HERIDAS ABIERTAS, RECUERDOS QUE VUELVEN

Siempre he dicho que recuerdo mis abusos. No es del todo cierto. Supongo que en trece años es imposible recordarlo todo, y menos esos primeros años de infancia, cuando aún era un bebé, o una niña muy pequeña. Pero tengo presente en mi memoria muchas escenas.


A mi padre tumbarse sobre mí, en mi cama, frotándose contra mi pelvis, yo intentando apartarme, y él decir con sequedad “no te muevas”

Instándome a que me metiera en su cama a ver los dibujos porque hacía frio, y acariciarme el pecho aun sin desarrollar susurrando lo suave que era mi piel y pidiéndome que le tocase para que yo viese que la teníamos igual de tersa… y después bajar la mano, introducirme el dedo, mirando al “Capitán Tan” en silencio, como si no pasara nada, con mi madre al otro lado de la cama.

O guiándome la mano hacia su “paquete” obligándome a presionar, a pesar de que yo intentaba no tocar el calzoncillo caliente.

Y por supuesto, los últimos dos o tres años de abusos. En los que empezó a “justificarse” porque en lugar de entrar furtivamente en mi habitación, sin pronunciar palabra, u ordenarme ver la tele con él en su cama, comenzó a enseñarme, como un profesor: “mira, esta es mi polla. Tienes que moverla así, de arriba abajo. Tócala, ¿ves cómo crece? Un día de estos te la meteré por ahí para que sepas como vienen los niños”.

Hasta aquí, entre muchos más recuerdos asquerosos, llega mi retentiva, lo que siempre tuve presente.

Cuando murió mi padre, hace dos años, se reactivó un recuerdo que ya había tenido varias veces. Pero éste siempre era ligeramente distinto. Cuando me venía a la cabeza, no sé por qué extraña razón, no veía a mi padre. Era otro hombre. Siempre creí que mi mente por algún motivo me cambiaba su imagen. En esos días descubrí por qué:

Mi madre cosía a veces para algunos vecinos. Iba a sus casas para las pruebas, y algunas veces yo la acompañaba. Recuerdo en una ocasión ir a la casa de uno de esos vecinos. Tenían una hija, no sé qué edad teníamos, pero sé qué yo era muy pequeña, unos cuatro o cinco años. Estábamos en la habitación de ella jugando cuando entró su padre… no recordé mucho, apenas imágenes sueltas. Creo que me obligó a masturbarle. Y me tocó…

No recordaba su rostro, solo supe que no era mi padre. Solo flases. Imágenes fijas. Y todo el mundo dio por hecho que me sentí mal  por la muerte de mi padre.

Saber que él no había sido mi único abusador fue descorazonador. Supuso toda una crisis. Tardé varios meses en recuperarme. Estuve a punto de tirar la toalla. No pensé en el suicidio, pero mi hijo ya era grande, y ya no me necesitaba como antes, pensé más en “dejarme ir”. Me acosté muchas noches pensando que sería genial que no volviera a despertar.

En aquella ocasión mi monstruo empezó a fustigarme con la idea de que había sido abusada por medio barrio. Que había sido poco menos que prostituida. No podía creer que después de cuarenta y dos años descubriese que mi padre no había sido el único. Aun me cuesta asimilarlo. Llegué a dudar de mis propios recuerdos, pensando que tal vez era aquel hombre el que me había quebrantado, y que mi padre solo había sido un maltratador. Fue un caos.

A veces aun lo es. A veces tengo la sensación de haber cometido un pecado imperdonable, que me he vendido al mejor postor. Todavía me siento de alguna manera responsable de aquello, por no llamar a mi madre, por no llorar más fuerte. Cada vez que pienso en ese tipo me avergüenzo de mi misma, y más ahora que la escena está completa.

Recuperé el resto de ese recuerdo hace muy pocas semanas. Volvió a ser desgarrador recuperarlo.

Siempre creí que mi padre había sido el primero en mostrarme cómo se hace una felación, con doce años. Me equivocaba.

