MENSAJES EN LA BOTELLA

Siempre me parecieron muy poéticas las historias de gente que tiraba una botella al mar con un mensaje dentro y que meses o años después reaparecía al otro lado del mundo.

Supongo que habrá mucho de leyenda urbana en esos relatos, pero es curioso cómo me recuerda a las señales que a veces envía la mente a través de nuestro cuerpo. Mensajes cifrados lanzados al agua a la espera de que alguien reciba la misiva, casi siempre una llamada de socorro, y solo a la espera de que mi cuerpo, (la botella), no se rompa y que mi mente, (el mensaje), no se pierda.

Nuestro cuerpo nos habla y nos cuenta las secuelas físicas y psíquicas que un gran daño puede hacernos. Y en mi caso tiene mucho que decir.


Ginecológicamente hablando, en mi caso, la continua manipulación de mi vagina, desde bebé, me ha producido innumerables infecciones de orina toda mi vida y ahora, se ha convertido en una dolencia crónica. Básicamente porque mi padre no era muy aseado. Tengo la imagen de sus manos, grandes, sucias, con aquellos dedos gordos y amarillos del tabaco, con las uñas largas y negras.

Cuando empezaron las violaciones, desde el primer día sentí mucho más que dolor. La primera vez que me penetró, creí con total firmeza que me estaba matando. Llegué a sangrar varias veces después de agredirme a pesar de que me faltaban aun más de dos años para mi primera menstruación. Era como abrirme en canal cada vez que lo hacía.

El resultado de todo aquello han sido muchos problemas ginecológicos. Tengo dismenorrea primaria, con la que convivo de forma habitual,  y además sufro periodos de vaginismo. Es algo totalmente psicológico, por lo que cada vez es menos frecuente, pero en mis primeras relaciones lo sufrí especialmente. Ni siquiera era capaz de usar tampones durante mi menstruación, por entonces desconocía la causa. Pero para mí lo peor de todo fue que mi útero se “desplazó”, lo que me ocasionaría años después una amenaza de aborto, un embarazo de alto riesgo y una infección postparto que casi me cuesta la esterilización o la vida.

Cuando ya tenía veintiún años, tuve una bronca monumental con mi hermano mayor, y acabó rompiéndome una silla encima de mi espalda. Me produjo una fisura en las vertebras cervicales. Afortunadamente no hubo más daños.

Y por último, tengo desarreglos alimenticios. Paso periodos de ayuno casi absoluto, vomito con facilidad y por lo tanto mi estómago, mi esófago y mis intestinos  se resienten. Los trastornos gástricos son habituales.

Estas son mis secuelas físicas más evidentes, pero hay más.

Se habla mucho de los síntomas psicosomáticos. Aquellos que produce la mente sin que en principio exista enfermedad real, pero que llegado el caso, puede terminar por desarrollarse. Un psicólogo podría explicarlo mejor que yo. Algunas de mis secuelas están a caballo entre lo real y lo psicosomático.

 Por ejemplo, soy zurda corregida. En mi infancia todavía existían sectores amplios de población que creían que se debían corregir esas conductas.

Mi padre era una de ellas. Cada vez que me veía coger el lápiz, el cepillo de dientes o la cuchara con la mano izquierda me daba una colleja o me estampaba la cabeza contra el lavabo. Perdí dos dientes de leche gracias a él. Y lo más paradójico es que mi padre también era zurdo.

Ignoro si es consecuencia de ello, pero me han dicho que mis problemas de coordinación lateral pueden venir de ahí. Necesito detenerme a pensar dónde está mi derecha y mi izquierda, y soy absolutamente incapaz de conducir. Mi coordinación a pesar del ballet y la gimnasia rítmica, es nula. Aprendí a montar en bicicleta con catorce años, y soy un peligro con ella en una vía pública.

Es gracioso, escribo este texto sin quitar la vista del teclado y a veces cuando miro la pantalla, me doy cuenta que no estoy continuando la escritura en el punto en el que la dejé, o he cambiado el estilo de letra. Me bajé un programa para aprender mecanografía y escribir como todo el mundo, mirando la pantalla y no el teclado. Lo he dejado por imposible. Mis dedos son tan torpes como el resto de mi cuerpo.

