SEMILLAS DEL PASADO, FRUTOS DEL FUTURO

Soy una persona con suerte. A pesar de la dura infancia que me ha tocado, he tenido una inmensa suerte. De niña mi Madrina se cruzó en mi camino y estoy convencida de que es la única razón por la que sigo viva. En mis años oscuros tuve la fortuna de no terminar con una adicción irrecuperable y de haber podido salir del círculo vicioso de las malas compañías y las parejas abusadoras. Y cuando me he visto acorralada, en una situación límite, de nuevo como en las películas la suerte me ha sonreído  y una mano me ha sacado del agua en el último segundo.

La suerte ha marcado mi pasado. Pero también marca mi presente. Como si todo se hubiera previsto para desembocar en un solo punto. Ahora que he entrado en mi rehabilitación se me han presentado las herramientas adecuadas para ello. Internet está siendo el vehículo principal. Gracias a la red puedo navegar e investigar sobre los abusos sexuales infantiles para comprender mejor mi mente, recobrar cosas que siempre creí que nunca recuperaría y aprender a vivir como jamás pensé que haría.

Y ahora sé que esa suerte no me va a abandonar en el futuro. Ahora me puedo sentar un momento, descansar y disfrutar de lo conseguido, que es mucho más de lo que yo misma creía. He hecho muchas tonterías, he labrado a lo largo de mi vida muchas cosas. Algunas, como en aquella analogía, han caído en la piedra estéril, siendo alimento para los pájaros, pero otras semillas si han prendido. Ahora empiezo a valorar los frutos que, sin saberlo, he sembrado a lo largo de mi vida y que ahora empiezo a recoger. Frutos que tendrán continuación en el futuro. Hoy quiero hablar de uno de esos frutos.


La maternidad siempre es difícil. En general  se siente una responsabilidad especial. Pero para mí fue algo totalmente catártico.  Me quedé embarazada apenas tres años después de escapar literalmente de la vivienda de mis padres, tras la bronca con mi hermano mayor. Ahora creo que ese fue el génesis de todo. Que durante esos años de hibernación en los que crié a mi hijo, en realidad estaba gestando mi propio futuro.

Había empezado totalmente de cero. Afortunadamente trabajaba unas horas cuidando a una ancianita minusválida, y alternaba ese trabajo con mis estudios de auxiliar de clínica, que había retomado después de mucho tiempo. Pero el sueldo era casi simbólico y no podía permitirme más que alquilar una habitación en un piso compartido con una estudiante de derecho, una inmigrante y una prostituta.

Lo primero que sentí al saber que estaba embarazada fue terror. Pánico a que fuera una niña, a que también fuera abusada, y a que me volviese loca al saberlo. Y una inseguridad total. Fue desolador. Creía firmemente que no era capaz de tener un hijo. Vivía sola, en una habitación alquilada, ganando una miseria en un trabajo de porquería. Yo no podía cuidar de nadie si no era capaz de cuidarme yo.

No me atrevía a decírselo a su padre. Hacía cuatro años que le conocía pero pensé que me mandaría a la mierda. Él es de clase media, familia tradicional, y trabajo estable. Me decía a mí misma que él pensaría que solo estaba intentando “cazarle”. Así que opté por guardar silencio. Me veía, en un futuro, sola, en la calle, con un bebé y sin un techo donde cobijarlo. Me planteé muchas opciones.

Hasta que tuve una amenaza de aborto. Mi padre me había dañado el útero y me explicaron que debido a eso, el feto se había implantado muy bajo. Un simple movimiento brusco podía desprenderlo y perder al bebé. Me ordenaron reposo absoluto durante el resto del embarazo. Y me advirtieron que el riesgo no solo lo tenía el feto, cabía la posibilidad de que mi vida también corriera peligro. Fue entonces cuando lo supo mi pareja.

Me cuesta tomar decisiones. Toda mi vida me he sentido “utilizada” por todos. De niña era sólo un paquete que iba y venía de la casa de mis padres a la de mis padrinos,  de adolescente me dejaba manejar al antojo de  cualquiera, alargando así los abusos sobre mi persona.  Y la sensación de falta de control sobre mi vida siempre es una sombra sobre mí. En este caso no fue distinto.

