LA CÁMARA OSCURA



Los que tenéis conocimientos de fotografía supongo que conoceréis los principios de la cámara oscura. Una habitación cerrada con un solo punto de entrada de luz. Y donde se proyecta esa luz, se puede ver una imagen invertida del exterior. El ojo humano funciona también con ese principio.

En mi habitación de la casa de la playa, que tenía vistas al mar y estaba orientada al este, se reproducía ese efecto con gran eficacia. Cuando se bajaba la persiana por la noche siempre quedaba una rendija por la que por las mañanas entraba la luz del amanecer y recuerdo que al despertar me quedaba varios minutos observando el reflejo de esa luz en el techo de la habitación.

Me parecía asombroso pues era capaz, si el reflejo lo permitía, de ver morir las olas en la orilla y adivinar gente paseando por la arena mucho antes de que el sol se levantara por completo en lo alto. Las primeras veces que descubrí ese efecto óptico creía que era cosa de magia y me levantaba a subir la persiana para intentar entender qué eran las imágenes proyectadas en el techo. Con los años aprendí a interpretar lo que veía.



Recuerdo que cuando lo estudié por primera vez en el colegio tuve la sensación de que los profesores no eran capaces de explicarlo bien: tan solo debían llevar a toda mi clase a mi habitación de la playa y pasar la noche allí. Lo entenderían a la primera.

A veces creo que el mundo entero vive dentro de una cámara oscura, y sólo unos pocos nos atrevemos a ver la realidad. Porque parece que todo el mundo se empeña en mantener la persiana bajada. Como si no desearan mirar por si mismos la realidad de los abusos. Siguen pensando que lo que ven en el techo son solo las formas caprichosas de la luz, versión moderna de la Caverna de Platón.

Siempre creí que solo unos pocos teníamos ese “privilegio”, pero empiezo a pensar que mucha gente no mira la ventana porque no sabe ni siquiera que está ahí. Y me siento un poco orgullosa de descubrir para algunas personas donde termina la pared y donde empieza el cristal, y me siento cada vez mas capaz de enseñarles la cinta de la persiana para que me ayuden a levantarla.

Hace unas semanas intenté constatar la opinión que este tema le merecía a alguno de esos amigos, y les pedí que escribieran unas líneas para mi blog contando su punto de vista. Cómo lo veían antes de conocer un caso concreto –en este caso, a mí- y si algo había cambiado desde entonces. Quería que los supervivientes tuvieran la visión de alguien que no ha sido testigo, ni directo ni indirecto de los abusos sexuales infantiles. Por supuesto también les pedí opinión sobre la política de prevención, la justicia y las ayudas a los que ya lo habíamos sufrido.

Intenté buscar la variedad de criterios, así que el resultado de mi pequeña búsqueda fue: un anarquista que cultiva marihuana, un profesor de instituto de secundaria, y un padre de familia. Nos une la pasión por la fórmula uno y fue precisamente en un foro dedicado a ese deporte donde les conocí.

Aquí os dejo sus impresiones.



El primer testimonio, es intimo y personal. Durru es directo y no se anda con rodeos. Está muy comprometido con la lucha social y ecológica -el enlace a su blog os dirá mucho de él- pero ante todo es alguien que me sorprendió desde que le conocí por su claridad de ideas, y por lo reivindicativo de sus acciones. Te dice las cosas claras y sin tapujos, y defiende sus ideas con pasión, pero jamás le he visto ofender a nadie que fuera diametralmente opuesto a sus opiniones.



“Me pides Némesis una explicación, me pides que te describa mis opiniones sobre el maltrato antes y después de haber conocido tu caso, tu historia, tu blog.

Y nada ha cambiado por leerte, nada ha cambiado en mí, aunque supongo que algo sí ha cambiado en ti desde que decidiste hacer pública tu condena, la existencia de un temprano torturador y la correspondiente pública acusación.

Todos somos supervivientes de nuestras miserias y de miserias heredadas, pero una vez que se decide coger el toro por los cuernos, uno consigue sensación de control sobre las mismas. Me encanta que te hayas decidido a expresar toda tu inquina, todo tu odio, todas tus quejas.

Yo nunca fui maltratado, y espero no haber sido nunca maltratador, y digo que nada ha cambiado por leerte, porque yo ya tenía conciencia sobre la tremenda injusticia del maltratador en casa, el maltratador con poder de infringir daño que sujeta en la otra mano la dependencia.