Y tengo dislexia. Cambio el orden de las letras, comento enormes faltas de ortografía (el corrector echa humo cada vez que escribo) y leo despacio porque las letras me “bailan” (leo camas en lugar de canas o García por Gracia y cosas así). Recuerdo, cuando era niña lo muchísimo que me costó aprenderme los meses del año, memorizar series es una tortura para mí. Me han dicho que puede haber sido producida o agravada por los abusos, porque estos son desde muy pequeña.

Algunas secuelas las he provocado yo de manera “intencionada”.

Recuerdo de muy pequeña los olores de la primera casa de mi madre, un agujero insalubre donde se mezclaban hedores a humedad, a orina, a podrido. Y en la casa del “terror”, donde recuerdo todos mis abusos, el aroma no era mejor. Creo que en un momento dado de mi infancia decidí no oler más. Empecé a decir que no tenía olfato. Empecé a no oler nada de manera voluntaria. Y ahora tengo el sentido del olfato atrofiado.

No soy capaz de distinguir nada. Apenas los olores muy fuertes, amoniaco, lejía, vinagre, alcohol… pero nunca supe lo que es oler una flor o un suave perfume.

Pero creo que cuando me siento a gusto en un sitio es en parte al buen olor del ambiente: ante un café humeante, en primavera cuando el perfume de las flores inunda sus campos, o junto al mar, ese olor a sal del que todo el mundo habla… mi cerebro no sabría distinguir esas fragancias pero creo firmemente en el efecto que me producen ya que no hay nada físico que me lo impida.

También me sucede con los malos olores. Trabajo cara al público y a veces, algunos clientes me producen malas sensaciones. A pesar de su amabilidad, de su buen carácter no puedo evitar respigarme ante su presencia. En alguna ocasión me han sacado de dudas otros clientes: su olor. Y me ocurre igualmente cuando entro en lugares de mucha humedad, o en ciertas zonas de los hospitales y clínicas donde he trabajado. El hedor a orina.

Leí en una ocasión que el olor es el sentido que mas evoca situaciones pasadas, que es el que abre muchas veces la puerta a los recuerdos. Tal vez para mí haya sido un mecanismo, una barrera para mi pasado.

Ahora parte de la rehabilitación que me he autoimpuesto está siendo “aprender” de nuevo a oler. Intento distinguir las distintas fragancias que me rodean. Cuando cocino, o me aplico colonia. Y creo que empiezo a “sentir” cada vez más esos aromas. Los huelo, pero no sé distinguirlos aún. Solo sé decir si son agradables o desagradables.

Aunque reconozco que lo hago a escondidas. Oficialmente no tengo olfato. Y no sabría cómo explicar a mi familia que ya soy capaz de distinguir cuando llevan colonia. Me da vergüenza.

Jamás pensé que muchas de mis pequeñas afecciones tuvieran algo que ver con mis abusos.
Respiro por la boca. Cuando duermo o estoy muy relajada, respiro por la boca. Me han dicho que psicológicamente significa ganas de vivir. La respiración es vida. Y los temas relacionados con la garganta, hablar. La imposibilidad de expresar lo que nos ocurre.

Pero sospecho que en mi caso hay más. La sensación de ahogo es habitual en mí cuando paso periodos en los que los recuerdos están más presentes. Creo que es una reminiscencia inconsciente de la primera vez que le hice a mi padre una felación. Creí que me ahogaba.

De hecho me suelo atragantar con facilidad al comer o beber. Se me cierra la garganta y apenas me permite el paso de un poco de aire. Y vomito con facilidad ante muchos estímulos distintos, con la imagen del baño de la casa de mis padres presente en mi mente.

Sufro fases de vértigo, esa sensación de falta de equilibrio, a veces de forma severa. Todo me da vueltas y no soy capaz de estabilizarme. Es como si a una cámara de video le quitasen ese mecanismo que evita que las imágenes grabadas en mano se muevan y sean imposibles de ver. Lo cierto es que físicamente hablando, el vértigo tiene su origen en la fisura cervical que tengo, pero es curioso, a veces coinciden esas crisis de vértigo con momentos de inestabilidad emocional, el trabajo, la pareja…

Y las lipotimias. Empecé a sufrirlas con ocho o nueve años con bastante frecuencia. Pero hay un dato curioso: de niña, esas lipotimias sólo las tenía en las temporadas que estaba en casa de mis padres. Me hicieron pruebas de todo tipo. Electroencefalogramas, electrocardiogramas, escáner… jamás dieron con la causa. Se limitaron a decir que se trataba de simples bajones de tensión. Los episodios se alargaron hasta poco después de conocer a mi marido. ¿Curioso, verdad? Supongo que conociendo el periodo en que se inició, en que los desmayos llegaron a ser casi diarios, y lo que duró, no hay que ser muy listo para asociarlo a los abusos. No obstante a medida que el tiempo fue pasando los lapsos de tiempo entre lipotimias se fueron distanciando. Y hace años que no sufro esa dolencia.

