ASUNTOS DE FAMILIA

Nos inculcan desde el principio que la familia es una unidad sagrada, fuerte, unida, inquebrantable e impenetrable.

Nos enseñan desde todos los ámbitos posibles, tanto religiosos cono laicos, que es una unidad irrompible que no debe ser dañada por nada. Si atacan a un miembro de la familia, atacan a toda la familia. Si un miembro es agraciado con alguna suerte, toda la familia lo celebra porque es un triunfo de todos.

Entre los grupos mafiosos, se consideran a sí mismos como "de la familia". De nuevo la unidad de la roca. Es la unidad social más pequeña que existe.  Y para mucha gente, un átomo indivisible. Pero como muchos átomos cuando se aplican sobre él fuerzas o presiones de alguna índole puede generar una energía descontrolada.


Todos tenemos roces con la familia. seguro que habéis tenido días en los que la llamada de un pariente os ha incomodado y habéis pensado: ¡Que lata! tengo que hacer esto, aunque no debería o no me apetece, pero como "es de la familia..."  ¿quién no se ha enfadado con un hermano o con un tío por algún hecho concreto que nos ha ofendido, "castigándolo" sin hablarle durante unos días, meses e incluso años? Todos conocemos ejemplos.

Pero en general, tarde o temprano la situación se suele normalizar. Si el motivo de disputa es grave tal vez se pierda confianza y vuelves a relacionarte, pero manteniendo unos límites que antes no existían. Incluso cuando hay grandes tensiones que a veces se producen en las reuniones familiares, esas que hay en las fiestas navideñas o en acontecimientos sociales como son bodas o entierros, acudes con todas las reservas del mundo porque te vas a encontrar con el primo que intentó quedarse con la herencia del abuelo o con tu tía, la que dijo que tu novia no le gustaba porque llevaba zapatos con plataformas. O con tu ex marido.

¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué nos tapamos la nariz y volvemos a ver a ese pariente que no nos gusta? Porque es algo innato en nosotros. En nuestra infancia, la familia es lo que nos protege del exterior. Instintivamente, por supervivencia nos debemos a ellos. El ejemplo más claro es el vínculo especial que existe entre madres e hijos, porque ella fue la fuente primaria de nuestra alimentación, puro instinto. Y después ese lazo no es fácil de romper.

El problema realmente grave surge cuando hay una traición que supera con creces los límites de lo permitido: los abusos intrafamiliares. Cuando el que te agrede es tu padre, tu tío, tu hermano, tu cuñado, tu abuelo, tu primo... Si tu mano te ofende, córtatela. Es fácil de decir.

Durante los abusos no tienes capacidad para hacer nada, ni contra tus abusos ni contra la presencia misma de tu abusador. Tienes que seguir sentándote a la mesa junto a él quedándote bajo su cuidado, aguantando los comentarios de los demás sobre lo buena persona que es o sobre cuánto te quiere, porque siempre desea estar contigo. Y a veces esa situación se alarga en el tiempo de manera agonizante. Ni siquiera cuando eres más mayor eres capaz de hacer nada.

Si no hablas, nadie se dará por enterado, por lo tanto no tienes argumentos para negarte a estar junto a él. Pero si hablas la situación puede volverse incluso más dolorosa para las víctimas. Porque la familia no es capaz de asimilarlo, y en muchísimas ocasiones te obligan a seguir con la hipocresía de mantener la apariencia: Te dicen que es terrible, pero que hay que callarse para que nadie se entere porque sería una vergüenza para la familia, lo niegan descaradamente, te culpan a ti de manera desvergonzada de lo ocurrido o intentan convencerte de que le perdones por lo que ha hecho. aquí paz y después gloria. 

Es una situación muy dañina para la víctima. Estoy segura de que muchas secuelas se agravan con esta situación, porque en muchos casos las propias víctimas acaban asumiendo esos roles, y terminan siendo las primeras en esconder el asunto para evitar la vergüenza, negarse a si mismas que ocurrió, culparse o incluso no sólo perdonar a su abusador sino incluso pedirle perdón por dudar de su integridad.

En mi caso no fue muy distinto. A pesar de que me mantuve apartada de él durante mis años oscuros. Cuando volví con veinte años a la vivienda de mis padres todo seguía igual. A pesar de que ya no había abusos. La vida era maravillosa, la hija pródiga había regresado y todo era perfecto. Una bonita fachada porque ya he contado alguna vez que aquel año volví a vivir el ambiente de mis abusos, la situación era exactamente la misma, salvo por el hecho de que todos éramos adultos.

