NIÑA OLVIDADA



Cuando empecé mi rehabilitación de manera activa, cuando empecé a leer sobre abusos y a aprender todo lo que conlleva haber sido violada en mi infancia, me topé con términos muy “técnicos”, como el perdón hacia uno mismo, la autoestima o la culpa. Pero había algo en especial que me llamaba la atención, “el niño interior”. El concepto antes era confuso para mí. Al principio, al leer sobre la niña interior siempre pensaba: “¿pero de que diablos me están hablando? ¡que estupidez!, tengo cuarenta y tres años, yo no uso de eso, yo no tengo niña interior. Soy una persona adulta”. Pero no sé porque, pensar en mi niña interior me hacía sentir muy triste. Ahora lo veo (no sé si acertadamente) como intentar recordar cómo éramos de niños, cuando vivimos el abuso. Yo al menos, lo veo así, mi niña interior (a la que yo llamo mi niña perdida) es el recuerdo que tengo de mí misma en mi infancia, las fotos que me evocan la inocencia perdida y los sentimientos que me produce pensar en esa época. No sé si es a lo que se refieren los psicólogos cuando hablan de ello, pero yo así lo concibo.

Los que saben de esto hablan que normalmente ignoramos a nuestra niña perdida o la odiamos porque se dejó manipular, era débil y cobarde. Dicen que admitir que se ha sido niña, implica admitir que se ha sido vulnerable, que se ha sentido vergüenza, que ha habido dolor. Yo eso lo experimento, pero no en la época en la que era niña sino en mi adolescencia, en mis Años Oscuros. Odio recordar esa época. Creo que esa joven (de la que por cierto no tengo fotos) fue detestable, que no sabía mantener una amistad, que se drogaba sin control, bebía en exceso, jugaba a la ruleta rusa y se acostaba con cualquiera que estuviera dispuesto a poseerla.

En cambio nunca he sentido odio por mi niña perdida, en tal caso la ignoraba la mayoría de las veces. Cuando veía mis fotos de pequeña, como todas eran de mis etapas con mis Padrinos tan solo sentía nostalgia de no poder volver allí. Deseaba fervientemente dar marcha atrás en el tiempo y volver a tener ocho años, pero siempre volviendo a la casa de mis padrinos, como si los abusos no me hubieran ocurrido nunca, como si le hubieran sucedido a otra persona.

Y como lo de la niña perdida siempre ha sido confuso para mí, me he creado una imagen de ella jugando con algo que siempre he manejado con soltura: la imaginación. La he explotado al máximo. Crear fantasías alternativas para mí ha sido toda una vía de escape. En mi cabeza hay innumerables historias, adaptaciones libres de narraciones y novelas que leo o de películas que veo en el cine. Soy lo que mucha gente llama una “friki”. La primera película de la que recuerdo quedar totalmente atrapada fue La guerra de las galaxias, así titulada en su estreno en España, y que después creció hasta convertirse en la saga Star Wars. Por supuesto soy acérrima defensora de esa saga, tengo unos cuantos libros de lo que llaman “el universo expandido”. No necesito decir que conozco todos los libros de Harry Potter, El Señor de los Anillos… Tengo una amiga que dice que yo sería una fantástica guionista de Hollywood. En mi infancia, en mi juventud, e incluso ahora a veces soy Leia Organa o Mara Jade, Un elfo de la Tierra Media, la alumna de Ravenclaw Luna Lovenwood, un mutante de la escuela del profesor X, una habitante de Sión conectada a Matrix o la hermana pequeña de Indiana Jones.

De hecho esa imaginación es fruto, en parte, del hecho de justificar la infancia tan atípica que he tenido: me he inventado historias para justificar porqué vivía con mis Padrinos, para explicar cuando tenía algún moratón, para esconder que estaba con mi padre.

