SIN ACUSE DE RECIBO



En mi primera consulta con el psicólogo me puso deberes. Me mandó escribir una carta a mi padre. Es cierto que la Oración al Diablo está dedicada íntegramente a él, pero es una paráfrasis “poética” jugando con las palabras y la literatura. Y además fue escrita hace tiempo, antes de abrir el Averno, antes de ser más valiente y decir que he sido una víctima de abusos, aunque después la retocase para el blog. Supongo que él esperaba de mí que expresase claramente lo que diría si tuviese la oportunidad y el valor de enfrentarme a mi padre ahora, con mi visión actual de las cosas, desde esta nueva perspectiva.

Y este ha sido el resultado:

Papá:

Debería empezar como todas las cartas con un “querido” papá, o “estimado” papá, pero no puedo empezar esta epístola mintiendo. Y no porque tenga claro que no te quiera o no te estime, sino porque, sinceramente, no sé lo que siento.

Me siento ante el ordenador y miro la hoja virtual que se presenta ante mí, y solo veo el vacío. Quiero hablar contigo, como si te tuviese delante, así me lo recomendaron, y no se me ocurre nada, absolutamente nada. Solo un abismo inmenso, blanco, como un valle nevado, virgen, y no tengo mas remedio que acudir a la memoria para sacar algo de dentro de mi cabeza, y te recuerdo.

Te recuerdo serio, dominador, sentado en el sofá cuando la tele estaba en el salón, o en la cama tumbado cuando trasladabas el aparto a tu habitación. Te recuerdo leyendo la prensa como si no hubiese nadie contigo. Te recuerdo comiendo solo, sentado en el borde de la cama mientras mirabas la tele. La verdad es que siempre estabas solo, nunca te vi reunido con todos, en familia, o de tierna conversación con mamá. Nunca sonreías. Ahora que lo pienso, nunca sonreías cuando estabas en casa, te quedabas sentado o tumbado con la frialdad de un témpano de hielo, distante, leyendo las novelas de Marcial Lafuente Estefanía como si vivieras solo, como si no existiéramos. Salvo cuando me llamabas a tu cama, entonces te transformabas, me hacías un sitio con mamá al otro lado, y me empezabas a hablar de manera amable. Me contabas cosas divertidas y me hacías cosquillas. Recuerdo que siempre admirabas mi piel tersa y suave… ¡¡Dios!! No imaginas lo que me duele ese recuerdo en concreto, porque hasta ahora no me he dado cuenta de lo que en realidad pretendías. Porque siempre me decías “Mira, tócame, yo también tengo la piel suave, eso lo has heredado de mi” y yo, como una idiota te acariciaba los hombros… y después se acababan las risas…

De niña creo que te amaba. Me avergüenza confesarlo, pero es probable que te amase o que amase los poquísimos buenos momentos que, a base de esfuerzo, he conseguido rescatar de mi memoria. Amaba los largos paseos por la montaña, reírme contigo viendo los dibujos de la tele, tus chistes malos. Odio reconocerlo, pero amaba esos instantes, y me sentía agradecida. Porque me diste la vida, porque me diste un nombre y un pasado. De muy pequeña creo que llegué a apreciarte, porque incluso tengo el espantoso recuerdo de oírte llamarme a tu cama, para ver la tele mas calentita y sentirme privilegiada, especial.

Lo cierto es que de esa primera época no recuerdo mucho, tengo imágenes sueltas, momentos borrosos, pero no mucho mas, y ahora pienso en ello y se me eriza la piel pensar en tu trampa. Me has engañado. Te burlaste impunemente de mí solo para satisfacerte. Porque supongo que eso es lo que buscabas, tu disfrute. Al menos eso es lo que estoy aprendiendo ahora, que eso que me hacías se llama abusos sexuales infantiles y que traen consecuencias. Ni siquiera cuando te recordaba sobre mí asociaba esos recuerdos con abusos o con una violación, siempre pensé que una violación era cuando un hombre forzaba con violencia a una mujer adulta, no a una niña. Jamás le puse nombre a lo que hacías hasta ahora. Y no tenía ni idea de qué eran las secuelas, no sabía nada, creía que no tenía nada. Y he necesitado más de 40 años para ver la realidad, ¡¡40 años!! ¿te das cuenta de lo que has hecho? ¿Fuiste alguna vez consciente de que le destrozaste la vida a tu hija? ¡¡¡A TU PROPIA HIJA!!!

