INDEFENSIÓN APRENDIDA

Soy una persona de pocos estudios, no por la falta de oportunidad sino por mi propio abandono. Recuerdo ser muy mala estudiante, me costaba mucho memorizar las tablas de multiplicar, los meses del año, las obras mas importantes de Miguel de Cervantes… Todo lo que fuera -lo que es- recordar series de palabras o números, memorizar fechas, nombres y lugares es una tortura para mí. Lo único que realmente recuerdo que me gustaba y disfrutaba estudiando eran las ciencias -los animales, la biología- y la física. Eran materias que yo comprendía bien y “veía” con facilidad. Las matemáticas, en cursos mas altos tampoco fueron un problema. En el momento en que encontré trucos para recordar y calcular múltiplos, los problemas de los dos trenes que salían de Sevilla a Barcelona y viceversa a distintas velocidades dejaron de ser una dificultad para mí. Pero sin embargo, he sido una pésima alumna, que además se autocensuraba a medida que iba creciendo. He sido de esos alumnos que siempre suspenden muchas asignaturas. 


Repetí 1º de EGB (primaria) porque al cambiar de colegio –una de tantas veces- no había sitio en mi curso correspondiente de 2º grado. Esa es la explicación que me dieron, por lo tanto desde el principio de mi etapa educativa ya empecé con retraso. Volví a repetir en 6º de la educación básica en el último año de mis abusos, en esta ocasión por los malos resultados académicos. De hecho, por algún tiempo creí que me quedé ese año con mis padres como castigo por haber suspendido y tener que repetir el curso. Razonablemente puedo decir que en mi bajo rendimiento tal vez hayan influido los cambios constantes de vida y el acoso psicológico al que me sentía sometida por mi padre. Viendo mi expediente académico me he dado cuenta que he superado mas de un curso gracias a la intervención de mis padrinos y a la compasión de mis tutores. Porque recuerdo llegar a casa en junio al finalizar el año escolar con 6 o 7 asignaturas para recuperar y que en septiembre estuvieran todas milagrosamente aprobadas, sin que yo recuerde haber hecho exámenes brillantes ni jornadas estivales de estudio intensivo. 

Siempre me he sentido inferior a los demás desde niña, por lo tanto siempre he visto a mis compañeros como potenciales agresores que disponían de mas recursos que yo en todos los sentidos, y que en la mayoría de los casos aprovecharon esa superioridad degradándome más de lo que yo misma lo hacía. Ya he contado alguna vez que el acoso escolar formó parte de toda mi infancia. 

Continuamente tuve la sensación de ser yo la que “provocaba” de alguna manera a mis compañeras, que con mi comportamiento errático, triste, desganado, estaba fomentando que las demás me percibieran como alguien que no es de su “grupo”. Nunca me sentí integrada, siempre jugaba sola y apenas me relacionaba con el resto de la clase. Y si además mis notas no eran buenas, la sensación de “fracasada” dejaba mi propia autoestima en números rojos. 

Lo que no había descubierto hasta ahora es que tal vez la causa, el origen del acoso y del fracaso escolar, no proceda solo de mi propio comportamiento. Voy a mostraros un vídeo: (no os asustéis, dura apenas 5 minutos) 





Estaba en 1º de BUP. Marisa era la profesora de física y química y he de decir que desde el principio del curso me gustó su forma de enseñar. Siempre intentaba poner ejemplos “caseros” de la materia. Nos demostró que la cocina de nuestra casa es un laboratorio fantástico para ver los efectos del dióxido de carbono o la fuerza centrífuga. Que la preparación de la comida no deja de ser un simple proceso químico que mediante la aplicación de calor altera la composición de los alimentos. 

Cuando faltaba poco para que terminase el curso la profesora organizó un concurso para fomentar la competitividad y el estudio. Consistió en organizar la clase en grupos de cuatro alumnos para que se enfrentasen entre ellos. El sistema era sencillo: cada día se enfrentarían dos equipos, primero un integrante del grupo “A” haría una pregunta o un problema de física o química que un miembro del equipo “B”, elegido por quien lanzaba la pregunta, debía contestar o solucionar en la pizarra y a continuación el turno se invertía. Ella era el árbitro del concurso y se encargaba de puntuar preguntas y respuestas. El concurso fue por eliminatorias y se estableció que dependiendo de dónde cayera cada uno de los equipos eliminado, ella subiría o bajaría la nota final de los alumnos de ese grupo. 

