LA CERRADURA DE LA TRAMPA



Culpa: 1 – Falta que se comete voluntariamente. 2 – Responsabilidad que recae sobre alguien por haber cometido un acto incorrecto.

Responsabilidad: …3 – Obligación de responder ante ciertos actos o errores.

Debía tener diez o doce años. Acompañé a mi madre una mañana a la casa de la señora donde ella limpiaba. Era una mujer muy agradable que me recordaba mucho a mis Padrinos. Su trato era amable y su casa tenía detalles decorativos similares a los de la casa donde guardo mis mejores recuerdos. Mi madre me ordenó quedarme sentada en una salita hasta que ella terminara. En la salita había un joyero, lo abrí. Dentro había un montón de anillos y pulseras con piedras de colores. La dueña me vio enredando con las alhajas y me dejó seguir jugando con ellas. Me acordé de mi Madrina, que en ocasiones me dejaba jugar con sus joyas. Recuerdo un anillo que llevaba engarzada una piedra que cambiaba de color con la temperatura. Mi Madrina me decía que indicaba nuestro estado de ánimo, siempre me lo dejaba cuando yo estaba enferma. La señora tenía un anillo igual.

Lo robé. Creo que me llevé algún anillo mas y no tengo ni idea de porqué lo hice. Yo sólo los cogí para jugar porque se parecían a los de mi Madrina. A mi madre casi le da un ataque cuando los encontró en mi habitación al día siguiente. Me hizo ir a la casa de la señora y pedirle perdón por el hurto. La dueña de las joyas fue muy condescendiente conmigo. Me aseguró no haber echado en falta los anillos y creo que ni se planteó la posibilidad de denunciarme. Supongo que el nivel de confianza que tenía con mi madre jugó a mi favor y la mujer consideró mi falta como una chiquillada. Me da cierta vergüenza hablar de estos hechos. Confesar un robo nunca es agradable pero creo que aprendí la lección, hice propósito de enmienda y no volví a hacerlo.

Hace poco me reprocharon que ese gesto demostraba que yo ya era una mala persona en aquella época. Que tomaba las cosas sin pedir permiso, que mi ambición nunca ha tenido límites. No sé si ya entonces yo era mala, pero desde luego, tras el revuelo que se organizó no me quedaron mas ganas de sustraer nada a nadie. El sentido de la propiedad me ha quedado muy claro desde entonces.

¿Culpa? Ya no. Si acaso responsabilidad. En este caso si me siento totalmente responsable de lo que hice. Me arrepentí y asumí esa culpa. Para mí, la responsabilidad es asumir la culpa de algo que has hecho mal voluntariamente. Primero eres culpable, y cuando te haces responsable de tus actos, asumes tu culpa, la tragas como una medicina de mal sabor. Cumples con tu castigo. Pero creo que es un peso que después llevas con cierta soltura. Como una cicatriz.

El problema viene cuando la culpa se queda atravesada en la garganta como la espina de un pescado, que por mas miga de pan que ingieres no consigues tragar la espina. Esa es la que hace daño. La que no consigo asumir, la que ruego a diario que me sea perdonada y no consigo perdonarme a mi misma. Tal vez porque aún no he conseguido separar mi propia responsabilidad de la de mi padre. En mi proceso empiezo a entender que durante los abusos no tenía capacidad ni física ni intelectual para evitar que me tocara, se masturbase sobre mí o me obligara a que le acariciase. Pero es difícil, muy difícil romper con ese sentimiento de culpa.

Ya he dicho que él empezó a “moldearme” para que yo accediera a sus perversiones desde muy pequeña. Con cinco o seis años, él ya probaba la “elasticidad” de mi vagina, Ya hacía tentativas de entrar después de deslizar el pene a lo largo de mis labios genitales. Tengo la sensación grabada en mi mente de sus dedos manipulando mi clítoris. A veces sentía dolor, sus uñas me arañaban y solo sentía incomodidad, pero consiguió manipular mi cuerpo con presteza mas veces de las que estoy dispuesta a reconocer. A veces creo que su habilidad ha sido fruto de años cometiendo sus perversidades, a base de ensayo y error hasta cometer sus indignos actos de manera que sus huellas desaparezcan y sólo queden nuestros propios recuerdos.

Hace poco en el foro de ayuda en el que estoy, una forera hablaba del placer como de la cerradura de una trampa. No puedo estar mas de acuerdo. Yo intento ver los abusos como un todo en el que caí como en una trampa mortal que él preparó con habilidad. Pero a veces recuerdo situaciones concretas que no me ponen nada fácil reconocer que aquello era culpa de mi padre. Porque a veces he sentido cosquillas en el estómago, a veces he notado sus manos juguetonas ahí, en mi sexo, dedos que adquirían habilidad para tocar hasta lubricarme y me he sentido flotar como mecida en el limbo. A veces el recuerdo no tiene espacio físico ni temporal, a veces no se dónde estaba ni la edad que tenía, a veces (que dios me perdone) a veces me gustaba. A veces tan solo existe el recuerdo sensorial de mi mente contando elefantes equilibristas en un circo imaginario para intentar desconectar mis sentidos de lo que ocurría y detener la cuenta porque ya no estoy allí, ni en el circo, ni siquiera en mi cuerpo. A veces él me ha trasportado, como sólo años mas tarde me han transportado algunos hombres y después mi marido. Es algo con lo que aún no consigo lidiar como debería porque me es absolutamente imposible separar el placer con algo prohibido, sucio, asqueroso, depravado, delictivo, condenatorio, pero que no puedo controlar.

No recuerdo cuando tuve mi primer orgasmo. Si sé que antes de los seis o siete años ya debía tener orgasmos habitualmente, porque si recuerdo lo que pensaba: Siempre lo he imaginado como tener una bola dentro, que va creciendo poco a poco a la altura del estómago, y en el momento del clímax, baja de golpe a la vagina, se ensancha y bombea. y recuerdo experimentar todo el proceso sabiendo perfectamente lo que ocurriría a continuación. Y aguardar a que ocurriera con una mezcla de miedo, asco, placer, descarga, y la sensación de que mi mente iba a estallar en mil pedazos. Incluso imaginaba mi cabeza explosionar lanzando trozos de carne, sesos y sangre por toda la habitación. Y esos orgasmos no siempre los provocaba él, a veces me encerraba sola en el baño. Son recuerdos muy perturbadores para mí. Me hacen sentir una vendida, alguien que no es capaz de controlar las reacciones de su propio cuerpo, y me siento traicionada.

