CREDOS



Me considero agnóstica. Supongo que muchos lo criticarán como la postura más cómoda. La equidistancia entre los creyentes y los ateos.

Los creyentes me reprocharán que creo en algo superior sin la obligación de la obediencia y el sacrificio por ese “dios”. Los ateos considerarán que mi postura es un tanto infantil por creer que alguien o algo va a arreglar mi vida con un simple movimiento de manos.

Lo cierto es que me considero agnóstica porque en realidad paso mi vida basculando mi criterio entre uno y otro extremo.

REVELACIONES



La luz de la luna se reflejaba en el asfalto. El tramo que se veía era pequeño, a penas unas decenas de metros, como si fuese el decorado de una película, en el que un único y potente foco iluminase el atrezzo y en la sombra, fuera de la vista no existiera nada. Una luz pálida, blanca, que mostraba una carretera de doble sentido. Y yo sólo quería correr, huir, esconderme de los que me perseguían. Ni siquiera sé qué o quiénes eran, creo que ni yo misma sé lo que era, porque no parecía que tuviese piernas, quería correr y no podía, apenas avanzaba unos metros, como si algo me impidiese caminar, intentando desesperadamente cruzar la carretera, porque estaba convencida que al otro lado estaría segura.

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