SIN ACUSE DE RECIBO



En mi primera consulta con el psicólogo me puso deberes. Me mandó escribir una carta a mi padre. Es cierto que la Oración al Diablo está dedicada íntegramente a él, pero es una paráfrasis “poética” jugando con las palabras y la literatura. Y además fue escrita hace tiempo, antes de abrir el Averno, antes de ser más valiente y decir que he sido una víctima de abusos, aunque después la retocase para el blog. Supongo que él esperaba de mí que expresase claramente lo que diría si tuviese la oportunidad y el valor de enfrentarme a mi padre ahora, con mi visión actual de las cosas, desde esta nueva perspectiva.

Y este ha sido el resultado:

NIÑA OLVIDADA



Cuando empecé mi rehabilitación de manera activa, cuando empecé a leer sobre abusos y a aprender todo lo que conlleva haber sido violada en mi infancia, me topé con términos muy “técnicos”, como el perdón hacia uno mismo, la autoestima o la culpa. Pero había algo en especial que me llamaba la atención, “el niño interior”. El concepto antes era confuso para mí. Al principio, al leer sobre la niña interior siempre pensaba: “¿pero de que diablos me están hablando? ¡que estupidez!, tengo cuarenta y tres años, yo no uso de eso, yo no tengo niña interior. Soy una persona adulta”. Pero no sé porque, pensar en mi niña interior me hacía sentir muy triste. Ahora lo veo (no sé si acertadamente) como intentar recordar cómo éramos de niños, cuando vivimos el abuso. Yo al menos, lo veo así, mi niña interior (a la que yo llamo mi niña perdida) es el recuerdo que tengo de mí misma en mi infancia, las fotos que me evocan la inocencia perdida y los sentimientos que me produce pensar en esa época. No sé si es a lo que se refieren los psicólogos cuando hablan de ello, pero yo así lo concibo.
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