Pienso que es un paso adelante denunciar estas situaciones, aunque sea años después. Lo que sigue lastimando hace falta vomitarlo.

Enhorabuena por tu blog, enhorabuena a todas las víctimas que se sienten víctimas agraviadas, en vez de seguir sintiendo esa íntima vergüenza que provoca el maltratador en la víctima.

Y sobretodo enhorabuena a las que contáis lo vivido y dejáis rastro de lo acontecido, conocer estas oscuras realidades es iluminar las tinieblas. Ánimo y palante.”

Durru (el-durru.blogspot.com)




El mas extenso de los tres, es también el mas metódico, el mas “oficial”, dicho sea con cariño a su autor, que por deformación profesional fue capaz de analizar de forma quirúrgica el tema que le propuse. Vili, por su trabajo como educador se relaciona con chicos y chicas de edades comprendidas entre los doce y los dieciocho años. Me sorprendió desde el principio por su amor a los animales, cosa que compartimos. Vive en una casa rodeado de perros y gatos, que se le suben al teclado y de vez en cuando envían un mensaje. Es un profesor vocacional. Le encanta enseñar y pone mucha paciencia en ello. Tengo que decir que es mi principal “profe” en lo que a nuevas tecnologías se refiere. No ha sido el único, pero si al que más veces he molestado con mis pequeñas “crisis tecnológicas”. Si Durru me ayudó a “pulir” la imagen del blog, y me enseñó esos pequeños trucos que yo deseaba mostrar aquí (ajustar la foto del fondo, el tamaño de las letras…) Vili ha sido el principal motor que me instruyó en los pasos mas básicos que debía conocer para poder colgar mi primera entrada hace casi un año. Es el que más me ayudó a dar el paso de abrir el blog.



“Hace tiempo que una buena amiga me pidió que le escribiera unas líneas sobre cómo veo, desde mi punto de vista de profesional de la docencia en el que tengo que lidiar con jóvenes de entre 12 y 18 años aproximadamente, el asunto del maltrato infantil y los abusos sexuales a menores. Pues bien, reconozco mi tardanza en afrontar dicha tarea aunque no sólo fuera el exceso de trabajo el que me lo impidiera en su momento, que también, sino la propia inseguridad sobre lo que iba a tratar no encontrando nunca el momento preciso ni la concentración necesaria. Sí, en el fondo quizá deberé entonar el mea culpa por en realidad no querer o no saber más bien afrontar tan sencilla tarea, a priori, como escribir una opinión personal.

Pues bien, lo que son las ironías, hoy mismo, día en que escribo de una vez por todas estas líneas, acabo de recibir una notificación de un juzgado de una provincia española como secretario que soy del centro de Educación Secundaria en que trabajo donde se nos informa de la orden de alejamiento que ha recaído sobre un individuo (dejémosle de momento ahí tal eufémico apelativo) en relación a cualquier centro público o privado de educación, social, deportivo y similares en que existan menores de edad. Efectivamente, un pedófilo, y seguimos con los eufemismos. Hasta aquí todo podría parecer una mera casualidad, pero un documento tan relativamente sencillo en este caso de entender –y ya sabemos que cuando de terminología judicial se trata la mayor parte de las veces hay que llamar a un traductor– ha servido para aclararme varias cosas que en mi interior entiendo se hallaban dormidas pero que sobre las que realizando una osada extrapolación pueden dar cierto sentido a ciertas cosas.



Se me preguntaba básicamente qué es lo que había cambiado en mi mente, si es que algo lo había hecho, después de haber conocido el caso de esta amiga. Pues bien, podría decir que en cierto modo he descubierto de primera mano algo que sabía que existía pero que ves como aquello que no quieres ver, como pueden ser los accidentes de tráfico, el cáncer, etc, etc. Es más, esto es algo muchísimo más "irreal". De hecho, casos como los expuestos de accidentes, enfermedades, catástrofes naturales, asesinatos, etc. son mucho más palpables en la realidad; prácticamente todos los hemos sufrido o cuando menos los hemos tenido cerca. Sí, sabemos que existen no sólo porque nos lo cuentan en los medios de comunicación sino porque somos testigos cuando no víctimas directas. Es la cara oscura de la vida.