Y esa sensación se incrementa cuando debo confesarme a mi misma ser yo la que lo permitía e incluso lo esperaba cuando era niña. Recuerdo la habitación de mis padres, con la tele sobre el aparador y la cama paralela al mueble pero bajo la ventana. Junto a la puerta siempre estaba una o dos banquetas de la cocina, creo que de asiento rojo, donde nos sentábamos el resto de la familia a ver la tele. Era entonces cuando mi padre me llamaba. Me hacía un hueco entre él y mi madre para ver los dibujos, y entonces mi hermana tomaba el relevo en la banqueta. Aún siento la respiración de mi padre detrás de mí, aún siento su mano tocándome el glúteo, y recuerdo perder el aliento por un momento. El tiempo se detenía cuando sentía en lo mas profundo de mi ser un dedo entrando en mi alma. Aún siento, como si ocurriera ahora mismo, helárseme la sonrisa, tensar mi cuerpo, sentir la adrenalina que produce el miedo y mirar de inmediato a mi hermana sentada en la banqueta. De mi madre no debo preocuparme, está delante de mí dándome la espalda, mirando el programa, sólo debo tener la precaución de no moverme para que ella no note movimientos extraños en la cama. Mi hermana está mirando la tele, parece que no se ha dado cuenta, pero no la pierdo de vista por si de repente me mira. Porque si lo hace se descubrirá todo. Y empiezo a contar elefantes…

Creo que no tenía mas de seis años. Pero ya entonces tenía la sensación de ser un hábito, un secreto entre él y yo, algo oculto y perturbador que nadie debía conocer porque a veces al final me gustaba lo que me hacía. Y si en esos momentos yo sentía placer, era la primera en ocultar los hechos, en no llamar a mi madre o a mi hermana, Porque si tras el primer impacto me agradaba es que no podía ser tan malo, y él no se lo contaría a nadie. Pero me sentía sucia, cómplice, como si estuviera cometiendo el peor de los delitos. Ni siquiera cuando le robé los anillos a la señora de la casa donde limpiaba mi madre llegué a sentirme tan mala persona.

En esos momentos, cuando me invade uno de esos recuerdos, es cuando lo paso realmente mal. Cuando desearía arrancarme la piel a tiras, cortar mi carne hasta hacerla jirones, gritar hasta morir. Aún me recorren escalofríos pensar en los momentos en que conseguía excitarme, porque la culpa se instala de inmediato delante de todos los argumentos que dicen que era una niña, que no podía evitarlo, que el cuerpo está preparado para sentir placer.

Yo odiaba que me tocara, me parecía repugnante escuchar su respiración jadeante en mi oído, no soportaba su olor, y esas manos grandes siempre con motitas de pintura entre las uñas. Ya entonces, sentir placer me enfurecía, me odiaba por ello y a veces me gritaba a mi misma ¡No, no debo sentirte así! ¡No quiero que siga tocándome! ¡No deseo que crezca la bola! Creo que fue entonces cuando nació mi monstruo, cuando le di forma, porque a pesar de no desearlo, a pesar de anhelar que por fin se llevara la mano a su pene para terminar por eyacular sobre mí y me dejase ir, una parte de mí esperaba, pasado el primer momento de pánico, que me tocase sin hacerme daño y bajara la bola. A veces deseaba la descarga que producía mi cuerpo, a pesar del miedo que me daba, a veces incluso la busqué. Y cuando recuerdo esa excitación no puedo evitar cerrar los ojos y sentir como una parte de mí se quiebra por haberme permitido sentirlo.

Recuerdo una pintada en la puerta de unos servicios que decía: “Si la violación es inevitable, relájate y disfruta”. La primera vez que lo leí, me dio un vuelco el corazón, y aunque en esos momentos no supe asociarlo, creo que mi subconsciente comprendió de inmediato que eso es lo que yo hice durante toda mi vida hasta bien entrada mi Hibernación. acudir al sonido de lo inevitable.

En el Año del Infierno recuerdo levantarme e ir a su cama. Escribir esta simple frase ha sido todo un acto de fe. Porque para mí es como declarar haber torturado a un niño y confesar que he sentido placer al hacerlo. Y creo que nadie es capaz de imaginar lo que uno siente cuando se confiesa a sí mismo sentir placer con el sufrimiento de un inocente y la enorme vergüenza que siente al admitirlo en público. Es como una losa que se arrastra en el alma de por vida. Y sólo pido a quien lea esto, que sea capaz de perdonarme por sentir ese placer cuando otra parte de mí me gritaba a todo pulmón que por dios parase. Algunos tal vez lo perdonaréis. Yo no puedo.

Porque aún no se porque lo buscaba. No sé si era para que me dejara volver con mis Padrinos, tal vez por que en esos momentos en que me acercaba a él se volvía cariñoso, simpático, tierno, o para que no me diera miedo. A veces creo que yo le buscaba como aquel que se entrega a lo irremediable para quitarlo de en medio cuanto antes. Como cuando tenemos que hacer una tarea que no nos gusta y tenemos dos opciones: o posponerla en el tiempo lo máximo posible o hacerla cuanto antes y terminar rápidamente. Y continúas con tu vida con la sensación de que al menos por un tiempo él no te molestará mas. Y me pesa, me pesa mucho, porque si es el miedo lo que se impone en los recuerdos generales de mi infancia ¿Por qué le buscaba?

Y no dejo de rememorar los argumentos que tantas veces he leído de aquellos que se justifican o justifican a los agresores: Que era débil, que no podía reprimirse, que estaba enfermo, que perdió la cabeza, que era inculto, que estaba borracho, que la niña es quien lo incitaba porque tenía orgasmos… La persona que me recordó la escena de los anillos también me ha dicho algo de esto, que yo era quien le buscaba, que muchas veces me iba de su lado para estar con él. Que lo manipulé para sacar un beneficio, para poder acusarle posteriormente de abusos y poder volver con mi Madrina. Y no puedo evitar que mi Monstruo me susurre al oído que ella tiene razón. Y me hunde.

Durante años me he considerado “mala” por esos hechos y esos recuerdos. Él me llamaba a su cama como el que pone el cebo en la jaula, y cuando me tocaba se cerraba la trampa, y no podía salir. Porque la cerradura de la trampa es el placer. Yo sentí placer, y eso me ató a su secreto por mucho tiempo. Porque una parte de mí creía que buscaba mi propio goce. No me he dado cuenta de esto hasta que hablando de ello con una forera del GAM me preguntó: ¿Acaso en casa de tu Madrina, el afecto por tus padrinos te llevaba a buscar el sexo? No. Definitivamente, no. Jamás recuerdo haberme acercado al padre o al hermano de mi Madrina buscando sexo, ni siquiera una simple caricia. De toda esta mierda lo único que si recuerdo cuando estaba en casa de mis Padrinos era la masturbación compulsiva. Pero recuerdo que no lo asociaba con sexo, o con abusos, simplemente sentía un fuego interior que necesitaba sacar como fuera y me desahogaba en el baño. Hasta que no tuve diecisiete o dieciocho años no me di cuenta que “eso” que hago desde siempre es masturbarse.

