REGALOS OCULTOS

Mi amiga Pandora hizo hace unos meses en su blog una serie de entradas que hablaban de las secuelas. Recuerdo haberla felicitado por la idea y prometerle que no se la copiaría. Pero no he podido resistir la tentación. Espero que me perdone. Prometo no volver a hacerlo. ;)

Supongo que en el fondo todo este blog habla de secuelas. Cuento un poco de mi historia personal, pero siempre relacionado con la repercusión que los abusos han tenido en mí. Con mis propias secuelas. Regalos envenenados que me dejó mi padre.

Ciertas secuelas sé que durarán toda mi vida. Otras las he padecido en alguna etapa concreta o he conseguido superarlas al darme cuenta de sus efectos. Otras empiezo a sufrirlas ahora.
La lista es enorme, podéis consultarla entre los link que hay a la derecha del texto: “las secuelas”

Quisiera hablar de algunas que me han llamado la atención, porque al empezar a recuperarme y leer la lista por primera vez, estaba convencida de no haberlas experimentado nunca. No necesito decir que el resto las sufro o he sufrido en algún momento de mi vida.



La cólera, la rabia.

Por lo que tengo entendido se da como contrapartida de los abusos: no me protegieron, me hicieron daño, y ahora estoy enfadada con todo el mundo, porque me han tratado mal.

Yo nunca experimenté agresividad, de hecho me he dejado avasallar muchas veces por no saber defenderme, por no poner pie en pared y decir: “hasta aquí”. Nunca tuve miedo de pasarme con una reacción violenta, y nunca he experimentado una aversión especial hacia el género opuesto, o hacia personas de aspecto y nivel social similar al de mi agresor.

He sido la víctima óptima para el acoso escolar. Pero recuerdo ser antipática en el  instituto. Cuando se acabaron los abusos me convertí en la “rarita” de la clase. Siempre he tenido la sensación de llevar el secreto escrito en la frente, que no era merecedora de ser tratada con dignidad, así que antes de que me agredieran, era yo la que pasaba al ataque.

Cualquier broma inocente me la tomaba como algo personal y, o bien empezaba a llorar (lo que contribuía a la burla) o atacaba de manera verbal, dejando muestras de mi carácter insociable. Por lo que acababa siendo, al final la diana perfecta para todo tipo de mofas y humillaciones.

No sé si mi carácter se habrá modificado con la edad, pero al menos no tengo tanta sensación de “acoso” por parte de nadie, y no me siento en la necesidad constante de tener que defenderme de ataques reales o imaginarios. Y los que me conocen bien dicen de mí que soy tranquila en el trato, pero que tengo “muy mala ostia”.

Jamás lo he relacionado con la secuela de la rabia. Pero tal vez mi comportamiento en la época del instituto sí fuese un síntoma. Algo que experimenté durante el inicio de mis años oscuros, y que quedó después escondido en esa oscuridad.


Las autolesiones.

No es un asunto fácil de explicar.  Creo que tiene que ver con infringirse dolor para después curarse a uno mismo; o con “sentir”, porque vives anestesiada y solo con el dolor eres capaz de experimentar algo, pero ni yo misma lo entiendo muy bien. Sí sé que se refiere principalmente a cortes, golpes o quemaduras. A soportar dolor.

No me considero especialmente dentro de ese grupo. Aunque tengo temporadas en las que si ocasionalmente me lastimo o me hago alguna herida eventual reconozco la pequeña mezcla entre el dolor y el placer que siento al tocar la herida. Pero no sé si se refiere a lo mismo, la verdad.

Es una sensación extraña. Por un lado el dolor es agudo, supongo que todos os habréis cortado alguna vez accidentalmente, pero al sentirlo noto un cosquilleo en el estómago que me incita a seguir manipulando y provocando más dolor. Como si ese dolor físico pudiese sacar de alguna manera algo que tengo dentro, algo feo.

Es curioso, cuando empecé a fumar no me gustaba, el humo me hacía daño en los pulmones, pero esa sensación de dolor era especialmente dulce para mí. Es una tontería, pero a veces creo que mi adicción al tabaco empezó antes por el dolor que por la nicotina.

