REVELACIONES



La luz de la luna se reflejaba en el asfalto. El tramo que se veía era pequeño, a penas unas decenas de metros, como si fuese el decorado de una película, en el que un único y potente foco iluminase el atrezzo y en la sombra, fuera de la vista no existiera nada. Una luz pálida, blanca, que mostraba una carretera de doble sentido. Y yo sólo quería correr, huir, esconderme de los que me perseguían. Ni siquiera sé qué o quiénes eran, creo que ni yo misma sé lo que era, porque no parecía que tuviese piernas, quería correr y no podía, apenas avanzaba unos metros, como si algo me impidiese caminar, intentando desesperadamente cruzar la carretera, porque estaba convencida que al otro lado estaría segura.



La pesadilla se repitió a lo largo de la noche varias veces. Despertaba angustiada, sobresaltada, pero sobre todo, con frio. con un frio gélido y paralizante. Una de las veces que desperté tuve una certeza plena y absoluta. No era un recuerdo, éste tardó unas horas en llegar, y ni siquiera fue un recuerdo completo, tan sólo un esbozo. Yo era pequeña y veía una figura acercarse a mí. No le veía el rostro, tan sólo se recortaba su silueta contra la claridad del ambiente. Y yo sentía miedo, mucho miedo. Por el momento no hay mas, pero desde la noche anterior, durante aquel sueño recurrente, ya conocía la identidad de la figura. Por lo tanto cuando el recuerdo se presentó, ya sabía quien era. Y no era mi padre.

Con esa certeza vinieron otras convicciones. Convicciones que me hicieron replantearme muchas cosas. La primera de ellas es que no sabía si estaba perdiendo la cabeza. Cuando ese primer pensamiento que ponía en duda mi propia cordura empezó a desvanecerse, empecé a rememorar momentos, escenas familiares que de repente veo con una nueva perspectiva, con un nuevo enfoque, desde otro punto de vista. Son recuerdos sin importancia que desde la distancia me muestran cosas que estaban ocultas y que le dan a mi pasado una nueva imagen.

Desde que inicié mi rehabilitación, me he dado cuenta que recuerdo mucho menos de lo que creía. Ahora estoy recuperando pasajes de mi pasado que habían quedado totalmente enterrados en mi memoria. Y muchas piezas del puzzle, ese puzzle del que ya hablaba en mi primera entrada, empiezan a encajar. Pero a veces encuentro piezas que no sé ni siquiera si pertenecen al juego.

Ya conté en este blog (en “el laberinto del minotauro”) que tuve varios días en los que sentía a mi monstruo suelto por el castillo. Que intentaba mostrarme algo nuevo que me daba miedo. Y esa era la razón por la que me planteaba buscar ayuda profesional. Me temo que aquél fue sólo el primer asalto. El dragón sigue suelto, y me ha acorralado en una habitación a oscuras. El recuerdo contra el que luchaba era con mi hermano “mellizo”.

Situado al final de mis abusos, y creo que directamente relacionado con ese final, el recuerdo esta aún en sombras, a saltos, como si las fotos del álbum se hubieran caído y estuvieran desperdigadas por el suelo, sin orden ninguno. La mayoría están boca abajo, sin posibilidad de ver la imagen, algunas están boca arriba, medio tapadas por las demás: Mi “mellizo” llorando ante mi padre, que le pregunta por mí; El momento en que me escapo de casa aterrada; Estar sentada en la cama de mis padres con mi padre hablando conmigo y con mi hermano; Esconderme bajo la cama… fotos que aún no sé si pertenecen al mismo día o a días diferentes. Fotos, recuerdos que me perturban enormemente porque implican hechos espantosos que mi padre deseaba llevar a cabo.

Soy consciente que esta entrada es un autentico salto de fe. Soy consciente que tal vez algunos no creerán lo que van a leer. Pero ante todo necesito ser sincera conmigo misma, como me propuse desde la primera entrada, porque creo que tengo algo que contar. Si es real o fruto de mi imaginación debo dejarlo al criterio de los que lo lean, y de mi psicólogo. Porque yo, personalmente no soy capaz de discernir lo real de lo imaginario. Reconozco que en el momento de escribir esto la línea de la cordura ha desaparecido, y no sé si estoy de un lado o del otro.