Y lo más gracioso es que yo misma  colaboraba en ese estado. Durante toda mi vida me he sentido la rara del colegio, la rara del parque de juegos, la rara incluso cuando estaba en público con mis padrinos porque siempre oía la misma explicación: "No, la niña vive conmigo pero no es mi hija". Sentía una envidia enorme de esas niñas que hablaban de la vida con su madre o con sus hermanos. Me sentía totalmente excluida cuando en el colégio nos daban instrucciones que debíamos trasmitir a nuestros padres, porque en muchas ocasiones a mi me indicaban delante del resto de la clase que yo debía avisar a mi Madrina, y mis compañeras me miraban interrogantes...

Cuando volví con veinte años sólo deseaba ser normal. Ya no había abusos, por lo tanto yo creía que ya no había nada que me impidiera ser normal, pero me engañaba a mí misma. Me dejé manipular por mis padres y hermanos, pero estaba dispuesta a soportar esa nueva humillación con tal de poder tener una conversación normal con un vecino sin tener que anteponer la coletilla de "no, yo no me he criado con mis padres" porque eso conllevaba una explicación, y estaba harta de explicaciones.

Después de salir huyendo de allí, tras la agresión de mi hermano, las cosas no cambiaron demasiado. Hasta hace diez años he intentado mantener una relación más o menos normal con ellos. Mi hermano, con el que tuve el altercado se fue a vivir a otra ciudad poco después de aquello, por lo tanto quedaron en la misma ciudad mi madre, mi padre y mi hermana. No vivía bajo su techo y de alguna manera me había emancipado, pero no terminaba de cortar el cordón umbilical.

Fue una relación con muchos altibajos. Si el tema del pasado en general no se tocaba todo iba más o menos bien, pero en cuanto yo osaba tocar el asunto todo se desmadraba. Y cuando nació mi hijo me fui distanciando de manera paulatina por miedo. De repente tuve pánico a que le conocieran, que lo vieran, que supieran siquiera que existía.

Me he planteado las razones por las que seguía manteniendo la relación de forma hipócrita. Creo que para mantener las apariencias. Por desear con toda el alma dar una imagen de normalidad como el resto de los mortales. Tantos años siendo la rara... y porque a pesar de todo, sentía algo por mi familia.

Parte de mis sentimientos de culpabilidad están asociados a la relación que siempre he mantenido con mi padre. Cuando era niña tenía sentimientos encontrados. Por un lado le tenía terror pero adoraba verle de buen humor. Me contaba chistes malos y nos reíamos muchísimo con los dibujos animados. Y ya de adulta, durante mi hibernación, sentía una enorme lástima por ese enfermo al que le costaba respirar. Lo cierto es que no se muy bien lo que sentía, me da vergüenza hablar de amor pero está claro que sentía algo por él, Aún creo que lo siento, a pesar de que hace dos años que murió y hacía casi diez que le colgaba el teléfono cada vez que me llamaba.

Decidí bloquear toda relación con el después de recuperar uno de los recuerdos más espantosos de mi vida. Aquel día se abrió una grieta insalvable entre él y yo, la misma que años antes se había abierto con mi hermano mayor tras romperme una silla en la cabeza, pero no siempre tengo claros mis sentimientos. Estaba decidida a no volver a verlos, pero mi Monstruo siempre me recuerda que al fin y al cabo "son de la familia..."

Con mi madre la relación ha sido si cabe más complicada. Siempre he tenido una imagen de ella muy triste. Me daba muchísima pena su realidad como mujer maltratada, y a pesar de que alguna vez le he reprochado sus numerosas excusas para no ayudarme de niña o justificar a mi padre, siempre la he disculpado por su situación personal.

Desde el momento en que abandoné su casa conseguí ir imponiendo poco a poco mis propias normas: "No puedo vivir aquí, no después de esto. Me voy. Os vendré a ver cuando mi hermano mayor no esté en casa". Esa fue la primera norma que me impuse. No estaba dispuesta a volver a ver la cara de mi hermano por el resto de mi vida. Es curioso, creí que no conseguiría mantener esa norma mucho tiempo, que tarde o temprano acabaría cediendo a los llantos de mi madre y volvería a casa junto a mi hermano como un corderillo al matadero. Ahora veo que ese fue el primer paso para la libertad, el primer gesto que aflojó el nudo de la soga que me rodeaba el cuello.