Aquel cabrón entro en la habitación y se quedó mirándome. Tengo la imagen de mí misma de pie, retrocediendo aterrada hasta tocar con mi espalda en la puerta del armario, y él agachado, gateando a cuatro patas, acercando su cabeza hacia mis piernas, sus manos bajándome las braguitas hasta la rodilla y relamiéndome el pubis, sorbiendo la saliva, como un perro soltando baba.

Después salta la imagen. Sé que hay mas, pero lo siguiente que recuerdo con claridad es que ese hombre estaba de pie, que era muy alto,  y que me restregó por la cara su miembro, me lo introdujo unos momentos en la boca y eyaculó sobre mi rostro. Como si me hubiese disparado con una pistola de agua.

Me ayudó a limpiarme con un pañuelo mientras se sonreía mirando a su hija. Como alguien que hace una travesura. Recuerdo el semen caliente en mi cara. Recuerdo llorar desconsoladamente. Recuerdo sentir muchísimo miedo.

Su hija permanecía sentada en la cama, temerosa, avergonzada, resignada, mirando al suelo. Creo que jugueteaba con una muñeca entre las manos. De vez en cuando me miraba de forma furtiva, como si supiera bien lo que había ocurrido.

Pobrecilla, imagino la exigua sensación de alivio que tendría al ver que esa vez no le había tocado a ella. E imagino la culpabilidad que sentirá ante ese recuerdo. Lo imagino porque yo sentí lo mismo con mi hermano, el de mi edad.

 No sé si lo de aquel miserable fue solo una vez, pero fue lo suficiente para recordarlo entre tantas aberraciones paternales.
                                         
Recuperar ese resto del recuerdo no fue paralizante como con la primera parte. No tuve ansiedad, temblores o vómitos. Tan solo una inmensa tristeza.

Me vino en sueños. Ni siquiera recuerdo la pesadilla. Solo sé que desperté durante varios días con la sensación de estar triste y abatida, con esa opresión en el pecho que se tiene cuando hemos llorado mucho. Y al intentar pensar por qué me sentía así, sentía que una imagen quería abrirse en mi cabeza, pero sin llegar a verla. El destello duraba apenas unas décimas de segundo. Era una imagen, una sensación, un flash que no terminaba de formarse el tiempo suficiente para retenerlo. Como si saliese a la superficie un momento, que lo viera con el rabillo del ojo, para después sumergirse de nuevo en el fondo de mi mente. En seguida saltaba otro recuerdo, de esos que sí tengo presentes. Pero no sé por qué razón esos días veía esos recuerdos “oficiales” como parte de la pesadilla.

Entonces mi Monstruo sacó la artillería pesada. Asocié los recuerdos a la pesadilla y creí que me había vuelto loca. Me asaltó la duda. Empecé a pensar que todo era falso. Que nunca habían ocurrido los abusos. Que mi mente había creado una fantasía tan perfecta que me había tragado mis propias mentiras. Me sentí morir. Toda mi vida por el desagüe. Todo una farsa, una representación, y empecé a castigarme por ello.

La eterna batalla entre mi monstruo y yo. Cuando conseguía demostrarme a mi misma que un pequeño recuerdo era autentico, mi monstruo me rebatía. “Sí solo fue eso, no fue para tanto. ¡Supéralo!”. Hasta que por fin aquel recuerdo se hizo patente, se hizo real.

No recuerdo el nombre de la niña. No sé quién era el vecino. Pero ahora, que mi secuencia es más completa, me siento desamparada.

Hace unos días se enteró mi marido. Desperté un domingo sobresaltada. Acababa de despertar con la pesadilla de aquel recuerdo aun en mi mente. Mi pareja estaba en la cocina haciendo café, y le pregunté porque no me había despertado para ir a trabajar… Al darme cuenta de mi confusión, me vine abajo, empecé a temblar y a llorar desconsolada, no tuve más remedio que contárselo.

