LA PUERTA DEL INFIERNO



Muchas culturas dan una enorme importancia a la virginidad de la mujer. La virginidad física, el hecho de conservar el himen y no haber experimentado ni siquiera una mínima penetración de la entrada de la vagina.

En ese sentido, obviamente, yo perdí mi virginidad antes de cumplir los dos años de edad porque mi padre metía el dedo donde no debía. Lo hizo mucho a lo largo de mi infancia.

Pero psicológicamente hablando siempre he tenido la percepción de perderla con doce o trece años. Dejé de ser una niña en esa etapa, a pesar de que no tuve mi primera menstruación hasta casi los quince. Después de aquel otoño-invierno, en el que cumplí los trece, nada volvió a ser igual. Yo llamo a ese año “El Año del Infierno”.

CARA A CARA



Navegando por la red me he encontrado con este blog. Lleva cerrado algún tiempo, pero no me he podido resistir a escribir una contestación, que creo que no ha llegado, porque no aparece en los comentarios.

Así que he optado por hacer un copia y pega del texto del blog y mi respuesta. Como podréis comprobar habla de las niñas como si se tratase de conquistas, como si se refiriese al diario de un alegre soltero que relata sus relaciones con las mujeres. No he podido evitar dejar algún comentario concreto entre sus palabras, temblaba mientras lo transcribía.
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