Después vinieron otros gestos. Cuando a ellos no les gustaba mi actitud en algo, cuando había un reproche y una discusión, me limitaba a no tener contacto con ellos durante meses, aunque siempre volvía a visitarlos. Esas etapas coincidieron con momentos personales importantes para mí: no les dije que me casaba, no les conté que iban a ser abuelos. Me acercaba a su casa de vez en cuando, les contaba lo mucho que trabajaba y el poco tiempo del que disfrutaba y con esas visitas cumplía el protocolo. Pero poco a poco, casi sin darme cuenta, me iba distanciando de mi familia biológica. Y por supuesto nunca dejé que mi hijo les conociera. En ese aspecto he sido muy "egoista". Desde muy pequeño le he explicado las razones, siempre lo ha entendido.

En esa época en que iba a verlos de vez en cuando me decía a mi misma que lo hacía para tenerlos controlados. Nunca quise verlos, pero me obligaba para saber qué hacían, porque cuando yo tardaba mucho en dar señales de vida, siempre se presentaba mi hermana o mi madre en mi casa o en mi trabajo, montando un "numerito" (cuando más público, mejor) reprochándome que no iba a verlos con más frecuencia, lo que me provocaba una vergüenza enorme.

La última vez que vi a mi madre, fue poco después de que el recuerdo del martillo se hiciera patente. Como mi padre seguía ingresado y su enfermedad se agravaba por momentos, consideraban que podía morir en cualquier momento, y mi hermana me llamó increpándome que si él no veía a su nieto (mi hijo) antes de morir, el niño lo pagaría y colgó el teléfono.  Me enfurecí. Estaba preparada para seguir por el resto de mi vida lidiando con mi familia, aguantando broncas y reproches, insultos y humillaciones, pero no estaba dispuesta a consentir que mi hijo entrase en esa espiral. No iba a permitir que lo nombrasen siquiera. Deberían lavarse la boca antes de pronunciar su nombre.

Fui a ver a mi madre, después de todo ella era la responsable de mi hermana, pobre trastornada, que apenas puede cuidar de si misma, y le advertí que la controlase, que no volviera a amenazar a mi hijo. Intenté explicarle las razones por las que no podía dejar que el niño viera a su abuelo. A su abuelo y a toda la familia materna, mi familia.

En ese momento pensé en la visita que pocos días antes le había hecho a mi padre la última vez que le vi. Me había hecho tanto daño recordar aquella escena que tuve que decirle a mi madre que no quería volver a ver a mi violador.

Supongo que ya estaba saliendo de mi hibernación, estaba despertando y estaba siendo consciente del enorme daño que mi padre ne había causado. Ya no estaba dispuesta a seguir con aquella hipocresía y creo que el niño fue mi excusa perfecta para romper más aun la relación.

Mi madre eligió el bando. Diría que en esa conversación, que fue larga y dolorosa, la reconocí por primera vez: no creía ni una palabra de mis acusaciones de abusos. Primero utilizó el arma que mejor sabe utilizar: dar pena, apelar a mi compasión, a mi perdón. Después me culpó de de ser la responsable de la enfermedad de mi padre. Que desde que mi madrina había intervenido, separándome de ellos, las visitas a los jueces, al tribunal de menores, a asuntos sociales, todo eso le había carcomido la salud. No entendía que alguien pusiera en duda el cariño que mi padre sentía por sus hijos. "Yo sólo sé lo que me ha dicho tu padre, no tengo porque dudar de él. No es culpa suya que te metieras en su cama, yo te dije que no lo hicieras y él me asegura que nunca te ha hecho nada" Y además, sin querer se le escapó algo que me sorprendió: ella misma le había sugerido a mi hermana la llamada amenazándome con el niño. "porque tu padre quiere verle"

Entonces lo vi. Se había pasado la vida manipulando desde las sombras, manejando a la gente, empujándolos a hacer su voluntad. De repente tuve imágenes de mi vida, de mi infancia que no había entendido hasta entonces; gestos y aptitudes de la familia o de los vecinos incomprensibles sin su intervención. Y supe, sin ningún género de duda, que ella estaba detrás de los guirigáis que mi hermana me montaba en mi trabajo o por la calle, cuando tardaba en visitarlos.