No, creo no eras consciente de lo que hiciste. Creo sinceramente que jamás has sido consciente del daño que nos dejaste a todos, tal vez porque tu también estabas roto. No lo sé, y la verdad, no quiero saberlo, no me importa. Mira, eso también lo heredé de ti, como la piel suave, a mí tampoco me importan tus sentimientos, nunca me importaron. Bastante he tenido durante toda mi vida con aplacar los míos, e intentar caminar por la vida con todas las carencias y consecuencias que me dejaste. Y la lista es larga, muy larga. Es tan extensa que he necesitado que alguien la escribiera completa para poder ir tachando lo que a mi me afectaba y terminé por señalar lo que NO me afectaba para ser mas breve.

¿quieres que te la lea? Es larga, ya te lo he dicho, pero puedo hacerte un resumen si quieres: Puedo empezar por la culpa, que a mis 45 años aún no sé marcar la línea que dicen que hay sobre lo que es responsabilidad mía y responsabilidad tuya. O puedo hablar de la vergüenza, la que sentía cada vez que me tocabas y la que me provocaba pensar que nos pudiese sorprender mamá o mis hermanos, y que he arrastrado el resto de mi existencia. La autoestima, que término tan extraño, ¿verdad? A mí también me parecía algo extraño hasta que leí de que se trataba, y me quedé sorprendida, porque me veo a mi misma como un despojo humano, que no vale nada, que no sabe nada, que no sirve para nada. Yo jamás me miro en los espejos, no me hago fotos, y no me preocupo de mi imagen, teniendo en cuenta que mi Madrina ha vivido su vida dentro del mundo de la alta costura. El exceso de alcohol y drogas también dicen que es producto de tus abusos, que lo hago porque me odio y me castigo, que no me cuido. Como los intentos de suicidio, y aunque sé que tu, esos intentos, los hubieras achacado a las drogas, me pregunto como justificarías los pensamientos suicidas que ya tenía de niña. Por cierto, ¿te contó mamá alguna vez que quise tirarme en la autopista delante de un camión? Tenía 13 años, y aún no me drogaba.

Pero tienes razón, eso son sólo habladurías, cosas que he leído acerca de eso de los abusos, y es posible que ahora me dedique a echarte la culpa de todos mis males. Es posible que esa gente que ha escrito esas cosas sean unos inútiles que no saben qué es trabajar duro y se dedican a aconsejar a los demás porque no saben hacer otra cosa.

Te contaré lo que yo siempre percibí como “mío”, lo que he sentido como parte de mí: Siempre he tenido la sensación de estar rota, de faltarme piezas, de ser un producto mal acabado, de estar incompleta. Siempre he pensado que yo no era normal, que estaba loca.

En ocasiones imagino que no eres mi padre. A veces pienso que en realidad yo sufrí tus abusos, pero no eres mi padre sino alguien muy cercano de la familia pero sin consanguineidad conmigo. Incluso alguna vez he fantaseado con la posibilidad de ser la hija secreta de mi Madrina, y que por alguna increíble circunstancia había acabado con tu familia.

Porque nunca me he sentido tan unida a ti, a mi madre y a mis hermanos, como me sentía con mis Padrinos. Es duro decirlo. Me he negado a reconocerlo durante años, porque no está bien. No debe ser así. Uno siempre debe querer a su familia por mas que sea una familia rota, desestructurada, podrida. Todo el mundo tiene un modelo a seguir, una figura que imitar, y lo lógico es que al principio al menos, esa figura sean sus padres aunque después surjan otros modelos que nos indiquen el camino, aunque tengas diferencias de criterio con tus progenitores, siempre se mantiene cierto respeto por nuestros ancestros. Es lo políticamente correcto. Y yo jamás he sentido eso. Jamás he deseado parecerme a vosotros, ni siquiera en tu forma de actuar como hombre humilde y honrado en el trabajo que siempre mostraste a los demás. Tal vez porque yo conocía tu verdadero rostro, yo sí conocía tu autentica forma de ser, manipulador, dominador, ogro.