Pero resulta que hay zonas oscuras en la vida, y ni siquiera tienen cara. Aberraciones humanas que por mucho que hagamos el esfuerzo de querer llegar a entender jamás encontraremos una razón siquiera remota para poder justificarlas. Y creo que ese intento que querer cavar en los fondos abisales de la mente de un llamado enfermo (el apelativo más recurrido o que más tranquilos puede dejarnos) no es sino el fruto de la exploración de nuestras propias mentes y conciencias. Sí, creo que en el fondo somos unos grandes desconocedores de los límites de las mismas; vemos y controlamos supuestamente las fronteras que no debemos traspasar, pero da miedo pensar que pululando por el mundo hay mucha gente caminando por el borde del abismo cuando no directamente está de ese otro lado que no sólo ignoramos sino que queremos ignorar. Pero existe.



En realidad cambiar no han cambiado mucho mis hábitos y mis opiniones vitales, pero ver directamente esa cara oculta de la luna que jamás vemos desde nuestro mundo feliz yo diría que ya es bastante cambio. Que no es poco. Ver la necesidad imperiosa de una persona afectada por abusos en su infancia de comunicarse y contar a los cuatro vientos lo que a ella le sucedió sin tan siquiera tener muy claro para qué el objetivo de tal acto me llevó a una irrefrenable motivación hacia esta persona. A fin de cuentas un niño pequeño, cuando dibuja, realiza un acto de expresión brutalmente directo; pues yo comparo esa necesidad de comunicación con la necesidad de la expresión. Y yo sabía que lo más difícil era poner el tren en marcha. Había que engrasar, había que echar carbón a la caldera, había que acomodar los vagones, y de esta manera, sin tener un destino claro, y ni falta que hacía, la conductora de ese tren seguro que se animaba a conducirlo. Lo demás era cuestión de ir cogiendo velocidad y seguridad. Sólo necesitaba un empujoncito, pero el trabajo al 99,99% lo ha hecho ella. Los demás lo teníamos fácil.


Pero por el camino he aprendido que conviviendo con nosotros, en silencio, por desgracia seguro que puede haber más niños sufriendo en silencio. Y eso es lo que me aterroriza o tengo más presente después de haber conocido a esta persona, y ahora ya hablo no sólo como ciudadano de a pie sino como trabajador cuyo entorno está plagado de menores en una edad complicada y que además incluso pueden ser víctimas de abusos desde hace mucho tiempo. El problema está en las señales que deberíamos saber percibir para detectar estos casos. Y aquí es donde vuelvo al principio, al famoso comunicado judicial, como ejemplo de la falta de información y de formación sobre estos asuntos en un terreno especialmente propicio para ser tratado con el máximo rigor y atención. Puede parecer una tontería, pero a mí no me lo ha parecido en absoluto; me explico: en dicho documento, enviado como poco a todos los centros de Educación Primaria y Secundaria del país, se resumen las medidas cautelares adoptadas sobre el acusado ante la falta todavía de una resolución definitiva en dicho procedimiento. Resumiendo, este tipo está en la calle y han sido demostrados sus actos de manera inapelable; lo peor es que en su declaración niega la mayor, para él el cielo es verde y las nubes colorás. Y es ahí cuando no llego a entender que una patología de este tipo o como quieran llamarlo pueda campar incluso con órdenes de alejamiento. Es que no hay siquiera dudas razonables, y la experiencia nos dice que este tipo de comportamientos suelen perdurar y repetirse en el tiempo. Vulgarmente hablando, aunque quizá sea la verdad más contundente, esta gentuza no tiene cura, al menos de momento. Bien, al menos consta una orden de alejamiento pero… ¿alguien sabe bien para qué sirve y, sobre todo, cómo se gestiona? Se nos informa de los hechos imputados y probados, de cómo el interfecto engañaba a sus alumnos (sí, es un profesor) para provocar las situaciones que a él le facilitaban llevar a cabo sus denigrantes actos y de las ya mencionadas medidas cautelares. Todo ello con nombres, apellidos, DNI y zona de actuación delictiva por la que fue denunciado. Como responsables de un centro educativo nos preguntamos qué deberíamos de hacer con la información que tenemos. Sí, le hemos dado registro de entrada al ser una información oficial y de reconocida importancia, hemos trasladado dicha información a las trabajadores del centro que deberían estar alerta ante una posible proximidad del sujeto al recinto y su aledaños y poco más, pero ante una posibilidad real de que el mismo se acercara… ¿qué hacemos? ¿cómo podemos sospechar que es él? Porque a la puerta del centro siempre hay y puede haber padres o familiares esperando a sus hijos o gente que no tiene nada que ver con el instituto pero que está en su pleno derecho de estar en la vía pública por fuera de la valla, puertas y límites de nuestro recinto. Hay un detalle que a estas alturas los aviesos lectores ya habrán echado en falta: sí, efectivamente, nosotros no somos la policía para poder pedir documentación a nadie y sólo podríamos mantener un contacto visual sobre algún sospechoso… de cual no tenemos ni la más remota idea de cómo es su cara ni su físico porque el juzgado no ha enviado fotografías del mismo. Desconocemos si son razones técnicas amparadas en alguna de esas leyes de protección de datos o derecho a la intimidad, pero desde luego chocan con los expuestos en una sentencia que, aunque provisional, es pública.