Ahí corté la soga. Me di cuenta que seguir en contacto con mi familia me estaba ahogando sin darme cuenta, y opté por no darles la oportunidad de que intentasen volver a envolverme. Creo que por fin le he arrancado la cabeza a la serpiente. Cada vez que llaman por teléfono corto la conversación. "Lo siento, no quiero saber nada" y cuelgo. Ni siquiera les doy la oportunidad de que me repliquen. Y si se presentan ante mí, en mi casa o en el trabajo, no me corto: Les cierro la puerta, o les pongo en evidencia, les digo delante de quien sea que no quiero saber nada de ellos, que se vayan. Parte de mi rehabilitación está siendo romper definitivamente ese lazo.

Me duele hacerlo. aún me hace daño colgar el teléfono. Aún me quema la rozadura que me dejó la cadena que me unía a ellos. Aún tengo la sensación de que no les odio lo suficiente para sentirme bien conmigo misma. Aún les quiero a veces y me duele su falta, como si del Síndrome del Miembro Fantasma se tratase.

Pero he roto el grillete. Creo que por fin he roto el eslabón. Y creo que en parte me ha costado romper esa cadena por culpa de la sociedad. Me refiero a la sociedad como entidad que nos marca las pautas de la buena educación y las relaciones sociales. Cuando una víctima de abusos se decide a hablar dentro de la familia el supuesto terremoto jamás ocurre. A veces creo que se protege tanto a la familia como institución sagrada que en parte es la responsable de nuestros sentimientos. Ojalá existiera una línea definida que marcase hasta dónde se está dispuesto a aguantar con alguien antes de cerrar la relación con él. 

Desde que decidí apartar mis propias creencias religiosas del primer plano de mi vida, uno de los primeros "chistes" que hago es decir que ya no necesito ir a la iglesia porque ya estoy condenada por incumplir de manera flagrante el cuarto mandamiento. Entonces la gente tuerce la mirada. No es fácil asimilar que alguien no quiere voluntariamente saber nada de sus padres. Es duro reconocer que se es más feliz o al menos es menos dañino cuanto más lejos estés de la familia que te vio nacer, y eso mucha gente no lo entiende.

Después llegan los rumores, los cotilleos, las habladurías. Vivo en una localidad pequeña y todos nos conocemos. Tengo una amiga que conoció a una vecina de mi madre. Sin que la señora supiera que mi amiga me conocía, esa mujer le habló de una hija de su vecina (o sea, yo) que era muy desagradecida: Le habían dejado que estudiara en otra ciudad mas importante, con una familia bien posicionada, y ahora que el padre (mi padre) estaba muy enfermo, esta hija no quería saber nada de ellos. Se quejaba amargamente de no conocer apenas a su nieto y de no haber asistido ni siquiera a la boda. Hace mucho que eso no me afecta. Ya no me da la gana de justificar mis actos. Mi madre no vino a mi boda porque no me dio la gana. Al altar me acompañaron mis padrinos, que son los que más se lo merecían.

Lo cierto es que a veces lo más sangrante de este asunto es cuando alguien que sí conoce el pasado de abusos, sigue intentando mediar en el conflicto, cuando no justificarlo e incluso negarlo. A mí me han acusado de inventarme los abusos para poder estar con mis padrinos porque su nivel de vida era económicamente más desahogado. e incluso mi familia biológica llegó a decir que mi Madrina me había aconsejado lo que tenía que decir ante el juez con catorce años, como si de un Síndrome de Alienación Parental se tratase. Excusas baratas que la gente utiliza para esconder el problema. Creo que en realidad todo el mundo se quita la culpa de encima, por eso al final las víctimas acabamos cargando con ella.

Ahora, cuando hablo con alguien de mi situación familiar, empiezo a sentirme cada vez más orgullosa de anteponer la coletilla de "no, yo no me hablo con ningún miembro de mi familia, he sido víctima de abusos sexuales infantiles y no he recibido el apoyo de ellos, así que les he olvidado".



"Si estamos calladitos, la familia hará como si nada hubiera sucedido. Y si hablamos... también"
Joan Montane. Escritor.

7 comentarios:

  1. Lo que relatas es parecido a lo que me sucede, la mala hija!
    Fui tan tonta, contarle a la madre del papá de mis hijas, al papá, se ha venido en contra mía.