Pero ¿Sabes? Ya no me importa lo políticamente correcto. Ya no me importa decir a cualquiera que me oiga que yo no siento nada por mi familia biológica. De hecho si sale la conversación digo tranquilamente que yo no tengo padre, madre ni hermanos. Que viven, pero ya no son mi familia. Mi familia vive a centenares de Kilómetros de mi localidad, y son el equivalente a mis hermanos mayores o mis padres.

Y esos no son los pensamientos de una persona normal. Cada vez que lo digo la gente me mira con cara de circunstancias, y a alguno se le ha escapado algún gesto, mezcla de horror y sorpresa, para después mirarme y regalarme algún comentario de tipo condescendiente, como si realmente solo dijera bobadas.

Y eso no me lo ha enseñado ningún terapeuta. Lo he percibido yo sola con el frio que sentía junto a ti cuando no estabas tocándome, en los momentos en que no me “veías”. Recuerdo con claridad estar sentada a tu lado, mientras veías la tele, y desear con toda mi alma que mi madre me llamase a la cocina, o que tuviese alguna excusa para desaparecer en mi habitación, porque estaba aterrada. Supongo que sería en los momentos en que estabas mas enfadado o mas tenso, no lo sé, solo recuerdo el miedo a mover un solo musculo de mi cuerpo, por si te dabas cuenta de que yo estaba ahí. Como si el hecho de no moverse fuera un método infalible de hacerse invisible, teniendo en cuenta que estaba siempre sentada a tu izquierda en el sofá, intimidada. Ese fue el sentimiento que tuve la mayor parte de mi infancia, el miedo.

Y eso no me lo ha enseñado ningún terapeuta, lo he sentido en la piel cada vez que me golpeabas, cada vez que me abrías la carne con el cuero, cada vez que me atabas, cada vez que me metías cosas.

debería haberte odiado. Me avergüenza confesarlo, pero debería haberlo hecho. Debería haber odiado que me usases como un objeto para tu desahogo sin tener en consideración mis sentimientos, que me utilizases de saco de boxeo cuando te sentías frustrado. No me gusta confesarlo, pero odio no haberte odiado. Porque te aprovechaste de mi inocencia y mi inexperiencia para manipularme como a una marioneta de hilos tejidos con dolor.

Y eso no me lo ha enseñado ningún terapeuta. lo he llorado en soledad con tu falta de atención hacia mí salvo para ser tu concubina y para decidir si al final de las vacaciones me quedaría en tu casa o me dejarías volver con mis Padrinos, lo he llorado con tu desprecio por los juegos infantiles que jamás compartí contigo, para después tratarme con la amabilidad interesada del que ofrece su sonrisa a cambio de un favor. Un favor sexual. Y eso no me lo ha enseñado ningún terapeuta.

Todos esos sentimientos de estar loca, de desear evadirme de mi realidad o de morirme, de no aceptar mi propia vida, de vivir con miedo, de sentirme completamente inútil, vacía, sola no me lo ha enseñado nadie, no lo he leído en ningún reportaje, ni siquiera me lo ha inducido mi Madrina. Lo he sentido yo, desde dentro, en mi alma, en mi carne, en mi piel.