Pues bien, anteriormente hablaba de una extrapolación, y ésta consistiría en comparar el hecho de que la justicia ha "cumplido" y ha sido políticamente correcta poniendo sobre aviso a aquellos colectivos, organizaciones y centros que pudiera ser amenazados por casos de este tipo con el hecho de que en nuestra profesión se peca de falta de formación y eficacia en este sentido. Sí, siempre se nos avisa desde la administración de que estemos alerta, de que sepamos leer entre líneas, y nosotros lo trasladamos al grueso del profesorado para que todos pongamos mil ojos sobre el asunto. Pero la verdad y el día a día hace que sea un tema relativamente olvidado, oculto; la rutina te lleva a casi no tener presente que delante de tus ojos puedes tener niños que sean víctimas de abusos, y en todo caso postergar esto como última razón ante comportamientos anómalos de un alumno. También puede ser cierto que los mismos pueden ser debidos en la mayor parte de las ocasiones a separaciones conyugales, problemas domésticos, enfermedades de miembros de la familia, etc., pero el peligro es que la niebla no nos deje ver el bosque. Y el bosque, el que da miedo, puede estar a escasos metros. Nuestra intuición es algo que jamás podemos desdeñar y quizá el baluarte más importante en estos casos para detectar problemas, pero indudablemente la intuición no puede aislarse de la formación, bien sea por nuestra propia educación o bien sea por la recibida como parte del proceso de mejora en nuestro trabajo. Por desgracia de esta última andamos muy, muy escasos. Cuántos juzgados ni siquiera habrán difundido esas sentencias que a buen seguro y por desgracia existen, cuántos cursos de formación no existen para aclarar conceptos a profesionales que trabajan con niños y jóvenes y cuántos abusadores existirán a los que la justicia está aún lejos de hacer pasar por el banquillo. Y creo que es el tema que más me ha llamado la atención a raíz de conocer a esta amiga; más bien es lo que más me preocupa y lo que debería resumir mi opinión antes y después de haberla conocido.

Ahora quiero que sea ella la que me ayude a mí, a nosotros, a todos. Ya lo ha hecho, ya ha empezado, pero ese tren no debe parar. Cada vez entiendo mejor su lucha, su no querer olvidar el pasado para proyectar mejor su presente y su futuro, y con él el de otras muchas personas que han sufrido, estarán sufriendo o llegarán a sufrir algún día esta repugnante ofensa a la dignidad humana.”

Vili.




Realmente he tenido serias dudas sobre como debería ordenar las intervenciones, porque los tres han sido importantes para mí, cada uno con su aportación, pero como alguien tiene que ser el último, -que no el peor, pues hay quien opina que se debe dejar lo mejor para el final- estoy segura que a Alberto no le habrá importado cerrar las aportaciones porque es sencillamente todo corazón. La empatía le asoma por los poros. Desde el día que le conté mi pasado de abusos, ha sido mi confidente en muchas ocasiones. Si Durru y Vili me ayudaron en la parte técnica, Alberto forma parte del área creativa del blog. Comento a veces con él alguna entrada, ha sido mi inspiración en varias ocasiones aclarándome temas concretos que me preocupaban y siempre tiene una palabra de ánimo cuando me siento confusa. Es esposo y padre de dos pequeños, y consecuentemente tiene relación con otras familias con niños de su comunidad. Aporta, por lo tanto la visión del padre de la clase media española.



“Cuando Némesis me pidió colaborar en su blog, no me lo pensé. -"Cuenta conmigo, será un honor"- le dije sin vacilar......

Pero tengo que confesar que expresar mis sensaciones sobretodo lo que he leído en el blog de Némesis, tal y como ella me solicitó, me ha resultado muy difícil. Alguien como yo, un ser normal, con hipoteca, con unos kilos de más y preocupaciones banales, iba a empezar a escribir sobre algo que ni en la peor de sus pesadillas ha podido siquiera sentir, o intuir. 