    Creo que algunos vecinos se daban cuenta de lo que sucedía. En la escuela también era la rara, pero ahí disfrutaba porque nadie me maltrataba.
    Sí, se cansaron de invitarme a los cumples de 15 años, a los que no podía concurrir, mi madre siempre decía 'no podés ir'.
    Hasta cuando se puede alargar la situación? toda la vida, si uno permanece en el 'hogar' es para siempre.

    Ya he pasado la etapa de críticas de parte de mi familia, amigos de ellos, ahora el problema es con mi hija menor.
    Si supiera el daño que me hace, poniendo en su boca palabras que la desgraciada de la abuela paterna le dice, creo que no lo haría.

    El psiquiatra me dijo que podría con mi vida, allá lejos cuando le pregunté. No le conté que la familia del padre de mis chicas, era violenta y me hacían pasar momentos malos.
    No hubiese tenido hijos de haber sabido, que un día rompería la relación con mi esposo.
    Ahora también me culpan de eso, solo tenía 15 años.

    Cuando me cuentan algún chisme digo, ¿sabemos qué sucedía en el hogar? ¿qué llevó a la persona a tomar cierta determinación? no es de hoy tesoro, siempre he pensado así.

    Eso de 'madre hay una sola' podría ya desterrarse de la faz de la tierra, familia? de qué familia hablamos?

    No creo en el infierno, ese que dicen las religiones, se vive aquí.

    Abrazos enormes, me alegra tu hijo no conozca a nadie que te ha hecho daño, has sido muy inteligente, eso me faltó.

    ResponderEliminar
  2. Muchos de nosotros podríamos haber dicho muchas de las cosas que dices. Ese dolor residual que queda tal vez será una molestia para toda la vida, como dices... es la familia; es de donde venimos, pero esa molestia es mucho más soportable que el dolor y el daño que ocasiona el seguir ahí dentro del circulo vicioso de las apariencias y el silencio.
    Yo ya me acostumbre a que los demás hablen, los vecinos y conocidos, algunas veces me afecta pero hace tiempo que no me derriban, no están en mis zapatos.
    Yo apenas hace unos meses corté el lazo con mi abuela.
    Afortunadamente la familia de mi esposo no es como la mía, y poco a poco me siento más unida a ellos que a mi propia familia, y eso me ha ayudado a ver las cosas de otra manera.

    Con cada día que pasa me siento más segura de mi decisión.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Me han venido tantos pensamientos e imágenes leyendo tu escrito... Mi propio caso es menos violento y obvio que el tuyo, pero tal vez por lo mismo me ha sido muy difícil quitarme ese extraño sanbenito familiar. La imagen que más me salta a la cabeza es esta: nacemos tiernos y sin máscaras, precisamente lo que nos encandila de los críos, la inocencia, la ternura espontánea. Llegados a un punto, luchamos por sobrevivir en un mundo donde la gente somete sus impulsos y negocian entre sus cuerpos, y sin quererlo, se nos va imponiendo una máscara, que a la vez se injerta en nuestra carne y parece crecer desde nosotros, como si fuésemos eso. Es como gente corriendo por ahí con un tablón dibujado delante suyo - todo el mundo "sabe" que es un tablón, y que detrás está "la persona de verdad"; la familia se supone que es el lugar donde se está juntos detrás de ese tablón, donde somos nosotros de verdad. Pero lo que realmente ocurre es que a cada persona se le ha forzado en parte ese tablón, y en parte lo ha aceptado, utilizado, rechazado malamente, en fin, han credido con ello - su "persona". La gente "lista" sabe negociar, sabe que este mundo tiene truco; el abusador lo sabe perfectamente. El abusado no es más que alguien que sufre detrás de un tablón que ni entiende, que busca redimirse de su pena llegando a esos otros que intuye o ve detrás de sus tablones, pero que solo le increpan, diciéndola que va desnuda, que se ponga el tablón, eso que socialmente es, no queremos saber nada de lo que escondes detrás de él. Y claro, eso que se "es" acaba siendo una pesadilla: todo menos lo que uno realmente es.