Y encima te justificabas. Cuando ya tenía edad suficiente y lo de ver juntos los dibujos en la cama ya no valía, me llamabas con la excusa de enseñarme. Me empezaste a hablar de pollas y coños, que pronto me empezaría a salir vello como a ti, y yo no sé qué mas cosas me decías que no entendía, no asimilaba. Recuerdo oírte y pensar ¿Me va a tocar ahí abajo otra vez? Yo no te escuchaba, solo estaba pendiente de tus manos, y esperaba, esperaba a que me manoseases. Y me mostraste tu pene diciéndome que me lo meterías para que aprendiera cómo se hacen los niños, me dijiste que con el tiempo ya no me lastimaría, que por eso me “estrenabas” tú, para que de mayor no me doliera. Y es cierto, con los años dejó de dolerme, salvo en los periodos de vaginismo, dejó de punzar el cuerpo, incluso he vuelto a tener orgasmos como los que me provocabas con cinco o seis años. Pero a que precio. Porque se te olvidó decirme que el alma no deja de doler jamás, que la sensación de asco, de ser una guarra no se va jamás, el sentimiento de pensar que estoy sucia no se va a ir nunca.

No, no me educabas. No tengas el valor de asegurarme que me preparabas para ser una mujer, que “ya empezaba a crecer”, esa excusa ya no me vale. Porque lo único que aprendí de ti es a ser una puta.

Si, no te escandalices, una puta. Tu, que siempre las has criticado que siempre dijiste que no consentirías en tu casa vagos y prostitutas, has educado a una. Porque no me he prostituido de manera oficial, pero me he ofrecido por una copa, una raya de “perico”, un poco de conversación, he utilizado el sexo para ser aceptada por la gente, para ser “la tía enrollada” del grupo, la liberal, la que habla con los tíos de sexo sin ponerse ni colorada. Y a ellos les encantaba. Les gustaba tanto conocer a una mujer así que muchos han probado hasta dónde era yo de liberal, hasta dónde estaba dispuesta a llegar para demostrar que el sexo no era un tabú para mí, y se han aprovechado de ello. Y encima, tonta de mí, he caído en sus trampas igual que caí en las tuyas, dejándome hacer, sin negarme jamás, y soportando el dolor de una violación, como tú me enseñaste.

Porque lo mas terrible de todo es que al principio me dolía tanto como cuando me lo hacías tú y yo pensaba que era lo normal. Que todas las chicas se sentían así, que el sexo consistía en dejarse hacer de todo, y aguantarse el dolor y el asco, que en el sexo el único que disfruta es el varón y que las películas donde las chicas parecían disfrutar solo fingían, así que yo aprendí a fingir. Y todavía ahora, cuando mi cuerpo responde de manera positiva, cuando no me duele, cuando tengo un orgasmo, automáticamente sé que soy una puta, porque tu mismo me dijiste que el sexo solo lo disfrutan las rameras. Y eso no son imaginaciones mías, ni interpretaciones retorcidas de expertos en tonterías.

Y las pesadillas. ¿por qué mis pesadillas son contigo? ¿por qué siempre que sueño estar contigo despierto con una angustia infinita, llorando, e incluso vomitando? ¿No crees que si hubieran sido placenteros tus encuentros, si no me hubieses marcado mis sueños serían agradables? ¿o también crees que son tonterías?

Si, tonterías, como las retrospecciones en las que me paralizo porque me viene un recuerdo tuyo con tal fuerza que a veces creo que me va a partir en dos. No es posible que eso sean tonterías de psiquiatras, porque la sensación de estar mal, tener asco al sexo y sufrir pesadillas ha sido un poco antes de que comenzase a leer sobre abusos, empezó unos 30 años antes.

Ya te dije que la lista es muy larga, este es solo un resumen, para hacerte ver que lo que me hiciste tiene consecuencias, muchas consecuencias, y me duele que te hayas muerto sin conocerlas. Me duele no haber reunido jamás el valor de contártelas.

Sigues teniendo la capacidad de anularme. Ni siquiera ahora, escribiendo esto sé lo que siento. Sé que no es cariño. Pero tampoco es odio, ni un poquito. Me pregunto que sentimientos tengo hacia ti, intento contestarme y no lo sé, sigo sin saberlo. Tal vez porque no te conozco.