Soy un privilegiado. Lo reconozco, pero no me he dado cuenta hasta bien entrados los años. La madurez te hace descubrir hechos a tu alrededor, a veces en carne propia, que te hacen abrir los ojos al mundo real y su crudeza.


He tenido una infancia "normal", por lo menos así creía yo, pero es incierto, he sido un niño/adolescente con mucha suerte. No se elige donde se nace, y mucho menos la familia a la que vas a pertenecer, por lo que podemos considerar que he sido muy afortunado; es ahora cuando lo comprendo.


El abuso infantil, en todas sus asquerosas y cobardes variantes, era algo que mi conciencia ni se había parado a analizar ni siquiera un segundo, nunca más allá de las noticias, escasas por otra parte, que pudieran salir en la tele, radio o prensa. "Qué barbaridad" o "La gente está muy enferma" eran comentarios que salían de mi boca, pero sin más. En mi entorno no he conocido a nadie que haya sufrido o haya protagonizado un maltrato, abuso, etc... al menos, nadie lo ha confesado o ha sido denunciado. En este momento queda demostrado que hablar del maltrato/abuso de menores, era lo último en lo que yo podía pensar.



Cuando leí la primera entrada de este magnífico blog, entendí que algo dentro de mí se activó. Aquellos párrafos no me iban a dejar indiferente. Hace tres años que soy padre y creo que esta condición me hizo leer esa entrada con otra visión diferente, con el atenuante que hacía tiempo que conocía a Némesis y
que no me podía creer su historia. Sintiendo lo que siento por mis hijos, lo que estaba leyendo no podía ser cierto.


Lo primero que sentí fue estupefacción, como cuando alguien te cuenta un secreto muy oscuro y personal, y no te lo crees. Pero enseguida sentí rabia, mucha rabia. A medida que iba publicando más entradas, la rabia se convirtió en odio, y ese odio llegó un momento en que se disipó, y según comprobaba el cambio palpable de Némesis, desde su primera entrada hasta las últimas, toda esa energía negativa se transformó en una tremenda admiración por una mujer que, ella bien lo sabe, a mi modo de ver, está en su mejor momento, un momento tranquilo, de camino seguro hacia la paz y que su demonio lo ha impedido hasta ahora. Un ejemplo para todos de superación y fuerza. 


Lo que me ha aportado la historia de Némesis, sobretodo es abrir los ojos a una realidad que está en nuestra sociedad, y que todos debemos censurar y presionar para que los culpables paguen por sus atrocidades. Habría que proteger más a las víctimas, porque ellas si que están totalmente indefensas. Gracias a personas como Némesis y otra@s colaborado@s y asidu@s a este blog, los ciegos como yo dejaremos de cerrar los ojos o mirar para otro lado, y de ese modo conseguir salvar a muchos inocentes.



No quisiera olvidarme de los cobardes, frustrados, medio hombres y, desgraciadamente en muchos casos, asesinos, conscientes responsables de la atrocidad más innombrable que existe. Sólo deseo que ningún de ellos quede impune, ojalá hasta el último de estos deshechos humanos sea juzgado y condenado. 

Ya no veo las noticias de sucesos donde hay implicados niños de la misma manera. Pienso en que puede haber habido vejaciones, violaciones, palizas........y siempre rezo para que es@ niñ@ tenga la misma fuerza de Némesis.”

Alberto.




Una vez recuperada de mi ataque de vergüenza por sus inmerecidas palabras, puedo constatar que sin duda por fin he sabido elegir bien a las personas en las que deposité mi confianza para contarles algo tan íntimo como lo ocurrido en mi infancia. Y me gustaría que quedase constancia de eso. A ellos, cuando lean esta entrada publicada, es posible que les parezca una tontería lo que digo, pero puedo asegurar que ya en el pasado intenté contar a mis amigos el dolor que me resquemaba por dentro y, no sé si por inmadurez mía al elegirlos o por incomprensión de esas personas, nunca encontré apoyo de ningún tipo. En el mejor de los casos se apartaban o ignoraban por completo la mención, como si no hubiese dicho nada. Los entiendo, yo tampoco hubiera sabido que hacer o decir. En el peor de los casos se han aprovechado de ello. Se han aprovechado “mucho” de ello. Eso, en general, a las víctimas nos vuelve desconfiadas por lo tanto los tres pueden estar seguros del apoyo que son para mí.