Y he contado autenticas ficciones. Recuerdo Un verano de mi infancia en que asistía a clases particulares en una academia cerca de la casa de mis padres. Falté tres o cuatro días, porque tuve una infección de orina brutal. Nunca lo supo nadie. Mi madre sólo observó que yo tenía fiebre, me dio aspirinas para bajarla, pero creo que desconocía por completo que orinaba sangre cada media hora, y por supuesto nunca me llevó al médico. Cuando regresé a la academia me preguntaron las causas de mi falta de asistencia y les conté una historia fantástica en la que yo había ido a la casa de mis Padrinos, que había viajado en avión, y que incluso me habían llevado al teatro. Los elementos de la historia en sí, eran reales. He viajado en avión a la localidad de mis Padrinos en numerosas ocasiones, siempre sola, al cuidado de la azafata, y en varias ocasiones mis Padrinos me llevaron al teatro o a ver alguna zarzuela, pero yo decidí incluir todas esas experiencias y concentrarlas en cuatro días que en realidad pasé en el cuarto de baño.

Pero como digo, la imaginación ha sido sobre todo mi vía de escape. Cuando la realidad me supera siempre me refugio en la imaginación. De niña escribí algún cuento, de adulta también he hecho mis pinitos como escritora de ficción, pero al contrario de mis diarios, esos escritos no los he guardado jamás. He creado mundos paralelos, al mas puro estilo Tolkien, Rowling o Lucas. Pero no existen pruebas escritas de eso, está todo en mi cabeza.

Ahora he creado una nueva historia. La historia del Averno. El Averno se ha convertido en mi mundo paralelo, en el mundo que hubiera deseado que existiera. Y no es exactamente un cuento fantástico, no es mágico aunque la magia esté presente, es una visión de mi vida, pero dándole una versión distinta. Una versión intangible, etérea, hipotética, mágica, utópica, pero aparentemente factible. La metáfora lleva meses rondándome la cabeza y sin duda tiene relación directa con la experiencia vital que estoy experimentando en estos momentos de mi rehabilitación activa.

En ese mundo soy Némesis, una niña, mi niña perdida. Némesis vive en un castillo encantado. Pero no un castillo de cuento de hadas típico del centro de Europa, sino en un castillo siniestro, lleno de torreones, pasadizos y puertas secretas. Antes Némesis vivía sola, incomunicada en el interior como si fuese una enorme cárcel, encerrada por el Monstruo que habitaba el castillo. Porque incluso he integrado a mi Monstruo en mi universo fantástico paralelo. Cuando leí los libros de J.K. Rowling, encontré una criatura mágica que uno de los profesores mostraba en la clase de Harry Potter, un Boggart. A leerlo reconocí de inmediato a mi propio Monstruo, un ser de forma cambiante capaz de transformarse en la imagen de lo que mas miedo tengo. Y yo no siempre tengo los mismos miedos, pero en el fondo, aunque en el relato de la escritora se le desconoce su forma autentica, en mi caso sé muy bien cual es. Es curioso, porque años antes había leído a otro autor, en este caso de novelas de terror, que en uno de sus libros el “malo” es otro monstruo con similares capacidades. Hablo de Stephen King y su novela It (Eso)

Y en mi parábola, Némesis vivía asustada dentro del castillo con el Dragón. Con ese Monstruo que la metía en habitaciones a oscuras donde volvía a revivir espantosos recuerdos. Ese que la machacaba y le decía que era una niña mala, sucia, inútil, ignorante, fea… Némesis siempre ha tenido visitas, cuando conocía gente nueva o cuando estudiaba, o simplemente cuando estaba con una de sus familias, la bilógica o la adoptiva. Y en esos momentos, el Monstruo se escondía pero la amenazaba desde las sombras. Era cuando yo hacía una vida aparentemente normal, cuando me ponía la careta de la niña buena, la mujer normal que salía a la calle y hablaba con la gente sin que nadie se percatara de lo que había detrás, porque si alguien veía al Monstruo sin duda me encerrarían y tirarían la llave, o me despreciarían, o se burlarían de mí. Pero hace poco, Némesis creó un ser nuevo, una mujer nueva, que soy yo. Soy su creación, soy lo que ella ha deseado durante toda su vida para protegerse del Monstruo. Y yo soy su defensora, yo limpio el castillo, quito las telarañas y espanto al dragón. Y también he aprendido a reconocer las puertas falsas y a abrir la ventana para que entre la luz, yo llego a los picaportes.