Jamás hemos tenido una conversación política, o de trabajo, o de… nada. Es tal el miedo que te he tenido siempre, que jamás me he atrevido a preguntarte nada de tus gustos, de tus aficiones, a iniciar yo la conversación, a entablar un dialogo cordial. Ni siquiera de adulta tuve la oportunidad de entenderte, de tener confianza conmigo. Tan solo me contabas tus penalidades sanitarias y la gran cantidad de medicación que tenías que tomar para tu enfermedad, que por cierto jamás me atreví a preguntarte cuál era.

A veces creo que cuando me hablabas de tus medicamentos, en realidad intentabas inspirar compasión, para que no me encarase a ti, y me enfurece pensar que lo conseguiste. Que conseguiste manipularme una vez mas. Pero no por piedad, sino por miedo.

¿Lo ves? Intento expresarte mis sentimientos hacia ti y sigue sin salir nada. Me es imposible saber qué siento por ti, qué emociones me provocas, porque todas son reflexivas, todos son sentimientos que yo experimento hacia mí misma, hacia lo que yo sentía y siento, pero no sé si siento algo por ti. Y creo que esa es la clave, ahora ya no siento nada por ti como persona, es pura indiferencia. Creo que incluso en esos momentos en que estabas relajado, de buen humor, cuando me llamabas a tu cama, tal vez lo único que sentía era la sensación de que en esa ocasión sí me amabas. Era lo único que quería, sentirme querida, apreciada, respetada.

Y ya no me queda nada de esa sensación, a medida que fui creciendo me fuiste borrando esa alegría por acudir a ti. Porque fuera de los momentos en que aprovechabas para tocarme, jamás recuerdo que me dijeras algo amable o que me enseñaras algo, o que me preguntases porque había suspendido las notas. Nuca tuve la sensación de que te importase algo de mi vida. En los últimos años de mi niñez recuerdo que ya no me llamabas a tu lado cuando estabas con mamá viendo la tele, esperabas a quedarte solo y me llamabas o acudías a mi habitación a buscarme y llevarme a tu cama, mientras mamá estaba en la cocina. Pero lo hacías con otro tono, no como si me llamases a jugar, era una llamada imperativa, de orden, para instruirme. Y me he dado cuenta que jamás has tenido precaución, jamás has temido ser sorprendido por mi madre o mis hermanos. Recuerdo el día que te sorprendí con mi hermano, me imagino que te hubiese dado igual quien fuese. Era tal el dominio que ejercías que apuesto a que si en lugar de ser yo la que abrió esa puerta lo hubiera hecho mi hermana mayor o mi madre nada habría cambiado. Estoy completamente segura que si alguna vez ellas nos hubieran sorprendido en una de tus “clases” , se hubieran limitado a volver a la cocina, o tal vez mamá se hubiera atrevido a decir algo que tampoco hubiera significado nada. Ahora sé que no hubiera cambiado nada, ahora lo veo. Y sin embargo entonces me daba pánico que alguien nos viera. No imaginas el miedo que tenía a ser descubierta. Y a última hora lo único que sentía era terror, y unos deseos enormes de desaparecer o volver con mi Madrina. La echaba tanto de menos, no imaginas lo que la echaba de menos. Y una parte de mí se culpa por desear a una extraña en lugar de querer a sus propios padres. ¿Qué clase de persona piensa así?