Actualmente sufro mucho de contracturas musculares. Creo que ahora que estoy “soltando lastre”, sacando lejos de mí todo mi pasado, gritándolo a los cuatro vientos, (relativamente) la tensión es mayor, porque estoy siempre atenta a todo. A las reacciones de la gente, a los comentarios del blog, a los correos de la cuenta de Némesis, a mi correo personal, reconozco que a pesar de ser liberador hablar, me está suponiendo una carga emocional extra. Aun tengo demasiado en cuenta las opiniones de los demás, y eso me está jugando malas pasadas.

Pero lo más llamativo, es el hecho de que ya de niña, mi cuerpo enviaba mensajes subliminales. Tenía numerosas bronquitis, catarros, infecciones intestinales, asma, dolores de cabeza… siempre en casa de mis padres. Los problemas respiratorios siempre pensaron que eran por el clima húmedo de mi tierra natal. Los problemas intestinales al cambio de comidas, los dolores de cabeza ya eran más difíciles de justificar. Y siempre en casa de mis padres o días antes de viajar hacia allí.

Seguramente haya más síntomas físicos que ni siquiera veo, es posible que salgan a la luz de ahora en adelante. Soy consciente del camino que aun me queda por recorrer y sé que mi cuerpo de alguna manera va a reflejarlos, como antes. Pero ahora que conozco su causa, serán más llevaderos.

Sin duda nuestro cuerpo nos habla. A mí me hablaba mucho antes de ser consciente de mis secuelas, y sin duda se trataba de un aviso. Alarmas que mi mente activó a lo largo de los años a través del cuerpo, avisando del daño que me estaban causando. Alarmas que nadie oía, porque la botella se perdió en medio del océano.



Ante todo es necesario cuidar del alma si se quiere que la cabeza y el resto del cuerpo funcionen correctamente.
Platón. (427 – 347 a. C.) Filósofo griego.

12 comentarios:

  1. Cómo es eso que dicen que el cuerpo habla lo que el alma calla? Pues ahí lo tenemos, latente, entre el contenido y el continente que somos.
    No doy cuenta de lo duras que han sido nuestras existencias hasta que leo tus entradas, pero si somos capaces de ser así de claras en contarlo es que algo avanzamos.
    Sigue asi, hasta que salga toda la kk, hasta que se acaben esas infecciones de orina o puedas oler sin ningún problema el aroma de una tarta recien hecha, y, lo mejor, que puedas compartirlo con tu familia.
    Mil besos.

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  2. La verdad es que es fuerte cómo se llegan a descuadrar el cuerpo y la mente tras un trauma. Es frustrante querer desbloquearlo, una vez sabes de dónde viene, ya que aun sabiendo que el peligro que descompone ya pasó, que está allí, atrás en el tiempo, y no más presente, aún así el efecto en el cuerpo cala tan hondo que sigue contrayéndose para protegerse, la mente desbartándose para huir; se hace historia personal, llevada a rastras a pesar propio. Pero creo firmemente que sí, que ya solo el saber, y en consecuencia cuidarse, reencuadrarse, lleva a deshacer el lastre y brinda la oportunidad de reencontrarse consigo, los demás, y la vida de una forma cada vez más completa.

    Lo del olfato es muy fuerte, lo comprobé cuando volví a la ciudad donde crecí tras unos 25 años o así, los olores tenían una presencia alucinadora, no se puede describir, y llegó al punto que una noche creía que me volvería loco y me lo pasé fatal. De hecho tengo un amigo que volvió a su país natal tras treinta y tantos años y tuvo un episodio psicótico. Luego me contó que los olores tenían una potencia increíble, que ahí empezó su periplo.

    Un abrazo psicofísico entero :-D

    Sifi

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  3. Es cierto, los abusos tienen efectos secundarios, a veces tan horribles como los mismos abusos. Es otro de los regalos no deseados que nos dejan los abusadores.