Incluso cuando recibí mi última paliza, no recuerdo que el daño fuese especialmente intenso, suelo tener mucha resistencia al dolor.

Pero si hay una parte de las autolesiones que me llama especialmente la atención es cortarse. Infringirse cortes que dejan heridas que obligan a esconderse aun más si cabe del mundo.

Lo más cerca que he estado de eso, es cuando intenté suicidarme seccionándome las muñecas.
No pude hacerlo. Era como si una mano invisible me sujetara el brazo e impidiera que el corte fuera demasiado profundo, no sé si por cobardía o instinto de supervivencia.

Solo sé que el dolor y el placer fueron inmensos, y aunque no pude realizar un corte limpio, mis brazos quedaron bastante castigados y en los días posteriores me dedicaba a arrancarme las postillas reabriendo a veces alguna herida.

No volví a hacerlo. Ignoro la razón por la que no he llegado a tomarlo como un hábito. Sé que otras víctimas luchan contra ello durante años, pero en mi caso, tal vez lo substituí por otras conductas adictivas como son el alcohol y las drogas.


Los trastornos alimenticios.

Supongo que se refiere a la anorexia y la bulimia. Y hasta ahora creía que nunca los había experimentado como trastornos en sí.

Siempre fui muy mala comedora y una chica muy delgada. De niña no comía apenas nada. Mi Madrina dice que crecí gracias a que bebía litros y litros de leche. Era el único alimento que me mantenía viva. Aparentaba dos años menos de los que tenía. Pero nunca me he mirado al espejo pensando que necesitaba adelgazar, tan solo no me gustaba lo que veía, pero no buscaba en la falta de comida la solución, o al menos no soy consciente de ello.

Curiosamente es ahora, desde hace diez años, cuando he empezado a tener problemas de peso, debido a mis desarreglos alimentarios. Como jamás he pisado la consulta de un psiquiatra o de un psicólogo, no tengo ni idea, pero tengo un amigo psiquiatra, que me dice que tal vez tenga bulimia no purgativa.

En mis momentos de crisis vomito con facilidad y me es imposible meter nada en el estómago. Pero jamás me he provocado el vómito. Simplemente el recuerdo o la ansiedad me provocan tal malestar que empiezo con nauseas y termino devolviendo.

No suelo comer mucha cantidad, pero a veces me doy “atracones” sin venir a cuento, sobre todo cuando la crisis empieza a remitir. Y al pasar épocas en las que no consigo mantener nada en el estómago, por las nauseas, ese efecto rebote me hace engordar con facilidad y ahora vivo atada a una báscula de la consulta del médico una vez al mes.


El aseo personal.

Los supervivientes normalmente nos movemos, como en muchas otras cosas, en los extremos: limpieza compulsiva, incluyendo baños en agua hirviendo, o bien una total falta de atención a la higiene o la apariencia personal.  

Hubo una época en que me duchaba dos y tres veces al día. He conseguido reducirlo a una, pero muy larga. A veces tengo la sensación de estar sucia, de oler mal. Me ducho con agua extremadamente caliente y a pesar de que intento que sean duchas rápidas, no consigo estar menos de quince minutos bajo el agua.

Pierdo la noción del tiempo y es una sensación tan purificadora para mí, que no puedo evitar cerrar los ojos, sentir el agua hirviendo sobre mi cabeza y mis hombros y desear que esa sensación sea eterna.

Sin embargo, a pesar de que mimo mucho mi higiene personal, a penas se aprecia de cara a los demás. Tengo una pereza enorme en cuanto a los cuidados y tratamientos puramente estéticos se refiere.

Supongo que es debido al rechazo que experimento de mi propia imagen y de mi cuerpo.
Apenas me arreglo y no le doy demasiada importancia a la ropa o los complementos que me pongo para salir.

Salvo por la bisutería. Tengo una colección enorme de pulseras, pendientes, anillos y colgantes, pero no los uso como elemento estético. Para mí son como amuletos. Cada anillo, cada pendiente tiene un significado para mí, y los elijo cuidadosamente para que me “infundan” la energía que necesito en ese momento.


El orden, el control.