¿Es que no lo entiendes? ¿no entiendes que si me hubieses respetado, me hubieses demostrado algo de tu parte, yo no hubiera necesitado buscar el cariño en la casa de mis Padrinos? ¿No entiendes que solo me hubiera conformado con tu paz? Me hubiera resignado con que me ignorases, con que no hubieras estado. A veces he deseado que estuvieras muerto. Lo he deseado de verdad, con el corazón. Incluso lo he planeado. He imaginado levantarme de madrugada y clavarte el cuchillo de la cocina mientras dormías. Lo pensé muchas noches pero nunca tuve el valor de llevarlo a cabo. No por las consecuencias, esas me daban igual. Una vez muerto no me hubiera importado que me encerrasen, no lo hice por el miedo que te tenía. Y me odio por ello, porque me miro al espejo y me veo espantosa por desear tu muerte. Me hace sentir que soy un fraude, porque nunca le conté a nadie que de niña tenía ese deseo, y creo que engaño a los demás como tu hacías escondiendo lo que perpetrabas en casa, sólo nosotros sabíamos tu secreto. Y creo que lo que mas miedo me da es eso: tengo terror a ser como tu. Tengo tan bien aprendido el papel, me has enseñado tan bien a fingir con los demás para que nadie sepa lo que somos, que siento pánico a convertirme en ese monstruo del que intento librarme y que nadie se de cuenta. Que nadie pueda pararme.

Me invadiste, me anulaste como persona, me provocaste tal confusión que ya no distingo quien eras tu y quien era yo cuando me violabas, ya no sé que parte de responsabilidad es tuya y que parte es mía. Me anulaste de tal manera que solo puedo pensar en mi propio dolor, porque ya no hay nada mas, no veo nada, es una niebla espesa que no me deja ver mas allá.

A veces me pregunto si sentías algo por nosotros, si alguna vez sentiste algo por mí. Creo que si ahora tuviese la oportunidad -y el valor- de hacerte una pregunta, solo una, sería esa: ¿Me has querido alguna vez?¿qué sentías mientras me tocabas, mientras sostenías en la mano el martillo? ¿Al menos eras capaz de verme, de ser consciente que yo era tu hija, que estaba viva? Porque eso es a fin de cuentas lo único que me queda de ti, la sensación de que solo fui tu muñeca, un objeto de tu propiedad para utilizar a tu antojo, y que además ni siquiera te preocupaste en cuidar, como harías con algo valioso. Has dejado un juguete roto, que cada vez que piensa en su padre, lo único que le inspira es tristeza, dolor y miedo. Me dejaste sola, con la idea equivocada de no tener valor alguno, con la impresión de creer que la vida es tan solo ser más rápido que aquel que quiere atraparte y que yo era tan estúpida que no sabía ni correr.

Y me duele. No imaginas lo que me duele saber que estoy rota, incompleta, que he desperdiciado media vida por esa carencia. Porque me he sentido tan inútil que he tirado mi futuro por la borda, mis estudios, mi trabajo, mi vida. He cometido tantos errores que ya no tienen arreglo, he perdido tantas oportunidades sólo porque creía que no eran para mí, que no me las merecía… Te diría que desperdiciar mi vida me lo has enseñado tu, que es culpa tuya. Pero haciendo honor a la verdad, eso sí lo he aprendido ahora, eso sí lo he leído en los foros, eso es algo que aún estoy intentando entender. Porque siento que tu me hiciste daño, mucho daño, pero aún no sé hasta donde llegan las consecuencias. Y reconozco que ni yo misma puedo saber si la casa se derrumbó porque los cimientos estaban mal hechos o si yo misma puse las cargas de dinamita.

Supongo que ya no importa. Supongo que ya es tarde para llorar por la leche derramada. O tal vez no. Tal vez esa sea la salida. Llorar ahora todo lo que no he llorado anteriormente. Tal vez parte del daño haya sido guardar silencio, no contar jamás detalles de lo que me hiciste hasta ahora. Quizás sea uno de los errores que cometí que estoy a tiempo de subsanar, gritar a todo el que quiera oírme lo que ocurrió, no seguir escondiéndome, no cerrar con un simple “es largo y complicado de explicar, sólo te diré que yo me crié con mis Padrinos, no con mis padres” a cualquier comentario alusivo a mi pasado.

Porque me estoy dando cuenta que en realidad yo no hice nada malo. Yo sólo estaba ahí, contigo, y estoy cansada de sentir vergüenza de mi propia infancia, estoy harta de dar explicaciones inocentes a algo que no fue nada inocente, estoy cansada de encerrarme en el baño y llorar, y después salir disimulando para que nadie se dé cuenta que he llorado. Quiero llorar delante de cualquiera que sea capaz de abrazarme, y que me diga que me entiende, que entiende mi dolor, y que me va a ayudar a paliarlo. Estoy cansada de llorar mientras escribo esta carta, y de hacerlo a escondidas para que no me vean.