    Es una mas de las cadenas que debemos arrastrar el resto de nuestra vida-
    Hoy al menos siento que mi cadena pesa menos, que la comparto un poco con todos vosotros- 31

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  4. Cuanta razón llevas, siempre que se me venía un bajón, tenía un malestar físico, o cuando estoy en una situación incomoda, llegan esos dolores o malestares que para una persona no pasa de eso, malestar, pero que para mí, son como alarmas que el cuerpo pone para decirte que estás en peligro, que lo estás pasando mal.

    Pero estoy segura de que lograrás ir distinguiendo olores, porque tú te lo mereces.

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  5. Este "inventario" es el que yo en muchas ocasiones he tratado de hacer en mi cabeza, de ordenarlo, y me lleno de panico y no llego a NADA!
    Actualmente no estoy llengando a nada!
    No he podido conmigo misma estos ultimos dias... No he podido restablecerme a un pasado que vivo por las noches como si acabara de suceder...
    Si Tuve un "brote" de un nuevo recuerdo! Combinado con una pesadilla y un poco de mi asma... (tambien) un poco "aplacado" ultimamente... Pero Regreso... Y con esa tos, revuelta con asco, pude darme cuenta claramente de un recuerdo espantoso!
    Un recuerdo que me deja "sin fuerzas" PARA NADA! Un recuerdo que me hace sentir que NO VALGO NADA!
    Mi cuerpo es el de las consecuencias, pues se llena de moretones, y mis dedos jalan fuertemente girones de cabello...

    Gracias por escribirme...
    Asi me siento un "poco real" entre otras cosas... que nadie se da cuenta.

    ME SOSTENGO POR ESTA NOCHE... DE TUS LETRAS!

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  6. Hola. Soy una persona que visita el foro gam y ahí he visto tu enlace a tu blog. No ho podido dejar de llorar leyendo tus secuelas. Sé que el llanto es porque en algo o en mucho me identifico, pero no sé en qué. El olvido es mi secuela mayor. He empezado una terapia EMDR, y espero hallar algo ahí. Gracias por tus palabras, estoy segura que ayudarán a muchas personas.

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  7. Muy duro mi tesoro, me pregunto por qué nadie fuera de tu familia no supo leer el 'mensaje', sacarte definitivamente de allí cuando eras pequeñita. Sigue sucediendo, eso es lo más triste.

    Con tus palabras me fui a los 10 o 12 años, cuando comencé a desmayarme, siempre algún conocid@ me acercaba a la casa...estará por menstruar? seguro! pues no fue así, recién a los 18 años comenzó el período muy aislado, producto de la anorexia y bulimia.
    Los golpes me han dejado secuelas, las palabras más.

    Tienes que cuidarte de esa fractura de vértebras, traen muchos problemas...lo demás? muy valiente por sacarlo fuera y escribirlo!

    Abrazos y besos sanadores, tal vez por un día te sirvan.

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  8. Tenemos muchos puntos en común como los desarreglos alimenticios, no diferenciar entre derecha y izquierda y teenr que pensarlo largo rato, la mezcla de palabras, con los olores me sucede lo mismo..., respiro por la , ese vaginismo producido por la mente temporalmente, esa sensación de ahogo, los problemas de garganta (sobretodo cuando tengo que hablar y tengo que expresar algo dentro de mi. La garganta comienza a dolerme y se me cierra y no puedo hablar), también sufro fases de vértigo y pierdo el equilibrio... Aunque sin duda lo que peor llevo son los dolores de cabeza. No hay duda de que el cuerpo nos dice lo que el alma quiere decirnos.
    SOy filósofa. Me ha gustado ver esa entrada de Platón. El alma nos avisa a través del cuerpo lo que nos sucede puesto que cada parte de nuestro cuerpo se refiere a una parte de nuestras emociones. Cada vez más expertos sn más conscientes de ese suceso.
    Cuidate, un besito.