En el momento en que supo que iba a ser padre, las primeras palabras de mi marido fueron: “bien, en cuanto salgas del hospital hablamos con mi madre y buscamos fecha para la boda.” No me preguntó si yo quería casarme. (Aunque he de decir que no era necesario, me sentía muy protegida bajo su compañía.) No me planteó las potenciales dificultades; o la posibilidad, que yo sí había barajado, de abortar; ni siquiera dudó de su paternidad. Simplemente se hizo cargo de todo.  Y yo me dejé llevar.

No ha sido fácil. Mi monstruo me mostraba escenas imaginarias de un hombre abusador, maltratador, con un lado oscuro que yo descubriría con la convivencia. O con el rechazo absoluto de toda su familia, relegándome a la extraña que solo quiere aprovecharse de la buena voluntad de mi pareja. La imaginación de mi monstruo es inmensa. Y no me importaba. Me dije a mi misma que después de todo era lo que me merecía. Siempre rodeada de malas personas ésta era la consecuencia natural. Era lo que tocaba. Pero lo que yo creí que sería otra piedra para el saco, se convirtió en un camión lleno de flores. Porque mi marido ha sido el mayor apoyo que tenido en mi vida. Alguien que no ha desfallecido jamás y se ha mantenido a mi lado en todo momento. Y ha sido, -es- un gran padre.

cuando llegó el nacimiento, hubo muchas complicaciones. Tras el parto me quedó parte de la placenta dentro por una deformación interna, creen que también por los abusos, y esto me provocó una infección que casi acaba conmigo. Me recomendaron no volver a concebir, y mi monstruo me recordó mi inutilidad al no ser capaz de tener hijos con normalidad. De nuevo la sombra de la culpa y de la baja autoestima me cubría sin remisión.

Cuando él era pequeño yo estaba en plena hibernación. Supongo que por eso creo que no me ha afectado especialmente, que no ha interferido en el recuerdo de mis abusos. He leído que algunas víctimas reviven sus abusos cuando sus hijos pasan por las mismas edades a las que ellas los sufrieron. A mí no me ocurrió, o al menos no tengo conciencia de ello. Vivía mis recuerdos de forma escondida, intentando mantenerlos a parte de mi vida familiar y afortunadamente nunca me sentí especialmente sensible con la infancia de mi hijo. Fue una suerte que no me influyera, o al menos nunca he tenido la percepción de que hubiese conexión entre los recuerdos que volvían y las vivencias de mi hijo. Aunque en alguna ocasión he sentido pánico a que en esos momentos de crisis perdiera el control, nunca ha existido ese peligro real.

Pero si mis recuerdos no me afectaron directamente, si lo hicieron las secuelas. Al principio tenía dudas. No sabía si lo haría bien. Viví sus primeros años con mucha ansiedad. Dejé de trabajar por completo para cuidarlo. No quería que el día de mañana el chico dijera que le había criado su abuela. Llegué a pensar que el niño quería más a la madre de mi marido que a mí. Mi Monstruo abrió todo un abanico de miedos y culpas que me hacían sentir fatal. Fueron años difíciles porque quería ser alguien bueno para mi hijo. Darle un ejemplo a seguir, y no era fácil. No me atrevía a quererle. Me daba un miedo enorme tocarle, acariciarle. Ser feliz para él. Y me lo guardaba todo.

Entonces fue cuando empecé a tomar como referencia a mi madrina y a sus hermanas, que ya eran madres experimentadas. Empecé a recordar sus enseñanzas, sus juegos conmigo. Y su cariño. Han sido mi mayor referencia y creo que es lo que me ha dado las pautas para conectar con mi hijo desde el principio.

Siempre he intentado tratarle como a una persona, sin la manipulación que veía en mi madre. Y con confianza, que no sintiera que había temas de los que estuviera prohibido hablar. En la medida en que yo creía que él tenía capacidad para entender, me preocupaba que conociera y entendiera las razones por las que no tenía apenas relación con mi familia biológica.