Y ahora, cuando tengo un recuerdo, cuando experimento una retrospección, me imagino a Némesis, hablando conmigo, la adulta que la cuida, como si fuera su madre. Mi niña perdida me está contando sus abusos, como yo lo hubiera hecho si hubiera podido. Llorando, trasmitiendo sus miedos, sus temores, enseñándome si era de día o de noche, si estaba en mi cama o en el salón. Y ahora me doy cuenta que es ella la que me da información, la que está rescatando mi pasado y ayudándome a recolocarlo. La que me ha enseñado que mi padre no fue el único que abusó de mí, de ella. Trabaja duro para contarme lo que ocurrió cada vez que viene un nuevo recuerdo, y por dios que se merece un premio que la consuele, por valiente, por contarlo, y para que sepa que nunca fue culpa de ella, que ya no tiene que tener miedo.

Y yo, la mujer adulta, ayudo a Némesis cuando he buscado información sobre abusos sexuales infantiles, cuando me he registrado en el foro de ayuda mutua, cuando hago algo conscientemente que es a mi favor, cuando me he enfrentado a mis hermanos o he hablado con mis Padrinos, cuando he llamado al psicólogo, cuando me enfrento a mis secuelas, son cosas que he hecho en nombre de Némesis, para cuidarla, para protegerla, para defenderla, cosas que un adulto responsable hubiera hecho por mí si el mundo fuera justo.

Ahora por fin entiendo el concepto de la niña interior, mi niña perdida. Ahora creo que ya lo entiendo, y me sorprende, porque siempre creí que no existía, que ya no estaba, que había desaparecido. Pero creo que Némesis siempre ha estado ahí, incluso en mis años oscuros o en mi hibernación. Porque en algunas ocasiones he vivido momentos, o disfrutado de situaciones en las que realmente me sentía como una niña. Me he comido un helado que me ha comprado mi marido, y lo he hecho sintiendo que tenía 8 o 9 años. O me he subido a la montaña rusa con mi hijo y he disfrutado de la velocidad, como si realmente tuviera diez años, incluso me he emocionado pensando que había vuelto a mi infancia. Esa infancia que se interrumpía por temporadas. Recuerdo muchos momentos de mi vida en los que realmente me sentía como una niña, y de hecho, muchas veces me sorprendo a mí misma cuando por casualidad veo mi reflejo en un espejo. Porque no me reconozco, aún creo que al mirarme voy a ver a esa pequeña rubia de ojos azules, menuda, sensible. Incluso ahora me veo y pienso “dios mío, ya no soy una niña, ni siquiera soy joven…” Normalmente en esos momentos me invade la nostalgia, la sensación de pérdida, del tiempo que se escurrió entre los dedos, como el reguero de agua que corre a lo largo de la calzada y termina en un desagüe. La sensación de que me han arrebatado mas de cuarenta años de mi vida.

De alguna manera he rescatado a Némesis para compensar esos años perdidos. Yo he abierto este blog para ella. Cuando buscaba la foto del fondo, cuando elegía el nombre de mi Nick, estaba bautizando a mi niña perdida sin darme cuenta. Cuando dejáis un comentario, no sólo lo leo yo, ella lo analiza detenidamente, sopesa las palabras, los ánimos, las opiniones, como un niño escucha a sus mayores cuando le explican algo importante.