Y eso sí es culpa mía. Guardar silencio ha sido culpa mía, dar respuestas correctas que no me comprometieran ha sido culpa mía, decir a todos que vivía con mis Padrinos por motivos económicos es culpa mía. Esconder lo que me hacías es culpa mía. Seguir el juego de la familia feliz, rara, pero feliz es también culpa mía. Engañarme a mí misma diciéndome que era parte del pasado, que ya no me afectaba es culpa mía. Negarme a mí misma lo que dolía, hacer como que todo estaba bien cuando todo estaba mal, muy mal, es culpa mía. Y eso es una de las cosas que creo que mas daño me ha hecho, guardar silencio, interiorizarlo.

He vivido tanto tiempo así, escondida, disimulando, que casi no sé vivir de otra manera. Además ni siquiera puedo enviarte esta carta porque ya no vives para leerla. No imaginas el dolor que siento por dentro, no imaginas lo que me quema, no imaginas el daño que tengo, pero sobretodo no imaginas lo que me cuesta saber si tu eres el responsable. Porque no sé si sólo busco a alguien a quien echarle la culpa de algo que es mío, que tengo dentro, y que me está matando poco a poco.



“Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”
Michael Levine. Publicista estadounidense.


8 comentarios:

  1. Némesis: Lo siento, siento todo lo que has tenido que vivir, lo siento. Y yo si quiero ofrecerme para abrazarte, te ofrezco el calor de mi corazón. Quiero escucharte, entenderte, sentirte, porque llevas toda tu vida hablando y nadie te ha comprendido, hasta que tu, en algún momento de tu vida has dicho BASTA YA.

    Némesis, no es cierto que hubieses guardado silencio, no lo es. Has estado hablando desde el primer día, pero no este lenguaje de hoy. Has hablado el único lenguaje que podías hablar, el único que conocías en aquellos tiempos. Simplemente no fuiste escuchada y llegó un momento en que se te silenció el alma. Tu voz se convirtió en voz silenciosa, apenas perceptible, y aún así, seguías pidiendo ayuda, con gritos silenciosos.

    Ya sabes demasiado sobre nuestras secuelas, ya sabes lo que debes hacer para llegar a la meta, la curación, y también sabes que tu NO ERES RESPONSABLE DE NADA, solo que tus fantasmas muchas veces no te lo dejan ver.

    No has perdido una vida, has ganado una vida. Las víctimas de cualquier abuso tenemos tres caminos para tomar. El primero seguir regodeándonos en nuestros males y no hacer nada para salir. El segundo llevar el camino a la autodestrucción. El tercero, y es el que tu has tomado, es llegar a la salvación. Tu alma está llena de fuerza, sé que jamás abandonarás este camino.

    Mira a tu alrededor, mira lo que has creado, lo que te has ganado, tu marido, tu hijo, tus amigos... y el respeto de todos y cada uno de los que te conocemos (aunque sea de modo virtual).

    Un inmenso abrazo

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  2. Preciosa, aqui tienes un hombro sobre el que llorar cuando lo necesites, y alguien que sabe escuchar sin juzgar, todo lo que tienes que hacer es llamarme.........un BESO

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  3. Mis abrazos que no significan nada por la distancia, si pudiera verte te dejaría llorar, abrazarte muy fuerte, decirte en todo momento que el perverso ha sido él, lxs cómplices tu familia.
    ¿Cómo podías hablar cuando el miedo te paralizaba?, jamás te llames puta, porque no lo eres: si alguno de esos hombres que pasaron por tu vida se hubiesen detenido a hablar con vos, no hubiese sucedido.
    No eres un monstruo, si de algo te sirve: las chicas, niñas algunas, en los burdeles o wiskerías o como se les llame, también han sufrido de abuso sexual infantil.