En aquella época el trato con mis padres y mis hermanos, era puramente testimonial. Había decidido romper toda relación con ellos después del punto de inflexión de la discusión con mi hermano, pero es más fácil de decir que de hacer. Y de vez en cuando veía a mis padres y a mi hermana porque en el fondo me sentía obligada a hacerlo, eran -son- de la familia. Pero los veía a solas. Sin mi hijo, sin mi marido. Solos mi familia biológica y yo.

No obstante hubo algo que siempre tuve muy claro desde el principio: mi hijo no iba a entrar en el círculo. Estaba dispuesta a aguantar todo tipo de abusos y humillaciones de mis padres y de mis hermanos, pero yo sería su barrera. A mi hijo no le iba a salpicar nada de aquello, incluso aunque me costara la vida. Estaba dispuesta a todo, absolutamente a todo. Y si requería que yo me matara para separarle de ellos, lo haría. La familia de mi marido sabría defenderle de unos extraños que no tenían ningún derecho a participar de la vida de mi hijo.

Al principio a mi “peke” le dije que ellos me habían hecho daño y que por eso no quería que los viera. Le expliqué que no quería que a él le hicieran lo mismo. Pero sin especificar qué clase de daño. Supongo que se imaginó que me refería a la violencia domestica, que en su infancia estuvo en auge por los numerosos casos que se veían casi a diario en las noticias. Hace muy poco que le he contado el lado oscuro de la historia.

Y lo cierto es que contárselo no me ha costado nada. La relación que mantengo con él es tan especial, tan “cómplice” que apenas me ha hecho falta decirle nada. Conoce las secuelas y los miedos que tengo, y me alienta y me aporta su opinión cuando sale una noticia de alcance sobre malos tratos a la mujer o abusos a los niños.

Y respeta enormemente lo que hago en mi blog. Le conté mi idea de hacerlo mucho antes de llevarlo a cabo y solo he recibido de él su apoyo y su ayuda. Es el único de la familia que lo sabe, me anima mucho a seguir con él, y cuando mi ordenador se estropeó, él me ofreció el suyo para que yo pueda seguir trabajando en el blog.

Lo cierto es que no lo lee. Ha debido ojear una o dos entradas, por curiosidad supongo. Pero me dice que es mi blog, y que no quiere que interfiera en mi ánimo saber que él lo lee. La privacidad es algo que le enseñé desde muy pequeño. Sabe que hay cosas que son privadas, del trabajo de su padre o de mis cosas, y he intentado que viera que esa privacidad y esa confianza son reciprocas. Si hay algo que él desea mantener oculto, un cuaderno, un cajón de su escritorio, una foto de su novia, o ver cómo se peina en el baño yo no soy quien para entrar en su intimidad si él no quiere. No necesita cerrar con llave. Yo tampoco.

Hace tiempo que leo en el foro de ayuda donde participo la preocupación de muchas supervivientes de ser madres. El miedo a que sean malas madres o de no poder con la responsabilidad. Cuando no terminan por imaginar que sus hijos pasarán por lo mismo que ellas.

Yo he pasado por todas esas fases. Esta entrada, en un principio es de apoyo a todas ellas. Quisiera decirles que eso no tiene porque pasar. Que no tengan miedo a la maternidad. Que si son conscientes de sus abusos, ya han dado un paso muy importante para protegerse ellas y a sus hijos. Si yo conseguí ser madre con todas mis secuelas, con todos los malos momentos, con todas las ocasiones en que dije “no puedo más”, sin ser consciente del daño que me hicieron, imagino lo maravilloso que hubiera sido saber las consecuencias y tener la ayuda del foro y la consciencia de mi recuperación.

Pero tengo un argumento mucho más contundente: Mi propio hijo. Le pedí su opinión acerca del punto de vista del hijo de una víctima, una superviviente como yo, y me sorprendió con una carta que me ha hecho sentir la madre más orgullosa del universo. Una carta para vosotras:


Saludos a todos los seguidores de Némesis. Soy su hijo.