No me había dado cuenta de eso hasta ahora. Némesis es mucho mas que la firma de este blog, es mi niña perdida a la que yo le di un sitio donde crecer, donde expresarse, donde contar todos sus miedos. Ahora comprendo que quien escribe este blog, no soy yo, es la niña a la que intentaron enterrar en el olvido de la existencia y que tenaz, siempre esperó a que algo ocurriera que arreglara el destrozo, porque una parte de mí se resistió a crecer, persistentemente deseé quedarme con mis nueve años, tal vez esperando que hubiera tiempos mejores para salir a escena. Hoy son tiempos mejores.



"Si uno ve los horrores que está sufriendo la gente, creo que no hay mejor momento para esforzarse por buscar una esperanza a través de la imaginación”

Johnny Deep. Actor norteamericano.

7 comentarios:

  1. Yo hace tiempo que conozco a tu niña, me alegra mucho que ya le conozcas...

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre ha estado a tu lado, y sabía que necesitabas tu tiempo, como hace tiempo que se siente protegida por ti, muy protegida.

      “dios mío, ya no soy una niña, ni siquiera soy joven…” , eres muy joven todavía (por lo menos yo, ya sabes de la buena cosecha de aquel año)y además nunca dejaremos de ser niñas, con la fortaleza de una gran mujer.

      Eliminar
  2. Cariño también conozco a esa niña.
    Entiendo que haya días que sientas que el tiempo pasó, eres muy joven aún, bellísima, luchadora y valiente!

    Ha sido un gusto encontrarte, podrías escribir! claro que sí! lo haces muy bien y me sorprendes :)

    Abrazos enormes!

    ResponderEliminar
  3. A mi me pasó lo mismo con lo del niño interior; tierra trágame, me dije, si encima ahora después de haber tenido que reconocer todo esto sobre mi vida, lo que toca es encontrarme a un crío en la olla... Y luego igualmente, me familiaricé con lo que yo entiendo por ello. Para mi no es mi recuerdo de mi, sino más bien mi incipiente auto-imagen, mi consciencia al amanecer en este mundo, o sea, mis primeros vestigios de yo. Toda la vida me ha chocado que tuviese tan claro ese sentido temprano de consciencia, y posiblemente se deba a haber luchado por mantener la consciencia, por tener un recuerdo de mi. Tras un período de terror, esa auto-consciencia se empapó de lástima de sí, de mi, que teatralizaba con mis muñecos y fantasías. Luego me ayudaron bastante los hábiles supresores, incomprendedores de las heridas penas infantiles, que ellos mismos tienen pero a los demás deniegan, a amordazar esa lástima de mi. Y creo que ese tal "niño interior" no es más que una forma de crear una distancia conceptual para al menos poder comenzar a acercarse a un lado de sí mismo que de irrumpir en la consciencia fulminantemente haría peligrar nuestro equilibrio mental. El cuerpo tiene sus órganos vitales, y su equilibrio biológico, y el alma también los tiene, aunque suene a magia priajia.

    Para mí también lo más penoso en mi auto-recuerdo es el paso de la infancia a la adolescencia. Donde comienza a borrarse, autolesionarse, destruirse ese tal niño interior (yo) a la vez que estalla en espantosos llantos que nadie, y menos que nadie él, saben de dónde provienen.

    Curiosamente, las fotos no me dicen mucho. De hecho las fotos y mi vida interior parecen dos planetas lejanos. Las fotos me enseñan mi forma y la del entorno, pero a diferencia de las de Harry Potter, no se mueven. Solo mi alma sigue moviéndose y recuerda, por dentro al otro lado del sol y la piel.