Me han explicado que en los casos de víctimas muy pequeñas se altera el sistema nervioso. Como el cuerpo en principio no está pensado para experimentar la tensión sexual a esas edades y el sistema nervioso aún no ha madurado, se produce una sobrecarga similar a la que puede tener un circuito eléctrico sometido a un exceso de tensión. Y como el abuso genera ansiedad en el niño, este termina por asociar ansiedad y tensión sexual, de manera que posteriormente cada vez que experimenta ansiedad, por la causa que sea, busca eliminarla mediante la tensión sexual-relajación posterior.

Pero sigo sin verlo en mí. Mi Monstruo me sigue susurrando al oído que eso son sólo excusas que pongo ante los demás. Soy sólo la imagen de niña buena que mucha gente cree ver cuando en realidad, si me conocieran, me lapidarían. Sigo sintiendo que eso no tiene nada que ver con mi historia personal. Sigo mirándome al espejo y viendo el reflejo de alguien que vendió su alma al mejor postor y que es una ninfómana que se desahoga a solas en numerosas ocasiones.

Pienso en otras historias de abusos, de víctimas que los sufrieron como yo pero se confiesan aterradas ante el sexo, sin haber experimentado jamás un orgasmo, víctimas que tan solo recuerdan su dolor. Y me pregunto porqué yo recuerdo además del miedo y el dolor, el placer. Y no me atrevo a buscar la respuesta. No me atrevo a contestar porque tal vez la respuesta me lleve a la jaula de por vida.



“Gran descanso es estar libre de culpa”
Marco tulio Cicerón. (106 a.C. – 43 a.C.) Jurista, político, filósofo, escritor y orador romano.

27 comentarios:

  1. Hola Némesis, soy Soulmirror, tan sólo quería decirte que me siento identificada en la mayoría de cosas que cuentas... Me quedo sin palabras... Un abrazo =)

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  2. Cada persona es diferente como es diferente cada abusador y eso hace que existan muchas formas de ver una historia. Lo que si es cierto es que a ninguna víctima se le pidió permiso para invadir su intimidad y marcar el resto de su vida. Es innegable que existen secuelas, por lo que existió la causa que las ha provocado. La culpa que sentimos por lo que hizo otra persona es nuestra injusta cadena perpetua. 31

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  3. Némesis hay algo que me da más miedo que mi propia historia y es leer la historia de los demás...
    Sí que disfrutábamos de ese placer,sí que nos masturbábamos compulsivamente y tal vez por eso el sentimiento de culpa es tan grande.
    Yo también acudía,por razones distintas pero acudía,y por eso tampoco tengo perdón.
    Y que ahora sienta gran adversión por el sexo,creo que una vez más es por esa culpa que nos persigue,que aunque quiera ya no me deja disfrutar,y me veta en mi vida adulta.
    Un beso
    Tara

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  4. Quizás algunxs no se atrevan admitirlo, otrxs no hayan sentido placer, cada niñx es distintx.
    No es lo mismo violación que abuso sexual infantil.

    Entre los indicadores que un niñx ha sufrido abuso es la masturbación compulsiva, juegos sexuales, comportamiento seductivo...
    Él te 'enseñò' desde pequeñita, es el único culpable, responsable, igual tu mamá por no haberlo denunciado, alejadx a sus hijxs del perverso.
    Robarte ese anillo no es ningún pecado, apuesto a que muchas personas sabían lo que sucedía tesoro, solo que callaron: por miedo, por vergüenza, por ignorancia.

    Abrazos.

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  5. Aquí me tienes de nuevo, soy la pesada de los comentarios largos. Pensaba tardar un poquito más a comentar tu entrada pero prefiero hacerlo ahora que la tengo fresca. Allá voy pues: he decidido responderte párrafo a párrafo (tranquila que no es el texto entero, simplemente me he limitado a seleccionar unos cuantos, así que no te voy a dejar ciega) por tanto haré una especie de corta-pega+comentario. Comienzo:

    “Y aguardar a que ocurriera con una mezcla de miedo, asco, placer, descarga, y la sensación de que mi mente iba a estallar en mil pedazos. Incluso imaginaba mi cabeza explosionar lanzando trozos de carne, sesos y sangre por toda la habitación. Y esos orgasmos no siempre los provocaba él, a veces me encerraba sola en el baño. Son recuerdos muy perturbadores para mí. Me hacen sentir una vendida, alguien que no es capaz de controlar las reacciones de su propio cuerpo, y me siento traicionada.” Este párrafo me ha parecido digno de comentar no sólo por su contundencia sino porque en él das algunas claves, aunque no estoy segura de si eres de la misma opinión. Cuentas aquí la imagen de tu cabeza estallando, como te imaginabas a ti misma explotando, descomponiéndote violentamente, tras experimentar placer sexual imagino que de los 5-6 hasta los 12 años. Él te hacía daño y te hace sentir culpable pensar que en esas ocasiones a veces experimentabas placer físico, que por tato no eras capaz de controlar las sensaciones de tu cuerpo (como si alguien pudiera controlarlas siempre por otra parte, aunque imagino que en tu caso sientes que te pasa más que al resto de personas) no es extraño que eso te ocurra: eras muy pequeña. Sí, ya lo sé, el argumento universal, y por otro lado tan cierto. Te entrenó desde muy niña, como se entrena a los niños para que se conviertan en soldados, por ejemplo: privándoles de la capacidad para desarrollarse como cualquier otra criatura de su edad, empujándoles a experiencias que van a alterar profundamente su percepción de lo que ocurre a su alrededor. Némesis, él no te preguntó con 2 años, ni con 5, ni con 6 si querías que abusara de ti. No te explicó en qué consistía violar a una criatura pequeña. Nadie te explicó que ibas a sentir esa culpa, esa suciedad, las ganas de gritar, de llorar, de morir, de arrancarte la piel… no. Te atrapó (te atraparon mejor dicho, en plural) dentro de su telaraña cuando por edad quizás te orinabas aún en la cama, Y una vez se había instalado en ti el sentimiento de estar sucia, una vez ya habías experimentado las primeras reacciones involuntarias de tu cuerpo, una vez tenías ya instalado el cacao mental dentro de tu mente, entonces fue cuando esperabas u llamada, cuando acudías o como tú dices lo “buscabas” ¿Por qué no ibas a ver a tu padre si pensabas que aquello que te hacía era tan culpa tuya como suya? ¿Por qué no, si las sensaciones de tu cuerpo te habían instalado ya el sentimiento de culpa y cómplice en tu fuero interno? ¿Por qué no si aún no teníasplena consciencia de lo que significaba un abuso sexual? (ni siquiera te habían explicado lo que eran las secuelas de los abusos) ¿Por qué no masturbarte compulsivamente si era lo que habías aprendido casi desde el parvulario?