El orden y el control han sido unas secuelas que me han llamado mucho la atención, me desconciertan. Se habla de que las victimas sienten una enorme confusión emocional, una gran desestabilidad interior. Yo he sufrido esa desestabilidad, aun la sufro a veces, pero me ha sorprendido enormemente, porque se dice que muchos sobrevivientes tienen vidas de éxito aparente. Son grandes organizadores y reciben enorme reconocimiento por su capacidad de trabajo.

Según parece ha sido su manera de compensar. No manejan sus sentimientos internos y vuelcan el control sobre algo que si pueden manejar. Organización excesiva, adicción al trabajo, y orden compulsivo.

Siempre creí que era una de las secuelas que estaba convencida de no haber experimentado jamás. Constantemente he tenido la sensación de que no tenía ningún control sobre mi vida: de niña, me llevaban y me traían como un juguete, al capricho de mi padre, de mi madrina o de un tribunal. Pero después pasé a dejar que de alguna manera, primero mis parejas de mis años oscuros y después mi marido, controlasen mi vida porque siempre he delegado en ellos las decisiones importantes. Donde se iba de vacaciones, el colegio del niño, los muebles del salón… no tengo ningún control sobre las cuentas de mi casa, mi marido se encarga de eso.

Cuando quedé embarazada, creía firmemente que no sería capaz de tener un hijo. Vivía sola, en una habitación alquilada, ganando una miseria en un trabajo de porquería… incluso estuve preguntando cómo debía hacer para abortar o entregarlo en adopción.

Hasta que, cuando tuve que ingresar de urgencia por la amenaza de aborto, su padre descubrió que estaba esperando un bebé, y decidió hacerse cargo de todo. Ni siquiera dudó. Y la verdad es que yo me dejé llevar por él, y he de decir que no me arrepiento de nada. Por una vez, lo que yo creía que sería otra piedra para el saco, resulto ser todo un almacén lleno de flores. Pero la sensación de sentirme de nuevo manejada se ha mantenido presente en todo momento.

Creo que es por miedo. Creo que sigo teniendo miedo de tomar la iniciativa en algo, de hacerme responsable de mi propia vida. Creo que no confío en mi misma, y por eso dejo que sean los demás los que decidan por mí.

Y en cuanto a la vida diaria… soy desorganizada, mi casa es un desastre. Tengo autenticas discusiones con mi pareja por el tema del orden. Pero es curioso, dentro de mi desorden, no soporto que me cambien las cosas de sitio. Mi parte del armario es un caos, pero sé donde tengo todo y me ofende mucho que pongan en duda si sabré encontrar algo dentro de mi barullo.

Leí en una ocasión que tal como tienes tu propio espacio (la casa, tu habitación, tu armario…) así tienes tu mente. Así que mi cabeza sin duda debe seguir siendo un “cajón desastre” donde nadie salvo yo puede encontrar nada.

Lo cierto es que el tema del control es confuso para mí. No tengo muy claro a qué se refiere. Está claro que no controlo el orden de las cosas, de mi casa, de mi vida, pero si suelo ser muy “controladora” en lo referente a mi espacio personal. De hecho soy muy celosa de mis cosas, no me gusta que me miren el bolso, o mi cajón de la mesita de noche. Tengo en casa un rinconcito, que yo llamo “mi rincón intelectual”, donde tengo mi ordenador, mi música y mis libros, y ese sí que no permito que nadie lo toque.

Y en el tema laboral ni os cuento. De hecho ahora mismo estoy superando mi record de permanencia en el mismo puesto de trabajo: cinco años. Y prefiero trabajar sola, sin nadie encima que vigile lo que hago, porque eso me estresa mucho. Y es cierto que me tomo ciertos excesos en pequeños detalles que no tendría por qué hacer.

Nunca lo había pensado, pero en los espacios públicos siempre me sitúo en zonas donde pueda ver en todo momento a todo el mundo, quien entra, quien sale, que hacen. Hago lo mismo en mi casa, desde el rincón del ordenador veo, gracias a los espejos decorativos de pared, donde están todos. Y suelo programar mi agenda con mucha antelación. Los viajes por sorpresa o los acontecimientos inesperados me ponen nerviosa. ¿Control? 


