras.

Mi familia adoptiva no es perfecta. Hay muchas cosas que se podían haber hecho de distinta manera. Pero es fácil hablar a toro pasado. Yo también he cometido muchos errores. Mi familia biológica y personas cercanas a ellos dicen que mis Padrinos sólo trataron de arrebatarle su hija a un humilde obrero, que yo sólo he sido el capricho de una niña rica a la que su padre quiso complacer a toda costa para ganarse su cariño en la guerra particular que mantenía con su esposa. Tal vez yo haya sido el premio. Pero los que dicen eso, se olvidan que la alternativa para mí era pasar toda la vida con un padre que abusó sexualmente de sus cuatro hijos. Se olvidan que esta muñeca de tómbola se hubiera perdido descuartizada en un vertedero si la niña rica no la hubiera colocado en el lugar mas privilegiado de su corazón.



"Mis ojos son dos cruces negras, que no han hablado nunca claro, mi corazón lleno de pena, y yo una muñeca de trapo"
La oreja de Van Gogh. Grupo musical

10 comentarios:

  1. las despedidas duelen tanto, especialmente cuando son progresivas y calladas, cuando ese alguien tiene un lugar privilegiado en nuestro corazón. Añoranza, melancolía, muchos "hubiera". Quisiera tener un polvo mágico para devolverte a tu hada.
    Lo único que queda son los dulces recuerdos y seguir adelante.

    No creo que debas renunciar a esa felicidad de la que hablas, pero ¿será posible transformarla, trasladarla al ahora?... no sé tal vez estoy siendo ingenua

    Un abrazo Némesis

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  2. Que tu madrina no te cree no es cierto... Ella sabe muy bien lo que pasó pero no puede asimilarlo y no la reprocho por su negación... Es difícil darse cuenta que algo tan horrible pasó en nuestras narices y no nos dimos cuenta... Aún el que dirán afecta y prefieren callar la verdad para evitar el escarnio público de tan cruel y hostil verdad... Pero como bien dices aunque duela, la distancia es lo mejor... Todos pagamos karma cuando callamos una verdad como esa, cuando somos cómplices de algo, cuando fallamos, mentimos, engañamos, tarde temprano lo pagamos, muchas veces el pago es el remordimiento de conciencia que nunca nos abandona... No te sientas mal por ello porque bien sabes que no es tu culpa... Y como bien dices tu padre dañó a muchas personas no sólo a ti y a tus hermanos, por eso el silencio y la indiferencia de otros... Un abrazo...

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  3. Hola Némesis!!

    ¿Que bonito que alguien te considere que eres su hija mayor, cuando no lo eres? ¿Que bonito que te arroparan cuando mas lo necesitabas, sin ellos saberlo? ¿Que bonito es que no te halla reprochado nada, a pesar de que un buen día la dejaras para comenzar tu vida?

    Eres y has sido afortunada, porque podía no haber sucedido nada de todas esa cosas buenas que recibistes. Me alegro por ti.

    Sin embargo veo que, también necesitas aceptar que a ella le duele no haber sido capaz de haberte salvado de todo el dolor que has sufrido. Como a una madre le duele. Por eso ella cierra su puerta, no ha ti, sino al pasado que no supo dominar, porque tenia su propia vida, sus propios problemas...

    Hay un millón de minutos llenos de palabras entre las dos, para hablar sobre el presente, sobre lo que os acontece aquí y ahora solo, si tu quieres. Ella quiere olvidar el pasado, el dolor y es necesario saber aceptarlo, y quizás ese sea el camino, para que ella un día abra la puerta a tus preguntas. Pero sino lo hace, habrás recuperado un espacio de ese corazón que jamás te ha olvidado.

    Crece, sigue creciendo!!

    Un abrazo de Encontrando el camino...

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  4. Tal vez no logres creerme, me gustaría vivir cerca de tu casa, abrazarte muchísimo!
    Creo que tu madrina, al igual que tantas personas, no pueden asimilar que un niño o una niña pueda ser abusadx sexualmente; en su familia pudieron haber problemas, pero ese no.
    Hoy, ella será mayor -supongo-, quiso rescatarte pero no hablar, la gente no quiere hablar sobre el abuso: por miedo, vergüenza, por lo que pudo hacer y no, por tantas cosas cielo.

    Tratando de comprender: te imaginas en ese tiempo, cuando eras pequeña, qué información había? ella diciéndote 'lo que has pasado' ignoraba del daño.
    De ésto se sale sola o solo, me refiero a lxs que ya somos adultxs; hoy las niñas y los niños tienen la gran ayuda si la mamá denuncia, inmediatamente se lxs deriva a lxs terapeutas y pueden tener una vida feliz.

    Vas a poder, tienes esa fuerza necesaria para salir, algún día esos recuerdos se harán más espaciados, solo debes perdonarte vos, no has sido culpable en tu niñez, adolescencia...todos los abrazos inmensos y besos!