    “Creo que no tenía mas de seis años. Pero ya entonces tenía la sensación de ser un hábito, un secreto entre él y yo, algo oculto y perturbador que nadie debía conocer porque a veces al final me gustaba lo que me hacía.” Aquí vuelves a dar muchas claves. De hecho creo que das las claves de todo.

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  6. (sigue)

    “En el Año del Infierno recuerdo levantarme e ir a su cama. Escribir esta simple frase ha sido todo un acto de fe. Porque para mí es como declarar haber torturado a un niño y confesar que he sentido placer al hacerlo. Y creo que nadie es capaz de imaginar lo que uno siente cuando se confiesa a sí mismo sentir placer con el sufrimiento de un inocente y la enorme vergüenza que siente al admitirlo en público. Es como una losa que se arrastra en el alma de por vida.” Si te soy sincera, me horroriza mucho más la primera frase del párrafo anterior que te he comentado. La metáfora que utilizas, la de la tortura me parece muy explícita y muy apropiada, pero con una diferencia… en tu caso el torturador era él, y tú la torturada. Una torturada que cuando venían a piconearla no gritaba, no pedía ayuda, no se retorcía para evitar que se lo hicieran, porque ya se había acostumbrado a las torturas. Porque se sentía parte responsable de ellas. Una niña/púber que minutos antes de las descargas eléctricas, de que le arrancaran las uñas, o incluso en ese preciso instante oía como su torturador le dedicaba palabras amables, y deseaba escucharlas porque no acostumbraba a recibir cariño en su casa biológica. Y si me lo permites, esta torturada no arrastra en su alma la losa de no haber gritado o de haber permitido su tortura –ya que no tenía manera ni psicológica ni jerárquicamente para evitarla- sino de creerse que la ha permitido.

    “Y sólo pido a quien lea esto, que sea capaz de perdonarme por sentir ese placer cuando otra parte de mí me gritaba a todo pulmón que por dios parase. Algunos tal vez lo perdonaréis. Yo no puedo.” Yo nunca te he perdonado ni te voy a perdonar, por la sencilla razón de que no tengo nada que perdonarte. Ni es a mí a quien tienes que pedir perdón. De hecho creo que no tienes que pedirle perdón a nadie, aunque comprendo los motivos que te llevan a disculparte. Sé que la culpa es traicionera, y precisamente por eso es mala consejera, casi tanto como la persona que te ha dicho esas lindezas. Pero, en caso de que verdaderamente tuviéramos algo que perdonarte, entonces perdóname también tú a mí. Tú y quienes te lean.

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  7. (sigue)

    “Como cuando tenemos que hacer una tarea que no nos gusta y tenemos dos opciones: o posponerla en el tiempo lo máximo posible o hacerla cuanto antes y terminar rápidamente. Y continúas con tu vida con la sensación de que al menos por un tiempo él no te molestará mas. Y me pesa, me pesa mucho, porque si es el miedo lo que se impone en los recuerdos generales de mi infancia ¿Por qué le buscaba?” Después de leer tu blog tengo algunas hipótesis, quizás acertadas o quizás no, a ti te toca decidirlo:

    A) Porque deseabas que tu padre te prestara unos instantes de cariño, complicidad, amabilidad… como lo hacían los padres de otras niñas que conocías, y de eso no eres culpable. Necesitabas que tu familia biológica te quisiera como lo hacía la adoptiva –tus Padrinos- y por ello a los 5-6 años confundiste la falsa amabilidad que te ofrecía tu padre cuando te llamaba a la cama a ver los dibujos con cariño paternal, y si pasó así fue porque a él le convino que lo confundieras. Como dices creó una trampa alrededor tuyo. Cuando fuiste creciendo, como ya habías sido manipulada y engañada, es posible que lo siguieras confundiendo. E incluso puede ser, no lo sé, que de niña llegaras a pensar que cuando tu padre te tocaba te estaba demostrando cariño, tal vez una pequeña parte de ti. En caso afirmativo te diré que no es algo que me extrañe. Nos has contado tu situación, sabemos que tu padre era un maltratador, que se mostraba frío y distante con vosotros en la mayoría de ocasiones. Si en esas circunstancias, cuando todavía no tenías una noción totalmente clara de lo que era un abuso sexual, llegaste a pensar que aquel acto que tanto asco te daba era la manera que utilizaba tu padre para demostrarte que te quería, no eras tú la enferma.

    B) Tras experimentar placer físico las primeras veces te sentiste culpable, por tanto consideraste que tú también participabas de ese acto, aunque no fuera así. Con el tiempo esa idea se grabó en tu cabeza y terminaste considerando los abusos algo doloroso y repugnante, pero inevitable y común. Recuerdo otra entrada en la que nos contaste ue un día yendo por la calle te topaste con un vecino que te enseñó sus partes y que tú al verlo sim`plemente pensaste que la de tu abusador era mayor. O que otra vez en el parque un pederasta hizo el miso gesto mientras te pedía una dirección y que tú se la diste sin inmutarse. Tu padre había conseguido que interiorizaras los abusos hasta ese punto. Si te pasaba eso con desconocidos, como no ibas a “buscarlo” a él (aunque en realidad me huelo que el que te buscaba era él a ti y tú te limitabas a constatar lo que habías aprendido: que no había escapatoria, que tenía que pasar sí o sí)

    C) Precisamente por eso, porque sabías que no tenías manera de negarte ni de escapar de él: tenemos muchos mecanismos de defensa, como bien sabes, tanto en lo que respecta a la mente como al cuerpo (que está conectado al cerebro) así que si vas a ser víctima de la misma vejación casi diariamente durante el tiempo que vivas en un sitio determinado, tu cabeza tiene por fuerza que encontrar una manera de aliviar el aprobio para que no te vuelvas loca.
    Aunque pienso que seguramente todo esto te lo habrás repetido a ti misma en alguna ocasión.

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  8. (sigue)

    “La persona que me recordó la escena de los anillos también me ha dicho algo de esto, que yo era quien le buscaba, que muchas veces me iba de su lado para estar con él. Que lo manipulé para sacar un beneficio, para poder acusarle posteriormente de abusos y poder volver con mi Madrina.” En ese caso te diré que eres la primera persona que conozco que, tras manipular a alguien durante varios años para conseguir su propio beneficio, sale de esa situación arrastrando secuelas que le van a durar décadas mientras el presunto “manipulado” no recibe ningún impacto psicológico. Muchas buenas personas, de niños, seguramente han cometido algún hurto (algunos le habrán –habremos- quitado un cromo a algún compañero, otros habrán robado en un Supermercado de pequeños, otros como tú se habrán llevado alguna joya u objeto de valor…) a los 10 o 12 años no es tan raro que los niños hagan algo así, lo mismo que estoy segura de que no eres la primera ni la última superviviente de abusos que comparte esos sentimientos de culpa, por desgracia.