    Y ahora te vuelvo a repetir que irrumpes en mi vida como una bruja o algo :) porque al estar leyéndote al comienzo o así, me volvía más y más fuerte a la cabeza un cuento larguísimo que comencé a escribir a los 14 años y que llegó a las 1200 páginas o así y aún no había casi comenzado, y ese cuento me ha vuelto muchas veces a la cabeza, y se ha transformado, y mientras pensaba de repente me di cuenta que esa historia, aparentemente o realmente aleatoria, escrita entonces de una forma muy infantil, se ha mezclado a lo largo de mi vida con mis sueños, mis miedos, y al reescribirla mentalmente ahora, entiendo que no es más que un cuento que me da, por medio de la libertad infinita de la fantasía, la oportunidad de contar mi cuento, algo real, pero a la vez tan lejano (o cercano?) a todo como a mi me apetezca. Y pensando todo esto seguí leyéndote y de repente pensé que me habías anticipado de una forma brujerilero perejilero!

    Deberías de escribir tu cuento; ya leí partes en mi imaginación - todo lector es, y la escritora le anima a ser, un poeta - y me encantaría que siguieras.

    En fin, menudo bautizo me metí yo jajaja entre gonorreo y sifilita ya no sé dónde me he metido! :D

    Un abrazo muy grande

    ResponderEliminar
  4. Némesis, valiente niña, que bueno que alguien te encontró ahora nunca dejes pasar tu oportunidad de hablar, no temas, no dudes por un momento en decir la verdad... Pasé por lo mismo y nadie me ayudo, porque si me creían y hasta se daban cuenta de cuando ocurrían los abusos, pero nadie me ayudo, todos me ignoraron mientras yo sufría, en silencio... 21 años después de lo sucedido hablo sin vergüenza porque mi hija me abrió los ojos y me di cuenta de que esto no puede seguir pasando, no podemos quedarnos callados, porque es el silencio el que produce la impunidad... Mucha suerte valiente nena...

    ResponderEliminar
  5. Némesis, ojalá pudieses verme ahora mismo... Me tienes llorando emocionadísima.
    Desde que hace unos meses empecé a descubrir que, por desgracia, no soy la única en esta lucha y empecé a leer a tu niña, siempre la he admirado. Admiro la fuerza y la valentía, el coraje que veo en tus palabras. Némesis, has sido siempre tan valiente !!! Y te admiro, te admiro muchísimo de todo corazón y me dejas que te confiese algo? Ayudas muchísimo a otros niños y hasta sirves de inspiración.

    Hoy me decidí a crear mi propio blog (pindesen.wordpress.com)y yo, como tú, también lo hago por mi niña. Se llama Paperucita y ella guía siempre mis pasos, aunque durante muchísimo tiempo la haya castigado por haberse dejado, por no haber hecho las cosas de otra forma, por romper a su familia... Hoy sabemos y sentimos por fin que nuestras niñas no tienen la culpa de nada. Ellas lo hicieron lo mejor que pudieron.

    Nunca olvidaré un abrazo muy especial que le di. Deseé con todas mis fuerzas poder abrazarla y lo hice. Cerré los ojos y me ví abrazando a esa niñita de 10 años y desde entonces la protejo, la mimo, la cuido y hago todo lo que está en mi mano por ella.

    Si de algo me he dado cuenta en estos meses es que las personas que hemos sufrido abusos en nuestra infancia miramos la vida con una ilusión, con una inocencia y valoramos los pequeños detalles como si aún fuésemos pequeñ@s... Y eso es tan bonito !!! Némesis, no cambies nunca. Eres tan valiente y tan fuerte!
    Un abrazo enorme !! :)

    ResponderEliminar
  6. Seguido soñaba que encontraba a una bebe sucia, llena de popo y sola, pensaba que tal vez un dia encontraria a una bebe asi que nadie quisiera. Y hasta platicaba con mis familiares de ese sueño tan repetido. Hasta que un dia una terapeuta me dijo que esa bebe era yo. jamas la he vuelto a soñar. comprendi que asi me veia, esa era mi condicion. solo una persona sabe lo que paso, y me cuesta hablar de esto. pero quiero dejarlo atras que ya no estorbe, que no me impida.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar tu legado en el Averno.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...