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  5. Némesis, lo que me estremece es que tu batalla interior, evidentemente reflejo de tu experiencia exterior, cruce líneas tan diversas y todas ellas violentas como las luchas de clases, el abuso social y sexual. Que cierres casi queriendo justificar algo que no tiene sentido justificar, me duele. El tema de estar completamente solo, incomunicado, me alarma en mí también. Y son especialmente frustrantes esos momentos donde crees haber encontrado el momento, por fin, de abrir, de dejar de estar solo con quien mucho te importa, y tener que volver a la distancia, a ver al otro que no te ha oído, no te ha visto. A veces hay que dejar a un lado los miedos de la soledad para dejar que lo que venga a ser, lo decida el viento.

    un abrazo muy grande

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  6. ¿Cómo no he visto antes esta entrada? Suelo entrar cada cierto tiempo por si hay novedades pero hasta hoy no la había visto. Bueno, más vale tarde ;)

    Me alegra ver que has decidido dar forma a este tema en una de tus entradas, sobre todo porque creo que está explicado de manera muy coherente. Eso que comentas, por ejemplo, de que cuando eras niña obedecías sin rechistar porque tenías una especie de "pauta de comportamiento" relacionada con la autoridad, y en cambio cuando creciste pasaste a chocar directamente con ella me parece muy natural en tu caso. Supongo que todos de pequeños somos más dóciles que en la adolescencia, así que cuando tu padre te trataba mal respondías como lo hacen la mayoría de niños: con miedo y sumisión. Todo eso, aguantar durante tantos años aquella situación, te llevó a una especie de "efecto boomerang" cuando volviste a casa de tu madrina, etapa que coincidió con tu adolescencia y que fue posterior a un año lleno de vejaciones. Imagino que tu respeto/temor a la autoridad dio un giro además de por la edad en que estabas, por el dolor que te había ocasionado hasta entonces verte ceñida a la autoridad (no solamente por tu familia biológicas, sino que también hablas del Tribunal de Menores que te obligaba a ir de una casa a otra y que te hacía sentir que no tenías una estabilidad a la que aferrarte, como si no pertenecieras a ningún sitio, como si fueras "apátrida" -en sentido simbólico, claro- lo cual supongo que también tuvo mucho que ver en tu adolescencia con el rechazo que manifestabas a la autoridad)se me ocurre, además, que este en cierto modo era un rechazo impostado.

    Es decir, que tú por un lado ansiabas libertad, sentirte dueña de tu propia vida pero por la otra, como es normal, no habías perdido el miedo -o el respeto, dependería del caso- a las figuras que tú identificabas como "pertenecientes a la autoridad". Y los padres, cuidadores, tutores... por generosos y comprensivos, por cariñosos que sean con nosotros, siempre lo son. A ciertas edades sobre todo, les podemos adorar y tener mucha confianza pero siempre los vemos por encima de nosotros, y precisamente por eso a veces nos rebelamos. Hace poco precisamente estaba pensando en ello y casualmente ahora tu entrada me lo ha hecho recordar. Tu rebeldía, imagino, era impuesta en cierta medida, como si se tratara de una especie de necesidad de sentir que decidías por ti misma, que eras dueña de ti misma, y por tanto que nadie podía volver a dañarte. Pero eras muy jovencita, muy niña aún, y antes de tomar las riendas de tu propia vida necesitabas curar las secuelas que te habían provocado los abusos. Pero al no ser ni tú misma consciente de ellas, obviamente no las podías sanar porque no comprendías qué te pasaba y lo relacionabas con la estupidez y la locura. Imagino que, muy por desgracia, eso debió de ser muy común en los niños abusados de tu generación, y más adelante.

    (sigue)

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  7. (2nda parte)

    Ahora todavía hay invisibilidad en relación al tema: hay mucha gente que piensa que esto de los abusos sexuales a menores sucede muchas menos veces de lo que se dice, que las estadísticas están exageradas, o que ocurre en ámbitos sociales marginales o por parte de desaprensivos, de desconocidos con malas pintas, de esos que ofrecen caramelos en los parques, contra los cuales el niño o niña debería estar más que prevenido. Y cuando se trata de abusos intrafamiliares los agresores tienen que ser hombres secos, vagos, alcohólicos, enfermos, antisociales... pero todavía cuesta reconocer que ese primo nuestro tan simpático, ese padre de familia aparentemente atento y educado, una persona en definitiva "normal" pueda ser un abusador sexual. Todavía hoy en día los vecinos te dicen aquello de "Pero si era muy buena persona, siempre saludaba y hablaba con todos...". A pesar de ello hemos avanzado bastante. Pero cuando pienso en los niños y niñas que ni siquiera tuvieron la oportunidad de reconocerse a sí mismos primero como víctimas y luego como supervivientes, los que se tuvieron que oír decir “chica, que rara eres, haces cosas muy extrañas” o “lo que no entiendo es por qué te dejabas, que pasa ¿Que no tenías boca para decir que no y pedir ayuda?”, etc... hoy en día tenemos las herramientas para responder a algunas de estas preguntas, no todas, pero hace quince, veinte, cuarenta, sesenta años... no existía información al respecto.