 Soy consciente del sufrimiento que pasó mi madre en su infancia/adolescencia. Ya me ha contado el miedo que tuvo al saber que sería madre y todas las dudas que tuvo sobre si lo haría bien o no, dudas que todos los que habéis sufrido abusos tendréis, tenéis o habréis tenido. Pero puedo aseguraros que mi madre ha sido muy buena, un apoyo en los malos momentos, y una amiga en los buenos.

Siempre ha estado ahí, como cualquier madre hay momentos en los que “la odio” como cuando me castiga o me riñe, pero, ¿a quién le gusta eso? Durante mi infancia he vivido sin mis abuelos maternos, solo los he visto una o dos veces, y he de decir que sí, que son mis abuelos, pero nunca en esos momentos me han parecido cercanos, o pensar en qué quería estar con ellos. Y es una opinión cierta, ya que mi madre no me conto lo que le paso hasta hace poco, y antes de conocerlos, simplemente no me planteaba su existencia, y mis padres tampoco es que me hablaran mucho de ellos.

Ciertamente nunca los necesite, tuve una madre cercana y que me dio cariño, un padre duro, como todos, que solo quiere lo mejor para mi, y unos abuelos paternos, que me han dado mimos y han cuidado de mi junto a mis tíos durante toda mi vida. Nunca me ha faltado de nada, y soy completamente normal, tengo muchos y buenos amigos, no he caído en las drogas, y sobre todo me considero una persona que sé cuidar de las mujeres. Les tengo un gran respeto y las trato como trataría a cualquier otra persona.

Os quiero animar a ser madres, si es lo que queréis, vamos, que no os privéis de ello por pensar que seréis malas madres. Mi madre me ha educado muy bien en todo, no soy violento ni soy maltratador ni nada. Soy un hombre normal como los demás con mis virtudes y mis defectos.


No es un hombre normal, es extraordinario.  Siempre fue buen estudiante y ahora está en su primer año de universidad. Me pega unas palizas de muerte en la PlayStation, y tiene una paciencia infinita enseñándome cuando quiero hacer algo con mi ordenador. Me hace sentir que por fin hay algo que he hecho bien en mi vida. Me hace sentir que parte del grano cayó en tierra fértil y que hoy veo el fruto de mi esfuerzo.

No he podido tener más hijos. Pero no lo echo de menos. Cuando el niño tenía cinco o seis años dejé de sentir la necesidad de volver a ser madre. Quería centrar toda mi atención en  educar bien a mi único hijo, y creo que no lo he hecho demasiado mal.

Sin duda he tenido suerte, mucha suerte. He terminado con una persona fantástica que me ha dado un hijo fabuloso. No puedo decir que sea fácil. No puedo decir que sea un camino de rosas, pero si puedo asegurar que se puede. Que hay salida. Que no siempre va a ser un pozo sin fondo que nos hunda en los recuerdos. Hay futuro, y mi hijo es la prueba viviente de ese futuro, sin dolor, con la alegría del trabajo bien hecho, y sobre todo, con la esperanza de vivir el resto de nuestra vida con nuestro pasado guardado ahí, en el pasado. No olvidado, pero si superado.


“El hijo es el padre del hombre"
Carlos Fuentes. (1928 - ¿)Escritor mexicano.

11 comentarios:

  1. Me ha alegrado leer tu entrada.
    Justo en estos momentos estoy pasando por algo que no entiendo ni comprendo, estoy en..."ese pozo sin fondo" y aunque sigo en las mismas por mi baja autoestima. Me alegra saber que solo es una etapa más y que, despuès de todo, se saldrá.

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  2. Me ha conmovido hasta la medula leer las palabras de tu hijo, que en verdad es un hombre extraordinario, todo gracias a tí y a ese persona fantástica que te acompaña en el camino.

    Un abrazo.

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  3. incapaz de leerlo,me dio miedo saberme embarazada de una nena, vigilo a mi pareja y tengo pánico de mi, mi dolor es inmenso, mis miedos eternos.Estoy pasando momentos duros.Pero amo como nunca pensé a mi K.
    K

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  4. He perdido completamente toda noción de tiempo leyéndote, no sé cuánto tiempo llevo. He pasado no sé cuántos momentos altos y bajos, dulces y amargos. Pero al final estaba como gritando dentro de mí, que qué grande y recta que eres, Némesis. No sé, como un golazo que gana un mundial :D

    Hay algo indómito en ti que brilla e inspira. Aun a tanta lejanía, siento que me viene de ti una oleada de ánimo. Y siento gratitud por ello.

