INVOCANDO A ÁTROPOS

El sexo y la muerte probablemente sean dos de los temas más escabrosos que se pueden tratar. El sexo por ese punto de tabú que aún queda latente en la sociedad. La muerte, y más concretamente el suicidio porque, al menos yo, tengo la sensación de que si hablo de ello corro el riesgo de sentirme la responsable de algún disparate entre alguna víctima que me lea desesperada por estar en una situación límite.

Quisiera poder dar una palabra de aliento a aquellos que se encuentren en el abismo, pero no soy la más adecuada. Soy consciente de la sensación de oscuridad que inunda la mente en esos momentos y solo uno mismo tiene la capacidad para extender la mano y encender el interruptor que llene de luz su vida.

UN, DOS, TRES, AL ESCONDITE INGLÉS

En este blog hablo muchas veces de las secuelas de los abusos en la vida adulta, o de mi adolescencia, explicando sus consecuencias. Otras veces cuento algún pasaje de esos abusos, para que los que no habéis pasado por ello intentéis poneros en la piel de una víctima.

Pero durante mi infancia ya existían daños colaterales. Realmente yo no recuerdo una infancia sin abusos. Solo momentos y épocas en las que no los sufría, cuando estaba con mis Padrinos, pero ya entonces había consecuencias.

Si tuviera que decir, con certeza, cuál era el lugar más blindado, más protegido, donde realmente yo era feliz, sin duda debo nombrar la casa y la compañía de mis Padrinos y por extensión la casa de la playa. Porque ni siquiera el colegio era un lugar seguro.

EL LADO OSCURO

He tardado cuarenta años en hablar con claridad de las violaciones a las que fui sometida de niña. Pero aún soy incapaz de hablar de mi vida posterior, cuando inicié la adolescencia.

Cuando estoy con mis amigos o mi familia y sale el tema de la nostalgia de aquellos tiempos de manera genérica, cuando se habla de la Movida Madrileña o de La Bola de Cristal y nos contamos las “batallitas” de aquella época, yo me limito a decir que son mis años oscuros y que no quiero hablar de ellos dando a entender, medio en serio medio en broma, que ha sido un período muy sombrío. Y lo cierto es que así fue.

LA IMAGEN DEL ESPEJO



Existe un síntoma muy habitual en los supervivientes de abusos: la evasión de los espejos que se asocia con la necesidad de ser invisible, de tener una percepción distorsionada del cuerpo o no gustarse uno mismo. Nos utilizaron de manera abyecta, despiadada, como un objeto durante nuestra infancia y nos ha quedado la sensación subliminal del poco valor que tenemos para nosotros y para los demás.

Sin duda se trata de mi secuela más grave, la más severa, la que más me ha castigado durante toda mi vida y la que más daño me ha hecho: la autoestima.
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