Marisa organizó los equipos. La recuerdo de pie ante la clase dando los nombres. Recuerdo las reacciones de mis compañeros, cuando sus amigos del alma coincidían en su grupo o su decepción cuando se veían enfrentados. Recuerdo el terror que sentí incluso antes de que me incluyeran en un grupo. Sin duda nadie quería que yo perteneciese al suyo, yo era mala estudiante y sería un lastre para aquel que me tuviera de compañero. 

Pero jamás creí que la profesora me incluiría con los tres alumnos mas brillantes de la clase. Dos chicas, que además eran muy amigas entre ellas y un chico menudo, discreto y no especialmente agresivo. Todos con expedientes académicos impecables, y notas de calificación altísimas. Lo cierto es que eran tres de los compañeros que mas me ignoraban, normalmente se limitaban a reír las gracias del matón de la clase, que por cierto no era un “lumbreras” precisamente. 

Toda la clase se sintió aliviada por no tenerme en sus equipos y a la vez compasiva con mis tres compañeros. Incluso entre los comentarios que corrían por el comedor, recuerdo uno que decía que era la forma de compensar los equipos, así los tres cerebros del curso no ganarían con tanta facilidad. 


Estudié como no recuerdo haberlo hecho nunca, me preparé fichas con las preguntas por un lado y las respuestas por la otra cara, repasé el libro de física y química mil veces, y me aseguré de incluir todo el temario en las preguntas, incluso lo que estaba en el libro pero que Marisa no había explicado en la clase, por si acaso algún alumno de otro grupo me hacía alguna pregunta comprometida. No quería decepcionar a mi equipo.

El primer día que nos tocó participar, Mi compañero me preguntó si había estudiado, y comentó con las chicas que esperaba que el resto no me machacasen demasiado. ¡Qué equivocado estaba! Marisa obligaba a que los cuatro alumnos de cada grupo se turnasen al preguntar y contestar, y a mí siempre me tocaban los problemas para solucionar en la pizarra, las preguntas con trampa, y cada vez que me nombraban para responder, mi equipo se sentía muy incómodo.

Pero a veces ocurren milagros. A veces las cosas pueden llegar a salir bien por una vez y desde luego ya era hora de que por fin los dioses se pusieran de mi parte. Jamás me he sentido tan bien en toda mi infancia. A medida que pasaba las eliminatorias me sentía cada vez mas confiada en mis posibilidades de no hacer el ridículo ante toda la clase. Fue la primera vez que me consideré válida, integrada, “inteligente”. 


Fue un final de curso estresante pero ganamos por goleada. No recuerdo haber fallado excesivamente, a pesar del miedo escénico que tuve durante esos dos meses y posteriormente mis compañeros de equipo me felicitaron por mi participación. Marisa también me felicitó, alabó lo bien que me había preparado las preguntas, lo completo de mis respuestas, lo bien que había planteado los problemas para resolver. Me aprobó la asignatura y me recomendó que si pasaba al segundo curso (donde ya había que elegir la rama de estudios) entrase en “ciencias mixtas”. Pasé el curso, asistí a las clases de los dos años siguientes, pero fueron dos cursos en blanco para mí, acababa de entrar de lleno en mis años oscuros. 

El video me recordó aquel concurso. Porque me he dado cuenta que he vivido toda mi vida con esa indefensión aprendida. En algún momento de mi primera infancia percibí que mi padre me puso en una situación insalvable que me superó por completo y me hizo sentir que yo era un objeto sin valor, estúpida, sin validez para aprender y relacionarme con normalidad con los demás. Y hasta ese curso no tuve la oportunidad de conocer mi potencial como persona. Y creo que el hecho de tener como compañeros de equipo a personas con un nivel académico muy alto me ayudó de alguna manera a superar esa indefensión, al menos por un par de meses. Supongo que es un arma de doble filo, porque bien se podía haber incrementado esa sensación de “estúpida” si hubiera empezado a fallar preguntas y hubiera sentido la hostilidad de mi grupo. Creo que es otro de los acontecimientos de mi vida –y son muchos- que a la larga han jugado a mi favor. 