Mi padre quería que mi “mellizo” y yo tuviéramos sexo. Es algo que llevo estos meses luchando por sujetar y racionalizar. Le veo hablando con los dos, a mi hermano explicándole que es hora de aprender a comportarse, y a mí diciéndome que no me dolerá. No sé si la imagen pertenece al día en que me escapé de casa, no sé si lo llevó a cabo. No recuerdo nada concreto. Pero la sospecha en sí ya me ha dado pistas, ya me ha preparado por si se presenta el recuerdo. O eso quiero creer.

Cuando recordé a mi vecino, su imagen ya me era familiar, ya existía el recuerdo borroso de aquel hombre lamiéndome el clítoris, pero hasta que el recuerdo no se completó, no supe que se trataba de un vecino, tenía asumido que era mi padre, pero que por alguna oscura razón le cambiaba el rostro. Por lo tanto creo que éstas últimas semanas mi mente me ha vuelto a mostrar pequeñas imágenes, como globos sonda, para después enviar el resto de la información. Así ha funcionado otras veces.

En consecuencia, últimamente me sentía aterrada de tener un recuerdo con mi hermano, el pequeño de los dos, e intentaba sujetarlo como un tigre con una vara para evitar que me devorase. Pero en la habitación había mas tigres. Estaban ocultos en la sombra, lejos de mi vista, y creo que estaban en la misma habitación que el recuerdo de mi hermano. Y ahora sé que los gruñidos que oía no eran de ese tigre que mantengo sujeto sino de los otros, porque siempre que el recuerdo de mi “mellizo” quería salir, siempre se cruzaba, de manera aparentemente incongruente, la imagen de mi hermano mayor, aquel que quiso agredirme con 20 años. Y ahora, como me ocurrió con el vecino, creo saber porqué se cruzaba su imagen: Mi hermano mayor también abusó de mí cuando era niña. No tengo nada que lo corrobore, la figura en sombras que recuerdo sigue en sombras y no hay ningún elemento mas que lo apoye, pero de alguna manera, “sé” que es él. Y lo sé igual que sé que en el polo norte hace frío aunque nunca haya estado allí. Lo supe la noche de la pesadilla, antes incluso de ese pequeñísimo recuerdo. Fue como encender la luz, como si una pieza hubiera encajado dentro de mi cabeza. Desperté y lo supe.

Y me quedé desorientada, aturdida por la revelación. Pero de alguna manera entendí que ya lo sabía, que una parte de mí ya lo sabía y no me sorprendió. Creo que una parte de mí lo vio como algo totalmente lógico. Es curioso, siempre he tenido un solo recuerdo de ese hermano en mi infancia: en una tienda dándome caramelos vestido con el uniforme de la legión, nada mas. El resto de mi infancia es como si él no existiera. Pero ahora sé categóricamente que abusó de mí. Y con esa afirmación llegaron los otros recuerdos, esos si eran recuerdos, de cuando yo ya tenía 20 o 21 años, mi madre seguía mirando hacia otro lado, mi hermana continuaba odiándome por los “privilegios” de mi infancia con mis Padrinos y mi hermano mayor ejercería como nuevo amo y señor de la casa.

Mi padre estaba enfermo. Tras esos siete años en los que no le había visto, ya no era el ogro que recordaba. Aún imponía con su voz y su presencia, pero lo cierto es que no recuerdo verle levantar la mano a nadie desde que yo me escapé de casa con 13 años. Ya no bebía absolutamente nada de alcohol. Realmente se había convertido en una sombra de lo que fue y vivía prácticamente enclaustrado en su habitación, donde comía, fumaba, veía la tele y dormía con mi madre. Mi hermano mayor se había convertido en el principal proveedor de los ingresos económicos de la familia, porque mis padres sólo disfrutaban de unas pequeñas pensiones no contributivas, mi hermana trabajaba por temporadas cuidando niños o limpiando casas y él tenía una buena pensión del ejercito. Por lo tanto se comportaba como el cabeza de familia que trataba a su padre con el reconocimiento de aquellos que respetan a sus ancianos pero ya son dueños de sus vidas. A todos los efectos mi padre había abdicado.