Todas ellas, son secuelas que creía firmemente no haber sufrido jamás, pero que en estos últimos meses, al analizar mi comportamiento, he descubierto poseer en mayor o menor medida. Y lo cierto es que me siento muy sorprendida.

Para terminar, hay tres secuelas:
-Carencia del sentido del humor, o una extrema solemnidad.
-Temor a la intimidad, problemas de abandono, relaciones donde no existe una distancia saludable.
-Trastorno de personalidad múltiple.

Creo que me son totalmente ajenas, o al menos nunca me he sentido identificada con ninguna de ellas. Pero no pierdo la “esperanza”. Tal vez las sufro sin reconocerlo, o el tiempo me las regale…


"Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber."
Confucio. (551 a.C. – 479 a.C.) Filósofo chino.

11 comentarios:

  1. Vaya, no se me habia ocurrido mirarme esas cosas, pero comparto varias de ellas. La que mas gracia me hace es la del desorden que no aguantas que nadie lo ordene - me pasa lo mismo. En mi desorden se donde esta todo. En cuanto alguien me ordena las cosas me vuelvo loco y me cabreo cantidad. Es raro, yo tengo una mezcla de orden compulsivo con lo contrario - de nigno se reian de mi porque todas las noches me ponia un papelito en el zapato con una lista de cosas que queria hacer. Sigo haciendolo (sin el zapato - hago listas). Y luego nunca he seguido las listas. Siempre encuentro listas y listas por toda la casa, de hace un agno, seis meses, dos semanas, todas por ahi. Nunca las sigo. Poco a poco empiezo a confiar en mi y dejar esa compulsion. Me he dado cuenta que es todo falta de confianza en mi propia valia, autoridad, que no tengo ninguna.

    Un abrazo

    Sifi

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  2. Mi mente debe ser un cajón lleno de cajitas simétricas todas del mismo color y del mismo tamaño.
    De mis abusos me ha quedado una obsesión por el orden demasiado enfermiza para compartirla con mi familia, y una manía por los olores que me lleva a colocar ambientadores por todas partes y a mantener una higiene desesperante. Me lavo las manos cada pocos minutos y me ducho y me lavo el pelo constantemente incluso para la limpieza de casa soy muy especial, y tengo paños de un color diferente para limpiar cada habitación: amarillos para la cocina, azules para el baño blancos para los dormitorios, rosas para el salón...y no los mezclo jamas.
    No se como hubiera sido si mi vida no se hubiera cruzado con la de mi abusador, pero después de leer tu entrada pienso que al menos no hubiera sido tan obsesiva.

    Tienes mucha razón, hemos recibido unos regalos envenenados que nos van a durar mucho tiempo.
    Un beso Némesis.-31

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  3. Némesis! jajajaja ya te habías tardado!

    Recuerda que te dije: "Sería muy bueno que también lo hicieras, para que aquellos que ven las cosas desde fuera se den cuenta del alcance que tiene el ASI, y para que también sepan que a pesar de todo luchamos para salir adelante y que no estamos echados a perder. Como dices somos pocos los que alzamos la voz"

    para refrescarte la memoria:
    http://pandorasboxasi.blogspot.com/2010/11/coincidencias.html

    como habrás visto en alguna de mis entradas... ando con un bloqueo para escribir de ello, hay cosas para las que no estoy lista y hay cosas de las que he hablado como si leyera una receta de cocina(cosas que he de rehacer por lo visto) pero mi intencion es seguir, cada uno lo vive de acuerdo a su personalidad, a sus circunstancias, pero hay algo en común: el deseo de salir de ello, el deseo de vivir, tal vez tu experiencia le pueda ser de más ayuda a otra persona que mi experiencia y lo mismo podemos decir de otros niños como nosotros, por eso creo que es importante que la gente sepa que no hay que generalizar, pues esto de las secuelas no es un molde donde todos salimos igual, para que aquellos como nosotros sepan tambien que no existe un solo camino para salir. Problablemente hay secuelas que tal vez para mi no fueron tan graves, pero para alguien más sí... uff ya me enrollé.

    El caso es que me gustó tu entrada, me alegro que la hayas publicado.

    Besos

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  4. Ufff

    Una entrada más que me dejó sin palabras.