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  5. Tengo una niña de 6 años un niño de 14 meses. SOlo decirte Gracias, mil gracias por poner un farito en medio de un mar a veces oscuro. Por supuesto que podemos;vaya orgullo de hijo.muak!!

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  6. Mi vida, me has sacado lágrimas, tengo dos hijas, no pensaba si deseaba niños o niñas, estuve maravillosamente feliz en los embarazos. Hubo uno que no llegó a buen término, 6 meses de gestación y lo perdí.

    No hay que tener miedo, ellos no pasarán por lo mismo, al menos les he hablado del abuso sexual desde pequeñitas: primero con palabras fáciles.
    Como vos, total respeto sobre sus cosas, ellas saben que pueden dejar sus diarios íntimos, agendas, cartas, que mamá jamás tocará nada :)

    Mi única preocupación, son felices? para mi cumpleaños, la mayor me hizo un video, donde me dice tantas cosas bonitas y recalca eso de la pregunta.

    Me alegro muchísimo que tu esposo te haya acompañado, que tu hijo sea un 'compinche'(compañero) de la vida, por supuesto que es un joven amoroso! saber tu realidad lo hará una persona empática en la vida.

    Te envío baberos de mamá :) besitos y abrazos!

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  7. Nemesis ¡FELICIDADES! Tienes lo que mereces un hijo extraordinario y un esposo maravilloso, todo lo que tu como dices has sembrado y ahora cosechas.
    La carta de tu hijo me ha conmovido hasta las lagrimas, me hizo un nudo en la garganta de la emocion que me dio leer su carta.
    Yo creo como tu en no ocultar la verdad a nuestros hijos, mis hijas tambien saben lo sucedido y son unas niñas llenas de sueños y esperanzas y de respeto hacia el projimo.
    Ahora que he cortado lazos con mi familia ellas comprenden y me apoyan en mi decisión.
    Te dejo un fuerte abrazo lleno de esperanza.

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  8. Conmovedor tu largo post y conmovedor el texto de su hijo, un placer pasar a dejarles mis saludos.
    feliz semana.

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  9. Nemesis, cualquier palabra se quedaria corta para definir lo que haces sentir con tus entradas.

    Me he puesto a llorar, pero no de tristeza especialmente, mas bien de emocion. Emocion al saber que podre cruzar algun dia esa puerta tan importante (al menos para mi) que es la maternidad.

    Emocion por la carta de tu hijo, es increible la entereza con que asume, entiende y te apoya. Como ya te dije una vez, te admiro, porque creo que no es facil superar la mediocridad como madre o padre. Me ha encantado tambien, vuestra historia de pareja.

    Cuando un pensamiento demasiado oscuro pasea por mi mente, de pronto vas tu y le arrojas un jarron de luces de colores.

    MIL GRACIAS, y un abrazo enorme de esta estrella caida!

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  10. Que bonita entrada, Némesis!!!! Me ha encantado sentir tu orgullo de madre, y ver que todo tu sufrimiento lo has sabido canalizar hacia tu familia en forma de amor!!!
    Eres un vivo ejemplo para todas y todos los supervivientes, has demostrado que del infierno se puede salir, quizá no se pueda olvidar, pero eso da valor a todo lo bueno que consigues después en la vida!!!
    Un fuerte abrazo!!!

    Un Ángel

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  11. ¡Guau! ¡Cómo me habéis emocionado, Némesis! Tú, con tus dudas y con tu fuerza. Tu hijo, con su comprensión y su madurez. Y tu marido, con su apoyo y su entereza. Gracias por abrirnos tu corazón y por ayudarme a creer en que se puede confiar en los demás. Gracias a tu hijo por dedicarnos esas palabras tan claras, tan esperanzadoras y tan sentidas. Y muchas felicidades a los 3 por teneros mutuamente.
    Un fortísimo abrazo.
    Luna Nueva

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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