Y mi hermano tomó las riendas con rapidez. A veces cuando yo discutía con mi hermana –y lo hice mucho- por el tema de mis Padrinos, él para calmar los ánimos entraba en la habitación con ella y salían un rato después como si nada hubiera ocurrido. Y ahora “se” que mi hermano mayor también debió abusar de mi hermana, y debió hacerlo desde muy joven prolongando la relación incestuosa durante años, tal vez hasta la actualidad.

No puedo demostrarlo, siempre será mi palabra contra la de él -la de ellos- y probablemente no estén por la labor de confesar jamás esos hechos. Es una de esas piezas del puzzle que he encontrado debajo de la mesa, y que nadie sabe que estaba allí. Una certeza que ningún tribunal admitiría como prueba. Pero me basta con mi propia convicción. Lo he sacado en conclusión después de atar muchos cabos, muchos recuerdos del año que viví con mi familia biológica con 20 años.

Mi padre abuso de todos, de los 4 hermanos. Y todos tenemos grandes cicatrices. A veces algunas víctimas cruzan la línea y se convierten en victimarios. Fue el caso de mi hermano mayor. Cuando yo tenía 20 años intentó violarme. Le confesó a mi marido cuando empezábamos a salir que le envidiaba porque se “tiraba” a su hermana. Y en una ocasión, mi madre me obligó a acompañarla a ella y a mi hermano mayor a la consulta de su psiquiatra porque él estaba enamorado de mí. Por lo tanto, racionalmente cabe la posibilidad de que ya de jovencito repitiera patrones aprendidos e hiciera conmigo y con mi hermana lo que mi padre hacía con él. Y mi hermana no está bien. Creo recordar a mi madre diciéndome que el médico de cabecera sugería que probablemente tiene algún trastorno mental, esquizofrenia o personalidad múltiple, pero que sólo un psiquiatra puede diagnosticar y que ella siempre se ha negado a acudir a uno. En mi opinión, esos trastornos son provocados por los abusos continuados de mi padre y de mi hermano.

Ahora las cosas empiezan a tener sentido. Un sentido espeluznante. Ahora empiezo a preguntarme cada vez mas a menudo qué es lo que aún no recuerdo, qué sorpresas aún me quedan por descubrir, cuál es mi capacidad para asimilar una parte de mi vida que tenía tan olvidada que ni siquiera recordaba que la había olvidado. Es como escarbar la pintura de la pared para poder aplicar una capa de yeso para lucirla y descubrir una grieta tras la que se esconden cadáveres empalados, enterrados vivos, y que ahora reclaman justicia.

Porque ahora me pregunto muchas veces qué es lo que me ocurrió a mí. Cuál es la chispa, el detalle, la razón por la que soy capaz de escribir todo esto y no dejarme llevar por la desesperación de una infancia destrozada, con una familia que más que desestructurada estaba consumida por dentro. Y cada minuto que pasa me siento mas impresionada de la enorme suerte que tuve con mi vida. Mi Madrina y su familia sin duda tuvieron un papel protagonista. De alguna manera ayudaron a que mi mente archivase todos esos recuerdos –y más hechos que sin duda permanecen ocultos- y que los olvidase hasta ahora. Quiero creer que mi mente es la que más me ha protegido. Quiero creer que mi hermana por ejemplo, sí ha sido consciente de todo desde el principio y su mente, abrumada por las revelaciones no lo soportó. Quiero creer que gracias al bloqueo que mi mente ha hecho de mis recuerdos yo si he podido salir adelante, tener una familia, “ser feliz”. Y quiero creer que ahora soy lo bastante fuerte para recordar, conocer y asimilar los horrores de mi infancia.