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  9. Mucho ánimo wapa !!!
    Espero algún día tu alma llegue a curarse :D

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  10. Muchos abrazos. Esta mente nuestra que siempre trata de avisarnos de cosas y nosotras muchas veces no la escuchamos o no sabemos que nos quiere decir, como a Alma, para mi lo mas transversal en el tiempo es la "tos revuelta de asco" yo no habria podido describirlo mejor, en mis sesiónes de terapia a veces he estado a punto de vomitar, pero mientras más he trabajado menos he tenido estos accesos de tos y ya casi no tengo mis clasicos "ciclos de vomito"

    Para tod@s nosotr@s muchos besos

    Victoria

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  11. Nemesis

    yo he conversado con mi teraputa el haber encontrado Tu blog, y lo positivo que ha sido para mi poder ver en ti y en todos los que te siguen la constatación de que somos muchas las personas con experiencias de abuso sexual, y no como pensaba yo en algun momento de la vida que solo a mi me habia sucedido y además estamos trabajando para nuestra sanación. A proposito de esta conversación y de uno de los comentarios de tu Blog yo trabajo tambien con terapia EMDR y creo que es eso lo que me ha permitido reprocsar la experiencia del abuso y por ejemplo que mi "tos con asco" no se me presente indistintamente si recuerdo mis abusos o tengo una situación estresante en el trabajo lo comparto contigo y con los que siguen tu Blog ya que creo que puede ser interesante para quien decida iniciar una terapia buscar a alguien con experiencia en EMDR o que investiguen este tipo de terapia.

    Besos, abrazos, cariño y mucha esperanza en el futuro

    Victoria

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  12. La verdad es que me siento muy identificada contigo, en casi todo, soy zurda, tengo dislexia, cometo muchisimas, pero muchisimas faltas de ortografia. Dolores de cabeza desde muy pequeña, unos 5 ó 6 años (y me hicieron pruebas y no vieron nada, absolutamente nada). Mareos, lipotimias, sensación de inestabilidad,... nauseas, arcadas nada más levantarme por las mañanas. Periodos de anorexia, bulimia,... actualmente obesidad (me siento más segura que en ningún otro momento de mi vida, los kilos son como una coraza protectora). En cambio con los olores soy totalmente opuesta a ti, yo tengo un olfato muy desarrollado, huelo siempre como si estuviera embarazada (bueno un poquito menos, que cuando estuve embarazada, olia un poco más que de ahora). A mi lo que me desagrada mucho son los olores fuertes, me da igual que sean buenos o malos, cualquier olor fuerte me resulta repulsivo, en ocasiones me dan arcadas hasta vomitar. Es verdad que los olores algunas veces hacen que aparezcan los recuerdos (afortunadamente no siempre), yo no soporto el olor a cerveza, o a vino, me hace recordar los besos y las caricias no deseadas, de hecho si mi marido bebe alcohol, del tipo que sea pero especialmente cerveza se tiene que aclarar la boca y beber agua antes de darme un beso. Algunas veces después de mantener relaciones sexuales con mi marido, sobre todo cuando estabamos intentando ir a por un bebe, (supongo que al no usar preservativo el olor era más intenso)me ponia mala por el olor a sexo. Pero ahora que lo pienso no es algo que me pase solo con los olores, no soporto las cosas demasiado intensas, especialmente las caricias, cuando estoy con mi marido y las caricias se hacen demasiado intensas, entro en panico y empiezo a decirle más suabe y si no va más suabe, menos intenso pierdo totalmente las ganas de hacer el amor, incluso aunque sea yo quien lo propuso, para mi las cosas intensas, son malas, peligrosas, aunque no lo sean realmente. Me queda mucho trabajo aun. Vaginismo creo que no tengo aunque tampoco lo consulte nunca con el ginecologo, pero la mayoria de veces que mantengo relaciones sexuales con mi marido siento dolor y me hace volver a los momentos en que abuso de mi, a los momentos en que me violo. De hecho cuando siento dolor no puedo evitar pensar termina de una vez, esto dura mucho, por favor que termine ya. Quiero mucho a mi marido, pero no puedo evitar pensar esto, pese a que es un hombre cariñoso, tierno, paciente,... Tampoco puedo usar tampones con la regla y cuando me han mandado ovulos vaginales por alguna infección siento un dolor enorme al ponermelos. También tengo asma y me paso la vida resfriada, antes casi siempre que estaba nerviosa me salian calenturas o herpes en los labios. Contracturas frecuentes, aunque hace tiempo que no tengo, al menos no importantes,... En fin cuantas secuelas, creia que no tenia tantas,...
    Muchas gracias por tus escritos, cuando te leo, me siento reflejada. Yo también escribo, pero por el momento para mi, mis escritos solo los ha leido el psicologo, algunos mi marido y una amiga, en fin algunas veces pienso en crear un blogs, pero creo que aun no estoy preparada para ello.
    Un saludo,
    Ave Fenix.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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