    “Acaso en casa de tu Madrina, el afecto por tus padrinos te llevaba a buscar el sexo? No. Definitivamente, no. Jamás recuerdo haberme acercado al padre o al hermano de mi Madrina buscando sexo, ni siquiera una simple caricia. De toda esta mierda lo único que si recuerdo cuando estaba en casa de mis Padrinos era la masturbación compulsiva.” Pues eso. No lo buscabas porque era una situación diametralmente opuesta: en casa de tus Padrinos nadie te enseñó que para obtener su cariño primero debían tocarte o violarte. Al contrario, fueron afectuosos y generosos contigo por ser tú, nadie te trataba como un objeto sexual, por tanto tú no te sentías así. No era lo normal en el hogar de tus padrinos que sus miembros se abusaran sexualmente entre sí ni que se sometieran a vejaciones. En casa de tus padres, en cambio, sabías ya cuando te subías al tren para ir a pasar el verano con ellos lo que ocurriría, y que no podrías escapar, Obviamente tus reacciones serían totalmente distintas: en un hogar no tenías que sobrevivir, sino que vivías, en el otro estabas obligada a esperar permanentemente a que pasara la tormenta.

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  9. (sigue)

    “Pienso en otras historias de abusos, de víctimas que los sufrieron como yo pero se confiesan aterradas ante el sexo, sin haber experimentado jamás un orgasmo, víctimas que tan solo recuerdan su dolor. Y me pregunto porqué yo recuerdo además del miedo y el dolor, el placer. Pienso en otras historias de abusos, de víctimas que los sufrieron como yo pero se confiesan aterradas ante el sexo, sin haber experimentado jamás un orgasmo, víctimas que tan solo recuerdan su dolor. Y me pregunto porqué yo recuerdo además del miedo y el dolor, el placer.” Te tengo que confesar una cosa: después de empezar a leer tu blog, algunas veces, cuando me veía incapaz de dejarme tocar por un chico pensaba “¿Por qué algunas supervivientes como Némesis sí pudieron y yo no? ¿Soy más débil, más pánfila?” inmediatamente me sentía culpable porque pensaba en lo mal que lo habías pasado tú en tus años oscuros, y lo mal que lo debieron de pasar otros supervivientes que sí fueron capaces de darse al sexo como castigo o como vía de escape. Te pido disculpas, pero la realidad es que alguna vez no pude evitar preguntármelo, aunque luego zarandeara la cabeza. Quizás el problema es que nos ponemos a pensar en casos opuestos al nuestro, en lugar de fijarnos en todas aquellas personas que han vivido cosas tan parecidas a nosotros. Por otro lado, pienso que tal vez algunos de quienes sintieron placer tal vez no se atrevan a confesarlo, y es algo que comprendo perfectamente. Es como si eso nos rebajara, como si nos convirtiera automáticamente en cómplices. Sabes que no es así.

    “Pero sigo sin verlo en mí. Mi Monstruo me sigue susurrando al oído que eso son sólo excusas que pongo ante los demás. Soy sólo la imagen de niña buena que mucha gente cree ver cuando en realidad, si me conocieran, me lapidarían.” Creo que aquí tienes la prueba. Has confesado en tus entradas hechos y sentimientos muy íntimos, algunos de ellos te hacen sentir profundamente culpable y “mala”, has desnudado gran parte de tu alma, y dudo mucho que alguien haya sentido el deseo de lapidarte. Némesis es todo aquello que durante tantos años estuviste tapando y escondiendo bajo llave a toda costa, porque creías que su origen, en lugar de los abusos, eran la locura o la maldad. Aquí está Némesis, la conocemos todos y la queremos. No odiamos a esa niña, ni a culpamos ni mucho menos queremos maltratarla. Tal vez hayas recibido alguna piedra durante el tiempo que lleva abierto el blog, no lo sé, pero en tal caso estoy segura de que quien te la lanzó no sabía lo que se hacía. Esas piedras nunca llegarán a tocarte, porque con ellas estás construyendo tu propia muralla, la que separa el mundo de los abusos del que te has ido creando tú misma poco a poco desde que te fuiste de la casa de tu familia biológica.

    Un beso y mucha fuerza. Seguiré estando aquí para leerte. Como el comentario es muy largo seguramente te lo tendré que publicar por partes

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    1. Mi querida Nu, no sabes lo que aprecio tu capacidad de análisis. Ya te lo he dicho alguna vez, Ves las cosas con una gran claridad.

      Tengo que pedirte perdón, porque tus tres comentarios, me llegan al Blog, pero tengo activada la moderación de comentarios, y no porque no admita críticas en mi blog. Sino porque yo no lo abrí para crear polémicas ni para que se me tache en público de mentirosa o loca. Como dice alguien a quien aprecio, si en tu casa no acostumbras a cagarte en el salón, ¿por qué lo haces en el salón de mi casa? Y alguien se cagó en el salón de mi casa. Cuando alguien quiera reprocharme algo, en la columna de la derecha está mi correo, que lo utilice. Segunda puerta a la izquierda.

      Pues como te decía, Nu, cuando me llegan, no sé exactamente el orden de esos comentarios, y tal vez no los haya puesto en el orden correcto. Pero aún así se entiende bien todo su contenido, y me has hecho pensar. Pensar mucho.

      Muchas gracias por tu visita al Averno. Me has hecho llorar.

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  10. Me miro en tu espejo y te veo a ti, y me veo a mi, y te corroboro que aun por condiciones distintas, me pasa mucho de lo mismo. Quiero decir que siento una especie de comprensión interna muy fuerte con lo que dices, más bien con lo que sufres, y pienso que el hecho de compartirlo en cierto modo prueba que no eres marciana, ni diabla, que eres un ser humano, como lo soy yo, y que a los seres humanos nos pasan cosas comunes en situaciones diferentes pero muy parecidas en aspectos críticos. La verdad es que no sé qué hacer con las palabras, pero te doy un abrazo muy fuerte y sentido desde aquí

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  11. Muchas gracias,Némesis por poner en palabras algo que soy incapaz. Todavia no consigo recordar con detalle...casi ni he podido leer todo lo que has escrito de lo identificada que me he sentido con los sentimientod y sensaciones...ya que los hechos no los recuerdo con demasuada claridad.¿por qué nos sentimos asI si sabemos que no somos culpables¿Por qué no lo interiorizamos?