Se lo conté mirando fijamente el dibujo de las baldosas del suelo. Estaba aterrada de su reacción. De repente me lo imaginé mirándome asqueado, pensando que le había mentido, o preguntándose por qué no se lo había contado primero. Me sentí la persona más repugnante de la tierra. Pero no tenía razones que temer sobre mi pareja. Es el hombre más extraordinario que conozco.
                                                                                                                                                                                                                                                                               
Lo cierto es que convencerme un poco de que mis recuerdos eran reales me llevo relativamente poco tiempo, unos días nada mas. El apoyo del foro de ayuda donde participo me está ayudando mucho.

Estoy tardando algún tiempo más en encajar el nuevo recuerdo. Pero en parte es terreno conocido. Sé cómo lidiar con ello, porque siempre funciona igual.

Todo lo que hago, pienso, siento, veo, oigo, toco, saboreo, me lleva inexorablemente hacia las imágenes recuperadas. Paso un tiempo (variable) en el que todo me retrotrae al hecho. Como una imposición. A veces me paraliza, me provoca ansiedad y paso días sin comer. Es lo que muchas veces he denominado “encerrarme en la sala de cine”. De adolescente era lo que mas miedo me daba, porque creía que esas imágenes no se irían jamás. Mi monstruo se aseguraba de ello.

Es cuando mi marido dice que parezco más despistada, cuando no sé ni por donde camino, que me tropiezo con todo. No imagina que no veo la calle, veo mi recuerdo. Pero con el paso de los días la escena empieza a diluirse, como un azucarillo, y voy poco a poco recuperando mi vida.

Como esta ultima vez. Que a pesar de sentirme triste, no llegué a detener mi vida como me ocurría en el pasado.

Es como el tranvía que reduce su velocidad para recoger pasajeros en marcha. Necesito ralentizar mi ritmo para que mi recuerdo entre y se acomode en mi mente.

Aún hoy no tengo muy claro dónde colocar el recuerdo. Sigo aún con la duda de su veracidad o de su alcance, porque la sensación de que fui utilizada de manera despiadada me sigue persiguiendo.

Ahora que las imágenes recurrentes empiezan a desaparecer del primer plano de mi cabeza, y una parte de mí parece volver a confirmar que existe un segundo abusador, mi monstruo me asalta a preguntas que me están castigando la mente de forma implacable. ¿Sabía aquel hombre lo que me hacía mi padre, y por eso se aprovechó? (Total, si la nena ya conocía lo que era eso…) ¿o se dio cuenta en ese momento que yo ya sabía, que no era la primera vez que me dejaba tocar? ¿Acaso me han prostituido? ¿Cuántas veces voy  pasar por esto? ¿Cuántos desalmados más existen en mi pasado?

Y han vuelto las viejas preguntas: ¿Y si todo es falso? ¿Y si me he creído mis propias mentiras, fantasías sexuales en las que me imagino a mi misma como una niña?... aún me siento muy confusa y triste. Hace muy poco de esto, todavía estoy recolocando.

Es como si hace dos años, cuando lo descubrí por primera vez, mi monstruo me hubiese atacado de manera agresiva, frontal y al ver que eso no funcionaba, que el recuerdo se volvía a esconder en mi subconsciente, optase por la guerra psicológica. Creo que es ahora cuando estoy empezando a tomar conciencia de lo que puede representar ese recuerdo.

De hecho, escribo esta entrada en un momento de “credibilidad”, en un día en que sí creo en mis abusos. Tal vez mañana me despierte pensando lo inmensamente enferma que estoy al haber llegado a escribir semejantes espejismos. Y estoy haciendo un autentico acto de voluntad por colgar esto. 

Ahora tengo mucho miedo de lo que no recuerdo.

Es curioso cómo funciona la mente. Un día “sabía” que era real, y desde el día siguiente, cuando aquel último recuerdo empezó a tomar forma, dudo de todo.

Me han dicho que son automatismos de defensa que utiliza la mente para protegerse. Esconde un recuerdo y lo devuelve en sueños o flases, para poder encajarlo, para poder colocarlo entre el resto de la baraja de la memoria.