    Secuelas y secuelas que jamás pensé vivirlas, siempre dije: a mí nada me afectó, solo pasé malos años y ya está.

    Pero es más que obvio que solo trataba de ocultar la realidad, que vivo en un mundo de secuelas, en las que ahora me están afectando más que nunca, y espero saber convivir con ellas, porque me temo que se quedarán por una larga temporada.

    Un millón de besos Némesis.

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  5. Qué fuerte has sido para no llegar a un psiquiatra o psicólogo!
    Todas las víctimas no pasan por las mismas secuelas, te envío muchos besitos :)

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  6. Si... Nemesis y Pandora hermosas!!! Cada quien tenemos "las propias" no? Cada quien las vivimos a una manera muy particular, del libro de EL CORAJE DE SANAR de Bass y Davis... Pude encontrar 11... :O Me quede impresionada al analizarme desde la perspectiva de las secuelas.
    ¿Alguna vez las enlistare? ¿Les parece?

    Hey Nemesis compartimos "el gusto" de la bisuteria!! Tengo montones!!! y montones!! de ella... collares, pluseras, aretes!! :)

    Un abrazo fuerte fuerte!! Y COMO SIEMPRE TODA MI ADMIRACIÓN!!

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  7. Como siempre digo o pienso cuando leo vuestros blogs... Que alivio y que terror me da verme tan identificada. Me parece una buenisima entrada, y os pedire disculpas de antemano a ti y a Pandora, si alguna noche escribo sobre ello.
    Mi obsesion con el desorden va, del blanco al negro. Radical. Tan pronto tengo la casa echa un caos, que hasta vergüenza me da, como que me da el calambre y lo ordeno todo pulcramente...
    Y tampoco suelo invertir mucho tiempo en cuanto a maquillaje y estetica se refiere...
    Que duro es preguntarse como seriamos en una mejor vida, pero asi somos, distintos, pero especiales!
    Muy buena tambien, la cita de Confucio.
    Un besin

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  8. No se porque hoy cuando peor estaba he entrado a leerte y claro me vuelvo a ver reflejada y me digo K. aunque te intenten hacer creer que eres mala y rara y que nada pasó mirate te estan describiendo, no ves tu dolor y como te alejas de quien quieres.
    Tengo muchas secuelas y un largo recorrido por hacer, gracias por acompañarme y prestarme tu hombro
    K.

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  9. Nunca me pare a mirar eso...que caos...y cómo se arrancan las secuelas porque lo que se siente por dentro no hay quien me lo borre para paliar todo el caos que es mi vida...

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  10. Besos , besos y abrazos, te manda esta Victoria que hoy está tratando de superar su secuela de no saber hablar, ni decir que no y que piensa que todo lo malo es culpa suya y que a pesar del tiempo y del trabajo llevo todavía el miedo a cuestas.

    Cariños
    Victoria

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  11. Némesis, las autolesiones no son simplemente físicas, sino interiores. Es decir, el hecho de estar con un tío que sabes que es un cabrón y que te está haciendo daño, es provocarte una autolesión. Tú misma te buscas esos líos para sentir dolor y luego salir del dolor.

    En eso que dicen sobre el desorden y la mente... no me lo creo, francamente. A mí me sucedió al contrario que a ti. Me volví una maníatica de la limpieza. No podía ver un poco de polvo, un desorden... nada. Necesitaba tenerlo todo a la perfección. Dedicaba horas y horas para mi habitación y no podía estar en otra parte de la casa porque lo veía desordenado. Y dudo que mi mente estuviera tan "recta". Por suerte, ahora no soy ni muy ordenada ni desordenada. He encontrado el término medio (como decía Aristóteles); aunque he de admitir que algunas veces me vuelvo desordenada. Pero enseguida empiezo a ordenar.
    Con el trabajo estamos en las mismas. Odio que alguien esté encima.
    Me ha hecho gracia lo de los espacios públicos y controlar a todos, y el ponerte nerviosa los viajes inesperados y los planes inesperados. A mí me sucede igual.

    Espero que el tiempo no te regale esas secuelas. No tienen pinta de ser agradables :)
    Me gusta mucho esta publicación. Te felicito.

    Un besito.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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