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  12. Ahora después de mucho tiempo, comienzo a vislumbrar en los escasos recuerdos que hay en mi, uno de los tantos secretos guardados y que acompañan a los abusos. Había una parte de mi que disfrutaba, que anhelaba el momento final.

    Son solo sensaciones, pero es algo que crece con fuerza dentro, la seguridad de que aquello me devolvía placer. Sí, en una edad inadecuada, con la persona inadecuada, pero... ¿cómo negar lo que tu cuerpo te dice, que tus hermanos además de satisfacerse, en alguna ocasión tú sentiste lo mismo?

    Descubrir el pasado en vanos recuerdos, llenos de verdad, imposibles de negar.

    Un abrazo de Encontrando el camino...

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  13. Quien te reprocho sr mala no tiene ni puta idea de lo que habla, nadie puede decirte que eras mala por tomar unos anillos porque todos de niños hemos tomado algo en algún momento...

    Tampoco te sientas culpable por sentir placer en los momentos en que ese ser asqueroso te tocaba, porque ciertamente el cuerpo está diseñado para sentir placer, y aunque no sabiamos que era lo que realmente pasaba y sentíamos en esos momentos, nuestro cuerpo llegaba a sentir el placer despues de ser muy bien manipulado por un hombre que si sabía lo que estaba pasando y lo que él estaba haciendo...

    Yo recuerdo haber llegado a sentir placer, y que era algo rico, pero mi inocencia y mi mente que no estaban preparado para ello me hacían sentir asquerosa, traicionera y no me gustaba sentir nada rico porque luego esa sensación me hacía sentir peor...

    Al contrario de esa niña de la que hablas que se metía en la cama de su agresor, mi niña nunca lo hizo, ni a su cama, ni a ningún otro lado, jamas busqué estar a solas con él, nunca quise estarlo, porque el simple hecho de pensarlo me producía un miedo terrible y un asco incontrolable... Pero no te juzgo por ello porque esa pequeña era una niña llena aún de mucha inocencia y obligada por un salvaje a cometer actos que no eran propios de su edad...

    Nadie te va a lapidar, simplemente porque no eres mala y tampoco lo mereces, quienes hemos vivido está triste realidad sabemos muy bien de lo que hablas y te entendemos mejor que otros...

    Todos no somos iguales, ni actuamos igual, menos aún reaccionamos del mismo modo... Yo disfruto del sexo a pesar de mi vivencia, y doy gracias por ello, porque también conozco a otras personas que lamentablemente no disfrutan del sexo...

    Seguirás siendo un ejemplo a seguir para mi, porque eres una mujer increiblemente fuerte, valiente y demás luchadora...

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  14. "Némesis... siempre necesito que pase un tiempo desde que leo lo que escribes para pensarlo y parar la rabia. Obviamente no hacia ti, sino hacia todo esto... hacia esos adultos malditos que han roto y siguen rompiendo a tantos niños...

    Normalmente no comento, casi todo lo que se puede decir te lo dices tú misma, lo sabes, pero tus emociones y tu monstruo no te dejan hacerlo tuyo de verdad.

    Es complicado. Supongo que sentir placer cuando tienes miedo y acabar mezclándolo es algo inevitable. Cuando te pinchan, cuando te das un golpe, cuando te quemas... puedes intentar si quieres que no te duela, pero te va a doler igual. Entendemos eso porque entendemos el dolor. Pero no entendemos que cuando tocan nuestro cuerpo, cuando tocan algunas partes de cierta forma, sentimos placer. Y no entendemos eso porque no entendemos el placer.

    Permitimos el dolor porque es algo que "merecemos" (siento la entrada en plural, pero no sería honesto dirigir esto solo a ti ya que lo comparto) o eso pensamos. Como soy mala, merezco el dolor. Como soy mala no merezco el placer. Soy mala porque estoy sucia. Soy mala porque, siendo una niña, en ocasiones buscaba a mi (padre, abuelo, hermano... ...) para que me tocase, para que me acariciase, para que me mostrase cariño. Y, ¿de qué manera podía conseguir eso? El sexo funciona, es lo que me ha enseñado... y no ha sido del todo desagradable, al menos no todo el tiempo. SOY MALA PORQUE SIENTO.

    Ves el error? Cuando buscas a la persona que abusó de ti, cuando yo lo hacía (maldita sea lo que cuesta escribir esto) es posible que incluso en alguna ocasión fuese deseado... y bien, en lugar de parar ahí, preguntémonos porqué.

    Somos niños, estamos bastante solos. A nuestro alrededor no parecen comprender qué nos pasa, ni siquiera nosotros sabemos muy bien qué nos pasa. ¿Por qué estoy triste? ¿Por qué me siento distinta a las otras niñas? ¿Por qué yo?

    Siendo adultas es muy fácil juzgar eso. Decir "que idiota era, lo buscaba cuando sabía que eso no estaba bien, lo buscaba y por eso es mi culpa". Si, vale, por un momento vamos a aceptar eso, solo por un momento. Pero ahora pongámonos en la mente de la niña, no de la listilla adulta.

    ¿Sabía que no estaba bien?... sabía que era un secreto. Sabía que los demás no podían saberlo. Los secretos no son malos perse.

    Entonces, porqué iba a saber que estaba mal? desde pequeñitas, desde antes que pudiésemos pensar por nuestra cuenta qué era "bien y mal" ya pasaba. ¿Por qué asumimos que sabíamos que estaba mal?
    (sigue)

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  15. "Lo buscaba y por eso es mi culpa." ¿Seguro? Lo primero es lo de siempre, los niños NUNCA NUNCA NUNCA tienen la culpa. Pero eso son palabras que se quedan vacías. Piénsalo un poco más. ¿Es necesario pensar en la culpa? Una niña completamente sola, ¿no necesita que la abracen? ¿no sabes que los niños necesitan contacto físico? ¿no ves como los niños acarician a sus papas, besan a sus mamas, abrazan a sus hermanos? ¿Cómo te enseñaron a ti que había que darle cariño a tu padre? Lo buscabas tú explícitamente? ¿Crees que eras capaz de saber que eso estaba mal y que lo que a tu padre le daba placer y a ti algunas veces estaba mal porque solo eras una niña? Créeme, Némesis, por muy listísimos que sean los niños, saben lo que les enseñan. Y en tu mundo eso es lo que te enseñaron. Qué buscabas en realidad? ¿Sexo como lo entiendes ahora de adulta? o quizás contacto físico, o quizás algo que sabías que te haría sentir un poco de cariño? o, porqué no, un poco de placer? acaso no pedías chuches aunque te doliese la tripa? acaso no te has dado alguna vez un atracón de golosinas? Siendo una niña que no tenía muy claros cuales son los límites, ¿puedes culparte o, más aun, puedes ser responsable? Yo diría que no... pero algunas veces también me pasa que me enfado y me culpo...