    Tal vez sí hubo cosas que se podrían haber hecho de otro modo, pero con los datos que tengo creo que esa carencia informativa, esa invisibilidad entorno a los ASI fue muy perjudicial para muchas familias. Al leer lo que dices sobre la soledad del guerrero me siento en parte identificada y pienso en que nadie está preparado para algo así. Entiéndeme, no quiero decir que no seamos capaces de resistirlo, de hecho hay montones de testimonios que demuestran lo contrario. Me refiero a que nadie nos ha preparado para afrontar el horror en toda su crudeza. Ni a nosotros ni a nuestros allegados. Nos encontramos con ello, cara a cara, y entonces es cuando pedimos ayuda para convertirnos en supervivientes, pero antes ni siquiera nos habíamos preocupado por ello. Vivimos con muchas barreras, con muchos velos delante de los ojos... y es en el momento que caen cuando nos sentimos devastados. Imagino que para los familiares, parejas y amigos de los afectados no debe de ser mucho mejor. Si cada uno de nosotros sale adelante de un modo distinto (negándolo, cupándonos, sintiendo rabia hacia nuestro agresor, mostrándonos agresivos, sumisos, entregándonos al sexo o por el contrario imponiéndonos una especie de abstinencia prolongada... o varias de estas cosas a la vez) imagino que para las personas que se encuentran con que un ser querido ha pasado por algo así no debe de ser mucho más fácil. Como decía, no están preparados porque nadie les ha explicado en la facultad ni en la calle cómo debían afrontarlo. Y también reaccionan de una manera u otra, como creen que deben hacerlo o como más les ayuda a asimilarlo.

    (sigue)

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  8. (3era parte)

    No soy quien para decirte que debes hacer esto o lo otro, no... es tu decisión. Tu también debes hacer lo que más te ayude a recuperar la calma, a superar este golpe. Me encantaría decirte que sea lo que sea, segura que harás lo correcto; pero sé que para ti no va a ser tan fácil. Hay muchos matices, muchas dudas, cosas que se han ido acumulando a lo largo del tiempo y que ahora salen...

    Me ha sorprendido leer que cuando a los 14 años volviste a casa de tu Madrina tenías la necesidad de que te siguieran tratando como a una niña. Que aún hoy añoras esa etapa feliz de tu infancia con ellos. No me ha chocado porque me parezca extraño, sino porque a mí me ocurre lo mismo a veces. En ocasiones pienso “¿Si me siento así ahora que soy jovencita, qué me ocurrirá cuando tenga 40 o 50 años? Tal vez me vuelva loca, quizás la melancolía me convertirá en una infeliz” y es algo que me duele, porque no me gustaría pasarme la vida viviendo de recuerdos, del pasado. A menudo me digo que debo calmarme, que lo que vendrá nadie sabe lo que es, y que si ocurre ya lo solucionaré en su momento. Que ahora debo esforzarme por superar las secuelas actuales. Supongo que es un razonamiento acertado... pero comprendo que eches de menos esa etapa de tu vida en la que, a pesar de todo, fuiste feliz rodeada de personas que te querían y que lo dieron todo por ti. Puede que sea eso lo que eches de menos, o quizás hasta ahora habías vivido “volando sola” pero consciente de que tu Madrina seguía estando “ahí”, que no estabais tan unidas como antes, hacía años que no os veíais, pero tampoco había nada que os distanciara explícitamente. No lo sé... es probable que me equivoque. Pero sea como sea tienes todo el derecho del mundo a luchar por ser tan feliz en la actualidad como te sentías aquellos días en casa de tus Padrinos. “La soledad del Guerrero” (o la Guerrera en este caso, ;)) se nos hace muy patente a veces pero otras se nos hace muy dulce darnos cuenta de que no estamos solos. De que hay alguien a nuestro lado que nos alivia ese sentimiento, que nos cura las heridas sin que nosotros se lo hayamos permitido, aunque opongamos resistencia... es como estar en dos puntos distintos, pasar de la lucha a la vida cotidiana. Del dolor a la paz. Recuperamos la calma y tememos volverla a perder. Pero aun cuando eso pase podremos levantarnos de nuevo, porque ahora sí tenemos herramientas. Y porque aunque a veces no nos baste con la compañía de quienes amamos, aunque sintamos que nadie nos puede comprender ni ayudar, sabemos que pronto sentiremos que nos equivocábamos y cumpliremos nuestros sueños. Llevamos tiempo luchando, tú llevas tiempo luchando y ahora sabes que no te rendirás. Aunque a veces dudes de ello, en el fondo eres consciente de que ni te volverás loca ni te sentirás sola durante mucho tiempo seguido. Y de que serás feliz cada vez en más ocasiones, durante más tiempo.

    Un abrazo y estoy aquí para lo que necesites, de verdad.

    Nu

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  9. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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    1. He borrado este comentario a petición del propio autor del mismo.
      Espero y deseo que reciba de mí un abrazo enorme.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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