INDEFENSIÓN APRENDIDA

Soy una persona de pocos estudios, no por la falta de oportunidad sino por mi propio abandono. Recuerdo ser muy mala estudiante, me costaba mucho memorizar las tablas de multiplicar, los meses del año, las obras mas importantes de Miguel de Cervantes… Todo lo que fuera -lo que es- recordar series de palabras o números, memorizar fechas, nombres y lugares es una tortura para mí. Lo único que realmente recuerdo que me gustaba y disfrutaba estudiando eran las ciencias -los animales, la biología- y la física. Eran materias que yo comprendía bien y “veía” con facilidad. Las matemáticas, en cursos mas altos tampoco fueron un problema. En el momento en que encontré trucos para recordar y calcular múltiplos, los problemas de los dos trenes que salían de Sevilla a Barcelona y viceversa a distintas velocidades dejaron de ser una dificultad para mí. Pero sin embargo, he sido una pésima alumna, que además se autocensuraba a medida que iba creciendo. He sido de esos alumnos que siempre suspenden muchas asignaturas. 

LLAMADAS TELEFÓNICAS



Pertenezco a una generación que ha crecido paralela a la gran expansión de los primeros medios de comunicación audiovisuales en España: la televisión y el teléfono. Al igual que ha ocurrido posteriormente con los ordenadores personales e internet, al principio solo lo tenían las clases sociales mas altas, por el alto coste de instalación y mantenimiento. Y a medida que se fue extendiendo su uso se abarataron costes. Recuerdo de niña que un aparato de televisión era muy costoso y las llamadas telefónicas sobre todo si se establecía comunicación con otras provincias –lo que denominábamos una conferencia- eran extremadamente caras.

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