Ahora que empiezo a recordar y recolocar mi pasado veo esos buenos momentos como parte de esa llama que siempre ha estado viva en mi interior, el rescoldo de una hoguera que a veces creía extinguida, como la chimenea que se apaga, pero que con una ráfaga de aire vuelve a resurgir potente para no perder la esperanza en el futuro. 

Mis Padrinos han jugado un papel estelar en mi vida dándome la oportunidad de salir del Averno de vez en cuando, pero es posible que lo que hizo Marisa fuese poner otra de las primeras piedras para recuperar –o mejor dicho, crear- los primeros cimientos de mi vida actual. Una base que por desgracia aún tardó mucho en volverse segura, pero que ahora es firme y estable. 

Pero la indefensión aprendida es mucho mas que poner trampas a un alumno para que crea no ser capaz de rendir como el resto de su clase. Es algo mucho mas sutil que de manera consciente o inconsciente utilizan los que desean aprovecharse de alguien, como en el caso de los pederastas a la hora de manipular a sus víctimas. La historia está llena de esas manipulaciones: 
(también dura poco mas de 5 minutos) 

                                       


A veces cuando escribo este blog creo que sólo estoy poniendo escusas a mis comportamientos. Pero cuando veo estas cosas, realmente me asombra que un pobre hombre casi analfabeto que solo valoraba el trabajo físico y despreciaba a aquellos que tenían estudios, haya utilizado ese recurso con tanta habilidad para someterme a mí y a toda la familia a sus bajos caprichos y que nadie, absolutamente nadie le haya parado los pies. Yo viví durante mucho tiempo esa indefensión, ahora creo que ya puedo decir que he “desaprendido” por fin la lección.


"Eres tan grande como yo te permito serlo. Te recomiendo que no lo olvides nunca"
Muerte entre las flores - Miller´s Crossing. (1990) Ethan y Joel Coen





5 comentarios:

  1. Cariño, debo decirte de corazón que me pareces una mujer muy inteligente, no se mide por lo que uno haya rendido en la escuela, sino en la vida.
    Creo que la educación en tu país (no quiero juzgar, solo por lo que leo en muchos blogs:historias de niños y niñas con autismo y otros síndromes-, otros que desean que sus hijxs sean lo más en su clase) es muy rígida, no se aprovecha el caudal que tiene cada niñx, adolescente, todos tenemos facilidades en algo. Entonces se evalúa al alumno como un todo, se entiende?

    Además, pedagógicamente hablando, les debía llamar la atención esa niña apartada, decirle a lxs alumnxs que te molestaban que no correspondía.

    Creo en la inteligencia emocional, esa es la que cuenta en la vida, la escuela es solo un paso, si eres abanderadx o no solo una circunstancia. Lo bonito es que niñxs y adolescentes disfruten, hagan de amigxs, se diviertan...claro eso no le podemos pedir a un/a niñx abusadx.

    Sos inteligente, lo has sido para salir de todo, qué más puedes pedirte a vos misma!

    Mis besos.

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  2. Impresionante documental. Buenísima reflexión.

    Un abrazo

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  3. Una vez más me siento muy identificada con tu entrada, yo también lo pasé muy mal en el colegio y en el instituto, no por ser mala alumna sino más bien por tener malos compañeros.

    De todas formas, me llama la atención que explicas que te dejaste la piel estudiando y luego dices "a veces ocurren milagros". Si te fue bien, fue por todo tu esfuerzo, no te quites méritos. Y al igual que conseguiste eso, sé que puedes conseguir cualquier cosa que te propongas en tu vida.
    Un abrazo!!

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  4. Como siempre amiga estoy impresionada con esta clase de INDEFENSIÓN APRENDIDA... Pienso que eso nos pasa a todos los que hemos sido abusados. Tal cual como rememoras en tus escritos en los peores momentos de tu vida, no llorabas, no gritabas, no hacías nada... A mi me pasaba lo mismo, le pedí por un tiempo a mis hermanas que hablaran con mi madre que por favor les dijeran que mi padre me hacía algo que todas sabíamos no estaba bien... Nunca obtuve la ayuda que necesitaba, que quería, que ahnelaba, así que terminé por aceptar lo que ocurría, cada vez que mi padre me llamaba para llevar a cabo el ritual que le apeteciera en ese momento yo iba sin chistar, sin decir nada, callada, sumisa, como si me gustase la situación. Pero en realidad acabo de darme cuenta querida Némesis que eso era una indefensión aprendida... Gracias...

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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