Pero hay algo que debo tener presente: Ahora que ya sé lo que ocurre, ahora que soy consciente de mi herida, ahora que voluntariamente busco ayuda para superar esto, el proceso es cada vez mas sencillo. Porque es curioso cómo la mente esconde y enseña los recuerdos. Hasta mis 35 años aproximadamente, tan sólo revivía –que no es poco- los recuerdos que nunca se fueron. Las llamadas a su cama para meterme mano, las mañanas en las que entraba en mi habitación, las “Clases” teóricas en las que me hablaba de sexo, la primera vez que me violó. No necesito explicar lo que ocurría entonces. Estaba en mis años oscuros o en mi hibernación, no era consciente del daño, y el dolor era inmenso. Los deseos de arrancarme la piel a tiras, de ahogar mi mente en un vaso de vodka eran intensos, la sensación de huida se volvía feroz.

En la época en que vi a mi padre por última vez, recordé la felación que le hizo mi hermano (recordé la imagen, porque en realidad siempre tuve presente que lo sabía) recordé también que mi principal agresor me metía cosas, que me sodomizó, que me enseñó sexo anal… estaba en hibernación, pero creo que empezaba a poner los medios para sanar. La crisis por entonces me provocó dos o tres meses de depresión, perder de nuevo mi trabajo y una crisis matrimonial importante. Pero algo en mi interior me empujaba a resistir, a seguir adelante, a no hundirme, a luchar contra mí misma para poder recolocar esos recuerdos.

Cuando murió mi padre recordé a otro agresor, mi vecino; y tras dos años en los que ese recuerdo había vuelto a esconderse, surgió de nuevo poco después de abrir el Averno, esta vez para quedarse en la parte consciente de mi memoria, como si hubiera encontrado esa pieza del puzzle y después la hubiera guardado durante ese periodo corto de tiempo. En plena rehabilitación, solo me llevó dos o tres semanas superarlo. Porque en estos dos años, si he sido consciente de lo que ocurría, le he puesto nombre a las cosas, he reconocido mis secuelas por primera vez y participo activamente en el proceso. No me limito a esperar a que pase la tormenta, me protejo de ella.

Y ahora desde hace pocos meses existen percepciones y recuerdos nuevos. Ahora sé que mi hermano también abusó de mí, y probablemente de mi hermana, y viendo cómo actúa mi mente, cómo me envía señales de aviso que me preparan de alguna manera, creo que en el futuro tendré recuerdos con mi hermano el mayor y es posible que también con mi “mellizo” y con mi padre. Es posible que aún queden sorpresas por revelar. Pero esta última crisis, ha sido muy reveladora y como decía, debo tener muy presentes todos estos antecedentes en el proceso de recuperar recuerdos, porque cuando vuelva la crisis –que volverá- debo recordarme a mi misma que no es el fin del mundo, que no me he vuelto rematadamente loca, que no debo dudar de mi propia mente. Porque los primeros días, a todo el cúmulo de recuerdos nuevos que me hicieron sentir que la tierra volvía a temblar bajo mis pies, se añadió otro pensamiento que con el paso de los días creo que he podido identificar como producto exclusivo de mi mente, pero no algo real.

Un pensamiento recurrente que tuve, en el que de niña, cuando veía a mi madre y a mi hermano salir de la habitación llegué a creer que ellos también hacían “cosas” similares a las que mi mellizo y yo le hacíamos a mi padre. Los primeros días ese pensamiento me hacía mucho daño pero así como “sé” que mi hermano abusó de mí, ahora también “sé” que esos pensamientos con mi madre son producto de lo que yo pensaba de niña que ocurría en mi casa. Una total confusión en la percepción de las cosas, la misma confusión que durante mucho tiempo me impidió poner nombre a lo que me hacía mi padre, porque sorprendentemente, no he llamado “incesto” a mi propia experiencia hasta hace tres años.

Todo forma parte del proceso. Todas la heridas deben ser reabiertas para curarlas. Mi mente debe devolverme todo lo que me ocultó para poder seguir adelante. Y no debo tener miedo a esos recuerdos que aún no han salido a la luz. Ahora lo entiendo. Es como un armario, donde de niña se guardaron todos esos recuerdos, como prendas viejas almacenadas sin colocar. Debo sacar uno a uno todos los jerséis, doblarlos bien –aunque duela- y volver a colocarlos en el armario, porque si sigo sujetando la puerta, un día el mueble se podría abrir y todas las prendas me caerían encima.