Y mi baraja es muy grande. Fueron trece años de cartas marcadas por mi padre. Ni siquiera entonces recordaba al vecino.

A veces siento coraje. Me da rabia que sabiendo cómo funciona esto, que conociendo a mi monstruo, aun lo pase mal en esos momentos. Siempre creo que esa vez si hay razones para flagelarme, y cuando pasa la crisis, me regaño por tonta.

Lo cierto es que recuperar tu vida después de los abusos es siempre un proceso lento y doloroso. Y nunca termina. Cuando crees que la herida está cicatrizando vuelve a infectarse, a exudar pus. Y vuelve a doler igual que el día que te infringieron el daño.



“los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda”
Gustave Flaubert (1821 – 1880) escritor francés.

12 comentarios:

  1. El recuerdo del mal pasado es alegre.

    ( Marco Tulio Cicerón )


    Nuestro recuerdo no podrá ser nunca alegre, pero al menos ya es solo recuerdo, menos que aire y menos que nada. -31-

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  2. Nosotras (mi barriga y yo) no estamos en el mejor momento, pero te tenemos presenta y estamos esperando a tener fuerza para leerte.
    Sabes el embarazo ha sido el detonante de muchos recuerdos dormidos
    Besos dobles
    K.

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  3. Es dificil, da rabia y angustia, no dudes de tí... espero que pronto el monstruo esté aplacado. Abrazos

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  4. Me tienes embelesado, admiro como escribes, pero sobre todo admiro tu fuerza y valentía para poder sacar todo lo que tienes dentro. Convivir día y noche con ello ha de ser terrible, pero tu consigues dominarlo y expulsarlo poco a poco de tu interior... o por lo menos eso es lo que intentas.
    Ánimo en tu lucha.

    Un Ángel

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  5. -31-, K, Pandora. No puedo deciros más de lo que ya sabéis. Vuestra fidelidad me anima a seguir con esto a pesar de los lamentos de mi monstruo.
    Pero si hay alguien que cada vez me sorprende mas, es el ángel que me guarda y me escribe cosas tan bellas desde el secreto de su anonimato.
    No sé si nos conocemos, pero desde aquí le digo que me siento muy agradecida por sus palabras y empiezo a esperar su visita en cada entrada. Gracias mi Ángel.

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  6. No podiamos dormir, y en la soledad y tranquilidad de la noche, vamos que si lloraba nadie me vería te leimos, duele verse reflejada pero a su vez me siento acompañada, en lo que viví y en lo que sentí
    Por cierto no te regañes porque en esa regañina tambien está escondido un poco de monstruito y ese mejor mantenerlo lejos
    Gracias por poner voz, bueno letras a mi vida y a mis sentimientos
    K.

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  7. Nemesis, al leer esto, igual que varios de los comentarios anteriores solo puedo sentirme reflejada, me pasa como a ti haber tenido dos abusadores uno cundo niña y el otro la persona a quien me atreví a pedirle ayuda cuando tenia ya 16 años. esta persona en vez de ayudarme me abusó yo me he imaginado que dijo "que más si ya sabe lo que es esto". Pero hoy se que solo era malo, perverso y yo tuve la muy mala suerte de encontrármelo en mi vida. Con mi inconsciente me reconcilié hace unos años, yo pensaba que tenia lagunas en mis recuerdos porque YO "había hechos cosas muy malas", tuve un accidente de transito grave, pero pude maniobrar el auto de modo de de poder ponerme en un lugar seguro,pero no me acuerdo como lo hice, allí entendí que si no me acuerdo de todos los detalles del abuso no es porque yo hice algo malo, sino que hice todo lo posible para poder ponerme en un lugar seguro (lo que significa dejarme abusar ya que como niña no tenia forma de defenderme ante un adulto), pero mi inconciente me protege de esta situación "olvidandola". Mi terapeuta me explica que no nos acordamos hasta que el inconsciente sabe que tenemos la fuerza necesaria para manejar estos recuerdos.
    Te envío un Abrazo, te cuento que te sigo y que te admiro mucho por compartir tus experiencias de vida con nosotras