Por lo demás, poco que añadir: falta que la sociedad hable más de esto para poder ayudar a las futuras víctimas y para ayudar a todos los supervivientes a curar sus heridas junto a personas, como mis amigos, que no se aprovechan de nuestras iniciales carencias. Pero necesito insistir en algo importante: La sociedad debe hablar más de esto, debe hacer presión para sacar a la luz a los que cometen tales atrocidades, Pero nosotros, los que hemos sido víctimas debemos ser los primeros en hacer el esfuerzo. No solo para que el mundo conozca que esto existe y es real, sino por nosotros mismos, por nuestra recuperación. Porque si todos levantamos la persiana, todo el mundo sabrá que fuera de la cámara oscura, ocurren cosas, cosas feas, cosas terroríficas que hace falta que se conozcan. Y si pedimos auxilio, tarde o temprano alguien nos ayudará –como me ayudaron a mí- a abrir la ventana y dejar pasar la luz del sol.

Y como dicen: cuando sale el sol, las sombras desaparecen, y con ellas, los monstruos.



“una de las alegrías de la amistad es saber en quien confiar”
Alessandro Manzoni. (1785 – 1873) Poeta y escritor italiano.

7 comentarios:

  1. Me ha encantado esta entrada, no sé, me ha emocionado mucho que hicieras esto, puesto que oigo bastante a las víctimas hablar entre ellas, pero rara vez incluidas en el mundo más amplio de personas. La desconfianza es un horror. Tal vez la peor desconfianza de todas es la desconfianza de sí mismo, y esa es la más difícil de erradicar - que te ayuden ahí, en ese momento tan perdido del mundo, es de agradecer, y mucho.

    Un besote

    Sifi

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  2. Qué bonita entrada, Némesis. Maravilloso darse cuenta de que se puede romper el silencio y que la gente te siga apoyando igual o mas que antes de saberlo.
    Preciosas palabras de tus 3 amigos que me han emocionado y me han hecho sentir, si me lo permites claro, un poco de envidia ya que en mi entorno he encontrado poca gente igual que ellos.
    Te mando un abrazo muy grande.

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  3. Dejar aquí plasmado la ayuda que has recibido de esos tres amigos, me ha emocionado :)

    Es complejo empatizar, sobre todo en los abusos sexuales, creo que vivimos en sociedades dormidas frente a ellos.

    Te dejo abrazos!

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  4. Gracias Durru, con mas gente como tu el mundo seria mas justo.
    Gracias Vili, tus alumnos están en buenas manos.
    Gracias Alberto, tus hijos son muy afortunados.
    Gracias Némesis, tu sabes por que.
    -31-

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  5. Me ha gustado mucho esta entrada, Némesis, y no porque haya letras mías por el medio.

    Es un enfoque distinto, una mirada que hacía falta, creo, un poco más de luz en ese faro tuyo.

    Y a Vili: a mí también me llegó al instituto donde trabajo esa orden de alejamiento a 200 m. de todos los centros de educación del país... ya me dirás cómo espera el juez que dicta esa orden de alejamiento que los centros hagamos algo ¿acaso podemos pedirle la identificación a todos los que se acercan a lo largo de la semana a menos de esa distancia de los centros educativos?. Vamos una sentencia inútil que generó una barbaridad de gasto, porque están llegando las notificaciones a todos los centros del país, para que parezca que se hace algo. Lo suyo hubiese sido un gps para el culpado.

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  6. Muchas gracias (durru, Vili, Alberto) por no mirar hacia otro lado.

    Yo también cuento con personas como ustedes, sin embargo no les ha preguntado si algo ha cambiado... me muero todavía de vergüenza. Némesis gracias por compartirlo y admiro tu valor.

    Un abrazo

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  7. Me pareces muy valiente, como siempre has demostrado ser... si hay algo de lo que no soy capaz, es de hablar abiertamente de este tema con gente que no lo ha vivido de cerca. Supongo que tengo miedo a las reacciones, los juicios, el rechazo, etc. Sin embargo esta entrada me ha hecho ver que no tiene por qué ser así, que al fin y al cabo somos humanos y cuando vemos a otros sufrir, a todos se nos encoge el corazón y nos duele la injusticia, hayamos o no pasado por algo similar...
    Enhorabuena por tu valor, Némesis, un abrazo muy fuerte!

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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