    Eras una puta por buscar a tu padre? Lo era yo por meterme en la cama de mi abuelo? Pues quizás si... pero quizás no. Quizás es lo que sabíamos hacer, quizás era una forma de controlar la situación, quizás era algo que te enseñaron a hacer y que ahora querías manejar tú, porque el control siempre para un poco el miedo, aunque solo sea un poco pequeño... y el control para los niños es repetir hasta aprender.

    La masturbación compulsiva es una forma de liberar tensión. Cuando tenemos miedo, cuando estamos ansiosas... las personas fumadoras saben que fumar les relaja. De alguna forma nosotros aprendimos, de bien pequeñitas, que al tocar una parte de tu cuerpo el miedo se hacía gigante pero después se relajaba. Y si no lo aprendiste por ti lo aprendiste por observación... es una forma como otra cualquiera de parar las emociones, ya que nadie nos enseñó a hacerlo de forma sana.

    Némesis, esta entrada ha despertado algo en mi. Bueno, muchísimo, pero algo concreto. Yo siempre he pensado que mi historia la he creado yo, que he sido yo la que me he hecho todo esto. He tenido épocas en las que el sexo era como comer, algo que había que hacer y ya está. He tenido épocas en las que me daba asco, en las que no soportaba que nadie me tocase y si no estaba lo suficientemente colocada no podía hacerlo... he sentido placer y lo he odiado. Me he masturbado para dejar de estar enfadada, triste, rabiosa, sola... por mil motivos. Y he aprendido algo. He aprendido que el problema no está en los abusos que sufrí en mi infancia. Que el problema no está en la rabia o en las secuelas. He aprendido que la que abusa de mi ahora SOY YO. Y aceptar eso y decirlo en voz alta es como un gran salto de fe.
    (sigue)

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  16. Es posible que yo lo buscase, y que eso fuese mi culpa. Algunas veces creo que simplemente yo soy mala, una persona mala que no siente las cosas como los demás y que solo puede crear caos, dolor y destrucción a las personas que me rodean y siempre la culpa es mía. Algunas veces he pensado que todo esto me lo merezco y que lo único que puedo hacer es intentar no dañar a mucha gente e intentar que no me dañen del todo a mi y conformarme con eso... pero, sabes que? Cuando te leo, veo que compartimos muchas cosas. Otras no. Veo que nuestras historias tienen cosas parecidas, y otras no. Entonces pienso "quizás las cosas que compartimos se deban a que, cuando fuimos niñas, alguien sobrepasó los límites y no supimos solucionarlo a tiempo".

    Entonces algo en mi interior se tranquiliza. Veo que tú a veces te odias tanto como a veces me odio yo. Que tú a veces te culpas tanto como a veces me culpo yo... y pienso "yo la culparía a ella? yo culparía a Némesis, la niña que no supo cuidarse y que no pudo ser cuidada?" La respuesta para mi es obviamente no. Entonces, ¿por qué esa doble moral? ¿A qué viene que entendamos todo lo de los demás y no lo nuestro? ¿A qué viene que, habiendo sido abusadas de niñas, habiendo tenido una infancia de mierda (en algunos momentos), no habiendo podido aprender los límites entre la culpa y la responsabilidad, entre el amor y el cariño, entre el sexo y el amor, entre esas emociones que sentíamos mezcladas todas juntas con miedo y placer... a qué viene que abusemos nosotras mismas ahora?...

    Hay una conclusión de todo esto. Ahora, después de todo estas palabritas que te he escrito, siento que no, que claramente nunca jamaś ningún niño tiene la culpa de nada. Y mucho menos si fue así como le enseñaron los adultos. Pero lo que si creo que dice de verdad mi cabeza es que ahora si que tengo la culpa. Ahora es mi culpa abusar de mi, maltratarme, dudar de mi y de mi niña pequeñita... eso si es mi culpa. Eso es lo que hay que trabajar.

    Las personas a tu alrededor, sobre todo las que compartieron tu infancia, sea de la forma que sea, no van a entenderlo. Algunos por el dolor que les causa no haber sabido ayudarte. Otros por el poder de la negación ("nunca subestimes el poder de la negación" American Beauty). A mi también me han hecho dudar. A mi también me han hecho daño removiendo mi cabeza y agrandando mi culpa. A mi también me han dicho "no es para tanto" o "es mi abuelo y tienes que entender que lo quiero tanto como a ti"... Pero esas personas que dicen eso no saben nada. No tienen ni idea porque veían tu yo de mentira. Porque tú solo dejabas que viesen la niña que ellos querían ver. Porque el secreto había que mantenerlo, costase lo que costase. Y ellos nunca entenderán que cuando veíais la tele todos juntos debajo de las mantas pasaban cosas. Nunca lo entenderán porque no pueden ni pensar en que eso pasase delante de sus narices sin darse cuenta. Lamentablemente en el caso de los ASI en la familia es muy típico. La imagen de debajo de la manta (yo tengo la mía propia) con todos los demás viendo la tele... no dejes que te confundan. Selecciona qué información necesitas y cual no es más que mecanismos para defenderse ellos de tu historia. Selecciona qué personas dejas que lleguen a tus emociones y a tu historia real y cuales solo las necesitas para conseguir toda la información.

    Eres muy valiente permitiendo que entren en tu mundo. Yo aún no soy capaz de pedir explicaciones a mi entorno porque tengo miedo que me destruyan de nuevo...

    Muchas gracias por tu sinceridad... espero no haber sido muy dura con todo esto que he escrito, pero esta vez no podía evitar comentarlo, me pareció lo más honesto.

    Un abrazo gigantesco preciosa Némesis.

    Sinclair "

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  17. He contado a varias personas los abusos y violaciones que viví hace algunos años atrás, pero jamás he tenido la valentía de contarles en lo que me convertí, pero no soy capaz de reconocer que varias veces sentí placer, mi cuerpo sentía sensaciones que no podía explicar, eran nuevas para una niña y de la mano del placer cada vez que terminaba corria a encerrarme, sentía vergüenza, rabia y arrancaba a llorar cada vez que acababa la función con mi agresor. No bastaba con que tenia varios abusadores en casa, ahora yo laceraba también mi cuerpo con masturbaciones excesivas que hasta ahora entiendo lo que son, mi pequeña niña ideo una maneja de sentir placer y con dolor debo admitir que aun lo hago en determinados momentos, y lloro y quiero matarme, y me alejo de todos porque siento la culpa de lo que paso, siento que todo lo provoque y lo que me paso es justo porque soy una puta, que aun cuando le hacían daño llegaba a sentir cierto agrado. Al aceptar esto en tu blog, me voy destrozada, siento que hoy mi moustro soy yo, y que jamás podre deshacerme de el

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    1. Amanecer no sé si ya lo has hecho pero creo que te puede ir bien leer la respuesta de Sinclair a esta misma entrada, y del anónimo que comentó justo antes que ella. Mucha suerte!