Ahora sé que el daño es permanente, como una enfermedad crónica, pero que bien tratada se puede mantener a raya y disfrutar de una calidad de vida excelente. Ahora sé que no es lo mismo conocer el camino que andar el camino, y me gusta disfrutar del paseo.



“Al llegar a un puente lo cruzamos y lo quemamos cuando queda atrás; No hay nada que demuestre nuestro avance, tan solo el recuerdo del olor del humo y las lágrimas de nuestros ojos”
Tom Stoppard. Dramaturgo británico de origen checo.

6 comentarios:

  1. Para mi poder leerte también me resulta muy revelador ya que tengo muchas lagunas en cuanto a recuerdos y me da mucho miedo recuperar los hechos que existieron y que no soy capaz de vislumbrar.

    Creo que recuerdo lo que necesito para ir tirando palante pero no se si será suficiente y me pase factura dentro de un tiempo. Leyendo esta entrada he sido consciente que se debe separar entre recuerdos y percepciones que podrían ser erróneas así que me has ayudado bastante con este escrito.

    Te mando un abrazo grande que te de fuerzas para continuar vaciando ese armario y lo dejes lo mas limpio y ordenado posible!

    Mil besos.

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  2. Cielo, ayer te leí, hoy nuevamente.
    Creo que tu hermana debe tener serios trastornos, causados por la infancia y vida que tiene que llevar.
    El 'milico' jamás reconocerá lo hecho, también es una víctima, luego convertido en victimario.

    Me pone la piel de gallina al leerte, en mi cabeza siempre está la pregunta ¿por qué no me abortó, por qué no me dio en adopción? se puede ser perversa, sí!, eso de madre hay una sola es puro mito.

    Que saques todo lo que se oculta, creo que puedes llevar una vida con momentos felices, solo hay que alejarse de la gente que nos hace daño...mis abrazos.

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  3. Yo también soy victima de incesto y esta es la primera vez que soy capaz de decirlo en 48 años.
    Gracias por tu blog que me ha servido para poder entender muchas de mis "peculiaridades".
    Te mando un abrazo fuerte

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  4. Tu "senda de las pesadillas" me fascina y horroriza a la vez - yo no descubro nunca nada en mis sueños, aparte de alguna que otra "visión" de cosas futuras, pero jamás del pasado. La verdad es que no quisiera soñar con nada de ello, y mi mente me debe de proteger a cal y canto de algunas cosas, imagino. Entiendo perfectamente tus presentimientos de verdades acontecidas, y especialmente el mundo ese donde parece uno enloquecer, donde la realidad y el sueño no se distinguen. No sé por qué ocurre eso, pero debe de ser común - a mi se me borra del todo el sentido de verdad palpable si me interrogan, y al final ya no sé qué es verdad y qué es sueño (aún sabiéndolo perfectamente bien en mi interior trans-mental). Ese borrar la autoconfianza en la propia verdad y experiencia es una auténtica herida que cura difícil, pero la mente y el corazón se las ingenian para desarrollar otros modos de supervivencia, de estabilidad, de percepción, de saber. Aún así, cómo me gustaría poder separar los sueños de la realidad y tener la seguridad completa de que no yerro.

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  5. La verdad es que solo he podido leer la primera parte de tu entrada...
    Sé lo horribles y desconcertantes que pueden llegar a ser las pesadillas, las tengo casi todas las noches y últimamente cada vez más. Conozco esa sensación de despertar y no saber distinguir la realidad del sueño, de perderte en algún rincón del espacio-tiempo. Nena, te comprendo, y siento mucho no ser capaz de leer todo lo que escribes, hay cosas demasiado fuertes a las que todavía no me atrevo a enfrentarme, ni sé qué decirte al respecto... sólo que, aunque sea sin muchas palabras, te acompaño en tu lucha y te mando toda mi fuerza.
    Un beso, nunca tires la toalla!

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  6. Solo darte las tímidas gracias por tu blog, porque ayudas a muchas mujeres extraordinariamente valientes pero sumidas aún en el silencio...

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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