    El Miedo ha sido el paralizante en mi vida, he cometido muchísimos errores, trato no culparme más de otra manera no encuentro la salida.
    No me importa lo que piense la gente, tampoco brindo demasiadas explicaciones, siento que no les importa, que me tengo que armar sola, que me tuve que armar sola siendo aún una niñita.
    Tuve 'la suerte' por así llamarlo, encontrar buena gente. No creo en los lazos familiares de sangre ni que tenga que rendirles pleitesía, sí siento culpa a veces por ser así.

    Estoy segura que mucha gente te respeta, sos muy valiente al sacar tremenda basura! .
    Estás pasando por una crisis? ya pasará, te vuelves a armar en poco tiempo! Cielo he aprendido a quererte aunque sea a través de ésto que parece frío, mis besos!

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  4. Me ha costado acabar leer, me ha conmocionado tanto que solo me sale una cosa del alma, lo siento, pero es: no le escribas. Asesínalo.

    Tienes el poder de anular lo que a ti te anula - y no eres tu, no te anules.

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  5. Y a la tercera he podido...Qué duro y cuánta admiración mereces.
    Me ha costado un mundo leerlo,pero bien me ha merecido la pena.
    Enhorabuena por lo que has logrado,un objetivo más ...cumplido!

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  6. Querida amiga, yo también estoy aquí para escucharte y te brindo mi hombro para llorar, mis brazos para abrazarte. Yo te comprendo, porque viví lo mismo. Tú no eres culpable de nada, solo tu padre lo fue... Eres una mujer valiente, no importa cuanto tardaste en hablar sobre lo sucedido pero al fin lo hiciste, y al igual que yo ahora lo hablo con quien me sienta a gusto, no con cualquiera, porque no todos tienen la capacidad de entenderte ni deben saberlo, porque existe quien solo escucha tu relato para luego comentarlo una y otra vez con quien quiera. Por eso al igual que yo, hablalo, cuentaselo a quien tú creas que merece escucharte, sin verguenza nena, porque es justamente de eso de lo que debemos librarnos de la culpa... Me identifiqué mucho con algunos parrafos de tu carta... Al contrario de ti, yo si pude llenarme de valor y decirle a mi padre en su cara que era un monstruo, que lo odiaba y muchas veces le desee la muerte, que me daba asco... Ese dìa sentí como desaparecía el peso que traía sobre mi durante mas de 30 años, en donde de igual forma que en tu caso mi madre y mis hermanas fueron complices por omisión... Pero adelante sigue luchando, leí que tienes un esposo e hijo, te felicito por ello... Tú no eres un monstruo como tu padre ni jamas lo serás...

    Sí, quedan huellas imborrables en nuestra memoria pero como leí en algún momento: Perdonar, es recordar sin que ello cause dolor... Amiga perdona de corazón a ese ser que te hizo tanto daño y no permitas que a pesar de ya no estar seguirte haciendo daño... Te felicito MUJER, eres una sobreviviente... al igual que yo y muchos mas...

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  7. Némesis, ahora me has hecho llorar tú a mí...

    Sólo quiero que me prometas una cosa, prometámonos una cosa las 2 !
    Se acabó lo de encerrarnos en el cuarto de baño, llorar y salir disimulando que todo está bien ! Se acabó, me lo prometes??
    Ni tu padre ni mi tío se merecen ni una de nuestras lágrimas.
    Eres tan, tan fuerte y tan valiente.

    Te mando un abrazo muy, muy, muy GRANDE. ❤
    ESTOY CONTIGO :)

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  8. Me has dejado sin poder comentar mucho
    Tu escrito intenso parece de pelicula!!
    Muy bien escrito desde tu alma de niña. No tengo preguntas ni respuestas a aberraciones como esta No entiendo a la gente que pueda simplemente por pensar en ellos causar tanto daño emocional y de por vida.Son mentes corruptas....No quiero juzgar....y lo he hecho perdon....Un abrazo y te entiendo

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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