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    2. Gracias Nu, lo acabo de leer. Buen día.

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  18. Nemesis
    Que difícil es reconocer que el abuso sexual que siempre consideramos una agresión, también nos ha producido "placer". Creo que reconocer esta situación fue muy difícil para mi por la contradicción que produce "no será que permiti el abuso porque me gustaba"
    Aunque para mi fue muy difícil plantearlo en terapia lo pude hacer un día y mi psiquiatra me explicaba que los niños se erotizan al ser estimulado, y es deber de los adultos cuidar a los niños, y de está situación se aprovechan los abuscadores para hacernos sentir que nosotras los seguimos, pero es sólo parte de su perversidad y una forma mas que usan para protegerse a ellos mismos.
    Te quiero mucho, aunque no comento mucho siempre te leo, María Victoria

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  19. Querida Nemesis.

    Soy Victoria,Maria Victoria de Santiago de Chile, como te he comentado alguna vez tu blog y los que escriben en tu blog han sido compañeros de un camino que yo creía que recorria sola y con ustedes me doy cuenta que somos muchas las que caminamos por un camino muy parecido

    Mi primera aproximación a la experiencia de otra persona en relación al abuso sexual infantil lo hice a través de un libro de Vinka Jackson, sicologa chilena que fue victima de abuso por parte de su padre,que cuenta su experiencia,en la librería me costó tomarlo de la estanteria, no sabia que iba a encontrar en él pero también tenia la necesidad de saber que sentia otra persona que ha sido abusada, pero yo aún no podia verbalizar bien mi experiencia menos delante de otros. Compré el libro y luego me costó mucho poder abrirlo para leerlo, pero cuando lo hice me lo leí completo,estuve despierta toda la noche, lloré casi toda esa noche también.
    Te adjunto la dirección del Blog de Vinka, para compartir contigo a la primera persona que me hizo ver a través de sus palabras que muchas de las cosas que me pasaban a mi también le pasaban a otras sobrevivientes
    http://vinkajackson.wordpress.com

    :) Probando si el link me lleva a la dirección me he dado cuenta que hay una nemesis que responde a la última entrada de Vinka, por lo que dice el comentario estoy casi segura que eres tu. He decidido sin embargo no borrar mi comentario por que me recuerda que somos parte de esta tribu de sobrevivientes y nos encontramos de diferentes maneras en la busquedad de la reconsrucción de nosotras mismas.

    decide tu si publicas o no este comentario.

    Cariños desde Santiago de Chile, María Victoria.

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    1. Gracias María Victoria.
      Si, conozco el blog, aunque aún no he tenido la oportunidad de leer el libro. Está entre mis tareas pendientes :)
      Es un placer contar con tu opinión siempre. Y por supuesto, aquí queda reflejada.
      Un saludo desde el Averno.

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  20. Dios te acompañe en tu proceso de sanación, a veces me pregunto qué tan sano es poner la película de nuestra vida y sentarnos a verla una y otra vez, cuando sólo vemos lo malo? estoy trabajando sobre poner mi película pero de sólo lo bueno, lo pasado ya pasó, sé que se grabó en nuestra mente y en nuestro corazón, pero ya pasó, qué sentido tiene revivirlo? porqué no vivimos el presente, aún y cuando algunas cosas o actos revivan en nosotros recuerdos desagradables. No eres culpable de nada, absolutamente nada, espero algún día lo llegues a comprender y asmilar. Saludos,

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    1. Te equivocas Anonimo.

      Precisamente la película de mi vida la he revivido una y otra vez sin ningún control, sobre todo lo malo. Al escribirla aquí, por fin la estoy archivando en mi mente para que deje de hacerme daño. Ya soy capaz de hablar de mi vecino el abusador sin temblar de miedo por el recuerdo y no sentirme culpable por meterme en la cama de mi padre cuando me llamaba con 6 años. Ahora, gracias a sacarlo a la luz, lo comprendo y lo asimilo.

      Nuestra mente nos devuelve los recuerdos hasta que los procesamos correctamente, como cuando de niño te rompes un brazo. De adulto muestras la cicatriz orgulloso de la herida. Yo cada vez revivo menos cosas y muestro orgullosa mi cicatriz, porque demuestro que de esto se puede salir. Con cicatrices, pero se sale.

      Gracias por pasar por el Averno.

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  21. Discúlpame si te molestó mi comentario, no era la intención, yo no viví el abuso directamente pero fui uno de los efectos colaterales al romperse la familia, y me ha costado muchísimo asimilarlo, y he revivido en mi mente una y otra vez muchas anécdotas vividas cerca del agresor, preguntándome, porqué no nos dimos cuenta? porqué a nosotras no nos hizo daño? porqué? porqué? y hay días en los que me hundo en un profundo dolor, sin encontrar respuestas a nada, y días en los que pienso "hoy no voy a permitir que ésos recuerdos me afecten, no voy a permitir que ésa persona tenga control sobre mis emociones, no voy a permitir que a larga distancia me siga haciendo daño, NO VOY A PERMITIR QUE OPAQUE TODO LO BUENO DE MI VIDA". Creo que todos reaccionamos de manera distinta, y como te comento aqui, te pido una disculpa si te molestó mi comentario. Saludos desde México,

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    Respuestas
    1. Noooooo, Para nada.

      No me ha molestado, al contrario, tu comentario me refuerza la necesidad de hablar.

      Hablar para explicar cómo nos afectó el abuso a los que lo sufrimos, para que podáis entender mejor nuestras reacciones y nos podáis ayudar mejor. Porque muchas veces vuestra buena intención se ve truncada por no saber qué hacer o qué decir.

      Creo que los abusos no sólo afectan a la víctima. La persona que abusa de un niño destroza a toda una familia. Su onda expansiva es devastadora, y tu eres un ejemplo de ello. Espero y deseo firmemente que tu también puedas recuperarte de ese dolor, pues sin duda ver sufrir a un ser querido genera una impotencia que nos marca mucho. Y si el agresor es tambien alguien querido, el dolor es mayor. Tu corazón se divide entre tu cariño y su castigo.

      Como bien dices, todos reaccionamos de manera distinta, pero todos tenemos algo en común: tenemos un dolor que superar. Y al menos en mi caso, y creo que en el de las víctimas en general, mi mejor terapia es hablar.

      Un saludo desde España.

      Eliminar

Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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