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  8. Me impresiona mucho leerte, descubrí tu blog el 30 de diciembre, cuando sentía que en mi vida me había rodeado siempre la maldad, la perversión que había sido tratada como una cosa, que no tiene sentimientos, que no sufre dolor, que no tiene importancia.
    Y ese día me encuentro contigo hablabas del monstruo que vivía en el castillo, me encantó tu blog esta mujer valiente que está aquí viviendo, luchando compartiendo con otros sus vivencias, de fortalezas, de debilidades, de miedos, tomando el riesgo se poner su mundo interior a la vista de los otros y al juicio de los otros. Me impresionaron también los comentarios de las personas que te leen, porque son todos cariñosos. Hoy también me ha impresionado mucho tu post, que ganas de poder abrazarte y decirte que no dudes de ti, yo que te leo no lo hago. Recuerda que hoy todas estamos aquí y ahora no más a merced de esos tipejos. Sabes? yo he creado en mi mente una imagen poderosa casi un recuerdo en la que me abrazo y me cuido, yo la de hoy a la pequeña de entonces (es como la foto que tiene pandora en su blog, porque a ella también la leo)esa imagen me calma.

    Un abrazo, besos y mucha fuerza

    Victoria

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  9. Es admirable y realmente reconfortante como escribes, gente como tu y como la del foro en el que participamos, es la luz de muchisima gente que aun se mantiene en las sombras. Nunca he creido en los perfiles ni en las marcas psicologicas, hasta que me informe, y me di cuenta, que es una realidad. Felicidades por el blog, y mucho, mucho animo. Un saludo de una compañera.

    Casiopea

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  10. Hace "bien" o hace "mal" ...??
    Hacerse consciente de "TODO" esto...? Yo aun estoy en el proceso de descubrirlo!!
    De verdad!!
    Pero al leer algunas de tus líneas... me llevas, me voy... estoy...

    El nudo se hace mas grande... Lo complejo se vuelve un caos...
    Los días... Los días.

    Estamos en el camino
    Un saludo

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  11. Me conmueve horriblemente tu historia. A mi me ocurre algo similar en muchos respectos. Yo la memoria la tuve toda la vida, muy nítida, aun siendo una memoria muy antigua. Pero mi mecanismo de defensa la desconectó del lado emotivo, sexual, personal, etc., que creía que era todo culpa mía, que yo había nacido enfermo o algo así. Pude reconectar esos dos lados hace solo un mes, y mi primera reacción fue muy similar: luché por saber si me lo inventaba todo (si realmente soy un enfermo y es mi culpa) e igualmente constataba que el recuerdo era absolutamente auténtico e inegable, y que mi personalidad daba el cuadro clavado a una víctima de abuso. Por desgracia tengo ya casi medio siglo de vida, imagina todo lo que he perdido! Aún lucho por dejar de congelarme en vida por el asco y la culpa y la ansiedad que me invade y crucifica. Mi psiquiatra dice lo mismo: son cicatrices que quedan toda la vida y duran mucho en sanar. Pero igualmente me señala que la gente sana tiene consciencia de los límites sanos, y yo tengo esa consciencia. Mi problema - y la ansiedad - es que no sé hacerle a la gente entender que traspasan mis límites, no me defiendo. Pues sí - es un crimen el abuso. A pesar de todo, me levanta el ánimo volver a recuperarme, integrar todo lo que se había desintegrado. Quiero vivir! Te deseo de corazón todo el coraje y las ganas de vivr plenamente!

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  12. Nemesis, no dudes de ti es el mountro el que te hace dudar. La maldad es tan grande que nosotras mismas dudamos de que en realidad haya ocurrido, tal vez asi es más facil.
    Al leerte me da tanto corage, pensar en tanta mierda que hay en el mundo, cuantas criaturas inocentes sufren a diario.
    Que bueno que tengas a tu lado un hombre que te apoya y te ama.
    Te dejo un abrazo muy, muy fuerte.

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Gracias por dejar tu legado en el Averno.

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