    Hace un par de años experimenté como un nubarrón muy oscuro, un odio antiquísimo, infantil, hacia mi familia, y me preguntaba por qué esta sensación tan irracional (pero si no me han hecho nada!) pero a la vez inegable. Y al año "descubrí" lo del abuso. De repente entendí que yo no era ese maltrecho tablón que portaba conmigo como herencia familiar; que no tenía realmente la culpa que sentía de ser eso; de repente entendí quién era ese tablón, quién era ese que otros veían, y entendí que era todo una violenta ficción. Empecé a dejar de ser yo-tablón para retornar y ser yo. Al hacer eso, todos los mitos de familia, todas las esperanzas de que había una unión bonita, natural, todo el esfuerzo invertido en mantener ese tablón agónico, todo cayó al suelo. Dejé de ser ese yo producto de mil proyecciones y violencias y desatenciones, para embarcarme en un viaje de vuelta a mi.

    La familia puede fabricar "personas" que no son más que ficciones que cubren oscuridades y mentiras, o puede fabricar personas fuertes por dentro que no admiten ni mentira ni violencia en ese exterior - que es necesario para funcionar en sociedad, sea como sea.

    Yo no he abandonado a mi familia al tirar el tablón destrozado. Solo he dejado de creer ser esa persona que decían que yo era; he dejado de creer que ellos fueran como se presentaban; y he decidido reconocer que en el fondo no hubo mucha unión que digamos, que todos son tan pobres por dentro, están tan solos, que nunca nos vimos. Mantengo el vínculo con esa gente aislada, interior, sola, tal como yo estoy solo y aislado - pero el mito de la familia murió para siempre. En cierto modo es devastador - una vida entera como ficción, dolor, mentira; por otra es liberador: nunca fui realmente eso, tuve razón, mi pasión, mi rabia, mi deseo, siempre tuvo razón - y volveré y triunfaré.

    Perdona el rollo... tocastes el tema tan bien que mi mente está dando conciertos :))

    Un abrazo

    Sifi

    ResponderEliminar
  4. Nemesis no hay como vivir con quienes uno realmente quiere. Para mi a sido muy dificil hacerlo he querido a mis hermanas con todo mi corazón y ya no poder estar con ellas es para mi un dolor muy grande, pero se que poco a poco voy a superarlo. Aveces no se que hacer y no se que camino tomar.
    A mi madre ya no quiero volver a oirla menos verla, en definitiva no hay vuelta de hoja.
    Un abrazo muy grande.

    ResponderEliminar
  5. Yo echo en falta a unos padres buenos y respetuosos y como no he conocido a otros les pongo la cara de ellos, mi padre y mi madre.
    Extraño algo que nunca tuve, mas bien solo a ratos; cariño, protección, confianza, etc.

    Sabes que siento que no lo encuentro en casi nadie de mi alrededor? sabes que me siento fatal porque creo que nadie me "quiere"? que no tengo a nadie con quien ser realmente sincera en cuanto a sentimientos?

    Solo existen dos personas en mi vida que hacen que me sienta escuchada y tendría que estar contenta pero porque no soy capaz de tener mas? porque no puedo sentir que pertenezco a una pandilla de amigos, a una familia protectora, ....???

    Pertenezco a la familia que yo misma me he creado y la cuido como yo estimo conveniente pero, quien se ocupa de que a mi no me falte nada? Solo yo.

    Te envidio por ser capaz de romper del todo con ellos y no ceder a sus manipulaciones. Yo ni siquiera soy capaz de ello.

    Besos.

    ResponderEliminar
  6. Hola, he pasado por aquí desde el foro ASI. Bueno, quería decirte que me alegro de que estés orgullosa de pronunciar esa frase última que escribes en la entrada, ya que está llena de verdad. A mí me ha pasado algo parecido a lo tuyo, pero en este caso mi madre sí que se quedó a mi lado. Un beso enorme y sigue como eres.

    ResponderEliminar
  7. No es fácil asimilar que alguien no quiere voluntariamente saber nada de sus padres. Es duro reconocer que se es más feliz o al menos es menos dañino cuanto más lejos estés de la familia que te vio nacer, y eso mucha gente no lo entiende... Yo he hecho lo mismo y realmente me siento más feliz... Obviamente no es fácil, pero si nadie se conduele por nuestro dolor y peor aún nos llaman farsantes y nos dan la espalda, entonces porque nosotros debemos continuar allí? Es lo mejor, romper las relaciones familiares o tener el mas mínimo contacto posible... "Si estamos calladitos, la familia hará como si nada hubiera sucedido. Y si hablamos... también"
    Joan Montane. Escritor. Increible frase, en mi caso es tal cual... Gracias Némesis por tu valentía...

    ResponderEliminar

Gracias por dejar tu legado en el Averno.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...